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Especial Óscar 2016: Mejores Cortometrajes

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Los cortometrajes, esos parientes pobres y olvidados de los Óscar. Los espectadores de la gala los odian porque no los conocen y no les importan, y para ellos solo prolongan la agonía de la ceremonia. Los que juegan a pronosticar los aborrecen porque siempre les fastidian las quinielas, con eso de que es complicado encontrar pautas y rumores fiables sobre cuál es el favorito. Los miembros de la Academia pasan de ellos, ya que solo pueden votar en estas categorías los que han visto todas las nominadas, y si ya tienen dificultades para ver los largometrajes, no van a desperdiciar su tiempo con cintas que no tienen repercusión. Además, en los largos pueden votar aunque no hayan visto nada. De hecho, muchos lo hacen.

De los 7.000 miembros de la Academia con derecho a voto, seguramente no voten en estas categorías más de 300, y hasta eso es un número muy optimista. Así pues, unos pocos votos hacia un lado u otro pueden decantar la balanza. De ahí que sean tan impredecibles y tan dados a las sorpresas.




MEJOR CORTOMETRAJE DE ANIMACIÓN


Comenzamos con la categoría más asequible. El cortometraje es un campo fértil para animadores que están empezando o artistas que se mueven mejor en pequeñas dosis. La experimentación con narrativas y técnicas se da primero en los cortos animados, aunque es raro que alguno de los casos extremos llegue a estar nominado. Los habituales ganadores de esta categoría suelen tirar por la sensibilidad, la emoción y la cercanía. El cuento metafórico y la historia humana pequeña triunfan, aunque ocasionalmente el humor (blanco) también tiene su pequeña victoria. Disney, Pixar, Aardman y el National Film Board of Canada son los estudios más nominados y premiados, aunque solo uno de ellos está presente este año.

Si hay un corto que marca todas las casillas del típico ganador de esta categoría, ese es HISTORIA DE UN OSO, del chileno Gabriel Osorio Vargas (¿qué fue primero, el nombre o el corto?). No se trata del prólogo de El Renacido (The Revenant), sino de un pequeño cuento hecho por ordenador sobre un oso que, a través de una caja de dioramas, cuenta su trágica historia: cómo era feliz con su familia, cómo fue separado de ellos y cómo logró regresar. Su estilo visual es arrebatador, su historia sencilla y bonita, y su metáfora sobre la dictadura muy clara y diáfana. Está entre los favoritos porque es tan accesible como anteriores ganadores (The Lost Thing, Mr. Hublot); pero, al igual que ellos, de calidad anda algo justito, ya que tiene varias incoherencias argumentales (¿qué sentido tiene un circo con osos amaestrados en un mundo habitado por osos civilizados?) y estilísticas (su espectacular uso del diorama se hace demasiado laxo e inconstante, casi llega a renunciar a él conforme avanza la historia y el formato le limita). Aunque es poco probable que importen tanto a los votantes como para afectar al resultado.



Con muchísimas diferencia, el mejor de los nominados es MUNDO DEL MAÑANA, la nueva obra de arte del inclasificable Don Hertzfeldt, cuya carrera ha pasado del humor juguetón al absurdo delirante, y de ahí al existencialismo puro y duro. Su nuevo film se centra en una niña que recibe la visita de su yo del futuro, quien le habla sobre la vida que ha llevado y el destino que le espera al mundo. Con sus clásicas figuras de palo pero un acabado enormemente elaborado, que mezcla diversas técnicas fotográficas y de animación, el film es al mismo tiempo hilarante, melancólico, desquiciado, emotivo y surrealista. A nivel artístico es magistral, a nivel emocional el más complejo, adulto y satisfactorio. Y de lejos el más marciano de todos, motivo por el cual va a tener difícil la victoria que se merece. El único precedente reciente es Logorama, y ahí la simbología era más obvia y menos filosófica.

Si Don Hertzfeldt es todo un referente en la animación de los últimos 20 años, Richard Williams lo es desde hace más de 40. Todos los animadores que trabajan hoy en día se han hecho pajas con su trabajo, en especial esa película perdida y solo rescatada en parte que es El Ladrón de Bagdad, de donde ha surgido todo el cine de animación desde los 70 hasta hoy. PROLOGUE es un ejercicio de estilo, un episodio bélico de enorme explicitud narrado con dibujos en carboncillo, cuyo mensaje sobre los horrores de la guerra se transmite con sangre y dolor. Williams desarrolla una planificación de la acción sobresaliente a la altura de su leyenda, pero su crudeza temática y el aspecto del dibujo, que parece el storyboard de una cinta de animación por desarrollar, le hacen ser el ganador menos probable.



Lamentablemente, el otro favorito es el peor corto en la historia de Pixar. Peor que el de los volcanes cantarines o el de la cabra bailarina. SANJAY’S SUPER TEAM cuenta la historia de un niño hindú que tiene que rezar con su padre en lugar de ver la serie de dibujos de superhéroes que le encanta, así que se imagina a los dioses como los miembros de una superpandilla. Animado con la generosidad de medios que se supone a una de las compañías punteras del mundillo, su gancho emocional se basa en la relación entre padre e hijo y cómo, pese a estar en las antípodas, consiguen conectar. Un mensaje bonito y muy típico de los ganadores del Óscar, pero también manido y telegrafiado desde el primer minuto, amén de construido en base a un simple Street Fighter hindú tan lustroso como vacío.

La última nominada es la más sobria, tanto por estilo como por su concepción de la emotividad, así que tampoco parece tener muchas posibilidades a priori. WE CAN’T LIVE WITHOUT COSMOS es la última obra de otro nombre imprescindible en la animación mundial, el ruso Konstantin Bronzit, que cuenta la historia de dos amigos de la infancia que se preparan para ser astronautas y sueñan con navegar por el insondable espacio. Sin diálogos ni música, con un trazo sencillo y un guion más preocupado en lo cotidiano que en grandes momentos climáticos, Bronzit despliega un drama maduro (y con un subtexto gay nada enfatizado) que conjuga la esperanza con la pérdida, y que culmina con la fantasía abriéndose camino sobre la dura realidad.



GANARÁ EL ÓSCAR: Historia de un oso.
PODRÍA GANAR: Sanjay's Super Team.
PODRÍA DAR LA SORPRESA: Mundo del mañana.






MEJOR CORTOMETRAJE DE FICCIÓN


Aumentamos complejidad. Entre los cortometrajes en imagen real suelen triunfar todas aquellas historias que cuentan con un actor famoso de protagonista, algo que no ocurre este año. Más de la mitad de las ganadoras están en inglés, obviamente, aunque también hay bastantes europeas (sobre todo danesas). Sus temas suelen girar en torno a la familia, bien sea a través de parejas, padres e hijos o núcleos completos; pero también hay hueco para la enfermedad, la guerra o la pobreza, normalmente en combinación con la familia. De vez en cuando, algún corto cómico rompe la monotonía, pero suele ser por tratar algún tema actual (el conflicto entre Israel y Palestina, West Bank Story) o porque su creador ya es familiar para los votantes (God of Love, que había ganado meses antes el premio de la Academia a mejor film de estudiante).

El único corto cómico de este año es AVE MARIA, de Basil Khalil. La historia gira en torno a unas monjas francesas que hacen voto de silencio en un convento situado en un páramo cerca de Jerusalén. Su silencio se ve roto cuando una familia israelí en pleno Sabbath se estrella con el coche contra su muro. Entre ellas que no hablan, y ellos que no pueden tocar herramientas durante el día, incluido el teléfono, ¿cómo salir de esa situación? Pues al parecer a través de un corto anecdótico, tan simpático como intrascendente, con un mensaje de entendimiento de culturas que puede resultar demasiado ligero en comparación con los otros nominados.



Tampoco suelen triunfar mucho los cortos protagonizados por mujeres independientes, solo cuando forman parte o lideran una familia. Y en DAY ONE, la protagonista es una mujer soldado del ejército americano en su primer día como traductora en Afganistán, donde se encontrará con diversas dificultades, redadas a terroristas e incluso un parto que tendrá que asistir. Como suele ser habitual en los cortometrajes de acción real, el film es más una carta de presentación para el director Henry Hughes que una obra completa, quizás con la esperanza de desarrollar la historia en un largo (algo que no suele salir bien, que se lo pregunten a Sean Ellis o Shawn Christensen). Esa indefinición limita su potencial para dar puñetazos al estómago.

Por contra, una de las que tiene más posibilidades de llevarse el premio este año es la alemana EVERYTHING WILL BE OKAY, drama de Patrick Vollrath que se ha llevado elogios de gente como Michael Haneke o Abbas Kiarostami. Un padre divorciado va a recoger a su hija porque es su fin de semana, pero la niña pronto se da cuenta de que no es un día como otro cualquiera. Dura, intrigante, implacable emocionalmente y con una actuación de la actriz infantil (Julia Pointner) que a buen seguro remueve a más de uno, es una de las que mejor se ajustan al patrón premiable. Tiene hasta niña sufridora. Ahora bien, quizá el tema escogido resulte algo polémico o distancie a los espectadores menos hipnotizables por las lágrimas prepúberes.



Otra que parece diseñada exclusivamente para ganar premios a base de lágrima fácil y dureza incansable es SHOK, palabra albana que, ojo, no significa golpe ni impacto emocional, sino ‘amigo’. El británico Jamie Donoughue viaja a la guerra de Kosovo para contar la historia de dos niños que intentan sobrevivir a base de trapicheos con los soldados, con una bicicleta como símbolo (obvio) de la libertad. Como ocurría hace dos años con el español Aquel no era yo, el corto es un compendio de calamidades y tragedias bélicas con un final tramposo para arrancar la emoción comprometida, porque qué mala es la guerra que acaba con la inocencia. En ese trazo grueso reside su mayor baza para ganar, pero en esta categoría eso solo sirve de vez en cuando.

La más probable ganadora se centra en otro gran clásico de los Óscar: los hombres jóvenes que intentan superar una discapacidad. Es obvio cuál es el impedimento del protagonista de TARTAMUDO, corto británico dirigido por Benjamin Cleary que, a diferencia de los otros candidatos, empeñados en tocar mensajes sociopolíticos o en remover conciencias, se limita a contar la historia humana e íntima de una persona que solo desea conectar con alguien y no puede. Desde el punto de vista estilístico, es la más expresiva y menos plana de todas; desde el narrativo, es la que transmite con más sutileza y matices su contenido emocional, para lo cual se beneficia de la actuación de Matthew Needham. Su victoria sería coherente con la mayoría de ganadoras recientes, como The Phone Call, Hora Límite, The Shore o Six Shooter, así que por defecto debe ser considerada como favorita.



GANARÁ EL ÓSCAR: Tartamudo.
PODRÍA GANAR: Everything Will Be Okay.
PODRÍA DAR LA SORPRESA: Shok.






MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL


Niños con discapacidades pero con grandes sueños de un mundo mejor. Problemas sociales de primer orden, como la pobreza, la discriminación, el racismo o la tortura. Historia del primer mundo, en especial pero no exclusivamente la Segunda Guerra Mundial. Y el ocasional corto sobre un artista señalado de distintas disciplinas, desde la música hasta el cine, pasando por la poesía, la fotografía, la pintura… Todo eso es la amalgama de temáticas de las recientes ganadoras de este Óscar. Combina varios temas y te sale una vencedora segura. Combina demasiados y te quedas a las puertas. No toques ninguno y seguramente no estés ni nominado.

El caso más flagrante es el de la pakistaní Sharmeen Obaid-Chinoy, que básicamente está nominada este año por repetir la misma fórmula con la que ganó en 2011 por Saving Face. Si en aquel film trataba sobre el calvario de las mujeres desfiguradas con ácido por sus parejas, que no solo ven rota su vida sino que ven cómo el hombre se va de rositas tras el ataque, en A GIRL IN THE RIVER: THE PRICE OF FORGIVENESS hace una especie de secuela y aborda el problema desde una óptica más general: la de los crímenes de honor, permitidos por la ley pakistaní, que acaban con más de 1.000 mujeres todos los años. Es un documental impactante y con una clara agenda política, pero sus posibilidades habrían sido muchas más si no hubiesen premiado lo mismo, y de la misma directora, hace poco.



Otro tema que ha ocupado portadas y miles de minutos de informativos es el virus ébola. En BODY TEAM 12, David Darg enfoca su cámara en uno de los equipos de voluntarios encargados de disponer de los cuerpos de las personas fallecidas por esta epidemia en Liberia. Con un estilo de reportaje periodístico a lo Informe Semanal, Darg narra las dificultades, tanto biológicas como humanas, a las que se tienen que enfrentar estas personas; los miedos y esperanzas del equipo; y el componente heroico pero invisible de su labor. Su valor artístico es limitado, y su potencia temática depende de la cercanía (no solo geográfica, también temporal) de los eventos, con lo cual llega un par de años demasiado tarde para ser el favorito.

Parece hasta insultante la cantidad de tópicos de Óscar que toca CHAU, BEYOND THE LINES. Courtney Marsh viaja hasta un hospital vietnamita para conocer a Chau, un joven de 16 años que nació con múltiples deformidades como resultado de los efectos del agente naranja, que 40 años después del fin de la guerra (donde se emplearon tácticas químicas hoy prohibidas), sigue contaminando muchas de las aguas del país. A pesar de todo y de todos los que le dicen que no puede, Chau sueña con ser diseñador de moda internacional, y ninguna dificultad que se ponga en su camino podrá hacer que deje de estar ilusionado por OH VENGA YA, DADLE EL ÓSCAR. Superación personal, miembros atrofiados, optimismo frente a la adversidad, niños, qué mala es la guerra, lagrimitas de bondad… Sobre el papel, manipulación emocional de primer orden. En pantalla, algo más comedido y serio, pero aun así fácilmente accesible para cualquier corazón que no esté podrido de cinismo.



El único motivo por el que este no es el Óscar más cantado de la noche es porque también está nominada CLAUDE LANZMANN: SPECTRES OF THE SHOAH. Y no es ya que pueda robarle el Óscar a esa mezcla de Smile Pinki, Inocente y Chernobyl Heart, sino que es claramente la favorita. Como el título indica, el documental de Adam Benzine se centra en la figura del cineasta Claude Lanzmann, autor de una de las obras cumbres del género y el film fundamental para entender lo ocurrido en el Holocausto judío: Shoah. Esta mastodóntica serie no pudo competir en su día por el Óscar, pero su importancia histórica en el mundo del cine es tal que solo su existencia ya garantizaría que este corto fuese el elegido. Es el reconocimiento que Lanzmann lleva esperando, el que Shoah lleva esperando. Que además sea una obra completísima para entender a uno de los realizadores más inquietos del cine europeo es la guinda para colocarla en cabeza.

La ‘oveja negra’ en términos de probabilidad de ganar sería, al menos en teoría, LAST DAY OF FREEDOM. Combinando grabaciones reales de los protagonistas con animación experimental en trazos simples y sin apenas color, Dee Hibbert-Jones y Nomi Talisman cuentan la historia de un hombre que se ve en la tesitura de tener que delatar a su hermano, un veterano de Vietnam con problemas mentales que ha cometido un asesinato y podría enfrentarse a la pena de muerte, o encubrirle y arriesgarse a perder a su familia. Se trata de la obra más arriesgada de las cinco candidatas, y su baza es precisamente no parecerse a ninguna de las otras y ser un soplo de aire fresco respecto a las habituales ganadoras. Pero claro, si suele ganar un tipo de cine muy alejado de esto, quizá sea porque no es esto lo que les gusta.



GANARÁ EL ÓSCAR: Claude Lanzmann: Spectres of the Shoah.
PODRÍA GANAR: Chau, Beyond the Lines.
PODRÍA DAR LA SORPRESA: Body Team 12.

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1162 veces