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Diario de Sitges 2015, Día 4: Experimentos formales

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Chicas al poder, intrusos que se meten en tu hogar o en tu vida, sintetizadores y otros homenajes ochenteros. Son los temas o recursos más frecuentes que se van configurando en la selección de películas de este año en Sitges. En algunos casos están ya empezando a cansar por su falta de creatividad al usarlos, como si los directores los hubiesen querido encajar por seguir la última moda. En otros son bienvenidos. Pero, en cualquier caso, hay algunas cintas (mejores o peores) que se salen de esos esquemas y van a contracorriente.



Un ejemplo es lo nuevo de Arnold Schwarzenegger, una cinta muy esperada por ser él y porque no tiene nada que ver con cualquier película del resto de su filmografía. Y de hecho, Arnold ofrece la mejor interpretación de su carrera en MAGGIE (), un drama con espíritu autoral y trasfondo de apocalipsis zombi en el que da vida a un padre cuya hija (Abigail Breslin) ha sido mordida por un muerto viviente, y dispone de unos pocos días de vida hasta convertirse en uno de ellos.

El principal problema que aqueja a la película no es su ritmo parsimonioso, que lo tiene, sino que le falta media hora de prólogo. El film comienza en el momento que Arnold acude al hospital donde su hija está siendo atendida del mordisco, un hecho que solo vemos en flashes posteriormente. No hay una identificación previa con la situación de los personajes, ni una familiarización con el contexto de plaga que ha dejado al mundo asolado más allá de unos pocos titulares radiofónicos. No conocemos a esas personas ni al mundo en el que se mueven y ya nos están exigiendo que empaticemos con ellos. Así las cosas, pasa un buen rato de película hasta que podemos comenzar a establecer una conexión emocional, y para entonces buena parte del público ya ha tirado la toalla por la mencionada lentitud y aire contemplativo con el que se suceden los hechos.

Pese a todo, la cinta resulta un acercamiento muy interesante al concepto zombi, tratado de forma análoga a una enfermedad terminal o una demencia, y centrando su foco en el interior del hogar que debe hacer frente a la pérdida de un ser querido, a su desaparición paulatina y a la posibilidad de tener que acabar con ellos motu proprio. Su estilo narrativo busca los silencios y la calma opresiva en unos paisajes siempre nublados, símbolo de esa destrucción paulatina de la sociedad ante la que ya no queda refugio. Es una rara avis en el género que podría haber sido un auténtico clásico con un poco más de trabajo en el guion.



Si la anterior llegaba con expectación y se quedaba a medio camino, lo contrario ocurre con THE FINAL GIRLS (), un film que muchos no tienen siquiera en el radar de este festival y que es una de las más gratas sorpresas metareferenciales que han pasado por Sitges desde La Cabaña en el Bosque. La comparación no es ociosa, ya que en esta película un grupo de adolescentes se introducen en un slasher ochentero por accidente, siendo una de las chicas la hija crecida de una de las actrices que morían en el film. La única forma de salir de ahí es logrando llegar al final, pero todos sabemos que hay ciertas reglas que seguir para ello.

Ni los guionistas (los desconocidos M.A. Fortin y Joshua John Miller) ni el director (Todd Strauss-Schulson, responsable de Dos Colgaos muy Fumaos en Navidad) hacían pensar que el film pudiese estar escrito con tal solidez, creatividad y conocimiento de qué funciona y qué no en el género, ni dirigido con una mano tan experta para la puesta en escena (hay planos secuencia loquísimos y llenos de dinamismo) y para llevar el tono sin fisuras de la comedia paródica a los momentos emotivos. Porque sí, además de una cinta divertidísima y llena de gags memorables y referencias cinematográficas, es una historia tierna y dulce sobre una hija que tiene una última oportunidad para salvar a su madre, fallecida demasiado pronto en la vida real. Taissa Farmiga y Malin Akerman hacen un trabajo estupendo a la hora de dar realidad a unos papeles que podrían haber quedado en la mera caricatura, pero que en sus manos disponen de matices y sentimientos que nos hacen implicarnos más si cabe en la aventura.

Por supuesto, todo está al servicio de una parodia juguetona y muy loca donde se desmontan y reestructuran todos los tópicos del slasher de una forma similar a lo que hicieron Shane Black y John McTiernan en la infravalorada El Último Gran Héroe, llegando a introducir recursos lingüísticos que sirven como comentario adicional sobre los distintos planos de realidad y el espacio-tiempo en el interior de una película. ¿Hemos visto ya película parecidas? Sí, pero pocas realizadas con tanto amor por el cine, desparpajo y honestidad.



Otro que quiere hacer su propio homenaje a los 80 es Joe Begos, hasta el punto de realizar un remake encubierto de Scanners con THE MIND'S EYE (). El argumento sigue a una pareja con poderes telequinéticos que huyen de un científico que hacía experimentos con ellos, bajo el disfraz de estar enseñándoles a controlar sus habilidades.

No hay posibilidad alguna de que alguien confunda a Begos con un artista. Nada de lo que hace en la película tiene nada que ver con el arte, y no lo digo por meterme con él, sino por definir la esfera de objetivos en la que se mueve el director. Su intención es realizar una obra de consumo para el aficionado al género, darles lo que piden sin más. No se complica la cabeza en la historia, que es sencilla y sin recoveco alguno, y se desarrolla de forma lineal. Tampoco en la puesta en escena, funcional y cumplidora, cuyo único rasgo distintivo es el uso del sonido y la música atronadora, el subrayado de los actores gritando, para transmitir de forma simple y eficaz el esfuerzo y el tormento del uso de sus poderes. El reparto, por su parte, está compuesto por actores de tercera que no hacen nada más que cumplir con su contrato, algunos más desatados que otros.

Por su parte, el discurso es inexistente: no hay nada de la paranoia orgánica de David Cronenberg, ni de la moraleja sobre los peligros de la ciencia de Stephen King, ni nada. Es una mera historia donde cabezas y cuerpos estallan, miembros son cercenados y gente sale volando por los aires. Si se mira con ojos de fan del género que escarba en un videoclub, se disfruta. Si se quiere obtener algo más que un Burger King del terror, por fuerza decepciona.



A Gabriel Carrer, guionista y director de THE DEMOLISHER (), le ocurre justo lo contrario que a Begos: él sí que quiere hacer una película artística, y de hecho seguro que está convencido de haberla rodado. Lo que no se sabe muy bien es qué cojones estaba pensando que hacía, porque es complicado entender nada de lo que sucede en su película, y no porque sea compleja formalmente o esté llena de simbolismos y abstracciones. Es una cinta narrativa, que busca contar una historia, pero no hay forma de encontrar coherencia en su guion.

En teoría, lo que cuenta es la historia de un hombre que se convierte en un vigilante cuando su novia policía queda paralítica en acto de servicio, ejecutando su venganza sobre los responsables de la paliza. En la práctica, vaya usted a saber. El tipo persigue a una banda de mandriles (tienen ese dibujo en su ropa) compuesta tanto por moteros como por yonquis y emos, mientras que su novia tiene pesadillas con ritos satánicos y personas con máscara de zorro (dos motivos que no vuelven a aparecer en la película). Luego hay una chica que primero está coja y luego corre como un gamo, que tiene una enfermedad muscular en una escena pero no es por eso que está coja ni vuelve a hacerse referencia a ello, que estudia biología y luego dice que es camionera... La chica se encuentra un colgante que el tipo ha perdido y desata su ira, pero no se sabe bien por qué esa reacción tan violenta si ella no da muestras de ser nadie peligroso o conocido.

Y más allá de sus lagunas argumentales, su falta de información y sus contradicciones, la puesta en escena es desastrosa. Como ejemplo sirva la larguísima persecución, donde el tipo va detrás de la chica a unos 14 kilómetros de distancia (no está ni a la vista) y sin embargo sabe dónde encontrarla, va por caminos distintos pero acaba en el mismo sitio, y luego cuando ella le despista y encuentra refugio al otro lado de la ciudad, sabe dónde encontrarla sin que haya dejado ningún indicio. Incomprensible todo.

Carrer tiene que agradecer muchísimo que su película tenga algo destacable a dos personas: Glen Nicholls, compositor de una partitura de sintetizador que musicaliza con pasión ominosa y tremendismo hipnótico este desbarajuste; y Martin Buzora, que compone los planos con un gusto exquisito por el impacto visual, el juego de luces urbanas y la fluidez de cámara. Luego llega Carrer y usa ese material para crear la nada absoluta, pero con ínfulas de autor que quiere ser Nicolas Winding Refn y un montaje que siempre cambia de escena con fundidos a negro. SIEMPRE.



Dado que no conseguí ticket para The Invitation (algo que intentaré de nuevo otro día, en vista de los buenos comentarios sobre ella) y que sustituí Miss Hokusai o Valley of Love por una hamburguesa cuádruple de 400 gramos en buena compañía, la última película del artículo corresponde al documental THE 1000 EYES OF DR. MADDIN (), que analiza la figura del realizador canadiense Guy Maddin, autor de joyas como The Saddest Music in the World o Dracula: Pages from a Virgin's Diary (ganadora en Sitges en 2002). Para quien no le conozca, Maddin suele hacer películas y cortometrajes que combinan humor y melodrama con un estilo deudor del cine mudo y el expresionismo, pero además experimentando con la forma, el montaje solapado y ametrallado, la conjunción de imagen y sonido, la utilización de símbolos y la iluminación en foco. Complejidad formal y temática en un todo que se disfruta de modo intuitivo y emocional.

El análisis de su obra se lleva a cabo a través del propio Maddin, quien va relatando a lo largo de la película sus pasiones, su estilo de rodaje, sus intereses temáticos y estilísticos, sus influencias y admiraciones, su acercamiento a los tabúes sociales y su voluntad de romperlos, y en general su forma de ver el mundo. Es una ventana fascinante a la obra de uno de los autores más iconoclastas de la actualidad, narrada con un lenguaje visual y edición fragmentada que se aproximan a los del cine del propio director en lugar de quedarse en el estilo plano de documental, y cuyo único punto negativo es que su escasa duración (apenas 65 minutos sin desperdicio) deja con ganas de más, porque hay mucho más que contar sobre él y sus películas. Para quien no haya visto nada de Maddin, es una buena presentación para que sepa qué puede encontrarse y a qué retos se enfrenta. Para quienes lo seguimos, sirve para complementar con una visión desde dentro los matices que podemos extraer de su obra, que siempre resulta fresca y vital.


Eso es todo por hoy, salgo pitando para ver dos películas seguidas que pueden ser maravillosas o un desastre. Esto es Sitges, donde la próxima obra maestra está a la vuelta de la esquina. Y también la próxima basura.

@DamnedMartian

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1274 veces


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Comentarios (3)

21:24 - 12/10/2015

caren103

Apuntada "THE FINAL GIRLS" (y sé que se me va a olvidar... la vejez puñetera); al menos el título de "La Bruja" se me ha quedado grabado.

"THE MIND'S EYE" como comida rápida cinéfila, y tras haber visto en su día todas las de la saga "scanners", puede ser interesante para desconectar la mente un rato, pero por lo leído en el relato del día parece un producto de baja calaña.


Hago un punto y aparte para "THE DEMOLISHER": me ha dejado atónito lo leído. Patidifuso. Desconcertado. Parece llena de aparentes conexiones inconexas. En fin, ¿surrealista sin buscarlo (o buscándolo, que yo no sé nada)?

12:15 - 15/10/2015

arandano

Estoy de acuerdo con la valoración de "Maggie". Quizás lo más reseñable para mí, es que es de las mejores actuaciones que le recuerdo a "Arnold"...ya sé que no es mucho decir..

14:42 - 15/10/2015

Miniviciao@

Ya vi The FInal Girls, esta bastante guapa XD


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