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Diario de Sitges 2019 (V): Una luz en la oscuridad

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No quiero fardar, pero en mi hotel tengo ducha de hidromasaje. Es el tipo de cosa que uno dice exclusivamente para dar envidia a los demás, porque en realidad no sirve para absolutamente nada. Tres chorritos a la altura del cuello, las lumbares y el culo que ya ves tú para qué sirven. Para asearse son tan útiles como una servilleta de bar, para masajear el cuerpo tienen gracia durante medio minuto a lo sumo, y para darte gustirrinín en los genitales es mejor buscarte a alguien que te coma los huevos, que además puede ser el inicio de una bonita amistad.

Pero queda muy bien decirlo. “Tengo ducha de hidromasaje” te sitúa a otro nivel, el de mirar a la gente por encima del hombro, el de sentirte un rico o un tío al que deben escuchar. Es un poco como ser un autor de chichinabo: te ríen las gracias porque tus películas gritan mucho, pero a la hora de la verdad son una cosa inservible con mucho nombre.




Gaspar Noé siempre ha estado coqueteando con ser una ducha de hidromasaje, y con su nuevo mediometraje, LUX AETERNA (), al fin ha conseguido ser solamente un chorrillo en la entrepierna. Su corto es todo estilo, mezclando la inquietud formal y colorida de Climax con algunos recursos prestados de las primeras películas de Brian De Palma, como la pantalla partida para plasmar la misma escena desde distintos puntos de vista, a veces casi iguales.

Pero, a diferencia de films como Irreversible o Solo contra todos, no hay apenas nada sobre lo que su estilo trabaje. No hay una provocación moral, ni un cuestionamiento sobre el sexo o la violencia, ni una crítica que no pase de lo obvio. Lo más cercano a un discurso que tiene es establecer un paralelismo entre la experiencia de las mujeres directoras en la industria del cine con los juicios a las brujas en la Edad Media, pero es muy superficial y cogido con pinzas, dedicando casi todo su metraje al caos de un rodaje donde nadie dice o hace nada de interés.

Que su mayor provocación sea acabar con 15 minutos de luces estroboscópicas y sonido chirriante, a ver si a alguien le da un ataque epiléptico y sale en las noticias, es bastante definitorio del nivel de infantilismo con el que ha abordado su nuevo film.

En la misma gala donde se proyectó esa obra y Noé, con tres botellas de ginebra en el cuerpo que le pedían marcha y le pasteurizaban la lengua, le entregó el premio Méliès a toda su carrera a su pareja Asia Argento, que también iba fina a cocacola con aderezos, se pudo ver la versión restaurada de Viaje a la Luna y otro corto de autor, en esta ocasión el griego Yorgos Lanthimos.

En los 10 minutos de NIMIC () queda claro quién es el adulto. Sin apenas tiempo para llevar su mundo a las cotas de extrañeza y locura que acostumbra, esta historia de doppelgängers sí que tiene suficiente metraje para hacer un afilado comentario sobre nuestra cultura del reciclaje, la copia y la nostalgia, artefactos defectuosos que sin embargo valoramos más que la originalidad y el clasicismo. El pastiche elevado a identidad.




Pero dejemos el patio de colegio para hablar de los mayores, porque así son las palabras para describir la nueva película de Robert Eggers, confirmación de que La Bruja no salió por casualidad y que nos encontramos ante uno de los autores más potentes y expresivos de la actualidad. EL FARO () es una barbaridad solo al alcance de un genio con un dominio de los recursos cinematográficos muy por encima de lo que debería ser posible para alguien que solo había rodado antes un largometraje.

Este va a ser uno de esos textos donde me voy a quedar muy corto para describir todo lo que ofrece la película. A nivel de historia, de significados, de estilo, de recursos, de actuaciones, de todo. Está muy por encima de lo que uno puede masticar y ofrecer en 24 horas, igual que un cuadro de Goya requiere de una atención al detalle y al trazo, una capacidad expresiva por parte del escritor, que debe ser capaz de mirar al menos a los ojos al talento que quiere analizar. Y yo no estoy en ese punto, desde luego no en un festival con varias películas al día. Así que fuera cháchara e intentaré ser telegráfico como un James Ellroy al que le gustase el cine.

Asfixia desde el primer minuto. Pantalla contenida, pequeña, sin color ni esperanza, sin aire que respirar, para descender a una locura claustrofóbica. Una cámara elegante e inquieta que intenta romper esas barreras estéticas como un mono enjaulado. Humor vulgar y con olor a alcohol de bodega, como su entorno y personajes. Delirios oníricos que enlazan con los mitos marinos (de las sirenas al Cthulhu lovecraftiano) y el pasado de culpa, autoengaño y deseo de los personajes. Una quimera sobre absolución y divinidad construida con la base de la historia de Prometeo, incluso a nivel icónico, con imágenes de las que es imposible escapar.

Dos personajes sumidos en sus instintos, uno capaz de aceptarlos y asumirlos como locura controlada, el otro incapaz de incorporar esos rasgos sin destruirse. Dos actores descomunales en un duelo interpretativo comprometido hasta cotas inimaginables, llenos de rabia, pasión, vulgaridad, sarcasmo y autodestrucción.

Es densa, es larga (quizá demasiado), está menos pulida que La Bruja y es una auténtica animalada. Una experiencia sensorial absoluta con un mundo pesadillesco imposible de replicar. Un mundo del que es imposible escapar, del que seguiremos hablando hasta que Eggers vuelva a sacar película.




Como las comparaciones son odiosas y hablar de cualquier otro film después de ese sería dejarlo en muy mal lugar aunque no se lo merezca, qué mejor que escribir sobre una bazofia que se merece toda la vergüenza que le pueda escupir. Y eso que DARK ENCOUNTER () no empieza mal. Durante su primer mitad es un film bastante tópico y algo repetitivo sobre abducciones extraterrestres, pero se nota intención y cuidado al mover la cámara, al componer planos y mover por ellos a los personajes, lo que hacía pensar en un director con buenas ideas al que le fallaba un guion plano y que aún necesitaba alguna clase de Shyamalan para transmitir mejor la tensión.

Pero aaaaaayayayayayay es acabar este primer tramo y la película comienza a irse a la mierda a una velocidad tal que, si fuese un cohete, habría sido capaz de salir de la atmósfera y alcanzar en pocos minutos el lugar donde un monolito está esperando a que lleguemos para enseñarnos cómo rodar una película que no provoque carcajadas cuando pretende ser seria, emocional y trascendental. Lamentablemente, el film no es un cohete, sino un zurullo que se hunde más y más en la tierra hasta acabar en un mundo arcaico de dinosaurios rancios y putrefactos.

Es difícil localizar qué es lo más lamentable de este subproducto. ¿Es el giro de guion cuyo nivel de subnormalidad le impide cagarse encima? ¿Es su machacón intento de explicar absolutamente todo veinte veces, incluso cosas que ya quedan claras a los 3 segundos? ¿Es su intento de robar el final de Interstellar (o, al menos, hacer una imitación del top manta) para hacer una mezcla bochornosa de denuncia de la pederastia y anuncio promocional de la iglesia metodista? ¿Es el actor que hace de sheriff negro, que no solo es un pozo gravitacional que absorbe todas las malas actuaciones del mundo y nos las vomita encima, sino que tiene una vergonzosa escena climática de carrera en la que pegaría más que sonase el I Can See Clearly Now en lugar de música de orquesta lacrimógena a todo trapo? ¿Es el hecho de que la última media hora del film sea toda en cámara lenta y tenga 832 finales, cada uno más innecesario que el anterior?

Da igual, os suelto ya el brazo, el resumen es que es una puta mierda colosal.




En comparación, la interesante pero fallida KOKO-DI KOKO-DA () parece una obra maestra. Quizá me habría gustado más de haberla visto justo después, pese a que tiene elementos que claramente no funcionan y que requerían de un mayor control del tono de la historia, especialmente los tres asesinos que acosan a una pareja y la matan repetidas veces en un bucle temporal: aunque entendamos su origen y su carácter infantiloide y grotesco, su comportamiento bufonesco no casa con el resto del film, más fijado en la realidad y el drama (o, al menos, la comedia negra).

De hecho, el film pasa por varias fases. Comienza como un drama europeo convencional pero bien realizado, continúa como un thriller con un giro fantástico, y acaba abriéndose al onirismo más simbólico. Todo ello para hablar sobre la descomposición de un matrimonio a raíz de la culpa y el dolor, que les hace caer en una especie de purgatorio del que solo podrán salir si vencen sus diferencias y vuelven a quererse como cuando su hija estaba viva. Por el camino hay escenas muy potentes e imágenes con gran fuerza formal, pero el resultado se queda lejos de las intenciones de su director. Para el caso, mucho mejor rescatar Animals, gran olvidada del festival de hace unos años.




Finalizo el artículo con una de las sorpresas más agradables de esta edición, en parte porque ya sabéis que yo del cine español que se proyecta en Sitges no me fío mucho (que es otra forma de decir que huyo de él como si tuviera una plaga). Este año está siendo otra cosa. Primero fue la magnífica Ventajas de viajar en tren, y ahora un film que llegaba con el pedigrí de haber ganado el premio del público en la sección de medianoche del pasado Festival de Toronto. En efecto, los canadienses tienen razón: EL HOYO () es muy buena.

Se trata de una de esas historias que se basan en una idea alegórica muy concreta para hablar sobre la sociedad. Si en Cube había unos personajes atrapados en un cubo lleno de puzles, aquí están en un sistema de niveles donde cada uno se alimenta de las sobras que dejan los niveles superiores. Es una metáfora muy sencilla y obvia, pero está manejada con enorme acierto e inteligencia, tanto en su guion como en su puesta en escena. Puede que no muerda con mandíbulas de tiburón, pero sí que pega sus buenos mordiscos de perro de combate.

Por un lado tenemos personajes perfectamente definidos y característicos, diálogos divertidos y afilados, una trama que va dosificando la información y los recursos argumentales con sabiduría y ritmo, y un discurso muy sólido sobre el sistema de clases y la naturaleza humana. Por el otro, una puesta en escena sin apenas florituras, pero con el empaque de un artesano que sabe aprovechar cada limitación para hacer de ella su fuerza. El resultado es una de las cintas más completas y entretenidas del festival, y posiblemente una obra de culto del cine fantástico español.


Os podría dar algún adelanto de lo que incluirá el próximo artículo, pero como a estas alturas ya no sé ni en qué día vivo ni cuáles son las películas que llegarán mañana, o esta tarde, os tendréis que quedar con la intriga. A ver si un hidromasaje me ayuda a estimular la memoria...

@DamnedMartian

 

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