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Joseph Egger
- 77 años (21-02-1889 - 29-08-1966)
Joseph Egger, nacido como Joseph Greisegger en 1889 en Estiria, Austria, fue un actor de carácter cuya trayectoria abarcó desde el teatro de variedades hasta convertirse en un rostro icónico del cine europeo de mediados del siglo XX. Inició su carrera artística en los escenarios de music hall, donde desarrolló una presencia escénica distintiva y habilidades cómicas que posteriormente trasladaría a la gran pantalla. Su debut cinematográfico se produjo en la década de 1930, integrándose rápidamente en la industria fílmica de habla alemana. Durante los años 40 y 50, Egger se consolidó como un actor secundario prolífico, especializándose en interpretar a figuras paternas, abuelos excéntricos y personajes rurales, convirtiéndose en un elemento habitual del Heimatfilm, género cinematográfico de gran popularidad en Austria y Alemania tras la Segunda Guerra Mundial.
A finales de la década de 1950, su filmografía continuó expandiéndose con comedias ligeras y producciones de entretenimiento popular. Dentro de este periodo se enmarca su participación en Mikosch im Geheimdienst (1959), una producción dirigida por Franz Marischka que formaba parte de una serie de películas cómicas centradas en las peripecias del personaje Mikosch. En esta etapa, Egger ya era reconocido por su apariencia característica, marcada por una barba prominente y un estilo interpretativo que mezclaba la calidez con el humor físico, lo que le garantizó una actividad laboral constante en producciones europeas de la época.
La fase final de su carrera supuso su mayor impacto en la industria del entretenimiento a nivel internacional, gracias a su asociación con el director italiano Sergio Leone y el auge del spaghetti western rodado en España. En 1964, Egger interpretó al personaje de Piripero, el fabricante de ataúdes, en Por un puñado de dólares. Su actuación proveyó un contrapunto cómico esencial en la narrativa, compartiendo escenas con Clint Eastwood en una obra que redefinió los códigos del género western. Al año siguiente, Leone volvió a requerir sus servicios para la secuela La muerte tenía un precio (1965), donde encarnó al Viejo Profeta, un personaje memorable que habita junto a la línea del ferrocarril. Estas intervenciones en dos de los títulos más influyentes de la historia del western europeo cementaron su legado poco antes de su fallecimiento en 1966, dejando una huella perdurable en el cine de culto.