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Diario de Sitges 2015, Día 3: Dioses y hongos

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2 Comentarios

En el último artículo mentí como un bellaco. Prometí cine catalán para hoy, pensando que vería Summer Camp, Vulcania y El Cadáver de Anna Fritz. Pero pasa lo que pasa un sábado por la noche en el que celebras el cumpleaños de un compañero y algún malnacido sin medida dice de ir a tomarse la última a algún sitio que haya abierto: que acabas en un turco hasta más allá de las 3 de la mañana y el horario del día siguiente se te descuadra por completo. Y todo por hablar de políticas (que no de política), de Mad Max: Furia en la carretera, de la grima que da Mads Mikkelsen hasta cuando hace de bueno o de ese pedazo de carrera a rescatar que tiene Sondra Locke más allá de Clint Eastwood. O no. Pero cuando se muera Sissy Spacek, alguien tendrá que hacer esos papeles, ¿no?



Al final, la única que se salvó de la quema del cine de estas tierras fue SUMMER CAMP (), debut en la dirección del guionista Alberto Marini. Una película que empieza mal, muy mal, pero que muy mal. La historia es la del típico slasher, con un campamento de verano en España donde los monitores, todos ellos americanos porque es un retiro de inmersión lingüística, preparan las cosas para la llegada de los niños sin saber que esa noche todo se va a volver loco y van a empezar a morir todos. Los actores van justitos y durante la primera media hora todo son topicazos y estupideces, con los personajes cayendo en las clásicas faltas de sentido común que tan bien criticaba Scream y la trama planteándose como algo gastado y sin atisbo de originalidad.

Pero progresivamente, todo va mejorando. Y mucho. Marini introduce alteraciones en la trama que desmontan por completo la estructura clásica, y donde íbamos a tener adolescentes contra hillbillies o contra zombis, de repente tenemos un todos contra todos lleno de giros, persecuciones, cambios de lealtades e información dosificada de forma que te mantenga en vilo sobre la dirección que va a tomar. La cinta entra de lleno en el cine de acción y se olvida de crear atmósferas o recovecos oscuros, lanzándose a un vendaval de movimiento que utiliza de forma muy inteligente todos los elementos que durante esa primera parte nefasta te había mostrado, otorgándoles un sentido y una función mucho más creativa de lo que habría sido si hubiese cedido a la lógica en su momento. Se convierte así en una montaña rusa que durante 60 minutos no deja de divertir.

Esto no quiere decir que la puesta en escena de Marini sea algo más que competente ni que el guion sea perfecto. Siguen habiendo muchas lagunas y trampas, y ni el reparto ni sus personajes tienen el menor interés más allá de su función para mover el argumento. Pero se compensa con su sentido del humor a prueba de aspersores y ramas amenazadoras.



Justo lo contrario de lo que sucede con Summer Camp le pasa a la turca BASKIN (), una de las cintas que más han polarizado a la audiencia, registrándose aplausos y salidas de la sala a partes iguales. El film se desarrolla a lo largo de una sola noche y se centra en un grupo de policías que reciben un aviso para ayudar a unos compañeros en una zona perdida en medio del bosque. Allí se encuentran una casa abandonada que oculta lo que podría ser la puerta al infierno.

La primera hora de la película es sencillamente magistral, de lo mejor que se ha podido ver en el festival hasta ahora. Can Evrenol compone una atmósfera sucia y malsana que va haciéndose más opresiva, oscura y salvaje conforme los policías se van adentrando en su aventura. Su mirada es la de un espía que se desliza junto a los personajes cuando están más allá del bosque, y conforme van introduciéndose en las entrañas de la bestia se va tornando más subjetiva, desvelando con cuidado cada pared, mancha, trozo de alambre de espino o víscera que va surgiendo hasta componer un cuadro de terror absoluto que se te mete bajo la piel, y que estalla en lo abyecto en un preclímax demencial a medio camino del final. Entre medias, también introduce elementos oníricos que refuerzan el componente esotérico de la trama, subrayando la percepción de lo extraño y la conexión con otro plano de la existencia de forma que complemente la crónica del descenso hacia el inframundo con una información sobre los personajes y sus capacidades que se desvela vital para el devenir de la historia.

Sin embargo, todo se desmorona cuando entra en su último acto. No deja de ser algo parecido a lo que ocurre con Las Brujas de Zugarramurdi: cuando concreta visualmente su horror, lo hace de forma que todo queda mucho más campestre. Lo que parecía una puerta a un mundo donde el dolor de la carne y la perdición del espíritu van de la mano, como si se tratase de una hermana de Hellraiser, resulta ser algo de este mundo. Maligno, sí; grimoso, sí; pero no de un horror cósmico que la mente tenga dificultades para abarcar. Todo se cae abajo como castillo de naipes con un simple gesto de quitar una capucha. A partir de ahí existe una resolución coherente a la trama, pero se pierde toda la atmósfera, la magia de lo desconocido, la incertidumbre sobre la realidad. Todo lo que la hacía especial.



La que no ha provocado ninguna polémica, porque ha recibido tal ovación que es desde ya una seria candidata a premio del público, es la belga EL NUEVO NUEVO TESTAMENTO (), comedia fantástica de Jaco van Dormael donde Dios es un tipo despreciable que controla el mundo con un ordenador hasta que un día su hija se harta de él, envía a todas las personas un mensaje con su fecha de defunción, le cuelga la computadora y se da a la fuga para buscar a sus propios apóstoles. Lo típico que pasa en todas las familias, solo que en este caso las repercusiones son un poquiiiiiiiiito más amplias.

La cinta tiene dos vertientes claramente distinguibles y complementarias: por un lado, su humor irreverente que se burla de todos los constructos religiosos y sociales, que ataca con saña la propia idea de un Dios que por fuerza tiene que ser un hijo de puta irredimible al que debería estar prohibido amar porque solo se deleita con el dolor ajeno, y que ha creado un mundo lleno de reglas caprichosas para su propia diversión; por otro lado, también tiene una marcada tendencia a la emotividad, a buscar el lado íntimo del ser humano y ofrecer todo su cariño hacia los distintos aspectos que, sean aceptados por la moral de este Dios imbécil o no, nos convierte en personas que merece la pena respetar, amar y dotar de libertad absoluta.

Es en estos aspectos donde la vocación estética de Van Dormael se expresa con mayor libertad, dejando su lado surrealista para los momentos cómicos. Y ambas partes forman un discurso formal y temático coherente, con cierto aire feminista que reivindica a la mujer como líder y brújula moral. Pero sin duda su guion le acompaña mejor en las risas que en las lágrimas, que a veces caen en lo cursi y otras le dan una pátina de seriedad a elementos que solo es posible tomarse como locuras (¿la historia de amor con el gorila?). Otras subtramas se alejan demasiado del núcleo central de la historia y acaban como pegados postizos. Y se echa en falta que le den más minutos a Benoît Poelvoorde para terminar de mostrar en toda su iniquidad a ese Ser Supremo zarrapastroso, uno de los tipos más deliciosamente despreciables de este festival.



Ha sido el único punto cómico en una jornada dominada por el terror más puro, aunque en el caso de THE HALLOW () no inventa absolutamente nada y es el tipo de película de género que ya prácticamente te sabes de memoria. El film se centra en una pareja con un bebé que entra a vivir en una casa en el bosque, y que debe enfrentarse a lo que acecha en la oscuridad y que no tiene muchas ganas de que invadan su territorio. Como en el caso de Summer Camp, los hongos y las mutaciones están presentes, pero también el folclore irlandés de hadas y criaturas mágica, que aquí son más bien cabronas dan bastante asquito gracias a un gran trabajo de animatrónica.

Es una película rodada con mucho oficio y competencia, que sabe crear tensión e insuflar adrenalina incluso cuando el guion no le acompaña, que es casi siempre. Excepto algunos elementos que pueden llegar a ser cautivadores, como su vinculación con las leyendas o su toque de cuento de hadas cronenbergiano, todo es una colección de tópicos que no resisten un análisis ni siquiera superficial, porque enseguida salen los huecos de lógica y los sinsentidos narrativos. En un mundo real, los protagonistas habrían durado 15 minutos con su actitud de llevar a cabo barrabasadas sin el menor concepto de la autoconservación (como coger muestras de un hongo potencialmente mortífero cuando llevas a tu bebé a cuestas), mientras que las criaturas que los acechan habrían tenido una forma de comportarse que se ajustase a algunas reglas, no a caprichos cambiantes del guionista. Y el susto postcréditos es propio de un correo en cadena, no de una película seria.



Más satisfactorio aunque no por ello excepcional resulta el primer documental que he visto este año, THE VISIT (), dirigido por Michael Madsen (no ese Michael Madsen). La película plantea la posibilidad de una visita alienígena a una serie de científicos y mandatarios internacionales (no jefes de gobierno, sino personas de los departamentos encargados de planificar este evento). Ellos son los encargados de guiarnos por toda una serie de preguntas y aspectos a considerar en esta situación, los posibles acercamientos e intentos de contacto y la forma de gestionar públicamente la aparición de los extraterrestres para evitar el caos mundial.

Nada de lo que cuenta la película es nuevo para alguien que haya leído o visto ciencia ficción, ya que el tema alienígena es uno de los más explorados y explotados del género. Como carta de presentación para alguien que desconoce la scifi o que solo está familiarizado con la visión de Hollywood, donde prima la acción sobre consideraciones políticas, sociales, éticas, biológicas o humanas, puede ser una introducción inmejorable para abrir sus horizontes de pensamiento hacia preguntas que quizá nunca se haya hecho. Pero para quienes han indagado un poco en otras cintas o libros que ya han abordado los matices de esta situación, resulta excesivamente superficial y poco concreta. Temas como la posibilidad de una barrera comunicativa insalvable, las reinterpretaciones filosóficas o religiosas que puede conllevar este contacto, o la concepción de formas de vida distintas a la nuestra más allá incluso del nivel molecular, no son tratadas o se les hace una referencia muy breve y poco incisiva. Otros, como la estrategia concreta para llevar a cabo el primer contacto y sobre todo su preparación, se quedan en conceptos generales y preguntas lanzadas pero a las que no se llega a dar respuesta específica.

Lo que sí resulta espectacular es la belleza visual con la que está narrada. Madsen juega con los colores y los planos de profundidad, sitúa a sus bustos parlantes en entornos orgánicos y ofrece ventanas puntuales hacia los eventos que suceden en el mundo durante el contacto. También juega a dosificar silencios y rostros callados con sus declaraciones, dándole dinamismo expresivo a los planteamientos de los expertos. Formalmente, de hecho, es más compleja que temáticamente. Una pena que uno esté ya tan curtido en este género y no la haya podido disfrutar del todo.



Mañana tiene pinta de que va a ser un día caótico, ya que hoy no he podido coger los tickets que en principio quería y he tenido que rehacer los horarios a salto de mata. Esperemos que no me confunda de sala y entre a ver las que finalmente he seleccionado.

@DamnedMartian

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1238 veces


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Comentarios (2)

21:41 - 11/10/2015

caren103

Visto como empieza el relato del día 3, casi el título podría ser "resaca y hongos (alucinógenos)" [maligno] .

Lo que se comenta de Baskin me trae a la memoria lo que sucede en varias novelas de Stephen King: que se crea una ambientación y expectativas de que algo grande, cósmico y terrorífico espera en la parte final del libro, para al concretarse resultar decepcionante por resultar en realidad algo tangible venido a menos.

01:41 - 12/10/2015

Damned Martian

caren103 escribió:Lo que se comenta de Baskin me trae a la memoria lo que sucede en varias novelas de Stephen King: que se crea una ambientación y expectativas de que algo grande, cósmico y terrorífico espera en la parte final del libro, para al concretarse resultar decepcionante por resultar en realidad algo tangible venido a menos.

Es una muy buena comparación, aunque por lo sórdido de sus imágenes a mí me vino más a la cabeza Ramsey Campbell, el escritor de Los Sin Nombre.


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