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Crítica - Origen

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'Abróchense los cinturones, que vamos a soñar'

27/09/2010 - Por TXILI

(5/5)

Origen
Director: Christopher Nolan
Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Cobb) / Joseph Gordon-Levitt (Arthur) / Ellen Page (Ariadne) / Ken Watanabe (Saito) / Tom Hardy (Eames) / Marion Cotillard (Mal) / Cillian Murphy (Robert Fischer) / Dileep Rao (Yusuf) / Tom Berenger (Peter Browning) / Michael Caine (Miles) / Lukas Haas (Nash) / Pete Postlethwaite (Maurice Fischer)
Duración: 148 minutos
Sinopsis: Cobb es un ladrón especializado en el peligroso arte de la extracción: el robo de secretos valiosos de las profundidades del subconsciente durante el estado de sueño, cuando la mente está más vulnerable. Esta habilidad excepcional de Cobb le ha hecho [...]
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Nuestra consciencia nos hace sentir demasiado especiales. De ahí que el ser humano creyera ser el centro del Universo. Copérnico y Galileo se encargaron de desplazarnos un poco: nuestro planeta es uno más, dando vueltas alrededor del Sol. Nos costó décadas aceptarlo, pero nos conformamos creyendo ser al menos los elegidos sobre la Tierra. Entonces llegó Darwin y nos trastornó de nuevo: simplemente somos una especie más, producto de millones de años de evolución y de selección natural, primos hermanos de los chimpancés. Nos resistimos de nuevo a creerlo, pero acabamos reconociéndolo y consolándonos con ser al menos dueños de nosotros mismos. Pero lo peor aun estaba por llegar: Freud formula que el verdadero motor del pensamiento y del comportamiento humano no es la consciencia, sino el subconsciente. Así pues, resulta que vivimos empujados por algo interno que desconoce las demandas de la realidad, donde existen las contradicciones y lo ilógico, igual que en los sueños.

Sin embargo, como si aun fuese posible darle otra vuelta de tuerca, para adoración de políticos y publicistas, ahora viene Christopher Nolan y en “Origen” sugiere que nuestro subconsciente es vulnerable y puede ser asaltado en sueños sin que lo percibamos, por extraños cirujanos de ideas, quienes con la habilidad de un as de los videojuegos, se dedican tanto a extraerlas como a implantarlas. Ese es el trabajo de Dom Cobb (excelente Leonardo DiCaprio), un fugitivo de la justicia americana perturbado por sus sentimientos de culpabilidad en relación con el suicidio de su esposa.

No es nada sencillo escenificar el subconsciente sin que los espectadores se confundan. Existen recursos primarios como la cortinilla difusa o la música asonante para anunciar las transiciones entre un mundo y otro. También pueden utilizarse decorados surrealistas o distintos colores para localizar el mundo irreal. Pero resulta casi imposible si los personajes se mueven simultáneamente en cuatro niveles distintos de realidad como es el caso de “Origen”. Christopher Nolan se arriesga sin red, apoyándose únicamente en un guión excelente, saltando de un escenario imaginario a otro sin ningún tipo especial de ancla. También los personajes confiesan desorientarse entre tanto cambio, pero para evitarlo tienen un tótem personal que les sirve (a ellos y a los espectadores) para diferenciar sus propios sueños de los de los demás. No obstante existen numerosos elementos que ponen en cuestión esa verdad, sembrando la duda sobre la película completa y por extensión sobre nuestra propia existencia.

Llegados aquí es imposible no acordarse de “Matrix” (1999). Son muchos los puntos de contacto. Ambas historias recrean realidad e impostura con los protagonistas transitando de un mundo a otro. Sin embargo la perspectiva es la opuesta y eso las convierte en cierto modo en complementarias. En la película de los hermanos Wachowsky, Neo y sus amigos entraban y salían de Matrix, un mundo virtual creado por las máquinas para engañar a los humanos y robarles así su energía. Por el contrario Dom Cobb y sus colegas son los que elaboran el mundo soñado para confundir a sus víctimas y manipularlas. De ahí que la moral de los protagonistas de “Origen” sea más ambigua, lo que los acerca a los antihéroes de Philip K. Dick. La complejidad psicológica de Dom Cobb, ‘perseguido’ igual que John Anderton en “Minority Report” por el fantasma de un ser querido, queda lejos de la mística de los tripulantes de la “Nebuchadnezzar”.

Christopher Nolan renuncia a los poderes sobrenaturales que posibilitan los sueños y salvo en contadas escenas, como las de movimiento urbanístico (presumible guiño a “Dark City (1998)”) o la levitación en el hotel (otra vez “Matrix”), se aboca completamente a la acción clásica y trepidante, al más puro estilo James Bond. Tal como reconoce haberse propuesto, en la parte final del film recrea perfectamente el escenario de “007 Al Servicio de su Majestad”, su episodio favorito de la saga.

En los sueños aparecen nuestros miedos, pero también nuestros deseos más ocultos. Soñar es paradójicamente un mecanismo de entrenamiento y preparación ficticio para la realidad. De vez en cuando nos despertamos angustiados por una pesadilla y al cabo de unos pocos segundos recobramos la serenidad gracias a la consciencia. Otras veces despertamos radiantes y es esa misma consciencia la que nos aterriza a la cruda realidad. En estas ocasiones todos hemos deseado poder volver al sueño, pero nunca lo recuperamos. Tampoco somos capaces de explicarlo igual que lo hemos vivido. En “Origen” no sólo podríamos reproducirlo sino también podríamos crear y compartir un mundo perfecto para vivirlo a la vez con nuestros seres más queridos. ¿Alcanzaríamos así la felicidad? Dom Cobb no la encontró. ¿Por qué? Quizás el Sr. Smith tuviera razón en “Matrix” cuando teorizó: “Creo que, como especie, los seres humanos definen su realidad a través del sufrimiento y la miseria. El mundo perfecto es un sueño del que su cerebro primitivo tratará siempre de despertar.”

 

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