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Ha muerto Maradona

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“Así manifestó Dios su amor entre nosotros: en que envió a su hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él.”
1 Juan 4:9


Ayer falleció Maradona. Lo había hecho tantas veces que al principio no le di mucha importancia. Cuando vi que la noticia se confirmaba en todos los medios, no me lo quise creer. Y hoy, que ya descansa en su sepulcro pienso que al tercer día resucitará.

Yeshua bar Yosef (Jesús, hijo de José) nació en la época y el lugar exactos para que la humanidad le considere el hijo de Dios. La Judea política gobernada por los romanos. Una zona exaltada donde sus gentes a día de hoy siguen siendo noticia por algún acontecimiento en su nombre. Diego Armando Maradona, hijo de don Chitoro y Dalma Salvadora, también nació en la época, el lugar y el momento exacto. En los años sesenta en medio de la miseria del país más sentido del mundo. En un pueblo fabricante de Dioses, y falto de ellos. Latinoamérica en los años 60 es la Jerusalén de Jehová. Los lugares elegidos para que irrumpieran entre nosotros en el tiempo puntual para ser lo que son, Dios.

Sé que estas palabras pueden sonar exageradas, o incluso sacrílegas para creyentes o gente ajena a la figura del argentino, o del mundo del fútbol. Hoy el diario L’ Equipe abre con una frase Nitschiana: “Dieu est mort“ Dios a muerto. ¿Por qué el mundo entero despide así a un individuo de metro sesenta escaso, nacido en un país en continua crisis, mujeriego, alcohólico, drogadicto, problemático y del que todos hemos sentido vergüenza cada vez que salía alguna nueva noticia suya por la tele.

¿De qué planeta viniste? Genio, mesías, malabarista del balón, barrilete cósmico, el diego, el pibe de oro, y así infinidad de adjetivos inabarcables, incontables. En todas las lenguas de la tierra. Pero, ¿Por qué se dice que ha muerto Dios? Para el cristianismo Dios padre mandó a su hijo Jesús para salvarnos de nuestros pecados. Para los amantes del balón, el Dios del fútbol mandó a su hijo Diego para iluminarnos.

Puede que sea una comparación incomparable, pero el fútbol quizás sea lo único que existe en esta planeta que ha unido lo que la política no puede, y lo que las guerras disgregaron. Familias desgarradas se sientan juntas delante de un televisor para ver a su equipo ganar cada domingo. Pueblos marchitos por disputas continuas respecto a su identidad, se ponen de acuerdo durante tres semanas cada cuatro años para animar juntos.

Esos días de verano todo vale, es como la Navidad para los católicos. El 25 de Diciembre desde hace dos milenios celebramos el nacimiento de Jesús en Belén.
El 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca de la Ciudad de México nació Diego de Villa Fiorito.

Mientras Jesucristo convertía el agua en vino, Diego ganaba el sólo a los belgas en semifinales. Cuando Jesús multiplicó los panes y los peces, Diego dejaba solo a Gurruchaga con una asistencia milimétrica para que este metiera el tercero en la final de la copa del mundo.

Jesús murió en una era para poder empezar otra. Diego murió el año en el que el mundo está cercado por una enfermedad a escala global jamás visto hasta ahora.
Dicen que lo que vendrá después será una nueva era para la humanidad. ¿Habrá muerto ahora para salvarnos? Su tiempo aquí ya acabó. Su misión está completa.

El día de su despedida predicó desde lo alto de un escenario con un estadio entero observándole: “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha.” Jesucristo predicó las bienaventuranzas ante un nutrido sequito de fieles a los que abrió sus mentes. Su muerte estaba anunciada, buscada. Hoy el periodista británico John Carlin escribió sobre ti: “Es como si fuera la muerte de un papa”

Eras amigo de presidentes, artistas, deportistas, camareros, obreros, periodistas. No te casaste con ninguno, pero en parte te casaste con todos. Te atreviste a decir lo que muchos piensan, pero nadie dice a la cara del representante de Dios en la tierra. Durante una audiencia privada en el Vaticano te enfrentaste a las acusaciones del Papa Juan Pablo II de no ser un ejemplo para los más jóvenes por tu modo de vida. A lo que le contestaste que la cambiarías cuando el vendiera los tesoros y techos de oro de su palacio para dar de comer a los niños de tu país.

El más argentino de los argentinos. El más famosos de ellos; aunque siempre dijiste que después del Che Guevara, al que llevabas tatuado en tu brazo. Pero Diego, ya le has superado, porque tu leyenda solo acaba de empezar. Mientras escribo estas palabras, cientos de miles de compatriotas tuyos jalean tu nombre en las puertas de la casa Rosada. Cantando y gritando mientras lloran de alegría y tristeza. El mismo lugar donde tres décadas atrás, entre una lluvia de papelitos de colores les entregaste la copa del mundo. No paran de emitir en todas las televisiones la imagen de dos hinchas de River y Boca abrazándose entre lágrimas. Has vuelto a obrar otro milagro Diego, uniste de nuevo lo que parecía imposible.

El presidente de la nación ha dicho que tu funeral durará los días que tenga que durar. El estadio en el que hiciste creer a los pobres que podían vencer a los ricos va a llevar tu nombre. Tu palco de la bombonera lleva iluminado desde anoche. Cuantos artículos sobre ti se estarán escribiendo hoy, cuantos versos, cuantos documentales, películas, programas y objetos de compra con tu cara y nombre se estarán gestando en estos momentos en el que el mundo está suspendido como en un sueño. Igual que durante los instantes de la jugada de todos los tiempos ante tus archienemigos ingleses.

Lo que un país no pudo conseguir en el campo de batalla de las Malvinas lo hiciste tu realidad sobre el césped. Sin matar a nadie, solamente hiriendo el corazón a millones de anglosajones que hoy lloran también la muerte de su verdugo. El diario británico The Sun titula: “Into the hands of god”
En las manos de Dios. La trampa más famosa de la historia, la más vista, la más comentada de generación en generación.
Ese verano millones de personas de todos los rincones del planeta observamos boquiabiertos como ese pequeño ser milagroso nos tangaba a todos. Esa tarde calurosa nos dejamos engañar por ti.

Después de haber burlado al mundo solo hacía unos instantes coloreando esa obra embustera con la mano, decidiste premiar nuestra fe ciega en ti con el gol más famoso de la historia. Trazando un arcoíris celeste que brilla cada vez que alguien busca esas imágenes para verlas de nuevo. Con la punta del pincel de tu bota izquierda pintaste tu Gioconda dando pequeños toquecitos a una esfera blanca.

¡Malditos estáis genios precoces! Vuestra genialidad temprana es vuestra perdición. Os da todo y os lo quita como el talón a Aquiles. Estoy seguro que Mozart habría escrito una ópera para ti, y que además os hubierais llevado bien.

Anoche apagué la televisión y me senté a pensar que decirte. He puesto música a tu lienzo, espero que no te moleste. Como cualquier sinfonía le iba bien, ha sido fácil elegir una. Es un tema de la banda sonora de una película de Hollywood, lo que fue tu vida. Como ya vaticinó la letra de aquel tango escrito por Reinaldo Yiso en 1945; más de una década antes de que tu nacieras:

Mamita querida, ganaré dinero,
seré un Baldonedo, un Martino, un Boyé;
dicen los muchachos de Oeste Argentino
que tengo más tiro que el gran Bernabé.

Vas a ver que lindo cuando allá en la cancha
mis goles aplaudan; seré un triunfador.
Jugaré en la quinta después en primera,
yo sé que me espera la consagración.
Dormía el muchacho y tuvo esa noche
el sueño más lindo que pudo tener;
El estadio lleno, glorioso domingo
por fin en primera lo iban a ver.
Faltando un minuto están cero a cero;
tomó la pelota, sereno en su acción,
gambeteando a todos se enfrentó al arquero
y con fuerte tiro quebró el marcador.


Fuiste capaz de gambetear a todos los ingleses que te iban saliendo en el camino, pero no pudiste regatear a la muerte. Esta vez no te salió viejo, esta vez te la quito el mejor central (y no fue Franz Beckenbauer)
Desde luego arriba debe estar muy igualado el partido si se te quieren llevar.

Hasta el último día del mundo hablarán de ti, narrando como caminaste sobre las aguas verdes del Genesaret azteca hasta la eternidad. El poeta del balón se fue. Dios ya está en el cielo.

“Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.”

Hebreos 12:2

 

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