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Bill Peet
- 87 años (29-01-1915 - 11-05-2002)
Bill Peet, nacido como William Bartlett Peet, se consolidó como una figura fundamental en la historia de la animación clásica, especialmente reconocido por su extensa y decisiva labor en los estudios de Walt Disney. Se unió a la compañía en 1937, comenzando como intercalador antes de que su talento para el boceto narrativo le permitiera ascender rápidamente al departamento de historias. Su contribución fue esencial durante la denominada época dorada del estudio, aportando su creatividad en el desarrollo de la trama para largometrajes icónicos como Pinocho y Fantasía, y desempeñando un papel significativo en la escritura de Dumbo, donde su capacidad para transmitir emociones a través de bocetos simples fue determinante. Durante la posguerra, su influencia en el estudio creció, participando activamente en el desarrollo de cintas como Canción del sur y La Cenicienta. En la década de 1950, Peet se estableció como uno de los principales artistas de guion gráfico, trabajando en la adaptación de historias clásicas. Fue una pieza clave en la narrativa visual de Alicia en el país de las maravillas y Peter Pan. Es en esta etapa donde destaca su trabajo en La bella durmiente; Peet contribuyó al desarrollo de la historia de esta producción, cinta en la que cobra vida la antagonista Maléfica, un personaje cuya construcción narrativa en el filme original de 1959 sentó las bases de su impacto cultural perdurable. Su carrera alcanzó un hito histórico en la industria con la producción de 101 dálmatas. En este proyecto, Bill Peet logró algo sin precedentes en Disney hasta ese momento: escribió el guion en solitario y realizó los storyboards de toda la película él mismo, encargándose de la adaptación de la novela de Dodie Smith y modernizando el proceso de producción animada. Este enfoque singular de autoría continuó con Merlín el encantador, donde nuevamente asumió la responsabilidad total de la historia y el diseño narrativo, adaptando la obra de T.H. White. Su trayectoria en el cine de animación concluyó durante la preproducción de El libro de la selva. Peet desarrolló los primeros borradores del guion y creó los diseños originales de los personajes, estableciendo el tono inicial de la película, aunque abandonó el estudio antes de su finalización debido a diferencias creativas con Walt Disney respecto a la adaptación de la obra de Rudyard Kipling. Tras su salida de la industria cinematográfica, Peet canalizó su experiencia narrativa hacia la literatura infantil, convirtiéndose en un prolífico autor e ilustrador, dejando un legado técnico en el cine por haber elevado la importancia del guionista y del artista de storyboard en la creación de largometrajes animados.