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Crítica - In good company (Algo más que un jefe)

Poster

'Agradable melodrama'

04/02/2006 - Por Sycamore

(3/5)

El mundo empresarial no es algo que normalmente sea muy del agrado del mundo del cine, y éso que muchos de los espectadores trabajan en oficinas todo el día y saben que es un mundo abierto a distintos tipos de pequeños dramas y metáforas sobre la vida en general. Quizá sea por el factor de evasión que supone el cine y es por ello un tema a evitar, pero sólo films menores como Trabajo basura han tratado de hurgar en los interiores de una oficina. En este ocasión Paul Weitz, director reciclado de American Pie cuyo anterior trabajo fue la entretenida Un niño grande, hace un dibujo general del interior de una empresa que en algo menos de dos horas sufre los vaivenes a los que muchos empleados se están empezando a acostumbrar en este mundo de OPAs, fusiones, multinacionales y despidos masivos.

Existen dos líneas argumentales en In good company bien definidas y que tan sólo se cruzan en un inevitable momento dramático previsible y que no aporta demasiado. Por un lado vivimos, dentro de la oficina de Dan Foreman, la tensión que se vive en una empresa una vez que es absorvida por otra más grande con ganas de transmitir su espíritu de grupo a todos los rincones existentes. Foreman se ve relegado de su puesto y, paradojas del destino, le sustutiye un mocoso al que dobla en edad, Carter Duryea, sin apenas experiencia pero con muchas ganas de comerse el mundo. Entre ambos surge el inevitable roce y la película juega entonces a que nos indentifiquemos con el afable padre de familia que tiene que pedir una segunda hipoteca por los estudios de su hija y que se encuentra en la cuerda floja gracias a la llegada del insoportable trepilla que en el fondo no sabe más que repetir la palabra clave de su corporación: sinergia. Aquí In good company podía haber caído en una sucesión de situaciones de tensión cómicas interminables, pero sorprende reconduciendo la relación de ambos personajes hasta lograr una conexión inimaginable en los primeros encuentros, siendo beneficioso para el ritmo. No lo es tanto la otra línea argumental que trata de liar la madeja y rellenar con paja una película que en realidad iba de otra cosa: la relación del jovencito Carter Duryea con la hija de Dan Foreman, que dado que es absolutamente previsible y no tiene apenas interés es mejor obviar en favor de la película.

La moraleja americana en favor de la familia y los buenos sentimientos, a pesar de que la realidad que maneja el film sea otra, está muy presente. A modo de Family man, aquel olvidable film de Nicholas Cage, el personaje de Carter Duryea se convierte en el centro de la trama al tener que decidir hacia donde quiere dirigir su vida a sus escasos 26 años: o el mundo yuppie falto de sentido que le plantean en su matriz o el mundo de sentimientos bonitos, familia y amistad que se plantea al conocer a Foreman. No conviene dejarse liar demasiado por las lineales conclusiones de In good company y es mejor disfrutar con la mala baba que está presente en muchas de las escenas rodadas en torno a las relaciones empresariales que olvidan en muchos casos el factor humano que hay detrás de todo negocio. Además de ello, las actuaciones de Dennis Quaid y Topher Grace son más que correctas sobre todo por la gran química que surge entre ambos.

Al final In good company queda como un agradable melodrama en torno al mundo empresarial con toques familiares que entretendrá muy probablemente a casi todo el mundo y que cuenta con algunas escenas y diálogos interesantes. Aún está por llegar, no obstante, la película que de verdad toque de pleno un tema espinoso y que Hollywood evita como el de las grandes corporaciones y su falta de escrúpulos a la hora de hacer dinero.

7/10

 

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