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Especial Sebastián Lelio. El cine chileno de altura

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El reciente paso por las pantallas de la película Gloria Bell, protagonizada por Julianne Moore, nos invita a hacer un pequeño repaso a la filmografía de un director que parece haber pasado de puntillas, pero que tiene ya una importante trayectoria y que ahora parece cerrar un círculo, y quizás una propia etapa.

El director chileno Sebastián Lelio se ha sabido ir ganando un pequeño espacio en el universo cinematográfico a base de esfuerzo y paciencia a la hora de mostrar todo un abanico de relaciones humanas cargadas de sentimientos. En sus comienzos dirigió diversos cortometrajes, videos musicales y películas de ficción, además de participar en la serie documental "Mi mundo privado".

Con unos inicios importantes, el gran salto lo dio con la película Gloria, de la que ahora tenemos su propio remake, que se estrenó en el Festival de Berlín y que obtuvo el premio Cine en Construcción del Festival Internacional de Cine de San Sebastián de 2012.
La consagración definitiva le ha llegado hace poco con Una Mujer Fantástica, que se volvió a estrenar en Berlín y obtuvo el premio Oso de Plata al mejor guion y el Teddy Award al mejor largometraje, además del Oscar a la Mejor Película de Habla no inglesa, y otros premios y nominaciones.



Además de dirigir, ha escrito el guión de casi todas sus películas. Historias aparentemente corrientes pero que guardan mucha profundidad en el interior, adentrándose en ellas hasta rescatar el sentido más personal. Lelio toca temas familiares, se centra en la mujer principalmente, en sus preocupaciones y en sus inquietudes, a la vez que reflexiona sobre los problemas contemporáneos a los que se expone en una sociedad que no brinda mucha oportunidades a quien se queda rezagado o a quién simplemente es diferente por algún motivo. La mujer y las dificultades a las que se enfrenta, según su situación, suele ser el foco principal que suele afrontar y dominar Lelio, donde el hombre puede ser la base del conflicto o bien un obstáculo infranqueable.

Su cine es visualmente atractivo, y para sus trabajos ha contado con directores de fotografía como Benjamín Echazarreta, Miguel Ioann Littin Menz, Danny Cohen o Natasha Braier, siempre buscando una coherencia entre su discurso narrativo y el visual y siempre que ni uno ni otro adquieran todo el protagonismo principal o destacado.

La música también forma parte importante de este cine tan personal. Cristobal Carvajal en sus inicios, y posteriormente Matthew Herbertcomponen la banda sonora de su cine, que al igual que la fotografía destaca lo necesario e imprescindible y conforma un equilibrio muy acertado en todas sus películas. Historias escritas por él mismo de manera individual, o a dos manos junto a Gonzalo Maza, Rebecca Lenkiewicz o Alice Johnson Boher. Pero siempre historias interesantes, con nexos en común y con un claro matiz humano en todas y cada una de las historias.


COMIENZOS





El primer largometraje de Lelio, La sagrada familia, se centra en la familia en un entorno de convivencia complicado. Con Sergio Hernández a la cabeza del reparto (luego le veremos también en otras películas como Gloria) los conflictos familiares se acentúan con la presencia de una persona ajena a la familia. La novia del joven Marco revolucionará la convivencia en unas vacaciones de Semana Santa que se presumían tranquilas y/o sagradas. Todo se tuerce y todo se complica.
Un debut muy aceptable que suponía el primer acercamiento al drama familiar y un buen comienzo para ir dando pasos pequeños pero firmes.

Con su segundo trabajo, Navidad (2009), Lelio se adentra por completo en el mundo adolescente, de la mano de tres jóvenes que aún están por descubrir el mundo y se preocupan especialmente por descubrir el amor (“Me enseñaron que el amor es como un circuito cerrado”). Una historia casi teatral donde los diálogos, los primeros planos y las miradas cobran todo el protagonismo. Un reencuentro con la inocencia y con las ganas de vivir a pesar de que a esa edad, un problema de amores pueda ocupar todo el espacio sentimental. Lelio plantea la película como un encuentro ritual y como un antes y después en la vida del trío adolescente protagonista.

La película que supuso el primer éxito internacional fue El año del tigre. Participó en los Festivales de Locarno, Mar del Plata y La Habano, en un paso discreto por ellos. En esta película el protagonismo de la historia se centra en una sola persona, como ocurrirá en su siguiente film. Las circunstancias incontrolables (un terremoto) liberarán a Manuel de la cárcel, pero paradójicamente le encerrarán en otra prisión peor, la de la soledad y la pérdida. Un drama bien trazado, con un buen trabajo de Luis Dubó en el papel de Manuel, y con un guión firme y serio de Gonzalo Maza (que ya había participado junto con Lelio en el guión de Navidad). Se trata de un viaje hacia el abismo, una película un poco más arriesgada que las anteriores y un anticipo de esa búsqueda interior de la persona que se hunde, que veremos más ampliada en su siguiente película.


PELICULAS







Gloria (2013)


Estamos ante la película de confirmación de Sebastián Lelio. Con varios premios y nominaciones internacionales suponía la presentación de un cineasta al que a partir de ahora había que tener en cuenta. Había llegado de puntillas, casi como algunas de sus historias, pero quería dar pasos firmes.

Gloriaes una historia muy humana, que se centra en la vida y soledad de una mujer de 58 años que lucha por encontrar algún sentido en su vida.
Un plano de una discoteca se acerca poco a poco para presentarnos a Gloria, que se encuentra en la barra observando a la que gente que bailando, buscando una mirada cómplice, o simplemente escuchando la música.

La historia de Gloria es aparentemente sencilla y mundana, pero como no podía ser de otra forma contiene singularidades que la hacen atractiva. Gloria es una mujer divorciada, madura que busca durante el día recuperar el amor familiar que parece ir perdiendo, y durante la noche el amor pasional que quizás nunca ha encontrado y que quizás nunca encuentre. En esta aventura casi de supervivencia conocerá a Rodolfo, un gentil caballero que se enamorará de ella desde un primer momento. Con él conocerá aventuras placenteras nuevas, pero también le tocará sufrir de manera directa e indirecta la relación que Rodolfo mantiene con su ex mujer y con sus hijas y la obsesión que parece tener por Gloria.

Paulina García es la actriz protagonista que da vida a Gloria. Un trabajo sensacional que nos permite meternos en su piel de vez en cuando, empatizar con ella, entenderla y cogerla cariño. Su “pareja de baile” es Sergio Hernández, que ya habíamos visto en películas anteriores de Lelio. Un papel serio y siempre sin ensombrecer el trabajo de Paulina García acompañándola en su viaje de no retorno (o si) hacia un mundo diferente.

La música de Gloria tiene una parte fundamental. Tanto en las escenas en las que Gloria aparece cantando en el coche, como en la propia discoteca, con temas latinos muy populares y conocidos forman un conjunto muy atractivo y encajan a la perfección con la historia desarrollando escenas de gran equilibrio e incluso emoción.



Gloria se debate entre la soledad y la complejidad de encontrar amor, cariño o pasión. Las llamadas a sus hijos parecen desesperadas, así como sus encuentros casuales en la discoteca, pero en realidad Gloria se aleja de la frivolidad y busca el encuentro verdadero de las personas. Las escenas cantando en el coche parecen una válvula de escape espiritual o quizás una llamada de auxilio. En todo caso, consiguen el propósito de conocer más a Gloria, a través de la música y de las propias letras de las canciones. Un personaje fascinante que gracias a Paulina García alcanza grandes cuota. Esa sonrisa melancólica, esa alegría sincera en algunas ocasiones o tristeza amarga en otras. Esas ganas de vivir…

Pero, en realidad…¿qué busca Gloria? Eso lo iremos averiguando poco a poco en el desarrollo de esta tierna y melancólica historia, un retrato sincero de una mujer aparentemente normal. Una ventana abierta y directa hacia un mundo interior que parece no querer revelar lo más íntimo, lo más personal. Y en esa intimidad incluso las escenas de sexo están narradas con mucho respeto, con la habilidad suficiente para que resulten creíbles, para que aporten la transparencia suficiente que el personaje exige.

Los planos que Sebastián Lelio emplea son cercanos, ayudan a empatizar, y son certeros y transparentes con la intención de conocer a Gloria, de entenderla, y por qué no de acompañarla.

El tramo final nos deja una escena divertida, llena de pasión y de rabia, sin complejos, con dulce venganza, con personalidad, y también con un toque divertido, para posteriormente dar paso a una nueva Gloria, bailando, riendo, viviendo nuevamente…

Pablo Larraín produce esta película y Sebastián Lelio firma un formidable trabajo que tendrá su propio remake (el que nos llega ahora a las pantallas) seis años después con Julianne Moore como protagonista.




Disobedience


El rabino Krushka se desfallece dando un sermón en una sinagoga ortodoxa judía. Aún no sabemos nada de esta primera escena, pero pronto iremos desceubriendo que su muerte traerá serias consecuencias y cambiará para siempre la vida de su hija y de las personas de su entorno. El rabino Krushka tenía una hija, Ronit, que vive en Manhattan, donde parece llevar una vida despreocupada, una fotógrafa con aparente independencia, sexo casual, patinaja, etc. Al enterarse de la muerte de su padre viaja a Londres donde comenzarán a arder recuerdos y memorias escondidas.

El recibimiento que tiene de la comunidad judía, y de sus priopios pamiliares es seco, frío, por lo que podemos intuit que hay un oscuro pasado, un secreto inconfesable. Pronto sabremos de sus dos mejores amigos, Dovid y Esti se han casado, para sorpresa de Ronit y a pesar de su también frialdad en el encuetro, acceden a que viva con ellos unos días. Todo es tenso, y Sebastián Lelio va aportando los granos de la historia con astucia, con paciencia, logrando que sea el propio espectador el que vaya sacando las conclusiones, el que vaya descubriendo la historia que hay detrás. Y la historia que hay detrás es de amor y de conflictos, de pasión e incomprensión en un mundo cerrado y obtuso que no entiende de leyes más allá de las religiosas.

Con el transcurso de la historia iremos conociendo que hubo una historia de amor en el pasado entre Ronit y Esti, que parece reavivarse con la presencia de Ronit en Londres. El pasado vuelve a encender un presente como nadie se había imaginado.

La cámara de Lelio, a través de la fotografía de Danny Cohen, contempla todo con paciencia medida. Planos suaves que nos muestran la riqueza de las relaciones humanas, acompañados con la siempre acertada música de Matthew Herbert. Planos desde el suelo de escaleras mecánicas que suben hacia un futuro incierto, empiezan a ser ya una seña de identidad en el cine de Lelio.

Lelionos plantea los conflictos familiares como un reto. Una cena con discusiones morales y religiosas. Unos personajes que no acaban de entender y probablemente nunca lo harán, y en medio de todo ello, la rebeldía de Ronit y sus ganas de romper (como ya lo hiciera en años anteriores) con todo. Pero esta vez se va a encontrar con una Esti diferente. Cansada de su vida y cansada de ocultarles y entre ambas van a poner a prueba los cimientos de una moralidad plenamente establecida en la comunidad.



Si bien el personaje de Ronit parece el más importante, lo cierto es que Esti va creciendo conforme avanza la película. Poco a poco va dirigiendo todos los pasos y va llevando la historia hacia donde ella quiere, tensando la cuerda y poniéndose a prueba ella misma. Las dos actrices que encarnan ambos papeles están estupendas en esta película. Un “duelo” formidable que nos regala dos grandes trabajos. Rachel Weisz en una rol complicado, lo maneja con solvencia y lo dirige con acierto, llevando al personaje a donde la historia lo requiere. Rachel McAdams por su parte realiza uno de los mejores trabajos de su carrera. Un personaje ambiguo, lleno de matices y con la complejidad suficiente para que la actriz le aporte su enorme talento. Ambas actrices con sus trabajos elevan la película a sus cuotas más altas, allí donde el guión se estanca por momentos ellas lo mantienen firme.

Sebastián Lelionarra con valentía el amor. La sensualidad de los besos furtivos, así como la de la escena sexual entre ambas son de gran belleza, como la ocasión lo requiere. Sin barreras y sin complejos en claro conflicto con las miradas sociales y religiosas, cargadas de incomprensión. El deseo, enfrentado a la culpa.

En ocasiones la película parece no avanzar y por momentos corre el riesgo de enredarse en la historia entre Ronit y Esti, sin dejar mucho margen de maniobra a Dovid, un personaje quizás poco aprovechado, que en el tramo final y su posición hacia lo que está ocurriendo, nos regala los mejores momentos de su personaje. Pero en líneas generales todo se va construyendo con elegancia y con atino, logrando un resultado más que aceptable en una película de emociones.



Una Mujer Fantástica


Un plano inicial de cataratas con una música muy intrigante nos introduce en un entorno extraño, pero al que queremos acudir. Posteriormente se produce la presentación de los dos personajes principales de la película. Un hombre de edad madura, Orlando, y su joven novia, Marina. Ambos parecen estar muy enamorados y no ponen freno a su pasión cuando la velada termina en casa.
En la cena se celebra el cumpleaños de Marina, que tendrá como regalo sorpresa un viaje a las cataratas de Iguazú, conectando de esta manera con las imágenes iniciales. De madrugada, Orlando se encuentra mal, acaba desmayándose y finalmente fallece, comenzando la tragedia en general y el drama de Marina en particular, en lo que terminará convirtiéndose en una auténtica pesadilla.

El momento tenso que se produce en el hospital anticipa la tensión que habrá en toda la película, dado que Marina es una mujer transexual, algo que no sienta bien en ciertos círculos conservadores y familiares. Las sospechas sobre la muerte de Orlando recaen inmediatamente en Marina, que a partir de ese momento deberá emprender una auténtica lucha de supervivencia social y personal.

Los encuentros violentos de Marina con la familia están narrados con mucho tacto, con la agresividad justa que permite que nada se desvirtúe de los verdaderamente importante. Le piden que a Marina que no acuda al velatorio, deseo que le costará mucho satisfacer, dadas las ganas que tiene de darle el último adiós a su amado Orlando. Una escena se nos muestra especialente violenta y desoladora, tras el encuentro de Marina con los hermanos de Orlando en la que acaba con el rostro desfigurado con celo. Se desfigura el rostro y lo hace también su alma en una suerte de injusticia que Marina no quiere padecer.

Por momentos la película no parece ir a ningún sitio, más allá de acompañar a Marina en su particular pesadilla, pero poco a poco se va desarrollando un esquema narrtivo atractivo donde a poco de conocer al personaje principal el espectador se siente acutivado y con la suficiente empatía como para sufrir con ella, y desearla un buen final.

Incluso de vez en cuando se nos guarda alguna sorpresa enigmática, como una llave que conduce al armario de una sauna y la intriga de conocer qué guarda en ese armario…

La película contiene un sinfín de escenas sensacionales desde el comienzo y es sin duda uno de sus mayores atractivos. Orlando se presenta continuamente a Marina después de muerto, en intrigantes planos, reflejándose en el espejo de sus gafas, o en la discoteca esperando al último baile. De igual forma, todo está acompañado de escenas desoladoras, como cuando está esperando en el parking para hablar con la exmujer de Orlando o la humillante inspección de su cuerpo en comisaría...



Seguiremos a Marina a lo largo de la película y de su vida en muchos aspectos visuales, el ya conocido plano de ella cantando en el coche (como ocurría en Gloria) o bien caminando por las calles de Santiago, aparentemente desiertas, como el propio alma de Marina de frente, de lado, de espaldas…Caminando contra el viento en un plano particularmente impactante, siempre a contracorriente, o en el ascensor mirándonos directamente a cámara, haciendo cómplice al espectador de su desgracia, de su injusticia. Incluso también podemos disfrutar de planos muy “almodovarianos” como aquel de su rostro reflejado en el espejo puesto en su entrepierna.

Pero sin duda alguna, una de las escenas más fascinantes se produce en la discoteca, con Marina casi desesperada y hundida, pero transformándose en ese momento de realismo mágico, en una bailarina con su equipo acompañándola, siendo la estrella, en una bonita coreografía.

Escenas que siempre van acompañadas por la sensacional música de Matthew Herbert, que transforma el plano, lo hace volar y en ocasiones lo hace mágico. La música siempre tan importante en el cine de Sebastián Lelio, tanto la de fondo como la que ocasionalmente se escucha en discotecas, coches, etc.

El personaje no podría tener la fuerza que posee si no fuese por un buen guión y sobre todo por la estupenda interpretación de Daniela Vega. Una actriz que la eporta naturalidad al personaje, pero también sensualidad, tristeza, melancolía o emoción. Todos los rasgos que Marina posee y que Daniela Vega expresa a la perfección.
Sus dos amigos y un particular profesor de canto serán los únicos apoyos en los que Marina podrá de vez en cuando sostenerse hasta el ansiado último adiós a Orlando que tanto desea, con el deseo también de cerrar una etapa, pero hacerlo con dignidad.

El tramo final de la película deriva hacia la búsqueda de la libertad de Marina, reduciendo peso y carga que tantos meses ha estado soportando y buscando la evasión a través de la música.




Gloria Bell


Seis años después de aquella "Gloria chilena", nos llega la Gloria norteamericana, un remake que sigue teniendo el nombre propio de Sebastián Lelio, al que se le suma además el de Julianne Moore como protagonista y como productora ejecutiva.

Seis años se antoja un tiempo excesivamente corto para la realización de un remake de una película y con el mismo director, si no es por un interés puramente comercial. Y analizarlo obviando la primera película resulta completamente imposible, por tanto se hace necesario comparar y juzgar el resultado final teniendo en cuanta aquella estupenda película, aunque como siempre, las comparaciones sean odiosas.

En su inicio de este actual film, parece que Leliono se va a complicar lo más mínimo, y tenemos el mismo plano elevado en discoteca acercándose entre personas bailando, hacia un mujer que se encuentra en la barra. Se da la vuelta y se trata de Gloria (Julianne Moore). Los primeros compases también mantienen el esquema anterior, variando tan sólo las canciones de la discoteca y los actores que participan.

Todo lo dicho anteriormente con Gloria (2013) en cuanto al plano narrativo se podría repetir en esta película, y todo lo bueno de aquella es aplicable a esta. Evidentemente la diferencia radica sobre todo en las interpretaciones de los personajes principales.

En esta ocasión Gloria es Julianne Moore y Arnold, su pareja es John Turturro. Moore realiza un papel sensacional, a la altura de Paulina García que protagonizaba “la otra” Gloria. Conoce perfectamente al personaje, lo entiende y sabe meterse en su piel con la profesionalidad que siempre le ha caracterizado. Incluso podemos encontrar algún fleco de personajes ya realizados por ella que mantienen un nexo en común con Gloria, especialmente en sus aspectos más dramáticos o tristes. John Turturro por su parte nos regala también un buen trabajo. Un personaje que vive con continuas contradicciones y que se debate entre un nuevo amor o la dependencia (autodestructiva) que siente hacia él su familia. Turturrose mantiene firme en esa propuesta y mantiene el pulso con Julianne Moore.



La música de Gloria vuelve a tener una parte fundamental. Tanto en las escenas en las que Gloria aparece cantando en el coche, como en la propia discoteca, con temas muy populares y conocidos e incluyendo la propia banda sonora a cargo de Matthew Herbert forman un conjunto muy atractivo y encajan a la perfección con la historia desarrollando escenas de gran equilibrio.

El colorido de la película también parece ser un elemento diferenciador entre ambas versiones. Si aquella era de un tono más gris, en esta nueva versión las luces de neón en el propio rostro de Moore le otorgan un matiz más contemporáneo en la línea de la propia música de Herbert.

Se podría decir que Lelio, se ha “autoplagiado” con acierto, que nos presenta una “nueva” película bastante respetable o digna, y con aciertos, pero también la duda inevitable de si realmente era necesaria…


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El mundo de Sebastián Lelio lo conforman historias todas ellas muy personales en películas que no sólo buscan el plano narrativo convencional, sino que buscan también la belleza lírica, la profundidad de espacios reflexivos y la música o el arte como parte fundamental del mundo interior que se intenta transmitir.

Leliosupone una realidad, pero también un proyecto de futuro hacia un cine que sin desconectar de lo clásico se adentra en caminos personales y diferentes para crear un pequeño universo cinematográfico de indudable sensibilidad.




@sergio_roma

 

Fuente: CINeol | Visitada: 752 veces