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Especial Millennium: El universo de Stieg Larsson en el mundo del cine

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La saga de películas Millennium, de la que ahora tenemos en los cines una quinta entrega, están basadas en la exitosa serie de novelas criminales suecas creada por el escritor y periodista Stieg Larsson. El escribió las tres primeras entregas, su famosa trilogía, y las siguientes las ha continuado David Lagercrantz, de momento con acierto. Las circunstancias de la vida (fallecimiento prematuro), impidieron al autor sueco disfrutar del increíble éxito que han tenido las novelas, traducidas en más de cincuenta países y con un gran éxito de ventas.

El objetivo inicial de Larsson eran diez libros, pero no pudo realizar dicho objetivo, completando los tres primeros. Actualmente la saga la componen cinco obras literarias y se han trasladado al cine cinco películas, las cuáles vamos a recordar y analizar en este Especial.

Los cinco libros (con su traducción al español) son los siguientes: 1.Los hombres que no amaban a las mujeres, 2. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, 3. La reina en el palacio de las corrientes de aire, 4. Lo que no mata te hace más fuerte y 5. El hombre que perseguía su sombra. De estos libros, se ha llevado al cine en dos ocasiones el primero, el segundo y tercero se ha llevado al cine con producción sueca y el cuarto se ha llevado recientemente con producción americana. Todo el mundo Millennium ha tenido también extensión en forma de divulgación gráfica, en comic, con bastante éxito también.




Larsson, falleció un par de meses antes de ver publicada la primera de las novelas de la trilogía, lo que le impidió conocer las consecuencias (tan positivas) de sus textos ni vivir (negativamente) la lucha familiar por los derechos de sus obras y su herencia. Tampoco pudo, evidentemente disfrutar de las multimillonarias cifras que su legado ha proporcionado. Pero, en cierto modo, el protagonista masculino de su trilogía, el periodista Mikael Blomkvist, redactor y socio en la revista Millennium actúa como álter ego de Larsson (también trabajó en una revista similar). Para Larsson, todo lo que gira en torno a Millennium fue una manera de completar su trabajo de periodista en su propia revista (Expo), una especie de complemente profesional. Por eso el espíritu del escritor está en todo este universo creado por él mismo, aunque poco a poco Lisbeth Salander haya tomado el mando…

El universo creado por el escritor Stieg Larsson llamado Millennium, suponía todo un filón para el mundo del cine que era difícil rechazar. A sus encantos cayó rendido todo un maestro del thriller como David Fincher con Los Hombres que no Amaban a las Mujeres y previamente los directores Niels Arden Oplev y Daniel Alfredson ya habían probado suerte con fortuna dispar con producciones suecas.

El conjunto cinematográfico Millennium lo componen hasta la fecha cinco películas, que se ha ido desarrollando en nueve años, tres primeras entregas suecas, un remake o nueva versión americana (la ya mencionada de Fincher) y ahora nos llega la adaptación de la cuarta novela, la primera no escrita por Stieg Larsson sino por el escritor también sueco David Lagercrantz que ha continuado con la saga de libros intentando mantener el mismo espíritu y nivel de intriga. Y aunque se trata de un cuarto capítulo, bien podríamos posicionar también esta película como una secuela directa de la anterior película de Fincher, que no se ha alejado del todo de este proyecto (es productor ejecutivo).

Por tanto, en el mundo del cine, la saga Millennium se puede leer como una continuidad con dos películas (sueca y americana) sobre la primera novela y tres películas sobre las siguientes novelas, o como dos bloques diferenciados, el bloque sueco con la primera trilogía, y el bloque americano, con la primera y cuarta novela como una sola continuación. Independientemente del orden o de la clasificación, no cabe duda que estamos ante un universo sumamente interesante y jugoso que podemos analizar en su conjunto.
La productora sueca se encargó desde un principio de cuidar mucho el material que tenían, y se preocuparon de que las películas fueran de tanta calidad como las novelas, con buena acogida general de la gente, que en muchos aspectos puede sentir que leen de nuevo las novelas al ver las películas, que es lo que se pretendía.



La serie está protagonizada por dos personajes aparentemente muy diferentes pero con una gran química, como se irá observando poco a poco. Es uno de los alicientes de la serie, sin duda. Lisbeth Salander es una joven hacker antisocial, con problemas psicológicos y con una buena memoria fotográfica. Mikael Blomkvist es un periodista de investigación que escribe en una revista que da nombre a la saga (Millennium) y que ha sido engañado en su último trabajo, lo que le ha llevado a la cárcel.
No se trata de dos agentes secretos ni de dos investigadores con excelente habilidades físicas. Se trata de dos personas de vidas completamente distintas, que el azar junta en un determinado momento y que desde entonces las circunstancias les obligan a tener una relación casi profesional en torno a la corrupción política y social que les rodea.

Ella vive en un mundo muy cerrado y lleno de desconfianza, pero poco a poco, según se va a abriendo, se va convirtiendo en una auténtica heroína contemporánea, casi una super heroína de comic. No sabemos realmente sus motivaciones (en varias ocasiones la preguntan “¿quién eres?” y en una de ellas le contesta a un maltratador de mujeres “la pregunta que debes hacer es, ¿quién eres tú?”…) hasta que la saga no va avanzando, pero sí llegamos a comprenderla poco a poco y a sentir gran empatía a pesar de la dureza de sus actos y la frialdad de su personalidad. Cuando deja entrar en su mundo a Mikael, esta se vuelve fiel y leal a él y a su modo, agradecida. Lisbeth es capaz de morir por lo que cree. Es una superviviente. Pero también se convierte en una justiciera, una salvadora de mujeres que sufren, excepto, de su propia hermana…Cuando ésta, en la última película, le reprocha por qué no la salvó a ella, “por qué las arañas no se quedan atrapadas en su propia tela de araña”, Lisbeth no sabe apenas qué responder…En muchos momentos llega además a ser un auténtico Ave Fénix, renace de sus propias cenizas y busca todo aquello que nunca ha podido tener.

Mikael en cambio es un personaje que defiende su sentido de justicia con vehemencia y está dispuesto a llegar hasta el final y sacrificarlo casi todo por conseguir la verdad y por no permitir la injusticia.



La primera historia es apasionante como veremos más adelante, el resto ya no tanto, aunque cuentan con la esencia primigenia que a su vez se va a alimentando de los acontecimientos creando todo un mundo particular, todo un universo propio. Una gran parte del éxito, además de los personajes, la tiene los temas que trata. El nazismo (desde una novedosa perspectiva nórdica, y la colaboración que tuvieron los suecos), el machismo y la violencia hacia las mujeres (en cierto modo, su personaje se adelantó al movimiento “metoo”). También aborda desde una perspectiva casi de advertencia, los peligros a los que están sometidas las democracias modernas, peligros que ya adelantaba en sus libros y que se están desarrollando en estos días. Y entre estos peligros, se encuentran sin duda, el mundo de los hackers, tanto los de “sombrero blanco”, como los de “sombrero negro” en función de las intenciones, quedándose la propia Lisbeth en una especia de espacio intermedio y gris.

Cuatro son los directores que han participado hasta la fecha en las películas. Niels Arden Oplev, el primero, realiza una estupenda adaptación de la novela, con toda la responsabilidad que ello conllevaba y en cierto modo le allana el camino a David Fincher para realizar su propia versión. Oplev y Fincher son los dos directores que mejor han sabido llevar al cine las novelas, aunque por otra parte contaban con la mejor historia. Por su parte Daniel Alfredson (hermano de Tomas Alfredson, director de Déjame Entrar (2008)) tomando el testigo de Oplev mantiene más o menos la esencia pero pierde intensidad y mantiene un nivel algo más plano que su predecesor. Finalmente Fede Alvarez, autor de la última película se podría decir que es un digno sucesor de Fincher, aunque desde la distancia, y realiza su propia aportación en un trabajo bastante aceptable.

En cuanto a los actores, no cabe ninguna duda que Noomi Rapace y Michael Nyqvist son los mejores intérpretes de Lisbeth y Mikael respectivamente. Tanto es así, que cuesta ver a esos personajes en la piel de otros actores, aunque sea en pesos pesados como Daniel Craig y Rooney Mara en la película de Fincher o más modestamente Sverrir Gudnason y Claire Foy.



Casi ninguno de ellos hace un mal trabajo (aunque Gudnason arrastrado por un guion con el personaje desdibujado presenta un trabajo algo flojo), pero ninguno de ellos llega a acercarse a la magia y la intensidad que transmiten la pareja de actores suecos originales. Noomi Rapace se preparó además a conciencia para este papel durante siete meses, tomando clases de kickboxing, boxeo, con una estricta dieta y probando perforaciones en la cara. Incluso trabajó para que su cuerpo pareciese más masculino y aprendió a montar en moto.



El título de cada uno de los libros o películas es un aspecto muy curioso. Títulos más largos de lo habitual con la particularidad además de las extrañas adaptaciones que se han hecho también en nuestro país y también los cambios realizados en las versiones americanas, más centradas en el tatuaje del dragón. Todos tienen algo que ver con la trama y su extensión forma parte ya del sello particular de la saga como curiosidad aceptada.

La pequeña aportación española a todo este mundo la pone el músico Roque Baños, autor de la banda sonora de la última película, con gran acierto y gran riqueza de matices.

La saga, ha tenido además influencia posterior en series como "Stella Blomkvist", islandesa, o en películas como Atómica, Cold Hell, o la reciente Gorrión Rojo, donde los personajes femeninos adoptan una actitud bastante diferente a lo que nos tenían acostumbrados, y se acercan al espíritu de Lisbeth Salander. El propio personaje de Lisbeth además ha revolucionado a su manera el género negro en todos sus campos, y ha dejado la puerta abierta a nuevos planteamientos y a diferentes personajes, ampliando la riqueza del género.



LAS PELICULAS








Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres



Niels Arden Oplev reconoció que su objetivo inicial consistía en realizar una película con atmosfera escandinava, calidad europea y habilidad USA: la que tienen para thrillers como El Silencio de los Corderos de Jonathan Demme o Zodiac de David Fincher. Acercarse a esas dos grandes obras del cine eran palabras mayores, pero Oplev presentó un trabajo bastante encomiable.

La película encierra misterio desde un primer momento. Un hombre de avanzada edad recibe un paquete procedente de Hong Kong que contiene una planta enmarcada. Más tarde sabremos que ese regalo lo recibe cada día en su cumpleaños, no sabemos si como broma macabra o como una pieza más de un puzzle sin completar. Lo cierto es que ese “regalo” le hace llorar...

En la presentación de los dos personajes principales, que iremos conociendo en paralelo, por un lado tendremos a Mikael Blomkvist enfrentándose a un juicio de calumnias sobre su último trabajo de investigación. Una extraña chica parece seguirle. Por otro lado tenemos a Lisbeth Salander y su dura relación con su nuevo tutor de asuntos sociales. Ambas historias de manera independiente contienen bastante interés, y se espera con ansiedad el encuentro entre ambos personajes, que se antoja cercano en función de lo que les está ocurriendo a cada uno. Mikael por su parte ha recibido el encargo (por parte del anciano que aparecía al comienzo de la película) de investigar la desaparición (y posible asesinato de Harriet) ocurrido en los años sesenta en torno a la familia Vanger. Lisbeth por su parte, accede a su portátil, y toma parte de sus investigaciones.

La investigación del caso se apodera del desarrollo principal de la historia, salpicada de vez en cuando por el acoso sexual al que es sometida Lisbeth por parte de su actual tutor.

En este punto de la película, podemos observar que todo funciona bastante bien, la música, convencional pero efectiva toma ligero protagonismo en algunos momentos. La fotografía es muy correcta y las buenas interpretaciones ayudan a que la historia se mantenga en un buen nivel de interés e incluso emoción.



El encuentro entre Lisbeth y Mikael supone el punto de partida hacia una nueva película y hacia esquemas más profundos que iremos descubriendo a lo largo de este fascinante film sueco.

La relación que enseguida se establece entre Lisbeth y Mikael es sumamente fascinante. En un principio hay respeto mutuo, pero también interés por parte de ambos de liderar cierta autoridad en este improvisado dueto de investigación. También hay deseo, cariño e incluso amor. Todo un compendio de sentimientos que compartirán importancia con el desarrollo de la trama y con la investigación, cargada de ecos del pasado y secretos.

Con algún ligero fashback (en uno de ellos aparece de niña incendiando un coche) podremos ir conociendo además ciertos aspectos de la vida de Lisbeth y entendiendo las razones de su extraña personalidad.

La investigación continúa y se apodera de toda la trama, hasta que consiguen averiguar quién es el asesino, después de tantos y años y por qué lo hizo, destapando el misterio que tanto daño estaba haciendo a la familia.

Lo fascinante del guion de esta película es que la historia no acaba ahí. Hay aún mucho que contar, y sorprendentemente aún no se sabe qué pasó con Harriet para lo que habrá que seguir las indagaciones de Mikael y Lisbeth que están a punto de cerrar el misterio final, incluyendo quién mandaba cada año los cuadros de plantas.

En momento en el que se atrapa al asesino, da pie a conocer algo más sobre el pasado de Lisbeth hasta el punto de saber con certeza que quemó a su padre vivo en aquel coche, por maltratar a su madre, como posteriormente también sabremos. En pequeñas dosis se va averiguando algo más sobre el oscuro pasado de Lisbeth y de esa manera se la puede ir comprendiendo un poco más, algo que sabe el espectador, pero no sabe Mikael que sigue sin conocerla del todo.

El tramo final, después de todas las resoluciones sobre hombres que no amaban (o más bien odiaban) mucho a las mujeres, nos depara más sorpresas y giros inesperados y nos deja a las puertas de una continuación donde se intuye que Lisbeth volverá a tener mucho protagonismo.




Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina



Los inicios de esta pronta secuela nos presentan a una Lisbeth aprovechando los frutos de su última obra, acomodada, y huida de todo el mundo, incluyendo a Mikael, que ha estado preguntando por ella en varias ocasiones sin obtener respuesta.

A la revista Millennium ha llegado un nuevo redactor con una bomba bajo el brazo sobre prostitución y corrupción, demasiado jugosa para que la revista no se haga cargo de ello. Pero todo cambia, cuando ese periodista y su novia aparecen asesinados antes de que nada se publique, y alguien intenta inculpar de esos asesinatos a Lisbeth.

Pasados los meses, Lisbeth va a visitar a su antiguo tutor, a su antiguo jefe e incluso a su anterior amante en un intento de recuperar nuevamente su pasado, de hacerse dueña de su presente ante un futuro tan incierto y amenazante. Sigue sin contactar con Mikael , a pesar de saber que él ha estado intentado ponerse en contacto con ella. Su actual tutor, Bjurman, al que lógicamente no quiere ver después de lo sucedido en la primera película, aparece también implicado en la trama y posteriormente muerto. Todo se complica, y comienza la investigación, la acción, el thriller.

El problema es que dicha investigación no tiene la misma fuerza que en la anterior película. Carece de tanta intensidad, giros y subtramas, y en definitiva emoción. Todo está bien estructurado pero respira un aire más convencional, como su hubiese habido demasiada prisa por continuar con el éxito. No se puede decir que la nueva dirección de Daniel Alfredson sea mala, pero sí le falta el gancho y la profundidad que le otorgó Niels Arden Oplev en el primer capítulo y que quizás supo captar mejor el espíritu de la novela.



La distancia que se crea entre Mikael y Lisbeth tiene su atractivo inicial, pero pierde la enorme química que existe entre ambos personajes (y actores) y con ello se pierde también parte de la potencia de la saga.

El villano, en cambio, de esta segunda película, Ronald Niederman (interpretado por Micke Spreitz, después de que Dolph Lundgren rechazase el papel) sí tiene bastante fuerza, no sólo por propia capacidad física (insensible incluso al dolor) sino por la relación que sorpresivamente tiene con Lisbeth y que saldrá a la luz en el tramo final de la película.

Inevitablemente en esta película, por según como se desarrolla la trama, vamos a ir conociendo más detalles de la vida de Lisbeth, especialmente de su pasado, y se irán encajando unas cuantas piezas, tanto para el espectador como para Mikael que parece estar algo obsesionado con Lisbeth.

El tramo final de la película depara varios malos tragos para Lisbeth y deja, como no podía ser de otra forma, demasiados frentes abiertos (no sabemos si quiera si Lisbeth sigue viva) y demasiadas incógnitas por desvelar, que conoceremos en los siguientes capítulos.



Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire



La segunda parte nos había dejado demasiadas incógnitas que había que resolver en este tercer capítulo. Lisbeth se la llevaron herida en el helicópero y su padre también se quedó en una situación complicada, mientras que el villano Niederman sigue fugado, peligroso y a la caza de Lisbeth. En esta pausa, Mikael escribe en su revista lo sucedido y la vida de Lisbeth en cierto modo como un acto de justicia moral, pero también para dar a conocer al público la verdad de todo lo sucedido tanto a nivel político como a nivel personal. La oscuro vida Lisbeth va viendo la luz, así como la relación con su padre, que se truncará definitivamente en el hospital donde ambos se encuentran…Lisbeth sonríe al saber que no va a volver a ver más a su padre…

La trama esta vez va a girar en torno al juicio sobre Lisbeth y el intento de asesinato de su propio padre. Su estancia en el hospital es sumamente interesante por todo lo que se va moviendo alrededor: investigaciones, sucesos, misterios, secretos que salen a la luz, corrupción política, etc En este sentido se irán descubriendo más datos sobre el pasado de Lisbeth, su internamiento en el psiquiátrico y su fatal estancia, lo que la irá convirtiendo aún más en una auténtica heroína contemporánea. Tanto es así que en alguna ocasión se llega a hablar de auténtica tragedia griega, en referencia a la familia de Lisbeth y lo acontecido todos estos años. Durante su estancia en el hospital goza del cariño y comprensión del doctor que la atiendo todos los días, lo cual la deja un poco descolocada, manteniendo su frialdad pero dejando las puertas abiertas. Lisbeth no está acostumbrada a recibir buenas atenciones, y eso la provoca extrañeza.

Con todo, esta tercera película adolece del mismo problema que la anterior, y el director Daniel Alfredson vuelve a pecar de lo mismo: poca intensidad, fuerza y emoción en una película que parece que en cualquier momento va a arrancar, pero nunca lo consigue. Una continuación lógica de la secuela, lo que convierten a la segunda y tercera parte en casi un todo unificado y con las mismas características (de hecho están realizadas el mismo año)



En este tercer capítulo y en el anterior, tanto Lisbeth como Mikael apenas tienen contacto, pero ambos siguen manteniendo su cuota de protagonismo personal. Mikael en concreto pasa sus peores momentos y tiene que ejercer un poco más que en ocasiones anteriores de “agente secreto” en un intento por matarle en el que se tiene que emplear a fondo. Este asunto es importante porque hasta entonces, Mikael no ha tenido que emplear mucho la fuerza ni hacer uso de habilidades físicas, y aunque en esta ocasión tampoco suponen un paso muy acelerado, sí descubrimos a un Mikael menos frío, más audaz y con valentía. Aun así, sigue sin ser se capacidad fundamental y se mantienen otras cualidades que le hacen tan especial.

La celebración del juicio contra Lisbeth supone la culminación final de toda la trama de esta película pero supone también la gran victoria de Lisbeth y también el gran descanso. Hasta ahora, la heroína contemporánea ha ido ganando batallas, algunas que tenía perdidas de antemano, pero con la celebración del juicio y todo lo que sale a la luz (algunas cosas muy dolorsas) Lisbeth sale victoriosa y por fin va a poder recomponer su vida, por fin va a poder vivir.

A pesar de esto, el tramo final nos deja un pequeño asunto por afrontar por parte de Lisbeth: su hermanastro Niederman para lo que tendrá que recurrir de toda la astucia hasta el momento mostrada para salir victoriosa.

Blomkvist y Lisbeth tiene un último encuentro cara a cara, donde se presenta cierta tensión sexual que no se termina de resolver, pero sobre todo se aprecia un gran cariño entre ambos, mucho agradecimiento y quién sabe lo que deparará el futuro a la pareja…



Los Hombres que no Amaban a las Mujeres



Para crear la primera versión de producción americana se contó con todo un peso pesado del cine. De hecho uno de los mejores cineastas del género y un valor seguro. Lo cuál es sin duda alguna un acierto, pero también supone cierta decepción que David Fincher aceptase dirigir un remake, o como él prefiere llamar, otra nueva adaptación del libro, lo cual nos lleva a una reflexión que se viene haciendo desde hace un tiempo sobre la falta de ideas en el cine norteamericano.

A pesar de esto, la película de Fincher, también es una estupenda película. Se aleja un poco más de la denuncia política que tenemos en novela y película sueca, y se centra en lo que domina, la puesta en escena y la emoción e intriga, además del retrato personal de los dos protagonistas, y en el de una mente enferma y malvada. Aunque en este caso nos encontraremos con una Lisbeth algo más floja que en ocasiones anteriores, más vulnerable en todos los sentidos, lo cual le va a aportar un nuevo matiz a un personaje con tanto potencial. El personaje de MIkael es en cambio mucho más seguro, una especie de James Bond (incluso podemos encontrar guiños al Bond de Daniel Craig en los propios títulos de crédito) con mucha astucia, que choca con la vulnerabilidad del personaje original.

Otro de los problemas que tiene esta película es la lógica pérdida de capacidad de sorpresa y desenlace que pueda ofrecer, dado que la trama (guion de Steven Zaillian) es la misma que la de la novela y la película sueca. Y es un gran inconveniente, porque la historia encierra giros y sorpresas que esta película no pude esconder, dado que Fincher además guarda una escrupulosa fidelidad a la novela, centrando la acción incluso en Suecia y no en Estados Unidos, como suele hacerse habitualmente en estos casos.




Salvando estas distancias, no menores, la narración, como venía siendo habitual en el cine de Fincher es fría y oscura, muy al estilo de películas anteriores como La Red Social o sobre todo la grandísima Zodiac, y por tanto una magnífica narración nuevamente, con la capacidad del director norteamericano de elevar cualquier historia con su buen aporte de elementos formales, aportando una gran capacidad visual que no puede aportar la literatura. Se ayuda en esta tarea de otro gran maestro como es Trent Reznor en la música, que vuelve a realizar un buen trabajo.

Daniel Craig y Rooney Mara están bien en sus respectivos papeles protagonistas, pero hay que reconocer que los personajes principales de este oscuro mundo están mejor identificados (y quizás interpretados) por los actores suecos.

Aunque se trata de una película importante, se podría decir que es una obra menor (por varios aspectos) en la (excelente) filmografía de Fincher, fascinante y muy destacada en su calidad de película de encargo pero aprobado por los pelos en su condición de obra personal del magnífico director norteamericano.




Millennium. Lo que no te mata te hace más Fuerte



Tomando el relevo de David Fincher, se contó con toda una promesa del cine como es Fede Alvarez, con la adaptación de la cuarta novela, la primera no escrita por Stieg Larsson sino por el escritor también sueco David Lagercrantz que ha continuado con la saga de libros intentando mantener el mismo espíritu. Y aunque se trata de un cuarto capítulo, bien podríamos posicionar también esta película como una secuela directa de la anterior película de Fincher, que no se ha alejado del todo de este proyecto (es productor ejecutivo).

Fede Alvarez es un director uruguayo que deslumbró con un cortometraje llamado "¡Ataque de pánico!" y que le llevó a dirigir posteriormente Posesión Infernal (2013) y No Respires sin terminar de responder del todo a las expectativas que él mismo había creado. Aún así, ambas películas le han servido para ganarse la confianza de afrontar un proyecto que si bien tiene mucho ya ganado, adaptarlo a la pantalla y con buen nivel supone todo un reto. Y se puede decir que el reto, está superado, con buena nota.

La primera escena nos presenta a dos hermanas en su niñez (no es difícil suponer que una de ellas es Lisbeth) jugando al ajedrez (pasatiempo mental que aparecerá posteriormente también como símbolo de duelo). Conoceremos la relación que tienen con su padre (aquel que moría en la tercera película, y al que de niña Lisbeth había intentado quemar por los maltratos que le propinaba a su madre) y también la separación que se produce entre ambas. Este prólogo resulta fundamental, porque en esta película, se va a continuar con la vida personal de Lisbeth y si bien su padre y su hermanastro ya murieron, parece ser que tiene una hermana (Camilla) que ha querido seguir la (oscura) tradición familiar, lo que la convierte en la villana de esta película.

A estas alturas de la película Lisbeth ya es el personaje central de la historia, pero además lo va a ser ya de la saga y va a adquirir todo el protagonismo de manera ya descarada.
Tras el comienzo se nos presenta a una Lisbeth convertida en auténtica justiciera de mujeres que sufren o han sufrido por hombres malvados, al estilo de Robert McCall en The Equalizer 2.

Posteriormente también tendrá protagonismo un niño, August, víctima del trabajo de su padre, y al que todos perseguirán en busca de una clave que les proporcione el poder destructivo del invento de su padre. La muerte de su padre, y los continuos secuestros a los que se ve sometido obligan a que se cree cierta ternura y comprensión, además de establecerse una lógica relación de empatía con Lisbeth al que observa como un reflejo transitorio de su propia infancia. August vive atormentado y dolido, pero a pesar de su corta edad tiene las ideas muy claras sobre seguir adelante: “mi padre siempre me decía, el pasado es como un agujero negro, si te asomas a él caes y desapareces, y yo no quiero desaparecer”. “No lo harás”, le contesta Lisbeth.





La relación entre Lisbeth y Mikael vuelve a ser, como en las películas anteriores, distante, alejados el uno del otro (físicamente) pero con un fin común, que es proteger a August. En este sentido, ambos se mueven en historias paralelas, pero es evidente que Lisbeth tiene todo el protagonismo y Mikael ha perdido mucha de la personalidad que tenía. No sólo ha perdido protagonismo, sino que se ha quedado muy difuminado, demasiado si tenemos en cuenta el potencial de la pareja juntos, a lo que tampoco ha ayudado la pobre interpretación de Sverrir Gudnason. Claire Foy por su parte, no está del todo mal en su interpretación de Lisbeth Salander, (ha pasado de reina de Inglaterra a reina de los hackers) pero en ningún caso, ninguno de los dos, está a la altura de Noomi Rapace y Michael Nyqvist, interpretaciones suecas que se antojan difíciles de superar ambas, por más que se intente.

La película tiene tensión, escenas de importante impacto y bien diseñadas, buena música (del español Roque Baños) y buenos momentos trepidantes en una fotografía muy cuidada (las escenas de la araña rondando sigilosamente en algunas escenas nos recuerda inevitablemente a la reciente El Pacto, con escenas similares) lo cual la convierten en una digna secuela que, sin estar a la altura de la buena película de Fincher ni de la primera película sueca, se gana el derecho de pertenecer al universo Millennium.

El guion es sobrio, no tiene excesiva originalidad (el presente, la informática y el daño de determinadas herramientas en manos equivocadas) y quizás haya un excesivo metraje para lo que se quiere contar, pero en casi todo momento los minutos de entretenimiento se mantiene sin excesivo problema, aunque algunas tramas resultan algo infantiles y otras un tanto complejas.

El plano sentimental, además de la pura acción, se mantiene con acierto y se antoja ya imprescindible. El pasado siempre acompañando a Lisbeth y a su vez siendo la excusa perfecta para poder conocer un poco más al personaje.

Respecto a Mikael, su amante le reprocha en una ocasión qué sería de su vida profesional sin Lisbeth, las mejores historias contadas en la revista giran alrededor de ella, por lo que finalmente decide no contar su historia e intentar cierta independencia y personalidad, algo que no consiguen ni Mikael ni Sverrir Gudnason.

Cuando se vuelven a ver las caras Lisbeth y Mikael vuelve a haber tensión sexual, vuelve a haber complicidad y vuelve a haber amor, que en ninguno de los casos termina por resolverse, dejando la historia de la pareja en una sugerente historia que está por escribir aún.

Aunque se trata de una producción más modesta que la anterior de Fincher, todo funciona razonablemente bien, y sin contar con grandes nombres en el plano interpretativo, Claire Foy, Sylvia Hoeks y Lakeith Stanfield realizan un trabajo bastante aceptable en una película que sin ser de las mejores de la saga se mantiene a un buen nivel en términos generales.


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Analizado el conjunto en todos sus aspectos, especialmente en el cinematográfico, podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que se trata de una saga o un universo realmente fascinante en sus múltiples aspectos, variantes y versiones y en definitiva una excelente oportunidad de acercarse a un cine apasionante, lleno de intrigas y con las dosis justas de acción y violencia. Con grandes nombres que han realizado buenos trabajos para presentar siempre una saga que se mantiene con firmeza, dignidad y muy buena salud, a la espera de una sexta película que a buen seguro no tardará mucho en llegar, y con la certeza de que si se mantiene el buen hacer y el respeto al universo creado por Larsson, tendremos Millennium para rato, afortunadamente.






@sergio_roma

 

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