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Junichirô Hayashi

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Junichirô Hayashi se ha consolidado como una figura fundamental en la dirección de fotografía del cine japonés contemporáneo, siendo reconocido internacionalmente por definir la identidad visual del auge del cine de terror japonés, conocido como J-Horror, a finales de la década de 1990 y principios de los 2000. Su carrera profesional destaca por una estrecha y fructífera colaboración con el director Hideo Nakata, con quien estableció los códigos estéticos que marcarían tendencia en la industria. El punto de inflexión en su trayectoria llegó en 1998 con el estreno de The Ring (El círculo). En esta obra, el trabajo de iluminación y la atmósfera sombría y fría creada por Hayashi fueron determinantes para el impacto global de la película, influyendo en numerosas producciones posteriores tanto en Japón como en Occidente.

Paralelamente a su trabajo con Nakata, Hayashi colaboró con otro de los autores más relevantes del género, Kiyoshi Kurosawa. Fue el responsable de la fotografía en Charisma (1999) y, posteriormente, en Kairo (2001). En esta última, su capacidad para retratar la alienación urbana y el terror existencial mediante el uso de sombras profundas y composiciones inquietantes recibió atención crítica, consolidando su estatus como un director de fotografía capaz de elevar la narrativa visual más allá del susto convencional. Poco después, retomó su asociación con Hideo Nakata para rodar Dark Water (2002), donde su manejo de las texturas visuales, especialmente en relación con el agua y la humedad en espacios cerrados, aportó una capa de dramatismo y opresión esencial para la historia.

Avanzando en su cronología profesional, en 2007 Hayashi participó en la producción de Kaidan, nuevamente bajo la dirección de Hideo Nakata. En este proyecto, el director de fotografía se alejó de los entornos urbanos modernos característicos de sus éxitos anteriores para abordar una historia de fantasmas de corte clásico ambientada en el periodo Edo. Su trabajo en Kaidan demostró su versatilidad técnica al adaptar la iluminación y la paleta de colores a un contexto de época, recreando la estética tradicional del folclore japonés. En años posteriores, Hayashi diversificó su portafolio participando en grandes producciones de acción y ciencia ficción, destacando su labor en la adaptación de imagen real del manga Gantz (2010) y su secuela. Su legado en la industria del entretenimiento perdura gracias a su contribución esencial en la creación de atmósferas visuales que definieron una era dorada del cine de género en Japón.

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