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Crítica - Munich

Poster

'Expectación correspondida'

26/01/2006 - Por Irulan

(4/5)

Munich
Director: Steven Spielberg
Intérpretes: Eric Bana (Avner Kauffman) / Daniel Craig (Steve) / Ciarán Hinds (Carl) / Mathieu Kassovitz (Robert) / Hanns Zischler (Hans) / Mathieu Amalric (Louis) / Ayelet Zurer (Daphna) / Geoffrey Rush (Ephraim) / Marie-Josée Croze (Jeanette) / Michael Lonsdale (Papa) / Lynn Cohen (Golda Meyer) / Moritz Bleibtreu (Andreas) / Yvan Attal (Tony) / Guy Amir (Mark Slavin) / Roy Avigdori (Gad Tsabari) / Valeria Bruni Tedeschi (Sylvie) / Mostefa Djadjam (Hussein Abad Al-Chir)
Duración: 164 minutos
Sinopsis: Basado en los acontecimientos de las Olimpiadas de Munich '72, en donde un grupo de terroristas palestinos asesinaron a 11 deportistas israelíes. El film se centra en el grupo especial del Mossad encargado de localizar y asesinar a un grupo de [...]
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Estreno en España: 27 de Enero de 2006
Nota IMDB: 7.9/10 (7,253 votos))


CRÍTICA



Los primeros meses del año son toda una primavera (a pesar del frío) para la cartelera de nuestro país. Y es que llegan las películas de los premios. Esas que se estrenaron a finales del pasado año en los EE. UU., las que parece que acapararán todas las nominaciones de los Oscars y de las que sólo hemos oído hablar maravillas. Esas que hacen que sea necesario sacar tiempo de debajo de las piedras para poder ir a verlas todas (cada viernes llegan dos o tres nuevas) y que nos devuelven la fe en el buen hacer del cine.

Así, tras unos cuantos títulos magníficos, y antes de que lleguen otros tantos, aparece el señor Steven Spielberg, el Rey Midas de Hollywood, quizá el más grande de los cineastas de nuestro tiempo (el más famoso desde luego), y lo hace además con un drama, un film político de esos que sabemos se le dan tan bien y en los que tan poco se prodiga (en los últimos años habíamos disfrutado de su trilogía de la ciencia-ficción y los efectos especiales, además de un par de películas que se podrían llamar menores en la megalómana mente del director).

Con estos antecedentes, toda expectación ante Munich está más que justificada, y afortunadamente se ve correspondida en la sala de cine. Es Munich un film de factura impoluta, grandioso, épico, que mezcla géneros y recorre medio mundo, que provoca muecas de desagrado con la misma facilidad con que nos hace llorar o sonreír. Una película cuya vocación es la de convertirse en una de las piedras de toque dentro de la filmografía del director.

Resulta imposible no hablar de lo que nos narra este film, pues como bien se anuncia al comienzo del mismo, está basado en hechos reales, hechos además de esos que levantan polémicas. Durante la segunda semana de los Juegos Olímpicos que se celebraron en Munich en 1972, un grupo extremista palestino (bajo el nombre de Septiembre Negro) entró en la Villa Olímpica y mató a dos miembros del equipo israelí a la par que se hacía con nueve rehenes. Todos ellos acabaron muertos, tanto rehenes como terroristas, en una desafortunada operación policial/militar que tuvo lugar en el aeropuerto de la ciudad al intentar escapar los segundos. Aquella matanza supuso un punto y aparte en la relación de ambos países, donde heridas milenarias se abrían de nuevo, y además una verdadera conmoción para el mundo, que gracias a la nueva era de la cobertura mediática fue testigo de los hechos.



Y es justo ahí donde arranca la acción de Munich, en las cabinas de los medios de comunicación, en esas salas llenas de televisores que nos cuentan de manera indirecta lo sucedido, siendo esta una idea brillante que quizá se ve desmerecida por el hecho de que más adelante en el film aparezcan tres flashbacks que esta vez sí detallan de forma directa (y casi hiperrealista, con una violencia extrema que nos hace querer apartar los ojos de la pantalla) lo ocurrido. Flashbacks que según el mismo Spielberg están ahí para recordar al espectador el leit motive de la película y que sin embargo quizá no sean demasiado necesarios (cosa que no impide que dejen al espectador totalmente boquiabierto).

Munich es una película de venganza. La venganza de un pueblo ante un ataque terrorista, y así se nos cuenta cómo el gobierno de Israel decide no quedarse callado y buscar a los responsables del atentado para acabar con ellos. Para esta misión secreta se contrata a Avner, hijo de un héroe de guerra; un hombre joven y no demasiado experimentado que acepta el trabajo aun sabiendo que tendrá que dejar de lado su vida y sobre todo a su mujer (embarazada). Su rostro aquí es el de Eric Bana, un australiano que poco a poco se ha cimentado una carrera más que interesante y que seguro dará mucho que hablar. Siempre al servicio del personaje, su interpretación es brillante, tanto en las secuencias más dramáticas como en aquellas donde prima la acción, y vemos a través de sus ojos cómo evoluciona el personaje, cómo poco a poco la misión le consume y le envuelve en la paranoia, cómo según avanza el tiempo es incapaz de no cuestionarse más y más las cosas hasta darse cuenta de que quizá, todo lo que hace, no sirva para nada. Sin embargo él no está solo, pues le acompaña, bajo su mando, un equipo de lo más variopinto: Steve (Daniel Craig), un surafricano temerario que ejerce de conductor, Hans (Hanns Zischler), un judío alemán experto en falsificar documentos, Robert (Mathieu Kassovitz), un fabricante belga de juguetes reconvertido a fabricante de bombas, y Carl (Ciaran Hinds), un silencioso y metódico agente que se encarga de “limpiar” cuando los demás se van. Todos estos nombres unidos al de Geoffrey Rush (como Ephraim, contacto entre la banda y el Mossad) conforman un reparto sólido como pocos y que funciona a la perfección. Vemos verdadera complicidad entre los ellos, no sólo cuando actúan de forma “militar”, sino también cuando se sientan a la mesa para disfrutar de la afición a la cocina de Avner.

La película así se podría calificar como una larga persecución, dado que la misma nos habla de cómo este comando recorre Europa buscando a esos palestinos que según su gobierno son responsables de los muertos en Munich, y cómo los mata uno a uno. Sin embargo la violencia conlleva violencia, y según pasa el tiempo las muertes son más severas, la sangre está más presente y son más los implicados. Spielberg logra con esta evolución de los hechos que el espectador se dé cuenta de esto, de cómo la violencia no es la solución, y lo hace con una serie de secuencias extremadamente duras, muchas de ellas con un sentido de la tensión y del ritmo apabullantes. Pero es que además, dado el periplo europeo de los protagonistas, el director aprovecha para enseñarnos cómo era el viejo continente en los años ’70 del pasado siglo XX. Cada viaje, cada nueva ciudad (desde Italia hasta París, pasando por Londres, por España, por Grecia,...) es un mundo, con su propia fotografía (excelente trabajo de Jamusz Kaminski), con sus ropas, con sus gentes. Todos ellos están retratados con maestría, pues si algo sabe hacer este Rey Midas es gastar bien su dinero. Esta película merece la pena sólo por lo brillante que resulta formalmente, por su total perfección en todos los aspectos, por lo arrolladora que resulta en todo momento (no olvidemos además el inevitable score de John Williams, que de nuevo presenta una partitura sencilla que acompaña a las imágenes en un segundo plano).

Y llegados a este punto, es imposible no hablar de esas constantes en la obra de Spielberg y que sin ninguna duda están aquí presentes. Empezando por el tema de la familia, que aquí es fundamental y que se trata de una forma acertadísima (¿es tu país tu familia? ¿a quién te debes?) para seguir con la habitual sensiblería (habiendo poco lugar para ella en una película valiente, que muestra sin miedo lo que tiene que mostrar) o ese exceso de metraje que tanto sufrimos los espectadores últimamente. Munich dura la friolera de 164 minutos, mas no se hace larga, no se hace pesada (quizá algo reiterativa en algún punto). Sin embargo, se podría decir que la última media hora de la misma sobra. Aunque no por cuestiones de tiempo. Son más bien cuestiones que aluden al guión, a las imágenes, a lo que sucede. Son cuestiones que emborronan con cierto bochorno todo lo visto anteriormente y que a más de uno dejarán con una sensación agridulce.

Para el final me dejo la polémica. La película está basada en una novela de George Jonas llamada Venganza: el relato verídico de una misión antiterrorista israelí, un libro que no posee la verdad absoluta en cuanto a lo que ocurrió pero que como tantos otros plantea sus hipótesis. Mucho se ha dicho sobre la posición política de Spielberg en el film, y lo más correcto sería afirmar que no se moja demasiado, aunque algo sí que se moja. Se han leído adjetivos como antisemita para calificar a este Munich sólo por el hecho de que se encuentre cierta ambigüedad a la hora de tratar a los palestinos (no se les tacha de asesinos porque sí, o por lo menos no más que a otros), pero está claro que Spielberg sí se pone de lado de los judíos, sí les convierte en más humanos (todavía), sí hace que sean los “buenos”. Pero eso no quita para que haya que aplaudir su labor en una película difícil que finalmente se convierte en un canto a la paz.

 

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7.65

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