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Laurens Geels
Laurens Geels es un destacado productor de cine neerlandés, reconocido por su papel fundamental en la revitalización y proyección internacional de la industria cinematográfica de los Países Bajos durante las décadas de 1980 y 1990. Su carrera está intrínsecamente ligada a la cofundación de la productora First Floor Features en 1984, establecida junto al director Dick Maas, con quien formó una de las duplas creativas y comerciales más exitosas de su país. El impacto inicial de Geels en la industria se materializó con el éxito de El ascensor (1983), una película de terror que no solo funcionó en la taquilla local, sino que logró una amplia distribución internacional, demostrando la viabilidad comercial del cine de género neerlandés fuera de sus fronteras.
Continuando con una estrategia de producción orientada al gran público, Geels supervisó el lanzamiento de Una familia tronada (1986), una comedia satírica que se convirtió en uno de los mayores éxitos de taquilla en la historia del cine de los Países Bajos, generando secuelas y series derivadas. Posteriormente, elevó la ambición técnica de sus proyectos con Amsterdamned: Misterio en los canales (1988), un thriller de acción que consolidó la reputación de su productora por su factura visual y su capacidad para ejecutar secuencias complejas. A medida que avanzaba su carrera, Geels diversificó su portafolio para incluir obras de mayor calado artístico y prestigio crítico, colaborando con autores con visiones distintivas.
En esta etapa de madurez profesional, produjo Los norteños (1992), dirigida por Alex van Warmerdam. Esta cinta, una comedia negra con toques surrealistas ambientada en una urbanización inacabada, fue aclamada por la crítica europea y obtuvo varios galardones, incluyendo el Premio del Cine Europeo al Mejor Logro, destacando el compromiso del productor con un cine de autor audaz y de calidad. El reconocimiento global definitivo para Geels llegó con la producción de Carácter (1997), dirigida por Mike van Diem. Este drama de época fue galardonado con el Premio Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa, marcando el cenit de su trayectoria y otorgando al cine neerlandés una visibilidad sin precedentes en Hollywood. Hacia el final de la década y principios del nuevo milenio, buscó expandirse hacia el mercado internacional con producciones rodadas en inglés como Muda testigo (1999) y La resistencia (2003). Su legado perdura por haber profesionalizado los métodos de producción en su país y por haber logrado un equilibrio inusual entre el éxito comercial masivo y el reconocimiento académico internacional.