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Diario de Sitges 2018 (VIII): A fuego lento

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Una de las mejores cosas de ser un habitual en un certamen de cine no es la posibilidad de asistir a los estrenos de películas de tus autores favoritos, sino descubrir a nuevos talentos a los que luego puedes ir siguiéndoles la pista, porque una vez entran en el circuito festivalero, suelen repetir con sus siguientes obras (o al menos alguna de ellas). Este año está siendo especialmente propicio para confirmar o desmentir a las revelaciones de ediciones anteriores. Así, algunos están subiendo al Olimpo (S. Craig Zahler, David Robert Mitchell), otros se mantienen a la espera de nuevas cumbres (Gareth Evans, Quentin Dupieux, Agnieszka Smoczynska), otros se han caído un poco en el aprecio (Nicolas Pesce) o han subido exponencialmente (Timo Tjahjanto), y otros han entrado de golpe en el saco de los que hay que olvidar (Dani de la Torre).



Me apena que el filipino Khavn de la Cruz se haya unido a este último grupo con la aburrida BAMBOO DOGS (), un thriller vacío en fondo y forma que ni siquiera se puede defender por su estética. Mientras que su anterior film, Alipato: The Very Brief Life of an Ember, era un despliegue de locura visual y narrativa que subvertía toda regla del género de mafiosos, en este caso la mayor pirueta que hace es el plano secuencia con el que se abre la historia, un recurso brillantemente ejecutado que nos presenta en 6 minutos los principales personajes y el planteamiento básico de la trama recorriendo un edificio tras una redada. A partir de ahí, y hasta que los créditos finales aparecen durante un número musical en blanco y negro (el de la imagen de arriba), no hay nada de lo que escribir. Literalmente.

No es una película larga, pero durante 70 minutos tenemos a 7 personajes dentro de una furgoneta dando vueltas por no sabemos dónde y hablando de cualquier chorrada sin que apenas se les vea ni se sepa quién está hablando, porque está todo oscuro. Pero da igual, porque lo que dicen no iba a servir para nada: son diálogos intrascendentes de ascensor o de machirulo que no aportan nada a la historia ni definen nada de quienes los pronuncian. En el camino, para intentar alargar lo que en cualquier otra película sería una secuencia de 10 minutos si eres un Zahler, se inventa incidencias cotidianas sin ningún interés, como averías mecánicas o comprar refrescos. Todo por un final que aspira a impactar, pero que no aporta nada porque lo anterior ha sido aire y oscuridad, sin siquiera un juego visual que echarse a la boca. Hasta los letreros finales tienen mayor dramatismo que la película que los precede. Una nadería.



Aunque no es un 'hijo de Sitges', otro nombre propio en busca de confirmación es el de Javier Ruiz Caldera, cuyas comedias hasta la fecha han sido muy divertidas. Lo que, a priori, hacía que fuese un candidato interesante para dirigir la primera adaptación al cine de uno de los mejores personajes de tebeo españoles, SUPERLÓPEZ (). Al fin y al cabo, Anacleto, Agente secreto le había salido bastante apañada. Ante la sorpresa de nadie, ha decidido tirar por lo seguro e intentar repetir su anterior película sin importarle en nada el cómic que tenía que poner en la gran pantalla. El resultado: una versión bastante menor de Anacleto que se parece a cualquier historia de Jan como una silla de Ikea a un jamón de jabugo.

Dejando aparte que ninguno de los involucrados en el film se ha leído más que un resumen de dos folios con un listado de cosas que aparecen en Superlópez y que se pueden aprovechar, sin más contexto que ese para escribir el guion o dirigir la película, lo cierto es que su parte cómica es bastante divertida. Cuando se decide simplemente por el gag, por la parodia, por el chascarrillo gracioso sobre España, funciona. En especial destacan Gracia Olayo y Pedro Casablanc en sus papeles de padres del héroe, que tienen los mejores momentos del film.

Otra cosa es que el resto del film tenga el mismo nivel: la trama de fondo es una huelga del servicio de recogida de basuras en una ciudad mediana, la villana de Maribel Verdú es sosa a más no poder, y cada vez que intenta rodar una escena de acción el resultado es cutre en plan triste, no en plan simpático (cosa que no sucedía en Anacleto, quizás porque era una acción menos fantasiosa y dependiente de efectos especiales que parecen sacados de una película paquistaní). El resultado puede resultar aceptable para un público lego en el cómic y bochornoso para quien se vaya esperando algo del nivel de Los Cabecicubos o La Semana Más Larga.



Otro que llega con renombre desde hace muchos años es J.J. Abrams, que grabó un vídeo dedicado a Sitges para presentar OVERLORD () aunque él solo sea productor. Hay que dejar claro quién es el que vende y qué sello de calidad es el que tiene la película. Que a lo mejor dentro de unos años estamos salivando por ver la nueva obra de Julius Avery, pero hasta que ese día llegue (y con su siguiente film no va a ser), es solo uno de los secuaces-guion-aprendices de Abrams y no de los más aventajados. No es el próximo Matt Reeves, vaya.

Tampoco es cuestión de despellejar una película que cumple a la perfección como entretenimiento comercial: tiene acción, tiene humor, tiene su dosis bélica, su terror domesticado, su puntito de gore pero de los que no provocan arcadas ni molestan... Es una cinta con un ritmo envidiable que nunca deja un momento para preguntarse qué, cómo ni por qué. Pero también es tan ordenada y limpia, tan adocenada, que el resultado final es decepcionante. Con una premisa de este calibre (nazis que hacen experimentos con zombis con superfuerza), qué menos que brindar algo de caos y exceso para que la sensación de peligro y de cómo coño van a salir de ahí sea intensa. En lugar de eso, los enemigos caen como si fuesen de papel y los monstruos son tan escasos que parece que todo el presupuesto se escapó en la batalla aérea inicial. En resumen, un film de consumo rápido fácilmente olvidable. Por lo menos es mucho mejor que Frankenstein's Army, una castaña con el mismo argumento.



Otra que aspira a ese nivel modesto de 'divertir a mucha gente para que paguen en taquilla, aunque dentro de tres meses no la recuerden' es la sueca THE UNTHINKABLE (), cinta que posiblemente habría bajado media estrella más si llego a escribir de ella mañana. Es curioso cómo ciertas películas bajan tan rápido de consideración a medida que se absorben, aunque durante su visionado hayan sido disfrutables. En este caso, el film sencillamente no soporta el análisis necesario para escribir sobre él. Todos sus problemas y carencias salen más a flote.

La historia, que oscila entre el drama familiar y el thriller de acción sobre terrorismo, funciona bien cuando esas dos vertientes están separadas. Sin embargo, cada vez que los realizadores quieren que converjan, son como aceite y agua. Esto, que al principio solo adopta la forma de parones ilógicos en la acción para encajonar momentos de conflicto entre los personajes, acaba siendo un verdadero problema porque su final persigue con ahínco la emotividad, el clímax de esa línea comenzada por su extenso prólogo dramático de forma que los eventos del thriller le hayan dado otra dimensión trágica. Y no lo consiguen. Lo que quiere ser bonito es vacío y algo cursi. De hecho, podría ser hasta ofensivo, ya que el personaje principal con el que quieren transmitir esa tragedia es un tipo que durante todo el film solo se ha comportado como un gilipollas machista y rancio con todo el mundo. Se merecía morir en el primer incidente.

Por contra, el tramo central del film es un fiestón. El caos comienza sin apenas aviso y a partir de ahí no se detiene, manteniendo el origen de los incidentes en el misterio de forma que los eventos sean impredecibles. Al final, esta inercia del exceso se les acaba yendo de las manos y lo que en principio era un miedo verosímil se vuelve una barrabasada de Roland Emmerich sin presupuesto para llegar a sus cotas de apocalipsis, pero sí suficiente para que todas las balas empleadas sean trazadoras y parezcan rayos láser (cosa que, por cierto, también ocurre en Overlord).



Podría seguir hablando de alguna mierda más de estos días de bajona del festival, pero por fortuna sigue habiendo luces que justifican toda una jornada. Y la luz de hoy es BURNING (), obra maestra de Chang-dong Lee que, al contrario que la anterior cinta, va creciendo a fuego lento en la mente conforme se paladea más y más, apreciando sus sutilezas y matices, analizando la forma tan precisa con la que el coreano comunica tantas cosas con tan pocas palabras.

La historia comienza como cualquier drama romántico, peor también como cualquier película de cine noir, porque tiene mucho de ambas: un chico sencillo con aspiraciones de escritor se vuelve a encontrar con una chica de su infancia y se queda prendado de ella. Antes incluso de que se presente el tercer eje en este triángulo, un tipo rico y enigmático que ella conoce en un viaje a África, Chang-dong ya nos ha comenzado a transmitir cierta desazón. Con pequeños detalles de los personajes que poco a poco van cobrando importancia, empezamos a notar que hay algo que no anda bien, misterios cotidianos que no deberían tener importancia pero que se cuelan bajo la piel.

Sin apenas percibirlo, el film se va infectando de un thriller perturbador que va cobrando intensidad, que va anulando el romance hasta ponerlo incluso en duda. La solución a los múltiples enigmas que va planteando no se encuentra fácilmente, ya que las piezas inconclusas que pone sobre el tablero no encajan: siempre hay algo que falla, siempre un dato que podría cambiarlo todo. Porque, ante todo, la película es una muestra magistral de cómo el punto de vista narrativo puede conducir al espectador hacia una conclusión u otra. Si la fiabilidad de nuestro barquero es dudosa, ¿cómo podemos saber si nos encamina a la otra orilla o nos conduce a su propio infierno?

De esta forma, la película es una experiencia poliédrica, donde cada escena puede adoptar múltiples significados: la tragedia de una niña sola y olvidada en busca de alguien que la quiera o el engaño de una femme fatale que se nutre de la pasión de pobres diablos; la depravación inmoral de un asesino en serie o la superioridad amoral de un niño bien que se divierte jugando y seduciendo a la clase baja; la fragilidad de un joven que ve su inocencia destruida por la pérdida o la inestabilidad de un hombre fracasado que inventa su propia realidad, huyendo de una familia de desapego y violencia contenida.

Quizás no se trate de elegir una versión u otra de los hechos, porque pueden ser caras de la misma moneda. Ahí radica la maestría de Chang-dong Lee: en componer su relato con imágenes, diálogos y construcciones de escena tan ricas en matices que pueden contener todos estos aspectos de forma complementaria. Sin duda, una de las mejores películas del año.


@DamnedMartian

 

Fuente: CINeol | Visitada: 517 veces