Se suele decir que a la tercera va la vencida o incluso que no hay quinto malo, pero en el caso de Joe Johnston ha sido al octavo intento cuando le ha salido su película más redonda
Estreno en España: 5 de Agosto de 2011
CRÍTICA
Se suele decir que a la tercera va la vencida o incluso que no hay quinto malo, pero en el caso de Joe Johnston ha sido al octavo intento cuando le ha salido su película más redonda. Si uno repasa su trayectoria es fácil pensar que tal vez no fuera el director ideal para una película de acción como Capitán América. El primer Vengador, pero su demostrada capacidad para los efectos visuales, como ya demostró en sus orígenes cinematográficos como uno de los responsables de los efectos en la trilogía original de Star Wars, incluso ganando el Oscar de la categoría por En Busca del Arca Perdida, quizás estaba aguardando un guión coherente, bien construido y que buscara ir más allá del artificio que suele acompañar a la mayoría de adaptaciones de comics.

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Precisamente el salto de calidad que consigue esta película reside en ese aspecto. En ser una adaptación de comic que no parece una adaptación de comic. Podría decirse que es una película de acción (de las mejores de los últimos años, me atrevería a decir) que casualmente protagoniza un personaje superdotado. Puede ser la propia naturaleza del protagonista, cuya cualidad de superhéroe reside “tan solo” en una fuerza física alterada y no en aspectos más fantásticos, la que unida a una ambientación sobria y elegante de los años de la segunda guerra mundial, consiguen que salvo contadas ocasiones nos olvidemos por completo de que estamos viendo una cinta de corte fantástico.
El que busque la espectacularidad o el dinamismo exagerado de otras adaptaciones de superhéroes quizás salga algo decepcionado tras verla. Como decía antes, la esencia del personaje es de las menos espectaculares, pero es fácil apreciar como ante tal avalancha bastante repetitiva de superar en impacto visual y explosiones varias superhéroe tras superhéroe, que hay alguien más que Christopher Nolan que pretende hacer algo serio con estos materiales. Por otro lado, aunque ya viéramos integrado el mismo efecto de “transferencia de cara digital” en El Curioso Caso de Benjamin Button o Cisne Negro, asistir durante buena parte de la película al encanijamiento de Chris Evans queda tan natural que ayuda a reforzar esa ausencia de fuegos artificiales que tan poca falta le hacían.
Por desgracia parece que con el potencial de esta adaptación, otros intereses del estudio Marvel van a arrancar a este personaje de su esencia para agruparlo con otros personajes de la casa que a todas luces se moverán por escenarios bastante distintos al tan bien ambientado en esta ocasión. Por lo menos podremos decir aquello de “que nos quiten lo bailao”.
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