Es una lástima que una premisa tan atractiva como reencontrarse con el presente tras un coma, veinte años después, se haya desperdiciado y quede el poso amargo de la ocasión perdida para una comedia que se recuerde.
Y esto es así porque no se ha querido (o no se ha podido) explorar las múltiples posibilidades que ofrece el contraste de las épocas, el paso del tiempo, o el cambio de mentalidades. O si se ha hecho, ha sido de manera muy ligera, y dejando de lado el tono cómico que este subgénero puede contener y centrándose casi en exclusiva en el personaje en su aspecto más personal, y en una ligera emotividad.

Y esto es así también a pesar de contar con Verónica Echegui que sin duda alguna le aporta la mayor frescura a la película y sostiene casi por completo los cimientos de una historia que se mantienen siempre en el cómodo lugar del entretenimiento, sin atreverse nunca a dar un paso más.
A pesar de esto, hay alguna escena divertida, una ligera crítica social, un interesante juego de roles, la ternura entrañable de una espléndida Ángela Molina, Verónica Echegui en todo su esplendor y un atractivo regreso al presente.