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Crítica - Sin Perdón

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'Western de verdad'

08/06/2006 - Por Corleone12

(5/5)

"He matado a mujeres y a niños, he disparado contra toda cosa que se moviera... y hoy he venido a matarle a usted"

El género americano por excelencia, el western, ha conocido épocas doradas a lo largo de su longeva historia, casi tan longeva como la del propio Cine. Directores como John Ford, John Sturges, Raoul Walsh o Sam Peckinpah han ido cimentando y engrandeciendo este género. Pero como todo en el mundo del Cine, ha tenido sus declives y bajones. Y sin duda alguna que desde la desaparición del maestro Peckinpah, el género quedó despoblado de cine de calidad y hasta hoy sigue su progresivo olvido. Pero allá por el año 1992, el gran Clint Eastwood, que ganó su fama de la mano del western y de otro genio de este género, Sergio Leone, tuvo el valor de intentar revivirlo y aunque no volvió a resurgir como antaño, si que consiguió firmar una de las mejores películas de los últimos años y una obra tan perfecta que no tiene nada que envidiar a los grandes clásicos del Oeste.

Sin Perdón se erige como uno de las películas más emblemáticas de los 90, premiada con cuatro oscars, y sin duda una de las mejores películas de Eastwood (en seria pelea con Mystic River), debido a su perfecta conjunción de clasicismo e innovación, ya que presenta tanto constantes como elementos innovadores dentro de la idiosincrasia del género.

William Munny, un sanguinario forajido, deja su vida pendenciera y delictiva y forma una familia. Años después su mujer fallece y queda solo con sus hijos. Un buen día aparece un joven que le da la noticia de que hay una cuantiosa recompensa por matar a dos hombres que presuntamente agredieron salvajemente a una prostituta. El hastiado y viejo Munny acepta el ofrecimiento del joven.

Con este planteamiento, Eastwood nos cuenta con una modélica narración, sencilla y pragmática, una historia crepuscular, una manera de desmitificar un género que en más de una ocasión se nos presenta con una aureola romántica. Aquí Eastwood nos cuenta un relato de antihéroes, de perdedores, pero ante todo una historia que ilustra el patetismo, lo horrendo de la violencia, de que no hay nada poético u honorable en ella, del pasado, de la injusticia, de la venganza, de la propia ambivalencia del hombre de cómo es capaz de cambiar de lo bueno a lo malo con una pasmosa facilidad. Sin Perdón se convierte en una obra tremendamente profunda, oscura y pesimista, una obra con un halo de epílogo, una aureola desgarradora.

Es absolutamente necesario también resaltar y alabar la primorosa dirección de Clint Eastwood, con un par de escenas impagables y unos encuadres soberbios, a parte de infundir como siempre hace en sus películas ese par de detalles tan propios de él, como esa narración pausada y cadenciosa o ese toque de cuento moral que parece impregnar gran parte de sus películas.

Cabe destacar el impresionante reparto. Empezando por el propio Clint Eastwood que aparte de dar una clase magistral de dirección, nos regala la mejor interpretación de su vida, seca y dura. Le acompañan también el soberbio Gene Hackman como Little Bill y también las magníficas intervenciones de Richard Harris y Morgan Freeman.

Finalmente, solo decir que si el western de verdad, con mayúsculas, se acabó con Sin Perdón, y esperemos que no sea así, no pudo haber acabado de una manera mejor, con esta desgarradora, crepuscular, dura, sombría, oscura, tensa y profunda obra maestra.

10/10

 

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