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Avery Corman

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Avery Corman, nacido el 28 de noviembre de 1935 en el Bronx, Nueva York, consolidó su carrera como una figura influyente en la intersección entre la literatura contemporánea y el cine estadounidense durante la segunda mitad del siglo XX. Tras completar sus estudios en la Universidad de Nueva York y trabajar inicialmente en el ámbito de los documentales educativos y la publicidad, Corman se volcó en la escritura de ficción, logrando que sus narrativas trascendieran el papel para convertirse en éxitos de taquilla. Su primer impacto significativo en la industria cinematográfica derivó de su novela satírica publicada en 1971, una obra que exploraba la teología con humor y que atrajo la atención de los grandes estudios. El material literario sirvió de base para la producción de la película ¡Oh, Dios! (1977), dirigida por Carl Reiner. El filme, protagonizado por George Burns y John Denver, se convirtió en un éxito comercial rotundo, revitalizando la carrera de Burns y dando lugar a una franquicia cinematográfica que perduró durante años, cimentando el nombre de Corman como un autor con gran potencial para la adaptación audiovisual. No obstante, el momento cumbre de su influencia cultural llegó poco después con la publicación de su novela de 1977, que abordaba las complejidades del divorcio y la custodia parental. Esta obra fue adaptada al cine bajo el título Kramer contra Kramer (1979), con dirección y guion de Robert Benton. La película, encabezada por Dustin Hoffman y Meryl Streep, se convirtió en el largometraje más taquillero de su año y obtuvo el reconocimiento unánime de la industria, ganando cinco premios Óscar, incluidos los de Mejor Película y Mejor Guion Adaptado. La historia creada por Corman fue fundamental para generar un debate sociológico global sobre la evolución de los roles familiares y los derechos de los padres. A lo largo de las décadas posteriores, Corman continuó su labor literaria con títulos como The Old Neighborhood (1980) y 50 (1987), manteniendo su relevancia en el panorama cultural, aunque su legado en la industria del entretenimiento permanece indisolublemente ligado a la capacidad de sus primeras obras para capturar el espíritu de su tiempo y transformarlo en cine de prestigio.

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