¡Uau! Zach Cregger, después de Barbarian y Weapons, se mete de lleno en el universo de Resident Evil y consigue algo que, sorprendentemente, hasta ahora parecía bastante complicado: hacer que una película de Resident Evil se sienta realmente como una partida de videojuego. Y funciona. Al 100%. Un disfrute de principio a fin.
Cregger consigue alejarse de una saga que ya estaba un poco muerta y en la que seguir haciendo copias de copias tenía poco sentido. En lugar de repetir la fórmula, apuesta por una narrativa de acción y aventuras concentrada prácticamente en una sola noche. Y claro, en esa noche pasa de todo. Pero de todo.

El protagonista, interpretado por Austin Abrams, conocido de Cregger, y uno de los personajes más interesantes de Weapons, aguanta toda la película como si fuera un jugador de plataformas atrapado en el peor videojuego posible. Y es imposible no sentirse identificado con él. Especialmente por la cantidad de insultos que suelta cada vez que algo sale mal. Me representa completamente cuando jugaba a este tipo de videojuegos.
Porque lo que sufre este hombre en una sola noche es demencial: criaturas, zombies, persecuciones, trampas, sangre y situaciones cada vez más absurdas. Un survival horror de manual. ¡Jo, qué noche! de Scorsese se queda corta. La película consigue trasladar muy bien esa sensación de estar jugando y de no saber nunca qué te espera a la vuelta de la esquina.
Sin ser una mega fan de toda la saga —ni de las películas ni de los videojuegos—, conozco bastante bien el universo y hasta jugué a alguna versión allá por los 90. Pero aquí eso da igual: la película funciona por sí misma y no necesitas ser una enciclopedia de Raccoon City para entrar directamente en la partida.
La mezcla de humor, terror, zombies y gore es muy refrescante. El tono funciona porque no se toma demasiado en serio, pero tampoco convierte el terror en una simple excusa para hacer chistes. Y cuando crees que ya has visto suficiente, la película vuelve a subir la apuesta.
No quiero hacer spoilers, porque buena parte de la diversión está precisamente en descubrir cuál será la siguiente desgracia que le espera al protagonista.
Resident Evil entiende que adaptar un videojuego no consiste simplemente en reproducir sus personajes, criaturas y escenarios, sino en conseguir trasladar al espectador la sensación de estar jugando.
Y aquí, por fin, toca jugar.
Game over? ¡No lo creo!
Escrito por
Programadora de cine (festival B-Retina, Cryptshow, Filmets).