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Crítica - Grupo Salvaje

Poster

'Sam Peckinpah dio vida al género'

05/11/2005 - Por Sycamore

(5/5)

La historia del western ha tenido altibajos y todas las aproximaciones posibles en un género de temática tan limitada e historia tan larga. De todos los acercamientos estilísticos posibles, Sam Peckinpah rodó un western inclasificable por sus novedades violentas que se convirtió en su obra maestra jamás superada a pesar de rodar joyas y marcar la pauta del incipiente cine violento que dominó la taquilla en los años 70. Peckinpah logró con su Grupo Salvaje rodar un western mitad clásico mitad crepuscular rodeado de violencia, honor, amistad y que en algunos aspectos heredaba las buenas maneras del spaghetti por su crudeza y escenarios sucios y deprimentes situados en las zonas menos monumentales del Oeste americano. El resultado es una obra maestra de más de dos horas cargada de escenas memorables y personajes inigualables.

Grupo Salvaje tiene distintas capas que van envolviéndose hasta dar forma a todas las tramas que contiene. En el interior tenemos la historia de amistad/rivalidad entre Pike Bishop (brillante William Holden) y Deke Thornton. Mediante hábiles y rápidos flashback nos cuentan cómo antes eran delincuentes y compañeros y, por una jugada del destino y de las autoridades de la zona, se convierten en rivales en un juego de gato y ratón. Deke debe cazar a Pike, a su pesar, para conseguir salvarse de la pena de muerte. El respeto al rival es evidente y el juego de la trama consigue que no exista un malo definido, pues Pike y Deke son en realidad la misma persona con distintos destinos. Pike, mientras, y con Deke pisándoles los talones, sigue con sus tropelías al mando de su grupo salvaje, encargado de atracar pueblos en la zona fronteriza entre EEUU y México. Tras un fracaso pasan al otro lado de la frontera y conocen a un general disidente llamado Mapache, para el cual planificarán un golpe en el cual tratarán de conseguirle armas y munición para su particular revolución. En todo el proceso conoceremos al grupo de Pike, sus motivaciones, amistades, ética y habilidades violentas.

Todo ésto le sirve a Peckinpah para dibujar un western en el que aún estando presentes los valores tradicionales, las diferencias de estilo son fundamentales. Aquí no hay duelos al sol ni indios al acecho: Peckinpah revienta la pantalla a base de escenas de acción que ya quisieran algunos directores actuales saber planificar con tanto esmero y maestría. Pocos han logrado saber subir la temperatura en los momentos precisos y con el tempo perfecto, rodar la calma que precede a la tormenta con el fin de mantener al espectador pendiente de lo que inevitablemente va a suceder. El montaje es perfecto y nos lleva de un punto a otro de manera clara, lejos de los videoclips de hoy en día. Particularmente brillante es una escena que no estaba en el guión y surgió sobre la marcha, y que gracias al montaje parece planificada al milímetro, como es la escena del robo del tren. Sin apenas diálogo, con un par de miradas y colocando la cámara justo en el lugar preciso, Peckinpah revoluciona la película, que a esas alturas estaba pidiendo acción. El acto final es también una muestra más de la habilidad de Peckinpah para rodar con una mezcla de tensión, violencia, romanticismo y furia.

Con una historia interesante y sombría, de héroes que no lo son y antagonistas que no lo parecen, una dirección perfecta y tres o cuatro escenas que se encuentran entre las más memorables de la historia del western, Sam Peckinpah dio vida al género y dio paso a una de las épocas más brillantemente violentas del cine mundial.

9/10

 

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8.07

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