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Crítica - Psicosis (1960)

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'Y un día apareció y el Cine nunca volvió a ser el mismo'

08/06/2006 - Por Corleone12

(5/5)

Y un día apareció y el Cine nunca volvió a ser el mismo.

Hoy emerge, no ya como un clásico del Cine de Terror, sino del Cine en general, creada por el maestro absoluto del suspense. Alfred Hitchcock creó probablemente su mejor obra, que hoy aparece enclavada como uno de esos films mito, como lo son Lo que el viento se llevó, Casablanca, Ciudadano Kane o el Padrino. Psicosis es una de esas películas que cualquiera que ame el cine tiene que ver, una de esas obras en las que parece que todo encaja a la perfección, en la que todos los detalles desde el más importante hasta el más mundano convergen, dando como resultado esta pieza maestra.

Hitchcock creó una película de terror que se aleja completamente de la fantasía, se despoja de misticismos o de rasgos sobrenaturales. Aquí el monstruo es humano, horrorosamente humano.

Adaptando la novela de Robert Bloch, la acción comienza con Marion Crane, una discreta oficinista que, un día, roba 40000 dólares y huye. En su camino, en una negra y lluviosa noche y desfallecida por el cansancio, logra vislumbrar un motel de carretera, el Motel Bates, éste está regentado por el afable y tímido Norman Bates. Esa misma noche tiene lugar un atroz suceso, plasmado en la, posiblemente, más famosa escena de la historia del Cine.

Con este planteamiento Hitchcock cuenta esta macabra historia que ha perdurado más de cuatro décadas sin perder su halo de tensión, ni un ápice de terror en sus escenas más cumbres consiguiendo tamizar toda la obra de un espíritu atemporal que aún hoy se respira. Y lo que es aún más admirable es cómo consigue todo esto el maestro: con sutilidad. Nos olvidamos en estos días que el miedo va de susurros, de oscuridad, de ocultar más de lo que se ve. Sin apenas violencia ni sangre Hitchcock consigue crear una atmósfera y unas situaciones de auténtico terror. Lo consigue sobre todo gracias a un auténtico ejercicio de maestría en cuanto a dirección, con un manejo soberbio de la cámara, con una riqueza de movimientos increíbles, indescriptibles primeros planos, o un increíble juego de planos en ciertos momentos claves.
Todo ello contando con un perfecto tempo narrativo de una pausada dinámica, sosegada, tranquila, culminada con un final, un espectacular y perfecto clímax.

A toda esta calidad y excelencia fílmica hay que sumarle otro punto muy fuerte: la inmortal banda sonora de Bernard Herrmann, espeluznante y turbadora en su máxima acepción, con unos violines tocando unas notas agudas, como si las puñaladas las estuvieses recibiendo tú.

Interpretativamente es inenarrable la perfección sobre todo de Anthony Perkinks como el taciturno y desquiciado Norman Bates (increíble en el último plano de la película) y Janet Leigh. No menos soberbios John Gavin, Vera Miles y Martin Balsam.

Solamente añadir dos aspectos más, la esplendida fotografía en blanco y negro John Russel y los magníficos títulos de crédito de Saul Bass.

Qué otra cosa se puede hacer que no sea alabar esta obra de arte, una de las mejores película de la historia del Cine, salida de la mente de uno de los mayores genios que ha dado el 7º Arte, un Alfred Hitchcock que consiguió que durante el resto de nuestras vidas, meternos en la ducha, fuese un pequeño mal trago.

 

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