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El mundo de Aki Kaurismäki

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Aunque dentro de la fauna existente en el marco cinematográfico europeo actual hay numerosos cineastas de interés, un tipo como Aki Kaurismäki merece una atención especial. No solo porque sea un muy buen director sino porque es de esos personajes que han logrado crear un mundo propio y perfectamente reconocible, con su estilo y sus reglas, al que ha sido fiel durante toda su carrera.

Puede que sus logros no salten tanto a la vista en comparación con los de otros cineastas contemporáneos suyos, pero precisamente eso es parte de su encanto. En una época en que el cine de autor - tanto europeo como norteamericano - parece obsesionado por crear grandes películas, en que la mayoría de cineastas parecen buscar que cada nuevo film sea una obra maestra, alguien como este director finés resulta una excepción refrescante. El propio Kaurismäki ha dicho en más de una ocasión que no aspira a hacer grandes películas porque no se ve capaz de conseguirlo, y que por ello decidió en su lugar hacer obras más modestas, sin grandes expectativas. Resulta paradójico que aun así muchos le consideremos uno de los mejores realizadores actuales, por encima de otros creadores de obras más llamativas, complejas y ambiciosas.



Su estilo es tan fácilmente reconocible que podríamos decir que una vez vista una película suya, uno puede tener la seguridad de si el resto le gustará o no, porque todas se mueven dentro de los mismos esquemas. Aunque se tiende a clasificar muchas de sus obras como comedias, en realidad su estilo no sigue al pie de la letra los códigos de ningún género. Son películas de diálogos mínimos y numerosos silencios en que no se recalcan los momentos dramáticos ni los humorísticos. El cineasta detesta los gags obvios y prefiere el humor extravagante, surgido de situaciones extrañas y de los pequeños eventos del día a día. Es decir, el humor que no se enuncia a sí mismo como tal, llegando al extremo de que en ciertas situaciones el espectador no sepa si debe reír o no (como por ejemplo sucede con sus característicos diálogos de besugos que aparentemente no tienen sentido).

Aunque uno podría calificar su estilo de frío por ese motivo, la realidad es que bajo esa superficie, en el cine de Kaurismäki subyace cierto romanticismo nostálgico. Y es que, aun escondiéndose bajo una máscara de cinismo, un hombre que ha hecho una película como La Vida de Bohemia no puede estar tan desencantado como pretende. Dicha obra, el entrañable retrato de una serie de artistas bohemios que malviven en las calles de París, rezuma un cariño especial hacia esa serie de perdedores que lo protagonizan, enfatizado por esa magnífica fotografía en blanco y negro que acentúa ese tono de imagen nostálgica del pasado.

Las películas de Kaurismäki a menudo dejan entrever esa simpatía hacia los perdedores de clase baja, otorgándoles a menudo el aura del romanticismo del perdedor. Pero él siempre lo hace de forma menos directa, como por ejemplo en el final de Nubes pasajeras, en que deja entrever por fin una salida a sus protagonistas en paro, o más claramente en los desenlaces más abiertamente optimistas de sus películas más difundidas a día de hoy: Un Hombre Sin Pasado y El Havre.



No obstante, Kaurismäki también puede ser implacable cuando se lo propone, como cuando erige el duro destino de la protagonista de La Chica de la fábrica de cerillas, de igual manera que hacía uno de sus más claros referentes, Robert Bresson, décadas atrás con Al Azar de Baltasar. O con el pobre diablo de Luces al atardecer, en la cual esperamos - por influencia hollywoodiense - un giro narrativo en que éste lleve a cabo una venganza que en realidad nunca se produce.
Pero aun así, el cineasta nunca se recrea ni en la violencia ni en los hechos más dramáticos de sus películas (es escalofriante la distancia con la que narra la historia de La Chica de la fábrica de cerillas), y por ello en entrevistas siempre deja claro cómo detesta el cine que produce Hollywood actualmente, que debe recurrir al sexo, la violencia y las emociones fuertes. Lo que Kaurismäki no menciona es que Hollywood no posee el monopolio de esas temáticas, y que incluso dentro del cine de autor actual se suele recurrir a esos recursos para impactar al espectador aunque, eso sí, bajo una excusa más "intelectual". En unos tiempos en que lo visceral y atrevido suele ser visto como algo a elogiar, que Kaurismäki se haya erigido como el cineasta de la contención es algo digno de alabar.

En sus películas, los actores son rostros con personalidad y sin el atractivo típico de un héroe o heroína cinematográfico, a los que además les prohíbe vehementemente cualquier tipo de sobreactuación. Claro que en el cine de Kaurismäki, sobreactuación es casi sinónimo de actuación a secas: los diálogos prácticamente se recitan exentos de cualquier emoción y todo el peso acaba recayendo en los silencios, las miradas y los gestos.
Por ello, incluso cuando ha filmado fuera de Finlandia, Kaurismäki ha evitado utilizar a actores reconocidos (una de las pocas excepciones es uno de los rostros por excelencia del cine francés de los 60, Jean-Pierre Léaud, a quien rescató del olvido en la comedia negra Contraté a un asesino a sueldo, interpretando a un infeliz que contrata a otra persona para que le mate al no tener valor para suicidarse).



Bajo estas premisas ha ido dando forma a su carrera desde que debutara en la dirección de largometrajes en 1983 con su adaptación de Crimen y Castigo, después de años colaborando en películas producidas por su hermano mayor Mika Kaurismäki. El finlandés pronto encontró un estilo y unas constantes en las que se sentía cómodo que ha ido repitiendo a lo largo de los años, algo que se nota incluso en pequeños detalles. Por ejemplo, en sus películas casi siempre aparecen perros, y además tiende a incluir alguna actuación de rock en sus films (de hecho una de sus obras menores, Leningrad Cowboys Go America, tenía como protagonista a una banda de rock ficticia que acabó volviéndose real).
Otro aspecto que yo agradezco especialmente es su corta duración. Sus films raramente sobrepasan la hora y media (la más larga de todas, La Vida de Bohemia, dura 100 minutos) y a menudo duran poco más de una hora. Es otro aspecto que concuerda con su filosofía de no hacer grandes películas que de nuevo va a contracorriente en unos tiempos en que cada vez es más raro un film de menos de dos horas.

Los referentes fílmicos que más se suelen citar son Robert Bresson y Jean-Pierre Melville, de los que ha tomado ese estilo frío y espartano, ese gusto por los silencios y el elaborado trabajo de la composición de los planos (a nivel de fotografía, sus films siempre son una delicia, y de hecho Kaurismäki siempre ha trabajado con el mismo director de fotografía, Timo Salminen, con el que sin duda debe tener una compenetración especial). Pero en lo que respecta a la forma de de mostrar a sus personajes lo veo mucho más próximo a otros movimientos como el realismo poético francés de los años 30, especialmente Marcel Carné y L'Atalante de Jean Vigo.
Otras influencias bastante obvias son el japonés Yasujiro Ozu y, claro está, el cine mudo de directores como F.W. Murnau (de hecho, a finales de los 90 tuvo la loca idea de realizar una película muda, Juha).

A cambio, Kaurismäki dice odiar el cine contemporáneo y ha relatado en numerosas ocasiones que no cree que se hayan realizado grandes películas desde hace décadas, aunque me resulta difícil creer que no sienta cierta simpatía como mínimo hacia el norteamericano Jim Jarmusch, con el que guarda no pocas similitudes.



Como complemento a su cine tenemos también al Kaurismäki personaje. Fumador y bebedor empedernido (una de sus frases más famosas es que la mitad de veces que dirige lo hace sobrio y la otra mitad ebrio, pero que a la práctica no se nota la diferencia), en sus entrevistas se muestra igual que los personajes de muchas de sus películas: como un luchador solitario que se rige bajo unos principios muy firmes. Por ejemplo, sigue filmando en analógico y detesta el cine digital, afirmando como buen nostálgico que el cine es la luz, no los píxeles. También ha protagonizado algunos boicots contra los Oscar y el Festival de Cine de Nueva York en protesta por la política de los Estados Unidos.

Más curiosamente, no solo ataca el cine actual, sino también sus propias películas, afirmando abiertamente que no se siente satisfecho con ellas o (en función del nivel de alcohol que tenga en la sangre durante la entrevista) que las detesta y que se retirará solo cuando haya hecho una película de la que se sienta totalmente orgulloso. También asegura haber pasado años viviendo en la calle como los personajes de muchos de sus films (Vida de Bohemia, Un Hombre Sin Pasado) y se muestra muy reservado hacia algunos aspectos de su biografía personal (por ejemplo, su relación con su hermano, también cineasta, con el que presuntamente ya no se habla). Pero como sucede en estos casos uno no sabe dónde acaba la persona y dónde empieza el personaje. ¿Hasta qué punto ha creado Kaurismäki un "personaje" acorde con lo que uno esperaría de él? Todo esto, sea más o menos cierto, acaba complementando ese universo propio que ha construido y que tan bien le ha funcionado.

A día de hoy puede decirse que goza de más prestigio que nunca. Sus films Un Hombre Sin Pasado y El Havre fueron recibidos con los brazos abiertos por la crítica de todo el mundo, y no han funcionado mal en taquilla para ser producciones modestas destinadas al nicho de cine de autor. Hoy en día parece estar algo más perezoso, espaciando más el tiempo entre producciones, pero cada nueva obra suya es recibida con los brazos abiertos por los que admiramos su cine. Son obras que ya en su concepción aspiran a tener menos repercusión e impacto que las de otros cineastas de autor actuales, pero precisamente lo que nos enamora a sus seguidores es esa sencillez, ese estilo espartano que bajo esa aparente sencillez deja entrever un director magnífico que, treinta años después, sigue fiel a sus principios. Esperemos que siga así por mucho tiempo.

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1589 veces


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Comentarios (3)

18:56 - 08/08/2013

Quentin

Es uno de los mejores directores del panorama actual, y particularmente El Havre (que yo comenté aquí hace justo un año http://www.cineol.net/noticias/8578_La-Premier-de-la-semana-en-Filmin me parece una obra maestra.

Es un artículo fantástico. Felicidades Guillermo [oki]

23:38 - 08/08/2013

Damned Martian

Yo solo he visto Un Hombre sin Pasado y me encantó. Tengo una cuenta pendiente con su cine, sin lugar a dudas, encima porque de su hermano he visto más y es mediocrillo.

12:08 - 09/08/2013

Villano

Yo sólo he visto ocho de sus veinti y pico películas, aunque tengo claro que es uno de esos directores que por su sentido del humor y su punto de vista deberían estar todavía más sacrilizado. Vendría a ser la demostración que para ser humano no hace falta sonar almibarado y que la genialidad no está en ser un inventor puro a lo Fellini si no en tener influencias claras pero empleándolas de una forma original. Es obvio que, por ejemplo, si no se ha visto a Robert Bresson, es difícil entender lo que pretende hacer con unos actores tan estólidos.

Hasta ahora mi preferida es "Luces al Atardecer" pero creo que "Le Havre" o "Nubes Pasajeras" son más recomendables para iniciarse en su cine.


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