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Crítica - Mar Adentro (2004)

Poster

'Cine en estado puro'

29/10/2004 - Por Sycamore

(5/5)

Los otros discurría en una casa inglesa perdida en su mayor parte y la acción de Mar adentro se ciñe a una casa en Galicia. Hasta ahí podemos nombrar los parecidos objetivos entre las dos últimas películas de Amenábar, y esto es lo que hace grande no ya a la película sino a su director, un genio en ciernes que lo mismo le da escribir, que dirigir o componer música aún no sabiendo leer ni una partitura. Eso sí lo tienen en común las dos películas, la genialidad y profesionalidad que se respira en todo trabajo hecho por Amenábar. Mar adentro es la última, pero el ansia hace esperar con ganas la siguiente entrega de su corta pero rica filmografía.

Hablar de Mar Adentro es hablar de Ramón Sampedro en primer lugar, y de la actuación que nos regala Javier Bardem, un Bardem demacrado y transformado para caracterizar e interpretar perfectamente al protagonista de una de las historias con más polémica del país en torno a un tema estrella de debate televisivo: la eutanasia. Amenábar, y esto hay que dejarlo bien claro, se desmarca de una visión polémica, tendenciosa o generadora de debate en torno a la eutanasia y se centra en Sampedro, en la historia que subyace bajo los titulares sensacionalistas entre Economía y Deportes. Esto no es cine social, esto es cine de sentimientos puro y duro, desgarrador y que consigue llegar muy adentro para arrancarte lágrimas, sonrisas y sensibilidad. Además no hay trucos, no hay un desarrollo de menos a más para que nos desahoguemos con las últimas escenas, cual película pastelosa americana. Aquí la sensibilidad arranca en cada escena, en cada mirada, en cada frase.

Técnicamente la película es perfecta, aunque todo esto sea secundario. La música es sublime y la manera de irla mezclando con las imagenes perfecta: el viaje volando de Sampedro te pega a la butaca e impresiona, merece la pena una entrada de cine sólo por ella. La fotografía y la dirección adecuadas y muy profesionales, como de otro país. En cuanto a las actuaciones, es tema aparte. En sus tres primeras películas Amenábar no se había destacado por una dirección de actores especialmente audaz, su principal reconocimiento se refería a su faceta como escritor y escenógrafo. En esta ocasión las actuaciones de Bardem o Lola Dueñas, por ejemplo, son para quitarse el sombrero y le siguen todos y cada uno de los actores. Incluso Belén Rueda, una elección de casting cuanto menos sorprendente, cumple correctamente, aún quedando por debajo de sus compañeros.

En fin cine en estado puro, cine para sufrir, reir, disfrutar, emocionarse, llorar, identificarse con los personajes, entender, comprender, compartir y esperar, esperar a la próxima de Amenábar. ¿Con qué nos sorprenderá la próxima ocasión? Acabo con una de las sonrisas que nos provoca Sampedro/Bardem:

- No sabía que fumabas.
- Bueno, por si me mata.

9,5/10

 

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