‘Un viaje alucinógeno entre neones, giallo y desconcierto’
4.00
La última experiencia fílmica de Nicolas Winding Refn sigue en su línea: neones, belleza, música característica —aquí con Pino Donaggio a todo volumen—, escenario onírico, belleza otra vez… En la presentación de The Neon Demon dijo aquello de que “la belleza es lo único que importa”, y parece que sigue aplicando la misma máxima. Pero quizás en esta ocasión ha patinado un poco en la narrativa, o ha sacrificado demasiado el relato en favor de esos elementos estéticos tan únicos y reconocibles de este director.
Aun así, los homenajes a la explotación italiana me parecen maravillosos y están muy bien conseguidos. Si Mario Bava, el maestro del color, viera esta película, probablemente estaría encantado. Guiños absolutos a 5 bambole per l’assassino y Terrore nello spazio a tutiplén… y aquí lanzo una espada a favor de este lío maravilloso que es la película.

Porque muchas películas de explotación italianas de los 70 mezclaban el thriller, el giallo, el erotismo, la ciencia ficción y el terror sin demasiados complejos, y en ocasiones le pedían al espectador un ejercicio de imaginación fascinante. O, dicho de otra forma, dejaban al espectador completamente indefenso ante la narrativa: “¿QUÉ ACABO DE VER?” Pues eso.
Pienso, por ejemplo, en la maravillosa Le orme (Footprints on the Moon) de Luigi Bazzoni, una de esas películas en las que la lógica narrativa acaba importando casi menos que la sensación de estar atrapado dentro de un sueño extraño. Y creo que Her Private Hell juega también, en cierta manera, con esa tradición: más que contarnos una historia de forma convencional, parece empeñada en llevarnos de una imagen a otra, de una pesadilla a otra, sin darnos demasiadas explicaciones.
Y disculpadme, queridos lectores, porque, hipnotizada por tanto neón, me olvidé por completo de comentar la trama…
En una ciudad casi salida de Blade Runner, acechada por una densa niebla y un misterioso asesino en serie, Elle (Sophie Thatcher) intenta lidiar, al mismo tiempo, con sus daddy issues, su madrastra y su compañera de reparto de una inquietante película. Mientras tanto, otro de los habitantes de esta maldita ciudad se enfrenta a la yakuza mientras busca a su hija desaparecida.
¿Es así, Nicolas?
El problema es que, mientras que en algunas de aquellas películas de explotación el desconcierto formaba parte precisamente de su encanto, aquí no siempre siento que haya suficiente sustancia detrás de la forma como para justificarlo. Refn construye un universo visual fascinante, pero por momentos parece más interesado en contemplarlo que en contarnos algo dentro de él.
Y al final, durante la película —y sobre todo después— la pregunta general que uno se hace es la misma:
¿Qué acabo de ver?
Escrito por
Programadora de cine (festival B-Retina, Cryptshow, Filmets).