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Crítica
Los Deadites también tienen días tontos
Posesión Infernal: En llamas

Los Deadites también tienen días tontos

4.00

Publicado hace 16 horas

Nunca imaginé que escucharía a Jacques Brel en una película de la saga Evil Dead, ¡mon dieu!. Este no es el motivo de mi descontento. [¡atención spoilers!]

Después de la magnífica Infested (2023), Sébastien Vaniček parecía el relevo perfecto para insuflar nueva vida a la saga Evil Dead. Con Sam Raimi y Bruce Campbell como productores, las expectativas eran inevitables. Lástima que el resultado sea una de esas películas que parten de una premisa prometedora para acabar estirando el chicle hasta el agotamiento.



El principal problema no es la falta de sangre —la hay, y en cantidades industriales—, sino el enorme peso que la película deposita sobre un drama familiar que nunca llega a importar. La relación entre la protagonista y su exmarido maltratador ocupa un espacio desproporcionado y resulta tan obvia como irrelevante. Cada vez que la película abandona el horror para insistir en sus conflictos familiares, el ritmo se desploma y el interés desaparece.

Tampoco ayuda que los Deadites, tradicionalmente una fuerza caótica, cruel e impredecible, parezcan aquí sorprendentemente torpes. Toda la búsqueda de la daga se convierte en un artificio narrativo que los hace parecer incapaces de resolver el problema más básico, rebajando buena parte de la amenaza que deberían transmitir.

Eso no significa que todo falle. Vaniček sigue demostrando un talento indiscutible para construir imágenes desagradables y secuencias de gore desatado. Hay momentos de auténtica locura visual, efectos prácticos contundentes y algunas escenas que abrazan con acierto el exceso característico de la franquicia. Ahí puedo decir que me lo he pasado bien, no me juzguen. Pero aparecen demasiado aisladas dentro de una película que parece más preocupada por justificar dramáticamente a sus personajes que por desatar el caos que uno espera de Evil Dead.

Lo más frustrante es que se adivina una buena idea detrás de todo esto. Hay conceptos interesantes, un director con personalidad y una saga que permite prácticamente cualquier exceso. Sin embargo, la ejecución convierte esa promesa en una experiencia irregular, larga y sorprendentemente poco divertida.

Y eso, quizá, sea el mayor pecado de Evil Dead Burns: no da miedo, no emociona y, lo que es peor, tampoco termina de ser ese festival de diversión salvaje que debería ser una película de Evil Dead. Una oportunidad desaprovechada que deja la incómoda sensación de que ni Raimi, ni Campbell, ni Vaniček han sabido encontrar el verdadero espíritu del Necronomicón esta vez.


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Escrito por

Programadora de cine (festival B-Retina, Cryptshow, Filmets).