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Zinemaldia 2016. Día 2. Espías, mujeres y venganza en un día gris

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Un festival, para los que lo cubrimos, no empieza el día de la inauguración. Lo hace una semana antes, cuando aparecen los horarios de las películas y sabes que tienes siete días para cuadrar el máximo posible intentando dejar el tiempo suficiente para dormir y evitar, además, morir de inanición. En esa especie de Tetris imposible, donde casi siempre el número de bajas (en forma de películas que no podré ver) es superior al deseado, hay días en que la Sección Oficial se adueña de todo y es imposible escaquearse de nada. Hoy ha sido uno de esos días. Hoy cuatro películas, CUATRO, han entrado en competición.


La mañana amanecía nublada y algo lluviosa (txirimiri lo llaman aquí), pero las ganas por ver lo nuevo de Alberto Rodríguez se podían palpar en el ambiente. Unas ganas en forma de gente en fila rodeando el Teatro Victoria Eugenia, esperando que abriesen las puertas, y dispuesta a dejarse embaucar por el equipo que hace dos años nos maravilló con La Isla Mínima.

Y no fueron necesarios más que cinco minutos de El Hombre de las mil caras para que la mayoría estuviésemos ya rendidos. Desde el inicio nos encontramos con algo totalmente diferente a la anterior película de Rodríguez (e incluso a Grupo 7); así el propio director elimina de un plumazo la posibilidad de (odiosas) comparativas. Con un ritmo frenético al que ayuda, además del fabuloso trabajo de montaje (con algunos elementos que recuerdan al cine de Guy Ritchie), la excelente banda sonora de Julio de la Rosa, el film empieza a presentarse ante nuestros ojos como lo que realmente es: un juego de trileros que esconden sus jugadas no sólo al resto de personajes, sino también a los espectadores. Y es en esas idas y venidas, en el juego de espejos, en los tejemanejes con espías, gobiernos y relaciones diplomáticas, donde el film gana enteros.

Alberto Rodríguez utiliza la vida del espía Francisco Paesa y su implicación en la protección y posterior entrega de Luis Roldán, exdirector general de la Guardia Civil condenado por corrupción. Un hecho real tan rocambolesco que lo lógico es no tomárselo en serio. Por ello, y sobre la máxima de ¡entretener!, Rodríguez evita entrar en terreno político más allá del justamente necesario y acaba saliendo victorioso, aunque esto le acarree quizás el único reproche que se le pueda hacer: que la ligereza en su relato, al final, nos haga olvidarla antes de lo que se merece. Aunque la película sabe que tiene un buen filón porque, reconozcámoslo, los personajes caraduras, buscavidas y con más morro que espalda siempre resultan atractivos para los espectadores, y si encima están interpretados por alguien de la presencia y carisma de Eduard Fernández, está claro que la apuesta es a caballo ganador. Orbitando a su alrededor, José Coronado cumple y Carlos Santos brilla en el papel de Roldán, quizás el más difícil de interpretar por el riesgo de caer en la caricatura chanante. Error donde sí cae el personaje de Belloch (Luis Callejo).

Muchos aplausos y comentarios positivos cerraron el primer pase de la mañana. Parecía que todo iban a ser alegrías por el buen sabor que nos acababa de dejar la película, pero pronto volvimos a recordar que estamos en un festival de cine y esto es una carrera de obstáculos, la mayoría de veces bastante traicioneros. Concretamente tres son los que hemos ido superando a lo largo del día.


I am not Madame Bovary cuenta la historia de una mujer que monta un falso divorcio para conseguir un segundo apartamento, pero su marido se vuelve a casar inesperadamente con otra mujer. Después de recurrir al juzgado sin éxito, emprende un absurdo periplo judicial de 10 años. Xiaogang Feng nos presenta esta historia en forma de comedia ligera que funciona muy bien durante la hora inicial, pero que acaba por hacerse repetitiva en las idas y venidas de la protagonista en su búsqueda de justicia, llegando a caer en un tedio de donde únicamente consigue salir en la última escena, en la cual la comedia deja paso al drama al descubrir las verdaderas motivaciones en la lucha judicial de la protagonista. Un final impactante que llega demasiado tarde y no consigue hacer que la película recupere todo el terreno perdido durante la segunda hora.

Es curioso el formato circular utilizado durante gran parte de la película, que crea una serie de composiciones de planos realmente bellas (no sería raro ni criticable un premio a la fotografía), aunque la finalidad narrativa de su uso (y de los otros dos formatos utilizados a lo largo del metraje) brilla por su ausencia, por lo que está claro que es un capricho de autor más que algo realmente importante para el desarrollo del film.


De una mujer que lucha por sus derechos pasamos a un grupo de mujeres, las protagonistas de Orphan, que sólo luchan por salir adelante en la vida. Bueno, grupo de mujeres o una única mujer (interpretada por varias actrices), según a quien le preguntemos. Y es que entre lo caótico del montaje, las diferentes actrices y el desarrollo del guión, al terminar la película y hablar sobre ella parecía que cada uno habíamos visto una historia diferente. En palabras del director, Arnaud des Pallieres, es la historia de una sola mujer interpretada en cada etapa de su vida por una actriz diferente, para mostrar claramente lo mucho que cambia una persona según la etapa de su vida en la que se encuentre. Y aunque para él esto sea evidente, la decisión de los cambios de actrices no hace más que aumentar la confusión.

La cinta muestra mediante flashbacks o flashforwards, según le venga en gana al montador, situaciones extremas a las que estas mujeres (o esta mujer) tiene(n) que hacer frente para conseguir tener un futuro. Situaciones sensacionalistas que buscan el morbo descaradamente y que utilizan la figura del hombre como el detonante (a través casi siempre de la violencia o el aprovechamiento hacia la mujer) para que las protagonistas reaccionen y busquen una salida a su situación. Convirtiendo así a los personajes en unidimensionales, eliminando los posibles matices y provocando así una pérdida de credibilidad a favor de conseguir crear las situaciones propicias que está buscando el director.

Ante tal cuadro únicamente el trabajo de las actrices, en especial de las dos Adèle, se colocan como elemento destacable de la cinta y se unen a Bingbing Fan como primeras candidatas serias al premio a mejor actriz. Muy pocos aplausos, y eso que compartíamos pase con el público (y en Donostia suelen ser bastante generosos en ese aspecto), despidieron la proyección de la película.


Y casi la misma recepción (aunque esta vez en pase de prensa) tuvo la islandesa The Oath, la enésima película sobre venganza y ajuste de cuentas con relación padre-hija de por medio. Baltasar Kormákur escribe, protagoniza y dirige una película de factura impecable, deudora del mejor cine comercial, combinando algunos elementos de cine de autor que a priori le dan más empaque, pero carente en todo momento de la sustancia que necesitaría para que al final sea recordable.

Su desarrollo es muy plano, y si bien muestra el buen hacer de Kormákur tras las cámaras, nos indica que alguien le debería haber aconsejado un par de reescrituras de guión, sobre todo en su parte final, donde en el afán de sorprender y de ‘rizar el rizo’ termina por derrumbar los pocos elementos destacables que había conseguido levantar hasta ese momento. Así, queda finalmente la sensación agridulce de que en vez de haber disfrutado de un entretenimiento notable hemos acabado viendo una película más típica de tarde de domingo de Antena 3 que de un festival de cine como el de San Sebastián.

Como decía antes, el festival es una carrera de obstáculos y a veces en el camino nos encontramos sorpresas que nos la hacen mucho más llevadera. En el próximo artículo repasaremos una de esas sorpresas, Nocturama, película que ha desatado una gran controversia tras su pase y que un día después todavía continúa. Además repasaré alguna de las perlas que ya se han visto en dicha sección. Hasta entonces, nos vemos en los cines.

(más fotos en la galería de fotos del Festival de San Sebastián 2016)



@charlyr2d2

 

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