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Diario de Sitges 2016. Día 4: Cafés, cervezas y lágrimas

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Café y cerveza. Esos son el yin y el yan de los que asistimos a Sitges. Hay que sacar entradas a las 7 de la mañana: café y bollos. Se acaban las entradas para la película que querías: cerveza y charleta. Tienes 4 pelis seguidas con solo una pausa para ponerse de nuevo en la cola: café y meada rápida. Tienes tres horas muertas hasta la siguiente sesión: cerveza y tapa. Te toca un film de dos horas y medias, ritmo lento, pocos diálogos y menos eventos: café doble. Tienes la noche en blanco: cerveza en un bar, y cuando cierra, cerveza en otro. A veces a uno se le olvida que también hay que escribir, porque apetece más comentar ante una cerveza lo que se ha visto entre café y café.


Hay películas que tienen espíritu de disfrutarlas con una cerveza, porque no aspiran a tener un valor artístico o autoral, sino a ser un viaje entretenido de modesto alcance pero atractivo resultado. Eso es el thriller RUPTURE (), una cinta de suspense de serie B que se desarrolla casi íntegramente en un solo escenario, y cuyo carácter de misterio juguetón y giro de guion scifi la haría ideal como episodio doble de una serie del estilo de Más allá del límite.

Noomi Rapace (eficaz como siempre, aunque podrían darle de una vez un vehículo actoral a su altura) interpreta a una mujer normal que es secuestrada por una extraña organización y encerrada en un laboratorio, donde se verá sometida a distintas pruebas destinadas a que entre en 'eclosión' (traducción aproximada del título del film). De esta forma, la intriga del film se sustenta en un motor doble: por un lado, la supervivencia del personaje y sus intentos de huida; y por otro, la naturaleza del secuestro y los oscuros motivos de esta gente. Con una puesta en escena artesanal y muy eficiente, la trama se va desenvolviendo con mucha soltura y momentos climáticos resueltos con oficio. Y si uno perdona cierta naturaleza camp de su premisa oculta (cosa que a mí no me cuesta mucho dada mi afición por la serie B de los 50, a donde se acerca el espíritu del film), la conclusión del misterio es bastante satisfactoria y con cierto contenido sarcástico sobre la sociedad actual.

Eso sí, también hay que pasar por alto varios momentos forzados en los que el guion debe estirar la suspensión de incredulidad para permitirle ofrecer cierta información, o dotar de dinamismo y tensión dramática a su parte de survival thriller. Nada fuera de lo normal en el subgénero, pero con mirada purista puede desmerecer el conjunto.



Otra película cervecera, pero más descompensada en cuanto al nivel de su premisa y desarrollo, y lo (in)satisfactorio de su resolución, es SAM WAS HERE (), una película que durante buena parte de su metraje parecía que iba a ser una de las tapadas del festival y, por ende, una candidata seria a obtener algún premio. El planteamiento es minimalista y parece sacado de un episodio de The Twilight Zone: un vendedor a domicilio recorre el desierto pero no consigue que nadie le abra la puerta. Mientras, en la radio hablan de un asesino suelto... y de repente comienzan a aparecer personas enmascaradas que quieren matarle.

El film circula por terrenos del cine de suspense del estilo de Hitchcock (el falso culpable perseguido) y Rod Serling (la luz roja que aparece en el cielo), pero añadiendo unas gotas de cine negro y otras de terror atmosférico, logrando un ambiente onírico que se va transformando en pesadilla (y que está más cerca del toque perverso de Polanski que de la ida de olla de Lynch).. Lo que comienza como un enigma se convierte en un rompecabezas, pero todavía da un giro más y se torna un slasher con ambientación de western y duelos de una fisicidad brutal. Así, durante 80 minutos mantiene una tensión narrativa ejemplar, anunciando un giro final que complete el film y te vuele la cabeza encajando las distintas piezas, de forma que tengan un sentido más allá del mero chute de adrenalina ocasional en medio de una ambiente paranoide.

Pero no. El giro final hace que se desinfle por completo la película. Podría haber optado por una explicación realista de thriller de psicópata o por lanzarse de lleno a la ciencia ficción, pasando por dejar abierta la trama para subrayar su carácter kafkiano. En lugar de eso, intenta jugar un poco a todo y al final le queda una cosa informe y deslavazada, que deja sin respuesta muchos de los enigmas planteados, mientras que otros se abordan desde puntos de vista tanto abstractos como pedestres: por un lado plantea una metáfora de la psique, pero por el otro se empeña en situar sus eventos en el mundo real. La mezcla es grotesca e incoherente.



Si las dos anteriores eran pelis de cervezas, THE TRANSFIGURATION () es claramente un film cafetero. Sobre todo por el enorme aburrimiento que provoca, y que hace necesaria una dosis de estimulante artificial para no acabar rendido en las garras de Morfeo. Se trata de una película cuyo lugar más apropiado quizá estaría en Sundance o, dentro del territorio nacional, en Gijón o Valladolid. Y es que su mirada es marcadamente realista, con vocación de cine social y el objetivo esencial de alejarse lo más posible del cine de género, pese a ser una historia de vampiros.

El film sigue a un joven negro convencido de que es un chupasangre, y que sigue unas reglas propias muy estrictas para sobrevivir matando al menor número de personas posible. Unas reglas que tendrá que revisar cuando trabe amistad con una vecina que vive con un abuelo que la maltrata. Las comparaciones con Déjame Entrar son tan obvias y la deuda cinematográfica tan alta (romance juvenil, bullying, familia ausente) que hasta el propio guión se encarga de reconocerlo abiertamente en varias ocasiones. Sin embargo, donde la cinta de Tomas Alfredson optaba por un enfoque de cuento perverso, la visión de Michael O'Shea es la de alejarse de cualquier salto al fantástico, dejando tan claro desde el inicio que nos encontramos ante una metáfora social de la psicopatía y/o de la adicción que su posterior desarrollo (carente de sorpresas) se hace plano y sin interés. Que el ritmo sea bastante moroso, los actores sean voluntariamente inexpresivos y los incidentes sobre los que se sustenta la trama sean escasos no mejora esa percepción ni ayuda a enriquecer el mensaje.

Por cierto, que Déjame Entrar no es la única cinta en la que se inspira y a la que hace referencia directa, como si de un catálogo de confesiones de plagio se tratase (y se deja en el tintero The Addiction, de la que también toma prestadas cosas). Hasta hace como 10 gracietas sobre lo mala que es Crepúsculo para dejar clara lo comprometida que está con su postura. Lástima que no se haya empapado más de los aspectos expresivos de esos referentes y que haya despojado al vampirismo de tantos elementos que, aunque su intrusión en el mundo real sea coherente, también es irrelevante a la hora de aportar algo temáticamente.



Otra película de café, pero mucho más satisfactoria, es la china MR. SIX (), un film que reconozco que no tenía el menor interés en ver, pero tuve que escogerlo porque La Autopsia de Jane Doe se agotó en cuestión de segundos (y, por lo que cuentan, tiene madera para ser la ganadora). Sin embargo, sorpresas te da la vida, se trata de un drama crepuscular muy estimable (y muy largo) sobre un viejo criminal de barrio que intenta salvar a su hijo enfrentándose a una banda de hijos de papá ricos que lo tienen enfilado.

A pesar de que 135 minutos son a todas luces excesivos para su historia (algunos pasajes se podrían haber evitado, otros condensado, otros acelerado), la película se sigue con un interés cada vez mayor por dos motivos principales: la puesta en escena de Hu Guan, cuyo lenguaje narrativo no solo nace del cine de samuráis, sino que se emparenta claramente con el western (en especial el de Leone), y que por tanto consigue que cada escena se convierta en un duelo donde la mirada, la firmeza, los valores y el honor juegan un papel más fundamental que las armas; y por otro lado, por la interpretación de Xiaogang Feng, que dota al protagonista de un aplomo intimidatorio no reñido con la fragilidad emocional y física que despliega en determinados momentos.

Así, el film se construye en torno a la lucha dialéctica entre los viejos códigos de conducta, con un fuerte sentido de la justicia y la moralidad incluso estando más allá de la ley, y los nuevos planteamientos sociales basados en el individualismo y la egolatría, carentes de ética, empatía y medida, y donde solo cuenta el propio beneficio y la amistad es otra moneda de cambio más que vale menos que cualquier billete. De esta forma, nuestro antihéroe tocado por la fatalidad se convierte en un paradigma de la nobleza cuya cruzada es la nuestra, y cuyos ideales son aquellos por los que merece la pena luchar.



Y entramos ahora en el terreno de los documentales, porque también los hay en Sitges, y muchas veces deparan sorpresas muy agradables, como es el caso por partida doble. DE PALMA () no requiere mucha presentación: es el film que han rodado Noah Baumbach y Jake Paltrow en torno a la obra de uno de los principales autores de la generación que cambió Hollywood, Brian De Palma, y que hace un repaso exhaustivo a todos los films que componen su carrera a través de una extensa entrevista con el realizador.

Es imposible no pensar al verla en el mítico libro que escribió François Truffaut y en el que recogía sus entrevistas con Alfred Hitchcock, una obra que fue fundamental para el proceso de reevaluación de sus películas, desvelando las claves de su estilo y su forma de entender el cine, sus soluciones expresivas, y sus intereses y obsesiones. De igual forma que aquel título, este documental se estructura cronológicamente y va tocando uno a uno todos los proyectos de De Palma, quien comenta con la misma soltura las anécdotas de rodaje y los detalles técnicos, los recursos narrativos empleados y la eterna búsqueda de la forma cinematográfica perfecta. El director no escatima en autocrítica y en dardos envenenados, pero también defiende con pasión aquellas obras y escenas de las que se siente más orgulloso, así como los artistas que más admira.

Se trata de una obra muy completa, amena y apasionante para cualquier amante del cine, y también enriquecedora a la hora de contribuir al análisis en profundidad de la obra del director, a quien queda claro que todavía no se le ha hecho justicia en el séptimo arte.



Y para terminar está una de las sorpresas más agradables del festival, si por agradable podemos entender la absoluta devastación emocional que provoca TOWER (). El film es una angustiosa crónica del primer tiroteo masivo en un centro educativo de Estados Unidos, allá en 1966: un francotirador apostado en la torre central de la Universidad de Texas, en Austin, mantuvo en jaque al campus durante 96 eternos minutos en los que mató a 16 personas e hirió a docenas.

La película reconstruye los hechos a través de los testimonios de los supervivientes, quienes desde sus distintos puntos de vista narran lo que vieron, lo que vivieron y lo que sintieron. Sus palabras ya serían suficientes para emocionar, pero Keith Maitland las escoge y combina con cuidado y sensibilidad, les dota de un sentido coherente y grupal que permite entender la experiencia traumática común que el incidente supuso. Vemos cómo las distintas líneas argumentales van confluyendo, cómo algunos de los testigos forman parte de la historia de otros (porque actuaron o porque vieron lo que estaba ocurriendo), mientras el tirador se mantiene como una figura anónima que somos incapaces de ver ni de entender. Así, el estado de confusión, dolor, paranoia y miedo se transmite de forma realmente profunda.

Pero además del contenido emocional que tenga per sé su historia, y que ya es suficiente para ponerte un nudo en el estómago desde el minuto 10, a nivel formal es un escándalo. Mezclando imágenes reales grabadas por uno de los testigos con animación en rotoscopia (es decir, se ha rodado con actores y dibujado encima), Maitland consigue acercar la experiencia al primer plano y emplear recursos visuales expresivos y en ciertos momentos incluso poéticos para plasmar en imágenes los sentimientos de cada personaje. Además, esta técnica le permite adoptar una distancia formal que evita la caída en el sentimentalismo, potenciando en su lugar la alienación de los eventos. A esto también contribuye la inteligente decisión de retratar los testimonios con actores jóvenes rotoscopados que interpretan a los supervivientes, guardando el impacto de ver sus sosias reales para cuando ya estamos implicados empáticamente con ellos. Conocer el destino de algunos de ellos, saber lo que piensan años después de su experiencia y cómo han intentado afrontar unos hechos que se han ido repitiendo una y otra vez a lo largo de la historia, rompe el corazón.

Se trata de una experiencia dura, de enorme impacto emocional, que te deja noqueado y al borde de las lágrimas si eres un robot, y completamente destrozado y lloriqueando si eres un ser humano. Una auténtica joya.


En el próximo artículo repasaré algunos de los grandes nombres que se han visto estos últimos dos días, y que nos han dejado más fama que calidad.

@DamnedMartian

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1031 veces


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Comentarios (1)

06:55 - 15/10/2016

seocuenta

Cerveza? Quien dijo cerveza? Ahora hablando en serio, leí la nota sobre esa película "Sam Was Here" y tiene buena pinta. Por si alguien no lo leyó, resumo lo que más me llamó la atención "un vendedor recorre el desierto sin éxito en que alguien le abra la puerta, mientras que al mismo tiempo sale la noticia de un asesino en serie suelto. Pronto empiezan a aparecer asesinatos aislados y comienzan las preguntas". Alguien tiene más información de esa película? Estaría bueno verla [cineol]


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