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Alfredo Matas
Alfredo Matas Seix, nacido en Barcelona, se consolidó como una de las figuras fundamentales en la producción cinematográfica española de la segunda mitad del siglo XX. Tras unos inicios vinculados al ámbito empresarial, su entrada en la industria del entretenimiento se formalizó con la fundación de la productora Jet Films en 1957. Desde esta plataforma, Matas impulsó un modelo de producción que buscaba elevar la calidad técnica y narrativa del cine nacional, estableciendo alianzas con directores que definirían la historia del medio en España. Su colaboración profesional más trascendente comenzó a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta con el director Luis García Berlanga, una asociación que dio lugar a obras cumbre del cine español. En 1961 produjo Plácido, cinta que alcanzó reconocimiento internacional al ser nominada al Premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Poco después, en 1963, financió El verdugo, una película que, pese a las dificultades con la censura de la época, fue galardonada en el Festival de Venecia y es considerada por la crítica como una de las mejores producciones de la historia del cine español.
Durante las décadas de 1960 y 1970, Matas diversificó su cartera de producciones, trabajando con otros realizadores destacados como Juan Antonio Bardem y Mario Camus, y participando en coproducciones internacionales que permitieron la apertura del mercado español. Sin embargo, fue durante la Transición española cuando su tándem con Berlanga volvió a cosechar un éxito masivo de crítica y público con la producción de la conocida «Trilogía Nacional». Esta serie de películas, compuesta por La escopeta nacional (1978), Patrimonio nacional (1981) y Nacional III (1982), retrató con agudeza la realidad social y política del momento, consolidando a Matas como un productor capaz de combinar la rentabilidad comercial con la relevancia cultural. En 1985, continuó esta racha de éxitos con la producción de La vaquilla, una de las comedias más taquilleras sobre la Guerra Civil española.
En la etapa final de su carrera, Alfredo Matas mantuvo su compromiso con el cine de autor y las adaptaciones literarias. Un ejemplo destacado de este periodo fue su participación en El invierno en Lisboa (1990), película dirigida por José A. Zorrilla y basada en la novela homónima de Antonio Muñoz Molina. Esta producción, que contó con un reparto internacional, ejemplificó la voluntad de Matas de explorar el género del thriller y el cine negro con una factura cosmopolita, contando con la música del trompetista Dizzy Gillespie. Su trayectoria y su innegable impacto en la profesionalización del sector fueron reconocidos oficialmente en 1993, cuando la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España le otorgó el Goya de Honor, premiando una vida dedicada a la promoción y desarrollo del cine. Alfredo Matas falleció en 1996, dejando tras de sí un legado de títulos imprescindibles para comprender la evolución audiovisual de España.
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