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Dead Can Dance
Dead Can Dance, el proyecto musical fundado en Melbourne en 1981 por Brendan Perry y Lisa Gerrard, se estableció rápidamente en Londres bajo el sello 4AD, desarrollando un estilo que fusionaba influencias neoclásicas, músicas del mundo y atmósferas etéreas. Esta cualidad intrínsecamente visual y evocadora de su obra propició una relación natural con la industria cinematográfica, permitiendo que sus composiciones trascendieran los formatos de audio convencionales para integrarse en la narrativa fílmica. Un hito fundamental en su trayectoria cinematográfica, especialmente relevante para la industria en España, tuvo lugar en 1989 con su participación central en la película El niño de la luna.
Dirigida por el cineasta mallorquín Agustí Villaronga, El niño de la luna supuso una colaboración integral y multidisciplinar por parte del dúo. La banda compuso la banda sonora original, aportando una ambientación mística y oscura acorde con la visión del director, mientras que Lisa Gerrard debutó como actriz interpretando uno de los papeles principales de la trama. La cinta fue seleccionada para competir en la Sección Oficial del Festival de Cannes, otorgando a la formación una visibilidad significativa dentro del circuito de cine de autor europeo y consolidando su capacidad para generar atmósferas dramáticas complejas más allá de los escenarios de conciertos.
A lo largo de las décadas siguientes, el catálogo de Dead Can Dance se convirtió en una fuente recurrente para directores internacionales que buscaban sonoridades solemnes y trascendentales mediante la concesión de licencias de sus temas preexistentes. Su composición "The Host of Seraphim", incluida originalmente en el álbum *The Serpent's Egg*, es un ejemplo paradigmático de su impacto en el medio audiovisual. Esta pieza fue utilizada de manera destacada en el aclamado documental visual Baraka (1992) de Ron Fricke, amplificando la potencia de las imágenes con su registro vocal característico. Años más tarde, el director Frank Darabont seleccionó la misma pieza para subrayar el desenlace de la película La niebla (2007), demostrando la vigencia de su obra en el cine de género. Aunque el grupo atravesó periodos de separación —notablemente en 1998— antes de reunirse para nuevos trabajos y giras mundiales, su estética sonora influyó decisivamente en la evolución de la música para cine contemporánea, sirviendo de preludio a las posteriores carreras individuales de sus miembros en la composición de bandas sonoras orquestales.
Filmografía
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