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Zinemaldia 2016. Día 4. La violencia se apodera de la Sección Oficial

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A medida que se acumulan las películas ocurre algo bastante curioso: asistimos a la aparición de ciertos elementos, escenas o situaciones que se repiten en varios de los títulos y que nos llevan a pensar si no hay una cierta ‘línea editorial’ por parte del comité seleccionador para que haya un tema recurrente. Nocturama marcó el punto de partida y después hasta cuatro películas (de momento) se enfrentan de una u otra manera a la pregunta ¿por qué nace la violencia?.

Si en la película de Bonello teníamos varias hipótesis y teorías, en los dos títulos que se han estrenado hoy en competición las motivaciones de los actos violentos son más claras y a la vez contrarias entre sí.


Si hablábamos en su día de la expectación por la película de Alberto Rodríguez, El Hombre de las mil caras, la que se ha producido por saber qué traía entre manos Rodrigo Sorogoyen tras la aplaudida Stockholm, y más teniendo en cuenta el cambio de registro, no se ha quedado atrás, con gente haciendo cola hasta una hora antes para el pase de prensa y el Kursaal hasta la bandera en el pase de la mañana. Sorogoyen escribe (junto a Isabel Peña) y dirige Que Dios nos Perdone, un thriller policial con todos los elementos clásicos del género donde una pareja de investigadores (Antonio de la Torre y Roberto Álamo) deberán capturar a un asesino en serie durante el caluroso verano madrileño de 2011. Una investigación que, en la búsqueda del porqué de la violencia y el odio que muestra el asesino por las mujeres, les llevará a descubrir además sus demonios interiores.

En su tercera película (segunda en solitario), el director demuestra su buen hacer tras las cámaras y consigue dotar a la cinta de una tensión creciente que ha provocado el salto en la butaca (acompañado de algún grito) de los espectadores en cierto momento de la proyección. Apoyado sobre un sólido guión que va construyendo paso a paso la investigación, coloca al espectador casi siempre con la misma información que los protagonistas, lo que provoca la tensión propia de no saber cómo avanzará la historia. Escribo ‘casi siempre’ porque en uno de los giros de guión la película cambia totalmente (a más de uno este cambio le ha descolocado y ha sido uno de los puntos criticados a la salida de la proyección), aunque quizás es mejor no desvelar demasiado de este punto para no desmontar la película antes de que la mayoría pueda verla.

Comentaba Sorogoyen en rueda de prensa que después de hacer el casting de la cinta, una vez que Antonio y Roberto confirmaron su presencia, él se relajó porque sabía que con ellos saldría adelante. Y no se equivoca. Antonio de la Torre tiene la difícil tarea de encarnar a un policía metódico, con problemas para las relaciones sociales y tartamudo; esta última característica del personaje es la que más preocupaba al actor, por no querer caer en la imitación y la burla. Al final ha conseguido superar el reto de manera notable. A Roberto Álamo le ha tocado el personaje agradecido de la película, un policía bebedor, violento y con una familia en descomposición al que el actor hace frente con una presencia física e interpretativa impactante, que lo colocan sin duda entre los mejores papeles de su carrera y que le podrían acabar dando la Concha de Plata al Mejor Actor. No sabemos si la película, por su parte, se llevará la Concha de Oro; lo que sí podemos adelantar, viendo los aplausos y comentarios positivos recibidos al finalizar los distintos pases de la cinta, es que el próximo trabajo de Rodrigo Sorogoyen va a volver a esperarse con muchas ganas.


Si en Que Dios nos Perdone la violencia nace del odio, en la segunda película a competición del día, Lady Macbeth, ésta será la válvula de escape que encontrará la protagonista para conseguir el amor. Basada en la novela corta Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, del escritor ruso Nikolai Leskov, supone en el debut en el largometraje de William Oldroyd, quien ha construido una cinta de forma impecable, con una composición de plano que juega con la simetría y la colocación central de los personajes para enfocar nuestra atención sobre ellos, y que en el fondo esconde una historia de terror y una visión actual, oscura y violenta del mundo en general y de las relaciones de pareja en particular. Una violencia que surge de la pasión de Katherine por conservar el amor surgido de la relación con un joven trabajador de la finca de su marido. Una relación por la que peleará sin importar quién o qué se interponga en su camino. Florence Pugh encarna de manera brillante a esta mujer apasionada y calculadora, y suena con fuerza para llevarse el premio a Mejor Actriz del festival.

Se agradece en el cuarto día del festival que una película vaya directamente al grano, de forma concisa y contundente, y que en menos de 90 minutos consiga resolverse de manera notable. Lady Macbeth ha ido ganando enteros con el paso de los días y aún se mantiene con la mejor nota entre las votaciones de la crítica. Veremos si estas valoraciones tienen su reflejo también en el jurado.

Si en las dos películas del cuarto día la violencia aparece como consecuencia de un sentimiento, veremos en el próximo artículo dos películas de la Sección Oficial que relatan el sinsentido de la violencia y, como en Nocturama, no dan al espectador un porqué: es éste el que deberá buscarlo. Además, una de ellas ha provocado la mayor espantada de gente que yo recuerdo en años. Pero para eso habrá que esperar al próximo artículo. Hasta entonces nos vemos en los cines.

(más fotos en la galería de fotos del Festival de San Sebastián 2016)



@charlyr2d2

 

Fuente: CINeol | Visitada: 767 veces