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Especial La Dalia Negra: James Ellroy, mirando atrás con rabia

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Sexo, alcohol, violencia, prostitución, drogas, corrupción, fama, traición, belleza, sangre, obsesión, muerte, estrellas de cine, política, racismo, machismo, fascismo, comunismo, pesimismo, abuso de autoridad y una buena dosis de pólvora. Todo ello envuelto en un estilo seco y directo, rudo y apasionado, telegráfico y explícito, ambiguo y evocativo, sin retórica que sobre ni pedazo de carne que falte. Así se puede definir la obra de James Ellroy, un autor que se ha abierto paso en el panorama editorial a golpe de máquina de escribir y sablazo de tinta hasta llegar a ser considerado como uno de los mejores escritores americanos actuales. Complejos y enrevesados, a caballo entre lo real y lo ficticio, entre las pasiones más exacerbadas y los actos más crueles, sus libros han sido desde hace 20 años un soplo de aire fresco dentro del gastado género del thriller.

Pero para entender realmente a Ellroy, primero hay que diseccionar su vida. Pocos autores pueden afirmar hasta tal punto que su infancia y su adolescencia han marcado a hierro y fuego su obra. Y es que el joven James creció odiando a su madre muerta, amando a la Dalia Negra, y convirtiéndose en un criminal de poca monta…


RINCONES OSCUROS



James nació en 1948 en Los Ángeles, ciudad donde ha vivido casi toda su vida y donde ha ambientado el grueso de sus novelas. Irónicamente, fue apenas un año después de la muerte de la Dalia Negra. Cuando contaba sólo 6 años, sus padres se divorciaron. Su madre, una enfermera llamada Jean Hilliker, obtuvo su custodia. Su padre, un vago sin trabajo fijo, se divertía envenenando la mente de Jimmy para que la detestase. Y él lo hacía, con todas sus fuerzas. En su mente Jean era una borracha y una puta que sólo quería alejarle de su padre, al que tenía en un altar. Hasta un día en que Jean apareció muerta. Alguien, probablemente uno de sus ligues de una noche, la había estrangulado, violado, y abandonado en un solar. No hubo testigos, las pistas acabaron en callejones sin salida, y el crimen nunca se resolvió. Como tampoco se resolvió el conflicto edípico del joven James, que creció con ese odio irracional en las entrañas, un odio que sólo se puede sentir por la persona a quien se ama.


James se fue a vivir con su padre. Fue él el que le regaló el libro The Badge, de Jack Webb, un elogio al Departamento de Policía de Los Ángeles que contenía un capítulo dedicado a la Dalia Negra. James se obsesionó con ella, como tantos otros antes que él. La fragilidad de Elizabeth Short, el enigma de su vida, la crueldad extrema de su muerte, ejercían una irrefrenable atracción sobre su excitable imaginación. Su mente recreó una y otra vez el caso, examinó las pistas, visualizó la muerte e intentó penetrar en los rincones más oscuros de la vida de la Dalia. El joven James se enamoró por primera vez, un amor tan trágico y obsesivo como los de los personajes de sus novelas. Un amor que no era ajeno a los paralelismos entre el caso de la Dalia y el de su madre: el pequeño James había transferido inconscientemente sus sentimientos de una a otra, una vía de escape para su conflicto materno, para seguir negando su amor por ella sin enfrentarse a sí mismo.

Habrían de pasar todavía más de 30 años hasta que James encontrase su redención.

Mientras tanto, su padre murió. James se dio a una vida de vagabundo y criminal. Sin dinero y a menudo sin techo, se dedicaba a robar en tiendas y de vez en cuando en casas particulares, donde además disfrutaba olisqueando la ropa interior femenina que encontraba. Se dio a la bebida y el tabaco en cantidades industriales, se aficionó a la novela policíaca y comenzó a fantasear con cometer un asesinato. Como resultado pasó algún tiempo en la cárcel, compartiendo celda y duchas con asesinos, drogadictos y demás ralea. A los 30 años estaba en las últimas, atrapado en sus excesos y enfermo de neumonía.


La cercanía de la muerte le hizo cambiar radicalmente de vida. Dejó de beber, encontró un empleo estable como caddy de un club de golf (empleo que conservaría hasta ya publicada su 5ª novela) y comenzó a perseguir una carrera literaria. Dashiell Hammet, Raymond Chandler y James M. Cain serían sus maestros. La escritura le sirvió además como terapia, vertiendo en ella todos sus traumas, paranoias y fantasías (realizadas o no). El resultado de una mezcla tan explosiva es lo que todos podemos disfrutar hoy en día yendo a una librería: novelas policíacas forjadas en el sufrimiento, en la sangre y el sexo, en la obsesión, que forman un fresco ácido y sin concesiones del mundo intolerante y salvaje, envuelto en una pátina de luces de neón y joyas caras, que fueron los años 50. La resurrección del noir en su subgénero más violento y descarnado: el hardboiled.


PERRO DEMONÍACO



16 obras, entre novelas y recopilaciones de relatos y ensayos, componen la obra publicada hasta ahora de James Ellroy. Algunos de estos libros no se han llegado a publicar en España todavía, pero les echaremos un vistazo somero a todos ellos.


La primera novela de Ellroy fue Réquiem por Brown. Ambientada en los clubes de golf de Los Ángeles que tan bien conocía, la obra sienta las bases del estilo de Ellroy, al menos temáticamente: personajes atormentados, asesinatos cruentos y una trama enrevesada que rescatan los elementos del noir clásico. Aunque su estilo aún es indistinguible del resto de escritores, y se nota que aún está un poco verde literariamente, ya aparece ese toque violento y amargo que posteriormente serán sus señas de identidad.

Algo parecido ocurre con Clandestino, su segunda obra. Por primera vez viaja a su época favorita, los 50, en la que es una especie de borrador de su famoso Cuarteto de Los Ángeles. Figuras recurrentes en su obra como el asesinato de una mujer, el auge y caída de un policía corrupto o la mezcla de realidad histórica y ficción aparecen por primera vez también, aunque como el anterior libro aún se trata de una obra primeriza, de entrenamiento.

Killer on the Road (también conocida como Silent Terror) no se ha llegado a publicar en España. Fue su 6ª novela, la que hizo de puente entre sus dos primeras sagas (ver más adelante). Como las anteriores, está narrada en primera persona, pero esta vez desde el punto de vista de un psicópata asesino de inteligencia superior y homosexualidad latente (rasgos constantes en los criminales de Ellroy). Se puede decir que en este libro vertió buena parte de sus fantasías pasadas, ya que el protagonista mata a su madre, roba en casas ajenas y ejecuta todo aquello con lo que Ellroy fantaseó en su etapa más crítica sin ser pillado. De sus primeras novelas es la más oscura y perversa, la primera que podría calificarse de hardboiled.


Entre Clandestino y Killer on the Road, Ellroy publicó una trilogía de novelas policíacas contemporáneas que tenían como protagonista al detective Lloyd Hopkins. Sus títulos: Sangre en la Luna, a A Causa de la Noche y La Colina de los Suicidios. Por primera vez Ellroy narra en tercera persona, y renuncia a buena parte de sus señas de identidad posteriores para encuadrarse de lleno en el género policiaco más tópico. En poco se diferencian estas tres novelas de las de otros autores como Michael Connelly o Lawrence Gordon, escritores competentes pero sujetos a las reglas del thriller. Finales “sorpresa” y narración de los actos del asesino son algunos de los recursos que emplea Ellroy, pese a resultar contraproducentes al usarse simultáneamente.

Pese a ello, aún se pueden apreciar detalles muy suyos. No en vano en el primer capítulo del primer libro ya asistimos a un tiroteo que acaba con un cuerpo literalmente despedazado. Y los personajes están más torturados y cometen más excesos de lo habitual. Además, se puede apreciar en la saga una evolución tanto del estilo de Ellroy como de su dominio del lenguaje literario y de las tramas. De hecho, la saga va mejorando notablemente con cada libro, desde la mediocridad hasta lo realmente interesante.


Pero cuando Ellroy se lo tomó realmente en serio, y nos encontramos con el verdadero renovador del panorama literario americano, fue cuando abordó su famoso Cuarteto de Los Ángeles. Tomando como base sucesos y personajes reales de los años 50 y mezclándolos con otros sacados de su propia imaginación, Ellroy construyó en cada volumen de la saga una trama de asesinatos, sexo, corrupción y secretos que trascendía el género y se convertía en Literatura, con mayúsculas. Cada entrega es más compleja, más violenta, más ambiciosa que la anterior, y el resultado es que la calidad de la saga va aumentando exponencialmente. Además, gracias a esta saga Ellroy desarrolla su inconfundible estilo telegráfico, escueto, seco como un trago de whisky y duro como un balazo a quemarropa.

El Cuarteto comienza, como no podía ser de otra forma, con la fijación de su vida: La Dalia Negra. Hay que advertir que no se trata de un libro documental, y que las licencias que se toma Ellroy son infinitas con tal de construir su propia trama con sus propios personajes en torno a la trágica muerte de Elizabeth Short. Se trata de una labor de exorcización de sus demonios en torno a este fatídico asesinato, retratando sus propias obsesiones en sus personajes. Como resultado tenemos una obra fundacional que posee todas las cualidades que constituyen la literatura de Ellroy: trama enrevesada, crueldad, violencia, sexo, corrupción, personajes oscuros y complejos que no despiertan simpatía, femme fatales, abuso de sustancias, tragedia, obsesión… Un reflejo de la corrupción humana y de la redención mediante el fuego.

Pero como he dicho, cada entrega es mejor que la anterior. Si ya la Dalia era un gran libro, El Gran Desierto le supera en todos los aspectos. En él aparecen por primera vez algunos personajes que serán recurrentes en el resto de la saga, e incluso en posteriores relatos, como el irlandés Dudley Smith. L.A. Confidential es aún mejor y más enrevesada, siendo quizás su novela más equilibrada en términos generales (los personajes, la trama, el reflejo de la corrupción, la violencia, incluso su estilo conciso y directo se encuentran en las justas proporciones para enganchar a cualquier lector casual). Pero es Jazz Blanco la que supone la mejor novela de Ellroy hasta la fecha. La complejidad de la trama aumenta hasta tal punto que es posible que se necesite hacer un croquis para seguirla, el estilo enloquece hasta el punto de narrar en una página lo que en la Dalia habrían sido tres, los personajes se vuelven más oscuros, y se empieza a vislumbrar la ambición de Ellroy por reflejar algo más que las turbias calles de Los Ángeles.


En 1993, un año después de la publicación de Jazz Blanco, Ellroy entró a trabajar a tiempo parcial como columnista del magazine GQ. Durante 10 años ha estado publicando artículos en dicha revista, a razón de un par al año. Algunos eran autobiográficos, otros trataban temas como el caso O.J. Simpson, e incluso había algún relato corto. Como resultado de esta experiencia se han publicado dos libros que recogen toda su producción en dicho medio: Ola de Crímenes y Destino: la Morgue. Esta última apareció en España en dos partes, una con los artículos de no-ficción (con dicho título), y otra que recogía tres novelas cortas interrelacionadas (que se tituló Loco por Donna).

En general, ambas obras son aptas sólo para curiosos y/o fanáticos del autor, ya que su nivel es muy irregular. Tiene obras muy buenas, pero otras que son francamente mediocres o directamente malas - sobre todo en el terreno de la no-ficción, donde Ellroy se vuelve excesivamente autoindulgente.

En 1994 también se publicó una recopilación de relatos cortos llamada Hollywood Nocturnes. A España no ha llegado, así que quién sabe si realmente merece la pena. Por lo que dicen, son mejores que los publicados en las antologías mencionadas arriba.

Ese mismo año Ellroy decidió afrontar su pasado de una vez por todas, y junto con el detective retirado Bill Stoner se lanzó a investigar el asesinato de su madre. Habían transcurrido 36 años, las pistas se habían enfriado, los testigos habían fallecido o no recordaban la noche, el pueblo había cambiado. La investigación estaba condenada al fracaso antes de comenzar. Tras 15 meses enfrascado en callejones sin salida, Ellroy tiró la toalla, pero su experiencia nos sirvió para disfrutar de una de las mayores joyas de la literatura de no-ficción de los 90: Mis Rincones Oscuros.

Alternando entre el periodismo de investigación y la autobiografía, Ellroy se vio obligado a retornar a su infancia y volver a conocer a su madre, una desconocida por la que había sentido un odio visceral e irracional. Más allá de la crónica de un homicidio sin resolver, el libro es un acto de contrición, una penitencia para pedir perdón y rendir homenaje a una persona que lo fue todo para James, pero a la que él le había negado su amor durante casi toda su vida. Mediante su dolorosa redención, asistimos al despliegue de todas las claves que nos permiten analizar la obra del “Perro Demoníaco de la Novela Policíaca” desde un punto de vista más personal, más complejo.


Tras afrontar sus traumas inconfesos, James Ellroy se atrevió a dar el salto de los crímenes callejeros a los crímenes de estado. Así surgió su ambiciosa Trilogía Americana, donde el componente histórico que había servido de contexto a sus anteriores novelas toma el protagonismo. Ellroy aborda en esta saga una crónica de la historia americana durante los convulsos años 60: la guerra de Vietnam, los asesinatos de JFK y Martin Luther King, Bahía de Cochinos… Para ello emplea un rango de personajes que va de los nombres más notorios (los Kennedy, Fidel Castro, Howard Hughes, Nixon…) hasta los esbirros anónimos que mueven los hilos entre bambalinas. Es en este último aspecto donde Ellroy da rienda suelta a la ficción, creando una compleja trama de conspiraciones y corrupción que no deja títere con cabeza.

En esta mezcla de realidad y ficción es donde estriba la mayor virtud y la mayor flaqueza de esta saga. Por un lado, el ácido y amargo retrato de la sociedad de esa época y de los tejemanejes políticos que tenían lugar en secreto gana fuerza con el empleo de hechos y personajes reconocibles, pero por otra hace falta una suspensión de incredulidad considerablemente mayor que en sus otras novelas. Afortunadamente, una vez superado este escollo con la primera entrega de la saga (América), sólo queda disfrutar como un enano con la segunda (Seis de los Grandes), y esperar con ansia a que se publique la tercera, que con el título provisional de Police Gazette se espera para el 2007 en Estados Unidos.

Este es un resumen básico de la vida y obra de este terrorista del verso, de este asesino de la prosa, de este enfermo con complejo de culpa que nos hace pasar tan buenos y atormentados ratos con sus enmarañadas intrigas y sus excesos de carne, sangre, sudor, semen y alcohol. Un hombre que ha conseguido que modifiquemos para siempre nuestra forma de ver los ingenuos y coloridos años 50, destapando la podredumbre que las sonrisas de anuncio y las canciones piruleta habían estado ocultando. Este machista adorador de mujeres, este republicano progresista, este violento pacifista, este escritor de pluma cargada de pólvora y sufrimiento, ha conseguido cambiar la novela negra de nuestros días. Para bien, y esperemos que por mucho tiempo.


- José Hernández

 

Fuente: CINeol | Visitada: 94967 veces


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Comentarios (3)

19:11 - 20/10/2006

Graham Hess

- Excelente Damned [ok]


[ok][qmparto][ok]

22:51 - 20/10/2006

el predicador

Ahora sí puedo decirlo; cojonudo, damned. [toctoc] Lo tengo todo pensado: primero, La Dalía versión De Palma; después, a por el cuarteto de Los Ángeles (salvo L.A.Confidential, que me leí hace años y tiene todos mis elogios). Mis rincones oscuros lo tengo localizado por ahí, y la trilogía americana tiene muy buena pinta, pero eso sí que no recuerdo haberlo visto... ein?

11:57 - 22/10/2006

charlyr2d2

Magnifica Artículo!!!!
A ver si consigo hacerme con el cuarteto de L.A. y leer algo de este escritor.


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