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Crítica - Diego Maradona

Poster

'O cuando Dios y el Diablo se pusieron unas botas de fútbol'

12/07/2019 - Por Álvaro de Paz

(5/5)

Diego Maradona
Director: Asif Kapadia
Intérpretes: Diego Armando Maradona (Él mismo)
Duración: 130 minutos
Sinopsis: Repasa la vida del astro argentino con especial foco en su etapa en Nápoles, introduciendo al espectador en el juego de una manera inédita. [...]
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Estreno 12 de Julio de 2019

CRÍTICA



La historia de Maradona es la historia del mundo. Es la leyenda tantas veces contado en el cine y la literatura sobre el niño pobre e iluso que tiene un don y una vez que el mundo lo descubre lo quiere para él, y lo absorbe como la aspiradora que traga todo lo que encuentra a su paso.


(Más imágenes en su galería)



“Con Diego me iría al fin del mundo, pero con Maradona ni a la vuelta de la esquina” dice en este documental su entrenador personal y amigo. A lo que Maradona le respondío: Diego sin Maradona aún estaría muriéndose de hambre en mi barrio.
¿Diego necesitaba a Maradona? Maradona tocó el cielo en el verano del 86. Allí consiguió la mayor hazaña de la historia de su país. Y también la más bella batalla ganada en un campo de hierba, pero al contrario de las otras que las hemos leído en libros, esta fue vista en directo por millones de telespectadores a la vez de todos los rincones del planeta. Escocia ganó a los Ingleses en la batalla Stirling con William Wallace alentando a un puñado de campesinos y nobles corruptos a echar de sus tierras a los despiadados Ingleses. Maradona les animó a gritos en el vestuario, en el túnel y durante la batalla del estadio Azteca, ese 22 de junio. Fecha guardada para siempre en el corazón de todo un país que cerró el puño y escondió luego la mano en la jugada que define la personalidad del Dios del fútbol mundial. La trampa y la sonrisa y luego el éxtasis, el gol de todos los goles, en la jugada de todos los tiempos como la definió en ese mismo instante el gran Victor Hugo Morales.

Nunca un jugador de fútbol ha sido tan superior a todos los demás en la historia. Durante ese verano de 1986 vimos a Dios en su máxima expresión. El padre del astro estaba en la concentración cocinando asado a los demás miembros de la plantilla y haciendo de su hijo un hombre tranquilo que solo se debía preocupar por el fútbol y no por la reciente paternidad que una mujer de Nápoles le reclamaba.

Quizás fuera esta la clave de su rendimiento, quizás si Diego hubiera tenido o se hubiera dejado aconsejar más por sus padres no hubiera pasado lo que luego pasó.
Este documental cuenta muy por encima su tiempo en Barcelona, donde debido a una grave lesión empezó a coquetear con el mundo de la noche y todo lo que ella acarrea. Sus años en Nápoles ocupan el grueso de un material que es oro. Su presentación ya con un presidente que grita: ¡Fuori! a uno de los periodistas por decir lo que todo el mundo sabía en esa sala menos el propio protagonista. Que la mafia o camorra iba a tener un importante protagonismo en su vida.
Diego llegó al único equipo que le quiso en esos momentos. Fue el Napoles un club del sur de Italia. Una institución que era insultada y ninguneada por sus vecinos del norte que les trataban como a trogloditas y seres inferiores que no se lavaban.

Maradona se convirtió desde el primer día de nuevo en su Simón Bolívar, en su Gandhi, su Agustina de Aragón y todos los demás líderes conquistadores a la vez. De nuevo el fútbol fue un factor secundario en la vida del Argentino. El ídolo de Maradona es el Che, cuando ganó el premio de la FIFA por su carrera se lo dedicó al Argentino más famoso de la historia, Ernesto Guevara.
Ahí demuestra Maradona ser quien es. Maradona ambicionó ser su ídolo y lo consiguió y al igual que a él, lo mataron por sus propios errores, por envidia y porque era un problema para los poderosos y el sistema.

Maradona Guevara convirtió el sur por primera vez en protagonista. Y eso no gusta, el sur siempre está a merced del norte en el mundo. Maradona nunca pudo reinar en Barcelona, porque no era su lugar. Porque nunca le entendieron, ni él a ellos. La ciudad condal era demasiado sofisticada para el niño del polvo, del barro, del barrio. Diego es de la calle y la calle es de Diego.

Maradona se enfrentó a los mejores - en el mejor momento de la liga Italiana - y les ganó. Es como jugar tú solo en el parque de tu barrio con tu grupo de amigos contra los mejores y más grandes y mayores de los demás parques. Midiendo menos de uno setenta y siendo cosido a patadas sin el arbitraje actual cada día. Nápoles le puso a la altura del santo de la ciudad. De nuevo Diego traspasa el terreno futbolístico, incluso el histórico, convirtiéndose en celestial.
Diego fue el ungido, el aclamado, fue Neo, el Salvador, yavhé…el pueblo lo adoraba y el subido a una pelota les mostró las bienaventuranzas y ellos con los ojos lacrimosos gritaron: Grande, grande es el señor.

Quiso la fortuna que en su ocaso en Italia el mundial se jugará allí y que las semifinales le cruzaran con el país anfitrión en su querido estadio del Nápoles. Dividió a un país entero. Había azurros que no sabían quien quería que pasara. Y cuando ganó nunca se lo perdonaron y todo cayó sobre él. Como cuando a Jesucristo le culparon de ser el causante de todo y pagó el por todos nuestros pecados.
Maradona pagó y cayó por el agujero de la alcantarilla y ya nunca más salió de allí. Pero incluso desde la mundanidad, desde la mugre y en un ocaso eterno. Maradona es inmortal como los grandes personajes de la historia de la humanidad.

“Si no me hubiera drogado… la hubiera roto.” Dijo en una entrevista reciente. Si hubieras sido perfecto, entonces no serías quien eres. De nuevo Maradona se tragó a Diego, pero Maradona sin Diego no hubiera sido lo que es. Dios y el Diablo se necesitan, al igual que Neo y El agente Smith o la noche y el día.

Gracias Dios por este Argentina 2 Inglaterra 0.

 

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