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Frank Ross
- 85 años (12-08-1904 - 18-02-1990)
Frank Ross (Boston, 1904 – Los Ángeles, 1990) consolidó una destacada carrera en la industria cinematográfica estadounidense, evolucionando desde sus inicios en la interpretación hacia la producción y el guion, áreas donde dejó su huella más significativa. Tras una breve etapa como actor a finales de la década de 1920, Ross reorientó sus esfuerzos hacia la gestión creativa, estableciéndose como un productor independiente capaz de levantar proyectos de gran envergadura. Su reputación comenzó a cimentarse sólidamente con la producción de El diablo y la señorita (1941), una comedia con trasfondo social que obtuvo el reconocimiento de la crítica y demostró su habilidad para seleccionar guiones que equilibraban el entretenimiento con una narrativa de calidad.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Ross alcanzó un punto álgido en su trayectoria con El amor llamó dos veces (1943). Esta película, dirigida por George Stevens y ambientada en la crisis de alojamiento de Washington D.C. durante el conflicto bélico, se convirtió en un éxito rotundo tanto de crítica como de público. Por su trabajo en esta cinta, Frank Ross recibió una nominación al Premio de la Academia al Mejor Argumento Original, validando su talento no solo como financiero, sino también como creador de historias.
Sin embargo, el impacto más trascendental de Ross en la industria del entretenimiento llegó en la década de 1950, cuando se convirtió en una figura clave para la evolución tecnológica del cine. Fue el productor de La túnica sagrada (1953), una obra bíblica que pasó a la historia por ser el primer largometraje estrenado en CinemaScope. La apuesta de Ross por este formato panorámico anamórfico fue decisiva en un momento en que los estudios buscaban ofrecer una experiencia visual superior a la de la televisión. El éxito masivo de La túnica sagrada estandarizó el uso de la pantalla ancha, transformando para siempre la exhibición cinematográfica comercial.
Tras este hito, Ross continuó su labor en el género épico produciendo la secuela Demetrius y los gladiadores (1954). En años posteriores, mantuvo su actividad con producciones dramáticas y bélicas, incluyendo Caudillo rebelde (1958) y, ya en la década de los sesenta, Donde la verdad se esconde (1966). Su legado perdura en la historia del cine fundamentalmente por su visión pionera al impulsar el cambio tecnológico del formato panorámico, un logro que redefinió la espectacularidad de la experiencia en las salas de cine.