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Martin McDonagh: Del teatro al cine

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El reciente estreno de Tres anuncios en las afueras, el también reciente Globo de Oro que ha recibido dicha cinta y las amplias posibilidades de alzarse con el Óscar a Mejor Película (además de otros premios ya recibidos), nos ofrece una ocasión inmejorable para indagar sobre quién está detrás de este magnífico film y qué trayectoria esconde.



No es habitual que un profesional del teatro acabe dirigiendo en cine, pero como es lógico tampoco es un caso único. En todo caso, este cambio de registro no garantiza ni el éxito ni el fracaso por sí mismo. El resultado dependerá del talento del cineasta y de si lo aprendido en las tablas es capaz de trasladarlo con acierto a la pantalla o incluso mejorarlo.

Lo cierto es que todas las dudas quedaron despejadas con los primeros trabajos de Martin McDonagh, y se vislumbra que nos vamos a encontrar con un cineasta especial, que trabaja los personajes y lo que dicen, que cuida mucho la fotografía, especialmente el encuadre de dichos personajes, y que gusta de presentar en pantalla algo distinto, pasional y muy directo sin recurrir en exceso a la violencia. Y esto último es muy significativo, teniendo en cuenta de dónde viene el dramaturgo y realizador angloirlandés.

Sus inicios teatrales giraron en torno a una vertiente extrema del teatro llamada ‘In Yer Face’, donde destaca el aspecto violento de las obras como manera de ‘despertar’ al espectador, captar su atención para posteriormente transmitir el mensaje. Un lenguaje explícito, una exposición del sexo sin tapujos y el realismo de la puesta en escena son otras de las características de este movimiento que tan brillantemente ha protagonizado McDonagh. En cierto modo es un tipo de provocación, una manera de interactuar con el espectador provocando las emociones extremas de éste.

Su buen hacer tanto en la dirección como en el trabajo de escritor le ha valido varios premios y le ha motivado en su siguiente faceta artística. En su paso al cine, McDonagh ha sabido contener este concepto, aunque sin desdeñarlo en según qué aspectos, y ha trabajado sobre otros elementos más propiamente cinematográficos.



Desde sus inicios ya se observa un planteamiento complejo de sus historias, un equilibrio casi perverso entre la oscuridad más abyecta y el humor más negro, armonizándose en el devenir casi casual de los huecos del drama. En este sentido, se ha caracterizado por valorar el trabajo escrito por él mismo, manteniéndose casi al margen de interferencias o intromisiones y defendiéndolo a capa y espada en un proteccionismo de autor digno de admirar.

Asimismo, ha sabido acompañarse de buenos profesionales, tanto en el plano de la fotografía (Baz Irvine, Eigil Bryld, y Ben Davis) como de la música (Carter Burwell), trasladando con acierto el imaginario de sus guiones a la faceta más artística, consiguiendo un conjunto de autor inconfundible que ha caracterizado su obra. En este doble plano artístico, la cámara se sitúa en un contexto muy preciso, se centra en los personajes de manera absoluta y les persigue en sus connotaciones dramáticas hasta lograr un marco visual certero, incluyendo planos diversos que no siempre optan por la cercanía más absoluta y que en ciertas ocasiones se trasladan a un plano inferior, donde el personaje se muestra en su mayor esplendor íntimo.

Del mismo modo, la música, sin ser excesivamente protagonista, sí adquiere un tono importante, acompaña a las historias no siempre de manera convencional. Se emplea la diversidad de matices como elogio de la escena, y no navega a la par en función de si la escena es dramática, violenta o cómica, sino que se busca un contrapunto que, si bien en ocasiones resulta extraño, en su conjunto logra crear un clima de profundidad narrativa sin desvirtuar en ningún momento la historia.

Su filmografía no es muy amplia, pero sí lo suficientemente interesante como para detenernos en ella de manera pausada.


CINE DE PERSONAJES

Six Shooter

Desde su primer cortometraje, ya se atisban las intenciones de McDonagh a la hora de manejar los personajes. Aunque el corto transcurre en un tren, hay un ambiente teatral evidente. Pero hay por supuesto mucho más. La historia nos presenta en primer lugar la fatalidad de la muerte en uno de los personajes principales. Posteriormente, ya en el tren, cuatro personajes interactuarán al son que marca un adolescente enfrentado con el mundo y que parece querer enfrentarse con todos los pasajeros. La muerte seguirá siendo protagonista en un marco inquietante. La violencia aquí la encontraremos en las situaciones, en el lenguaje verbal, pero siempre será equilibrada con la historia, la cual nos irá dejando sorpresas hasta su tramo final, donde la violencia verbal irá dejando paso a la física e incluso a la tragicómica, en plena sintonía con toda la obra. Un trabajo magnífico que le valió el Óscar al Mejor Cortometraje de Ficción.


Escondidos en Brujas

Su primer largometraje es otra fascinante historia, trasladada a la ciudad de Brujas y con aroma de gangster. McDonagh nos presenta a dos mafiosos en la bella localidad belga. En un principio pudiera parecer van a realizar un trabajo, pero más tarde sabremos que están a la espera de órdenes, sin saber muy bien qué están haciendo ahí. La espera dará lugar a la convivencia entre Ray, Ken y algunos ciudadanos transitorios que están en la ciudad, lo que irá creando interés a la historia hasta el tramo final, donde sabremos qué es lo que realmente están haciendo en esa ciudad de cuento de hadas. Todo un ejercicio narrativo sobresaliente que se centra en diálogos y la vida interior de cada personaje, ambos muy diferentes, sin abandonar el tono de thriller y consiguiendo una conjunción muy equilibrada y un resultado muy admirable. Aquí no sólo tendremos a la muerte como protagonista, sino también el sentimiento de culpa que atormenta a Ray, el honor, la amistad y toda una serie de valores que enriquecen la historia. Largometraje que nos regala excelentes escenas, intenso y emocionante, supone todo un pistoletazo de salida y le confirma como un cineasta con estilo y con las ideas muy claras a la hora de contar su historia.


Siete psicópatas

Esta película es aparentemente menos elegante que la anterior, más subversiva quizás, y los personajes cobran protagonismo en un sentido diferente. El guion es original y provocador: McDonagh juega con la ficción y la realidad creando una historia donde los personajes se enfrentan a su propio mito y donde cada uno tiene algo que aportar y algo con qué sorprender. La acción vuelve a tener su protagonismo y de nuevo las armas toman la palabra, pero la violencia vuelve también a ser contenida. Cada escena esta cuidada y elaborada para que encaje en una historia donde ya de por sí tiene su propia complejidad. El resultado es una película muy divertida que se mueve en varios géneros, que homenajea y que se muestra correcta en casi todo. McDonagh da un paso más en su independencia y en su labor artística y se presenta como un autor con sello y con ganas de apostar fuerte


Tres anuncios en las afueras

El cambio de registro en esta última película (de la que ya dimos cuenta en su estreno) es evidente, y el paso de gigante también. Aparentemente no hay nada de sus anteriores películas, pero si rascamos con precisión sí encontraremos puntos el común, por otro lado inevitables. En esta ocasión Martin McDonagh nos propone un viaje a la América profunda, y lo hace nuevamente desde un posicionamiento claro en el desarrollo (esta vez a un alto nivel) de los personajes. Técnicamente se continúa con una artesanía de autor convencido de su historia y el guion toca varios aspectos sin gastar excesivamente ninguno. La madre ‘coraje’ se enfrenta al policía abatido y en medio tenemos al policía desequilibrado. Un trío de personajes de asombroso poder de atracción y con capacidad plena para llevar la película a cotas elevadas.

McDonagh cierra con este film lo que podría suponer un breve pero corto ciclo de cine vital. Sin llegar a hablar de trilogía (porque no lo es), sí existen los suficientes elementos en común para poder hablar de un trío de películas que emergen de la profundidad para distanciarse en cierta forma de la realidad preconcebida para finalmente adentrarse (o no) en la más profunda oscuridad.



El cine de McDonagh tiene en general amplios pero discretos destellos técnicos, guiones bien escritos y mejor elaborados y, sobre todo, es un cine de personajes. Unos personajes que se desnudan ante la cámara para mostrar su faceta más personal y también más salvaje, y que conviven no sin dificultad entre los caminos que marcan el dolor, el arrepentimiento o la más profunda desesperanza, dejando a cada uno sin apenas aliento, pero con un futuro aún por desvelar.

Gane más o menos premios con su último trabajo, lo que es evidente es que nos encontramos ya, a pesar de su corta filmografía, con un director que ha venido para quedarse, que se encuentra muy cómodo tras la cámara y que tiene aún mucho por decir, y el resto mucho por disfrutar.

Del teatro al cine, y haciendo ruido.

@sergio_roma

 

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