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Diario de Sitges 2019 (XI): Colores venidos de Asia

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El último día siempre es una despedida. De las salas que has ocupado durante una semana y media, de los lugares más característicos de la ciudad, del festival que tantas alegrías y penurias te ha dado, pero sobre todo de la gente que conoces, tanto los nuevos amigos y amigas con las que hablas por primera vez como esos colegas que cada año están ahí esperándote con los brazos abiertos y con quienes compartes colas, cervezas, películas, comidas, debates, bromas malísimas, más colas, más cervezas, muchísimas más películas, infinitas discusiones y, finalmente, incluso algún vídeo musical de Camela, OBK o Karate Láser.

Y así, emprendo el viaje de vuelta. Escribo esto desde el aeropuerto, pero mi mañana ha sido una mezcla entre lo que dejo atrás (una mujer en el autobús llevaba un tatuaje de un pulpo hentai y no era Isabel Coixet, pero seguro que lo había flipado con La Doncella tanto como nosotros cuando la vimos) y lo que me espera en Murcia (desayunar en una cafetería llena de fotos de los Beatles, por lo que sea, me recuerda al hogar y a la gente que veré mañana, en la dura vuelta al mundo real y al trabajo de verdad). Hoy, ese futuro inmediato sin Sitges parece gris.




Lo que no parece gris, sino lleno de colores desconocidos que se parecen muchísimo al rosa es COLOR OUT OF SPACE (), y perdonad por este enlace tan casposo entre introducción y película pero mi cabeza a estas alturas se parece a una actuación de Nicolas Cage, simpática por lo excesivo y chabacano pero objetivamente una mierda insufrible a la que le ríes las gracias porque te cae bien.

El film va de menos a más, que es una forma amable de decir que comienza como un telefilm bastante plano y lleno de personajes de cartón, pero va mejorando muchísimo conforme la puerta hacia la locura y el exceso se va abriendo. Puede que sea una decisión consciente para subrayar lo extraño de ese mundo modificado genética y dimensionalmente, que los efectos distorsionadores del meteorito de otro universo sean más radicales, pero más probablemente se deba a una falta de presupuesto acuciante.

Si uno es capaz de superar esa primera media hora, lo que viene es un viaje alucinado que bebe más de Cronenberg y Carpenter que de Lovecraft, y que alcanza sus mejores cotas cuando decide jugar de formas radicales con los elementos visuales y sonoros, cuando retuerce la estructura narrativa para subrayar lo hipnótico y marciano del fenómeno. Sin embargo, otros momentos más convencionales y ese inicio titubeante hacen que no sea la gran película que se esperaba de ella.




Otro de los films más esperados de la última jornada era el nuevo drama fantástico de Makoto Shinkai, EL TIEMPO CONTIGO (). Si bien no llega a la altura de su mejor película, Your Name, mantiene todas sus constantes con una solidez y belleza que conquistan almas. Al menos las de los convertidos a su cine, porque todos aquellos que no aguantasen sus anteriores obras no van a cambiar de opinión gracias a esta. Todo lo que odian de él sigue ahí.

La historia sigue a un adolescente que se enamora de una chica capaz de hacer que salga el sol, en un Tokio que vive uno de los veranos más lluviosos que se recuerdan. Esta habilidad mágica, por supuesto, conllevará consecuencias trágicas que conducirán a un tercer acto épico y romántico. Técnicamente es un film impecable, impresionante, con un acabado visual arrollador y una puesta en escena cuidada y sensible, pendiente de sus personajes y de su situación en el universo. El interés de Shinkai siempre está con ellos, lo que permite que los aspectos más evocadores de su relato tengan un componente emotivo que no tendrían si fuesen lo más importante para él.

No es una película perfecta, claro. Hay aspectos de la trama demasiado estridentes que se nota que están puestos ahí para salir de determinados callejones sin salida, y el mensaje de fondo tiene un cierto tono de desconfianza hacia el cambio climático que echa un tufillo conservador totalmente innecesario. O sea, no sé si es un elogio decir que la película puede hacer llorar a Donald Trump.




Todo el cuidado que tiene Shinkai con sus personajes y sus emociones es el que no tiene LOS NIÑOS DEL MAR (), fantasía poética con una mitología que lo absorbe todo hasta no dejar ningún hueco para el desarrollo de una historia humana coherente y con cierta profundidad. El resultado es que el film va haciéndose más farragoso y repetitivo conforme avanza, hasta llegar al tedio absoluto.

Como en el caso del anterior anime, el film es un prodigio visual más brutal si cabe. Cada escena está cuidada al máximo, cada fotograma parece un cuadro. La música, cuyo abuso es uno de los puntos más desesperantes del film, es épica y hermosa. Y cuando su historia se lanza hacia escenarios mágicos fuera de este mundo, su creatividad rabiosa es un asalto sensorial que deja con la boca abierta.

Lamentablemente, todo lo que tiene que ver con los diálogos o las partes más mundanas también deja con la boca abierta pero de bostezar. Cada frase de cada personaje la podría decir el gurú de una religión de las que van puerta a puerta predicando la unidad del universo, el lenguaje del viento y el ciclo de la vida y el amor y los peces y el alma del mundo y por dios que se calle ya el pesado este que echa tufo a incienso y libros de Jodorowsky. La película se cree muy fuerte que está siendo un poema épico trascendental y mágico, pero su mensaje y mitología son bastante sencillos y poco originales, lo que hace que sea repetitiva (a veces literalmente, ya que pone la misma reflexión en boca de varios personajes), machacona y merecedora no de una hostia, sino de un sopapo, porque tampoco vamos a ser más agresivos con un vegano que tiene los huesos débiles.




Bastante más potente y entretenido es SAMURAI MARATHON (), nuevo film de Bernard Rose que se centra en una carrera organizada por un clan para sus samuráis en el siglo XIX, que será la excusa perfecta para que un reparto coral tenga sus propias motivaciones para ganar, haya traiciones y cambios de alianzas por doquier y se amenace la paz de la región cuando otro clan rival decide utilizarlo como una excusa para la guerra.

No se trata de una película imprescindible ni que vaya a cambiar el mundo, pero es una aventura de acción muy sólida y divertida, llena de personajes bien definidos y una trama que avanza sin un titubeos gracias a una realización muy firme. Pese a ser un occidental en un mundo oriental, el punto de vista cultural no se resiente. No en vano, se nota que Rose ha tomado extensos apuntes de la filmografía de Kurosawa, especialmente en los duelos a espada, llegando a hacer homenajes directos a films como Trono de Sangre. Lo dicho, recomendable para pasar el rato cuando la suban a Netflix, porque es dudoso que en España pase por salas.




La que no va a llegar de ninguna de las maneras, ya que son imposibles de encontrar si no es en Sitges, es la nueva obra kabuki filmada del grupo Gekidan Shinkansen, SIREN IN THE SHADOWS (). Es la tercera vez que este grupo trae uno de sus films al festival, y el segundo que puedo verlo tras Fortress of Skulls, que no sé si por la novedad o porque de verdad es mejor, estaba un escalón por encima de esta nueva propuesta.

La obra, rodada en una de las representaciones teatrales con más de 20 cámaras que permiten una calidad cinematográfica mucho más compleja de lo habitual en este tipo de films, sigue una historia de conspiraciones, lucha de clases e impostores que desean el poder por encima de cualquiera, muy en la línea de su anterior relato. Sin embargo, en este caso está más descompensada. Su primera mitad es muy farragosa y densa, llena de personajes y diálogos que van mencionando más y más detalles sin que haya suficientes salidas de humor o acción para que se haga amena, llegando a ser algo confusa.

Su segunda mitad mejora considerablemente, ya que pone todas las cartas sobre la mesa y pasa directamente a las peleas, los gags, las revelaciones impactantes en medio de escenas intensas y los juegos narrativos y visuales con los recursos que ofrece el escenario, que durante el primer tramo habían sido también escasos. En conjunto, no ofrece tanta diversión ni creatividad como su anterior film, pero sigue manteniendo un gran nivel que asegura que el año que viene también intentaré estar ahí para verles.


Esto es todo en cuanto al repaso película a película del festival. Para esta semana queda mi habitual repaso a lo mejor y lo peor que nos ha ofrecido esta 52 edición, el comentario sobre el palmarés y algún extra que ya iré pensando cuando consiga dormir más de 5 horas seguidas.

@DamnedMartian

 

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