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Gordon Gebert
- 84 años (17-10-1941)
Gordon Gebert se consolidó como uno de los actores infantiles más solicitados durante la edad de oro de Hollywood a finales de la década de 1940 y principios de la de 1950, destacando por su capacidad para interpretar roles dramáticos y familiares junto a grandes estrellas de la época. Su carrera en la industria cinematográfica, aunque concentrada en su infancia y adolescencia, dejó una huella reconocible en producciones clásicas que continúan siendo objeto de estudio. Su debut y ascenso coincidieron con la demanda de los grandes estudios de figuras juveniles naturales y expresivas para completar repartos de alto perfil. Uno de sus trabajos más emblemáticos llegó en 1949 con la comedia romántica Negocio en vacaciones, donde compartió pantalla con Robert Mitchum y Janet Leigh. En esta cinta, Gebert interpretó a Timmy, un papel fundamental para el desarrollo de la trama que le otorgó visibilidad internacional y lo estableció como un rostro familiar para el gran público. Ese mismo año participó en Hablan las campanas, una producción de corte religioso y dramático que recibió reconocimiento de la crítica. Su trayectoria continuó con títulos de gran envergadura en el género de aventuras, destacando su participación en El halcón y la flecha en 1950. En esta película, Gebert encarnó al hijo del protagonista, interpretado por Burt Lancaster, en una de las cintas de aventuras más celebradas de la década, lo que afianzó su estatus en producciones de gran presupuesto. A medida que avanzaba la década de 1950, Gebert demostró su versatilidad incursionando en el cine negro y el suspense. Tuvo un papel relevante en La casa de la colina de 1951, dirigida por Robert Wise, y posteriormente en el clásico de culto del cine noir Testigo accidental en 1952. Tras finalizar su etapa como actor juvenil y completar sus compromisos cinematográficos, Gebert optó por retirarse de la actuación para dedicarse al ámbito académico y profesional fuera de las cámaras. Se formó en arquitectura, campo en el que desarrolló una extensa y respetada carrera, ejerciendo además como profesor universitario en Nueva York. Su legado en el cine perdura a través de su participación en obras maestras del género clásico, siendo recordado por aportar autenticidad y carisma a la narrativa cinematográfica de mediados del siglo XX.