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Diario de Sitges 2015, Día 2: Anomalías y regalos

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Es solo el segundo día del festival y ya hemos tenido los primeros retrasos, los primeros problemas de proyección (en especial con el sonido y los subtítulos), las primeras colas enormes, las primeras polémicas sobre alguna película... y las primeras cabezadas en alguna proyección (en mi caso, porque en el de otros es un sueño de bebé, reparador y a prueba de truenos, quizá con algo de babilla añadida). Y, por supuesto, los primeros zombis. Esta noche ha sido la tradicional Zombie Walk y desde buena mañana ya pasean por las calles las primeras personas disfrazadas y maquilladas por los expertos situados en el paseo marítimo. Y da grimilla cuando se te acercan y te huelen.



También ha sido una jornada con alguna decepción. Tras su paso triunfal por el Festival de San Sebastián, había mucha expectación por ver la nueva película de Paula Ortiz, cuya ópera prima, De tu ventana a la mía, ya se pudo ver en la Seminci. A pesar de los elogios desmedidos de mi compañero Carlos Fernández, a mí LA NOVIA () me produjo sueño más que otra cosa. Se trata de una nueva adaptación de Bodas de Sangre, de Federico García Lorca, una historia sobre la clásica dicotomía entre deseo y cariño, pasión y amor, necesidad física y conexión intelectual, situada en el mundo de familias enfrentadas, reyertas a navaja y terrenos de cultivo.

Ortiz ha ampliado su registro de recursos respecto a su anterior obra, que buscaba siempre la imagen bonita de postal resultando excesiva en muchos momentos. Aquí impone un ritmo pausado y contemplativo, juega más y mejor con los encuadres, las distintas formas narrativas y el simbolismo de determinados elementos, pero sigue cayendo en una impostura formal demasiado acusada y artificiosa. Persigue la visión poética de la historia a través de medios estéticos, pero eso le impide transmitir la visceralidad y pasión animal que habita en el corazón de la historia, quedándose en un romance de personajes que sufren mucho que, por sus características intrínsecas, acaba bordeando e incluso cayendo en el folletín (véase esa ridícula lucha a ritmo de Take This Waltz, versión cañí). Que la directora tiene personalidad es indiscutible, que su estilo es inconfundible también, pero quizá debería medir más la saturación y redundancia de su amor por lo estético para ver de qué forma puede influir en la historia.

A la desconexión emocional que esto provoca se suman los actores, que declaman sus textos con entonación teatral. Esto es muy habitual en los traspasos de un medio a otro, pero a lo mejor habría que mirárselo, porque siempre provoca que, por mucha entrega que le pongan los actores (y en esta película le ponen mucha, en especial Inma Cuesta y Luisa Gavasa), sus actuaciones queden forzadas, anquilosadas en una estructura poco natural que les impide explotar sus recursos vocales en favor de la definición y el matiz.

Al menos lo que sí consigue Paula Ortiz es ofrecer una mirada marcadamente femenina de esta historia, componer con sus elementos una crónica del papel de la mujer en una sociedad cuyos ritos y costumbres acentúan su sufrimiento, por mucho que se adopten formas matriarcales de poder. Es un discurso fallido e incompleto, pero sin embargo apreciable.



Mejor le ha salido su segunda película como director a Charlie Kaufman, que tras demasiados años de silencio regresa con un drama rodado con marionetas en stop-motion, la emotiva y melancólica ANOMALISA (). Codirigido con Duke Johnson, responsable de algunos capítulos de animación de Community (no en vano, Dan Harmon es uno de los productores), el film cuenta una historia aparentemente sencilla que sin embargo va desvelando numerosas capas de complejidad: un tipo llamado Michael Stone está de viaje de negocios en Cincinnati e intenta encontrar un atisbo de humanidad y amor en quienes le rodean.

La complejidad llega cuando uno se da cuenta de que todos los muñecos menos el protagonista tienen los mismos rasgos, todos tienen la misma voz (incluso las mujeres o los niños hablan con la voz de Tom Noonan), todos parecen la misma persona con distintas pelucas. En este mundo Malkovich Malkovich, el protagonista vive una vida gris y sin eventos, atrapado en un mar de conversaciones funcionales o indeseadas, rutinas sin interés y espacios anónimos que Kaufman retrata con detenimiento clínico, mostrando la soledad absoluta de un personaje incapaz incluso de reconectar con una novia del pasado a la que ya no reconoce. El punto de inflexión es el encuentro casual con Lisa, una muchacha del montón que, sin embargo, es la única que posee una voz y un rostro únicos y singulares.

De esta forma, los directores componen una bellísima historia sobre el amor como ancla salvadora frente a un mundo homogeneizado hasta el hastío, como único refugio de los soñadores que buscan una vida mejor y que necesitan sentir, reír, besar, escuchar una canción con la mayor ternura del mundo, en lugar de continuar con el piloto automático, preguntándose si habrá algo mejor ahí fuera que solo esta vida anónima. Pero el discurso de la película no se queda ahí, y a través de sucesivos giros de tuerca va definiendo su distopía emocional como una consecuencia de una visión personal del mundo, no como una mera crítica a la sociedad de consumo. Su relativismo contribuye a dar nuevos matices a los personajes, ofrecer al mismo tiempo una ventana a la esperanza a través de la propia aceptación, y una pesadilla kafkiana donde la perdición del vacío solo es rota por objetos artificiales, no por conexiones reales.



Otra segunda película, y las dos proyectadas en Sitges, es la mexicana LOS PARECIDOS (). Isaac Ezban ya estuvo el año pasado en el festival con la prometedora pero irregular El Incidente, nada que ver con el desastre de Shyamalan sino una cinta de suspense con una idea sobre mundos infinitos que podría haber sido un episodio de La dimensión desconocida. Para que no se diga que no es congruente con sus influencias, Ezbán vuelve a tirar de homenaje a Rod Serling, pero esta vez mucho más directo, hasta el punto de rozar la copia o directamente tomar prestados muchos elementos ( y no solo de determinados episodios que no conviene mencionar por no hacer spoiler, sino también de La Invasión de los Ultracuerpos, amén de que la música está sableada de El Cabo del Miedo).

En el film, un grupo de personas quedan atrapadas en una estación de autobuses por culpa de una tormenta de violencia inusitada. Ninguno de ellos parece poder salir de allí, pero lo peor será cuando sus caras comiencen a cambiar hasta convertirse en la de uno de ellos. Coincidencia con Anomalisa: la identidad y la pérdida de la misma es la base temática y formal también de esta cinta. Pero al verla, se entiende por qué era necesario rodar la de Kaufman en animación: es realmente esperpéntico ver a todos los personajes con el rostro de un hombre con pelazo y barba. Si a eso se une el absoluto histerismo con el que se desarrolla la historia, en un caos argumental que Ezbán es incapaz de controlar y estructurar con cierta calma, y con los actores alterados gritando 10 de cada 8 frases, se entiende la sensación de desorden de ideas que afecta al film. Y tiene ideas, muchas y muy estimulantes, pero no sabe cómo llegar de A a C sin pasar antes por el 5.

Total, que como todo es tan loco y hay un cierto sentido del humor respecto a su premisa, queda bastante claro que habría funcionado mucho mejor como comedia irreverente que como suspense claustrofóbico. Eso sí, tanto el comienzo como el final, con esa voz en off que parodia los discursos de Rod Serling, es realmente entrañable.



Y de segundas películas a una sorprendente ópera prima que parece dirigida por un realizador más experimentado. EL REGALO () está escrita, producida y dirigida por el actor Joel Edgerton, que se reserva el papel de Gordo, un tipo que entra en la vida de la pareja formada por Rebecca Hall y Jason Bateman, quien era compañero de instituto allá en su juventud. La pareja, recién mudada a una nueva casa, comenzará a recibir visitas no deseadas de Gordo... Y ya os imagináis el resto, porque habéis visto De repente, un extraño, Dobles Parejas y todos esos cientos de films que tienen el mismo argumento y desarrollo y que ya nos sabemos de memoria. Craso error.

Edgerton dirige con pulso firme y gran elegancia formal un thriller que encuentra aristas inesperadas en su planteamiento, llevándolo por caminos imprevisibles hasta componer un cuadro mucho más complejo y satisfactorio que en cualquier otra película de un subgénero que retuerce y subvierte desde la base. Dosifica la información con prudencia, sin ocultar sus cartas pero siempre sembrando una duda razonable sobre los comportamientos de los personajes, deliciosamente definidos por sus tres protagonistas. Sabe aprovechar los tópicos del género para jugar con las expectativas del espectador, desmontar sus figuras de anclaje y reconstruir la historia desde otra visión radicalmente distinta de la que uno pensaba encontrarse. Salvo un par de sustos baratos que no tienen mucha más función que la de actuar como válvula de escape para el clima opresivo, siempre se muestra contenida y nunca deja que la rabia y la desazón acumuladas lleguen a estallar. Más bien lo contrario: su resolución se dirige hacia las entrañas, no hacia la adrenalina.

De esta forma, Edgerton construye una crítica hacia la sociedad capitalista donde el éxito es la medida del hombre, sin importar los medios con los que se consigue; y donde las figuras más respetadas y amadas guardan esqueletos en su armario de los que ni siquiera se arrepienten. Es la ley de la selva, donde los cazadores no tienen moral alguna que seguir, solo una fachada respetable que les sirve para venderse a sus víctimas. Lo que no quiere decir que sus víctimas sean siempre inocentes o acepten la derrota sin intención de vengarse.



Para terminar con la nota negativa, que una mamarrachada como KNOCK KNOCK () esté presente en el festival solo se explica por la reputación que (incomprensiblemente) tiene entre los aficionados al terror el nombre de Eli Roth, cuya última película buena fue allá por 1832. La cinta nos presenta a Keanu Reeves en una de las peores interpretaciones de su limitada carrera, como un padre ejemplar que una noche se ofrece a ayudar a dos jovencitas en apuros y acaba follándoselas, solo para descubrir a la mañana siguiente que están locas del coño y le quieren castigar por lo que ha hecho.

Lo que resulta de ese planteamiento es una versión retrasada de Hard Candy, donde la tensión brilla por su ausencia gracias a un guion infantiloide, y cuya vis cómica se podría comparar con la de Dos Tontos Muy Tontos, pero en versión porno. Y esto lo digo por la inteligencia del guion, porque no es que la película tenga mucha carne: menos una escena donde vemos las tetas de Ana de Armas y su amiga, el resto es muy light e inofensivo. Y de violencia ni hablamos: las torturas varían entre ponerle música alta a Keanu, cortarle el pelo o follárselo de nuevo. Haneke tiene que estar mordiéndose las uñas de envidia. El tono impuesto por Roth no llega a ser nunca abiertamente paródico, sino que titubea entre hacer un torture porn con mensaje o cachondearse del escaso sentido que tienen este tipo de películas, con el resultado de que rueda una cosa informe llena de momentos bochornosos que pretenden hacer gracia y comentarios sociales de guardería que construyen un mensaje sobre la infidelidad y el todo gratis sin ningún sentido ni coherencia.

En resumen, que mejor malgastar el tiempo en ver la versión porno que hagan de la película, que por lo menos da para pajas.



Y con un comentario así de agradable y sesudo, de esos que podrían publicarse en Dirigido Por o en Miradas de Cine, concluye la crónica del segundo día. Mañana toca cine catalán. Que Dios nos pille confesados.

@DamnedMartian

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1226 veces


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Comentarios (1)

18:14 - 11/10/2015

caren103

Anomalisa y El Regalo parecen pues las más potables del segundo día, aunque tal vez por sus temáticas, no me llamen tanto como alguna comentada del primer día.


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