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Regreso a Zinemaldia 2016. Rebeldes sin causa

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‘Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así’, cantaba Jeanette allá por los años 70. En el quinto día del festival, ecuador del Zinemaldia lo llaman algunos, esos chicos rebeldes (sin causa o al menos sin causa conocida) tuvieron su protagonismo por partida doble.


Desde Polonia llegaba Playground, otra ópera prima a competición, y los que no la habíamos visto en el pase de prensa del día anterior llegábamos a ella habiendo escuchado infinidad de comentarios (en su mayoría negativos) que nos hacían prepararnos para lo peor, aunque creo que nadie se acercó lo más mínimo a lo que sucedería en el pase de público al que asistí. Pero antes, y dejando el cebo al más puro estilo Telecinco, toca hablar de la película. Dividida en seis partes, en las tres primeras nos cuenta la historia de tres chavales, dos chicos y una chica, mientras se preparan para ir a su último día de colegio, antes de las vacaciones de verano. Lo hace de forma independiente, terminando cada una de ellas en el punto de encuentro que es el colegio.

Una vez los personajes están reunidos, la película se aparta del retrato de lo cotidiano de los protagonistas para empezar a mostrar la aparición de comportamientos violentos en los dos chicos protagonistas. Y en esa aparición de la violencia, el film ha sido comparada con Nocturama por la falta de desencadenante. Según explicaba el director, la película se basa en una historia real que él mismo califica de "devastadora", pero recrimina al público que exija "una explicación racional, pues es archiconocido para los profesionales, psicólogos y doctores, que a menudo no puedes encontrar una explicación racional para las cosas que ocurren".

Podría servirle esa misma cita para explicar lo ocurrido entre el público en la última escena de la película (un largo plano secuencia de 10 minutos) donde se produce el acto violento que ha desatado todas las críticas. Nada más iniciarse la secuencia, el público empezó a levantarse de sus asientos de forma masiva, huida que fue creciendo a medida que aumentaba la violencia en pantalla. Tras esos agónicos minutos, la pantalla corta a negro y los silbidos (y algún aplauso aislado) dieron cierre a la proyección de la película.

Es una lástima que, con ese tramo final, la película se desmorone por completo y pierda toda la entidad conseguida hasta ese momento, por buscar (en mi opinión) únicamente que se hable de ella a través de la provocación, sin profundizar ni dar pie al debate de ningún tipo. Aunque hay que reconocerle que, si ese era su objetivo, que hablasen de ella aunque fuese mal, lo ha conseguido al 100%.


El día seguía para bingo en cuanto a jóvenes violentos (o situaciones violentas que se les escapan de las manos). Desde Chile llegaba Jesús, y si bien las comparaciones con Playground son más complicadas en términos cinematográficos, podríamos decir que, más allá del resultado global, la película chilena es el contrapunto de aquella: podemos entender determinadas escenas aunque nos siga costando ver la violencia y no exista un porqué claro a su aparición.

Si en Playground la fotografía luminosa servía como contrapunto a los actos que se mostraban, en Jesús tenemos una película mucho más oscura y sucia, rozando el tono documental, siguiendo a una pandilla de jóvenes en sus noches de bailes, marchas y borracheras. En unas de esas salidas nocturnas, los jóvenes golpean, maltratan y matan a un chico borracho que encuentran en el parque, lo que provocará, una vez descubran las consecuencias de sus actos, el enfrentamiento entre los culpables.

Fernando Guzzoni, que volvía a San Sebastián tras ganar el premio de la sección Nuevos Directores en 2012 con Carne de Perro, muestra en toda su crudeza el retrato de una juventud condenada a no tener futuro, donde el alcohol y el sexo explícito, independientemente de la orientación sexual, son las únicas vías de escape de su realidad. En ese retrato, el director y guionista ha optado por el realismo no sólo en las imágenes, sino también en los diálogos, con la utilización de una complicada jerga juvenil incomprensible para el público español, y por la que se añadieron subtítulos en castellano a la cinta.

Si uno de los puntos criticables en Playground era la apariencia de violencia gratuita y ‘busca escándalos’, Jesús consigue salvar esos comentarios gracias a su último tercio, donde las acciones de los jóvenes afectan a su entorno, reflejado en la relación del protagonista con su padre; y sobre todo gracias a un final brillante y descorazonador que consigue cerrar de forma satisfactoria una película que, si bien funciona en su conjunto, da la sensación de tener pasajes en que no termina de arrancar del todo.

Con aplausos se despidió el equipo de la película chilena tras su proyección, mientras los espectadores empezábamos a temer que en los días siguientes los brotes de violencia fuesen algo común en la Sección Oficial. Con el paso de los días descubriríamos que tampoco era para tanto y, como decía el gran Chiquito de la Calzada, "una mala tarde la tiene cualquiera" pues después de esta tormenta en forma de golpes y asesinatos llegaría la calma representada en amores juveniles. Pero de eso hablaremos en próximos artículos. Hasta entonces nos vemos en los cines.

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1058 veces