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Especial Óscar 2016: #OscarsSoWhite

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“La mayor riqueza que tiene un país es la cultura, eso lo hace más libre. Un país será más libre en cuanto sea más culto. Es difícil que exista un país culto que se haya sometido a una tiranía.” (Luis Eduardo Aute)

El 20 de enero de 2009, Barack Obama era nombrado el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos. El país entero celebraba este hecho con la ilusión de quien está presenciando el futuro hecho realidad. Apenas dos días después, un film sobre dos niños indios que intentaban salir de la pobreza era nominado a 10 Óscar. El 22 de febrero se confirmó lo que todos sabíamos desde meses atrás y Slumdog Millionaire se alzó con 8 estatuillas, convirtiéndose en la primera película en la historia de los premios de la Academia que vencía con un reparto sin un solo blanco. Incluso Gandhi, El Último Emperador o Lawrence de Arabia tenían repartos mixtos. Otro hito.




Era la culminación de una década en la que por primera vez (y única hasta hoy) una intérprete negra ganó el Óscar como actriz principal, y en la que se batió por muchísimo el récord de nominaciones a actores de diferentes etnias: hasta 35 intérpretes negros, asiáticos o latinos (1), es decir, los mismos que sumando todos los años 80 y 90.

Elipsis narrativa de 7 años, hasta el 14 de enero de 2016. Obama consume sus últimos meses en la Casa Blanca entre la decepción y la impotencia, mientras el país siente a partes iguales temor y adoración hacia un racista confeso como Donald Trump. En este ambiente tenso, Guillermo del Toro (latino), Ang Lee (asiático), la presidenta de la Academia Cheryl Boone Isaacs (negra) y John Krasinski (blanco) son los responsables de anunciar los nominados de la 88 edición de los Óscar, que será presentada por Chris Rock (negro). Alguien menciona una campaña de Benetton. Todo parece indicar una voluntad de inclusión racial, de buenrollismo entre distintas etnias, de declaración de principios para responder al posible rumbo retrógrado del país. Pero se desvelan los nominados y el mundo del cine se echa un cubo de lejía encima. Todo es blanco. Ni un solo actor que no sea lechoso, por segundo año consecutivo. Lo más moreno: el bronceado de Sylvester Stallone.

Las redes sociales comienzan a calentarse. Se recupera el hashtag #OscarsSoWhite que ya había causado fricciones en 2015. Spike Lee, Jada Pinkett Smith y Will Smith anuncian un boicot a la ceremonia de este año en protesta por el presunto racismo de los académicos, que han ignorado por completo a todo el talento negro. Esto enciende una hoguera que luego otros continúan y que implica incluso a Obama. Voces de otras etnias comienzan a unirse a la protesta, señalando que ellos también han sido ignorados, como siempre. Las mujeres también aprovechan para reivindicar su puesto.

Se masca el desastre, la mancha perdurable en la imagen prístina de la Academia, que de alguna forma ha conseguido esquivar las polémicas de corrupción que han afectado a lo largo de los años a otras organizaciones, como la Hollywood Foreign Press Association (que entrega los Globos de Oro), la Broadcast Film Critics Association (los Critics’ Choice) o el National Board of Review. Incluso los BAFTA (que también se han visto envueltos este año en una polémica similar, en este caso bajo el hashtag #BaftasBlackout) tienen más máculas que los Óscar. Hasta ahora.




Doce días después de las nominaciones, el 26 de enero, llega la reacción oficial. Sin previa consulta a los académicos, la Junta Directiva anuncia un plan de reforma de la membresía que tiene como objetivo aumentar la diversidad de los miembros y librarse de, a falta de una expresión mejor, ‘peso muerto’.

Para empezar, se anuncian cambios organizativos y en el proceso de reclutamiento de nuevos miembros, de forma que los comités encargados de esta tarea puedan buscar e identificar talentos que representen una mayor diversidad. La meta es doblar el número de mujeres y de miembros de otras etnias para 2020.

Por otro lado, el derecho de los miembros a votar en los Óscar tendrá que ser renovado cada 10 años, en lugar de ser vitalicio, y solo podrán mantener este privilegio aquellos que hayan trabajado al menos en una película durante la década anterior. El voto de por vida se obtiene solo después de cumplir tres de estos periodos, sean consecutivos o no. Esto solo afecta a los Óscar, ya que los miembros conservan todos los demás beneficios de ser académicos y a nadie se le retira su membresía aunque haya dejado de trabajar. Obviamente, siguen teniendo que pagar la cuota anual.

¿Ha solucionado esto la polémica? En absoluto, incluso ha echado más leña al fuego. Por cada persona que ha quedado satisfecha con este plan ha surgido otra que es ahora cuando está indignada. Hay una profunda división de opiniones acerca de la legitimidad de esta protesta y de las posibles consecuencias que cualquier medida para atajarla puede acarrear. Periodistas, críticos, cinéfilos y gente de a pie pueden discutir horas sin ponerse de acuerdo y dejando de lado factores fundamentales tanto para entender los motivos como para valorar las posibles soluciones.




¿ES LA ACADEMIA RACISTA?

Las acusaciones de racismo no han sentado nada bien a un buen número de miembros de la Academia (de hecho, todos los consultados anónimamente por los distintos medios americanos están que se suben por las paredes). A nadie le gusta que pongan en duda su profesionalidad, y menos que le acusen de algo que considera ofensivo. Pero a veces las heridas que más escuecen son las que están abiertas.

Existen dos tipos de racismo: el abierto y el soterrado. El primero es fácil de detectar y es el que comúnmente se asocia a este concepto, ya que el odio y el rechazo hacia las personas de otras razas están a flor de piel. Para el racista, el ‘otro’ es alguien inferior en todos los sentidos (en especial en lo intelectual, moral y cultural). Su lugar en la sociedad está por debajo, en las clases pobres, en los escalones donde solo su utilidad física justifica la coexistencia, ya que no tiene capacidad en otros aspectos. Si el ‘otro’ desea salir de ese nicho, si protesta por su situación, su actitud se asume como un desafío al orden establecido que no tiene justificación, habida cuenta de que todo lo que tiene es gracias al ‘hombre blanco’, que lo encontró siendo un salvaje, lo liberó y lo civilizó. Dada esta concepción irracional del ‘otro’, se le considera más proclive a abandonarse a los instintos y cometer cualquier delito o conducta desviada.

Llevado al extremo, el racista puede llegar a concebir al ‘otro’ como un no-humano, algo parecido a un animal al que se debe tratar como tal, y cualquier sugerencia de que se les trate con igualdad solo provoca ira y violencia por su parte. La conducta del racista en este caso sobrepasa el límite de lo criminal. Ahí están los neonazis o los supremacistas para demostrar a las claras lo enfermiza, obsesiva y descerebrada que puede llegar a ser esta fobia irracional.

Sin embargo, también existe otro tipo de racismo del que muchas veces no nos damos cuenta. El núcleo ideológico es similar, la concepción del ‘otro’ como inferior y de la igualdad como un privilegio. Sin embargo, en este caso no se manifiesta como odio o rechazo, sino de formas más sutiles: insultos velados, condescendencia, asunción de estereotipos como verdades, desconfianza, desinterés, falta de empatía, incomodidad, generalización de los casos negativos y nunca de los positivos, etc. La mayoría de las veces la persona ni siquiera se da cuenta de que está siendo racista. En ocasiones puede incluso resultar excesivo en su intento de demostrar que no lo es en absoluto, resultando en el efecto opuesto, ya que no trata al ‘otro’ como a una persona sino como un concepto racial cuyo tratamiento debe ajustarse a unas normas políticamente correctas que, de no cumplirse, perjudicarán a su imagen (2). Es, en resumen, un tipo de discriminación racial basada en una concepción del mundo conservadora y ‘blancocéntrica’, que no pretende ofender, pero denota mediante acciones y actitudes estructurales que no concibe una relación igualitaria.




Vaya, otra película sobre un blanco que salva a los negros/indios/asiáticos...


Hollywood es un ejemplo inmejorable de este segundo tipo de racismo: casi todos los héroes y los personajes con profundidad son blancos; casi todos los personajes de otras etnias son estereotipos culturales, secundarios cómicos o están ahí solamente para apoyar al protagonista (blanco) en su viaje; casi siempre que se cuenta la historia de un personaje de otra raza se hace a través de los ojos de un blanco, o reservando a un blanco el papel de salvador; hasta se llega a utilizar la cultura de otras etnias y razas para contar historias sobre blancos metidos en ellas, no sobre la gente de esos pueblos. Hay montones de personajes en las películas de Hollywood que podrían ser de cualquier raza sin que cambiase nada del argumento o las dinámicas relacionales, pero invariablemente esos papeles recaen en actores blancos. Pocas veces se les da una oportunidad a actores de otra etnia si el papel no lo requiere expresamente.

La mayoría de las veces que un actor de color consigue un papel escrito para un blanco, tiene más que ver con ‘stunt-casting’ (contratar a alguien exclusivamente porque va a dar que hablar, como Idris Elba en Thor) o con el llamado ‘token black guy’ (el típico actor de color que se coloca en un papel irrelevante para dar la impresión de diversidad y evitar críticas, sin que llegue a aportar nada, como T-Dog en The Walking Dead) que con una voluntad de diversidad.

Todo esto se puede aplicar a negros, latinos, asiáticos, nativos americanos, etc. Pero también a las mujeres, las otras grandes excluidas del patriarcado caucásico que regenta el mundo del cine y, en general, el mundo.

En este sentido, la Academia americana es una buena muestra de este club exclusivo. Según un estudio de 2012 realizado por el periódico Los Angeles Times, el 94% de los alrededor de 6.000 miembros de la Academia son blancos, el 2% negros, el 2% latinos y el restante 2% de otras razas (3). Recordemos que para que una película sea nominada en la categoría reina, debe conseguir como mínimo un 5% de los votos. Esto quiere decir que, si los votantes de todas las minorías se pusiesen de acuerdo en su voto, apenas tendrían suficiente para colar una sola cinta entre las candidatas.




También quiere decir que el plan de doblar en cuatro años el número de académicos con diversidad étnica resultará en un porcentaje del 12%, que puede parecer alto hasta que uno lo compara con las cifras de la población estadounidense. Según datos del censo de 2015, el 62,2% de los americanos son caucásicos, un porcentaje que desciende año tras año a un ritmo muy elevado: algunas estimaciones afirman que para 2060 serán solo el 43%. Por contra, el 37,8% de la población, casi dos de cada cinco personas, son de otras etnias o razas. Desglosando esta cifra en los grupos más numerosos, el 12,4% son negros, el 5,2% asiáticos y el 17,4% latinos.




Pese a ello, este año la Academia no ha nominado a ningún actor que no sea blanco. A buen seguro, una vez que contemos al resto de nominados en todas las categorías, la cosa se normalizará y los porcentajes serán más cercanos a la realidad del país, ¿no? Es solo un problema de los actores, que como son la parte más visible de una película, entonces la gente se queja, ¿no? En otros ámbitos no sucede, ¿no?

¿No?

Juguemos a ‘Dónde está Wally’, edición ‘Hay un moreno en mi Cena de Nominados’:




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¿Lo habéis visto? Está ahí, lo prometo. Vale que es más café con leche que chocolate, pero de verdad que cuenta. Venga, para quienes no hayan encontrado, aquí va la solución:




Ahí lo tenéis. The Weeknd, candidato al Óscar por la canción de Cincuenta Sombras de Grey, es el único negro que fue a la Cena de Nominados celebrada el pasado 8 de febrero. Si rebuscáis más por la imagen, veréis a un par de hindúes, algún asiático y varios latinos, pero ni un solo afroamericano más. Por si os lo estáis preguntando, el único otro negro nominado, Jason 'DaHeala' Quenneville (candidato por la misma canción que The Weeknd), no boicoteó la cena. Simplemente no pudo ir, igual que otros candidatos como Christian Bale, Cate Blanchett, Kate Winslet o Tom Hardy. Así que si veis falta de diversidad, pensad que varias decenas de blancos no pudieron estar ahí.

De las 200 personas nominadas en las 24 categorías de los premios de la Academia, solo 20 son de otra etnia o raza (el 10%, para los de la LOMCE). Hay 10 latinos, 5 asiáticos, tres árabes y dos negros. Y 180 blancos. En las categorías más importantes (actores, guionistas, directores y productores), solo hay dos latinos entre 64 nominados: Alejandro González Iñárritu y Ronnie del Carmen.

El año pasado, cuando ya se produjo la ausencia de actores de otras razas, los números eran prácticamente iguales: 61 nominados en las categorías principales, y de ellos solo tres latinos y un negro.

Puede que sea solo una anomalía estadística. Puede que estemos en un año sin apenas nominados y el que viene haya el triple. Dos años seguidos no crean tendencia, lo que hace falta es ver si en conjunto la Academia suele nominar a personas de otras etnias o no, pero para ello no se puede mirar solo a una edición, sino a la evolución a lo largo del tiempo.

Bien, centrándonos solo en las cuatro categorías actorales, estos son los datos históricos de nominados, lustro a lustro:






Ni siquiera en la década pasada, que fue con diferencia la más inclusiva de todas, se ha llegado a acercar el porcentaje de actores con diversidad étnica a la realidad social. Ni remotamente. De hecho, el nivel alcanzado entre 2001 y 2010 se asemeja al porcentaje de personas de distintas minorías que tenía Estados Unidos en los años 60, que hoy en día se ha duplicado. Así que el récord de la Academia en este ámbito no le llega ni para competir en las Paraolimpiadas de la Tolerancia.

Lo que es más preocupante es que se aprecia un notable retroceso de más del 50% en los últimos cinco años respecto a los dos periodos anteriores, situando la diversidad a niveles de los años 90. Esta diferencia sería todavía más acusada si quitásemos de la ecuación a 12 Años de Esclavitud. Entonces retrocederíamos a niveles de los 60, aunque por suerte todavía estaríamos lejos de los paupérrimos años 70, que fueron una época realmente vergonzosa a nivel de inclusión. La misma racha que estamos viendo ahora se vivió también entonces durante 6 años seguidos: ni un solo actor de color.

Por entonces hubo la misma polémica que estamos viendo ahora, como también la ha habido ocasionalmente desde entonces (por ejemplo en 1996, cuando solo hubo un nominado negro por un cortometraje de los 166 candidatos totales). La cuestión es, ¿acaso no ha cambiado nada el mundo del cine para que siga ocurriendo lo mismo cada cierto tiempo?


¿HABÍA DÓNDE ELEGIR?

Una de las defensas más habituales que se escuchan entre quienes piensan que esta polémica es vacía consiste en afirmar que los nominados que hay son justos, y que no había realmente nada reseñable que escoger entre los actores y películas de color.




Bastan solo tres películas para desmontar ese argumento: Creed. La Leyenda de Rocky, Straight Outta Compton y Beasts of no Nation. Tres cintas con calidad y perfil mediático suficiente para ser nominadas en la categoría principal. La crítica fue unánime con ellas y, en el caso de las dos primeras, el público también acudió en masa (y con gusto) a verlas. Sus nominaciones no habrían sido vistas como una forma políticamente correcta de darle una palmadita en la espalda a la gente de color, porque habrían sido absolutamente merecidas.

Cualquiera de los tres directores, en especial Ryan Coogler (negro) y Cary Fukunaga (asiático), habría sido un justísimo nominado. Fukunaga y Maryse Alberti (aunque sea blanca) deberían haber sido candidatos a mejor fotografía e incluso robarle la estatuilla a Emmanuel Lubezki. Y en los repartos de las tres cintas encontramos actores a la altura o por encima de muchos de los candidatos actuales: Michael B. Jordan, Abraham Attah, Idris Elba, Tessa Thompson, Phylicia Rashad o a elegir entre el reparto de jóvenes caras del biopic de NWA (que, por otro lado, es normal que no hayan sido nominados porque es más una pieza coral que individual).

Pero, mirando más allá de estas tres cintas que han estado muy presentes a lo largo de la carrera de premios y que, en algunos aspectos, han obtenido un amplio apoyo de la industria, también había otras películas con potencial nominable: Los Odiosos Ocho tiene a Samuel L. Jackson en plena forma y al fin de protagonista; Sicario cuenta con una de las mejores interpretaciones de la fructífera carrera del latino Benicio Del Toro; y Will Smith y Gugu Mbatha-Raw tienen papeles jugosos en La Verdad Duele.

Más allá de esos candidatos de perfil alto, y ya que han sido capaces de fijarse en cine indie como La Habitación o Brooklyn, los académicos también podrían haberle echado un ojo a Tangerine (con Kitana Kiki Rodriguez y Mya Taylor haciendo méritos para ser nominadas, lo que podría haberles convertido en las primeras transexuales en ser candidatas al Óscar), Yo, él y Raquel (triunfadora en Sundance por encima de las dos cintas nominadas y dirigida por un latino), Dope (con Shameik Moore como potencial candidato a mejor actor) o Chi-Raq (otra buena oportunidad para echarle un hueso a Spike Lee, con interpretaciones de Angela Bassett y Jennifer Hudson que han sido aclamadas por la crítica).

¿Y a quién quitamos para hacerles sitio? Bueno, hasta los más ardientes defensores de El Puente de los Espías admiten que dentro de la filmografía de Spielberg es una obra menor, y por otro lado había hueco para nominar a dos películas más. Respecto a los actores, el festival de muecas de Eddie Redmayne era prescindible; Jennifer Lawrence no necesitaba otra nominación aunque esté a su nivel habitual (es decir, muy bueno) en la mediocre Joy; hasta los que creen que Spotlight es la mejor película de los últimos cinco años (como el que suscribe estas líneas) podrían prescindir de la nominación de Rachel McAdams, que se limita a una actuación funcional (nada que reprocharle, pero tampoco nada que premiar); y puestos a ignorar el guion de Aaron Sorkin en Steve Jobs, haberle echado huevos e ignorado también a Michael Fassbender y Kate Winslet. No les ha costado tanto hacerlo con las películas antes mencionadas.




Lo que escuece también entre la comunidad negra, y no es extraño, es que las únicas dos nominaciones de importancia para películas ‘de color’ hayan sido precisamente para los únicos integrantes del equipo que eran blancos. Dirección, guion y el 90% del reparto de Creed. La Leyenda de Rocky son negros, pero eligen solo a Sylvester Stallone. El afroamericano F. Gary Gray dirige una historia sobre la cultura negra con un reparto casi exclusivamente negro, y escogen el guion escrito por cuatro blancos. Habría sido gracioso que hubiesen nominado también a Paul Giamatti. Entonces arde Hollywood.

Además, entre las películas nominadas hay poca representación racial. El Renacido (The Revenant) tiene papeles secundarios para indios y aborda el tema del colonialismo, mientras que Marte (The Martian) tiene un par de tokens de distintas razas para darle colorido a la cosa. Y para de contar. Cierto es que no suele haber mucha más diversidad entre las películas nominadas, y que raro es el año en que hay más de una o dos con este tipo de reparto y temática. Así que al menos hay cierta coherencia en cuanto a los intereses de los votantes.

Como se ha dicho antes, los académicos se han molestado mucho porque este fenómeno se haya asociado a un racismo latente. Sin embargo, fuentes de la Academia también indican que el motivo de la exclusión concreta de Straight Outta Compton es similar a la situación por la que Crash ganó el Óscar frente a Brokeback Mountain: muchos académicos ni siquiera se tomaron la molestia de verla. Si en el caso del drama de Ang Lee hubo un rechazo por parte del sector más conservador a la temática gay del film (en especial asociada a un mito americano como el vaquero), en el del biopic musical es la cultura del hip hop la que provocó un absoluto desinterés. Algunos la quitaron a la media hora. Otros ni metieron el screener en su reproductor. Todo porque la película iba de raperos y hip hop, ese mundo que no entienden pese a que lleva 30 años formando parte ineludible de la cultura americana.

Con una media de edad de 62 años, muchos de esos académicos lo vieron nacer cuando aún eran jóvenes y han crecido con él. ¿Cuál es la excusa para seguir rechazándolo?





WHITE HOLLYWOOD

El problema de fondo ya se ha mencionado antes: Hollywood es territorio caucásico y esto provoca una brecha racial que en ciertos aspectos es muy acusada. Es hasta cierto punto normal que la Academia refleje esta tendencia, puesto que sus opciones para elegir nominados son mucho más limitadas de lo que deberían ser.

Según un estudio de la UCLA que analizaba las 200 películas más taquilleras de cada año en Estados Unidos, solo el 16,7% de los actores principales en 2013 pertenecían a una minoría étnica. Por el contrario, el 72,4% de los films tenían un reparto compuesto por al menos dos terceras partes de actores blancos. Por su parte, los directores de color alcanzan el 17,8%, mientras que solo uno de cada nueve guionistas es de otra etnia. Y mejor no hablar de los altos ejecutivos de los estudios, que son blancos al 94%.

Estas cifras han ido mejorando con el paso de los años, pero a un ritmo mucho más lento que la población, cuya apertura social, política y económica tampoco es que haya ido acompasada con el crecimiento demográfico. De hecho, todavía hoy se viven situaciones propias de épocas menos civilizadas, pero en eso entraremos más adelante.

En el Hollywood de los años 50, antes de que el Movimiento por los Derechos Civiles consiguiese fracturar los últimos resquicios de la segregación racial y el esclavismo que habían sido el germen de la Guerra de Secesión (entre otros factores económicos mucho menos románticos de recordar), una persona de color solo podía aspirar a dos tipos de trabajo: actor y obrero. Principalmente obrero, porque los papeles para actores de color eran pocos y secundarios, limitados estereotipos como sirvientes (de escasa inteligencia y/o de carácter abierto, ejemplificadas respectivamente por Prissy y Mammy en Lo que el Viento se Llevó), ‘magical negros’ (el típico hombre sabio anciano que ayuda al protagonista, a veces con poderes, como el tío Remus en Canción del Sur), brutos criminales (Gus en El Nacimiento de una Nación) o salvajes selváticos. De entrar en otros ámbitos aparte de los mentados, ni hablar.




El cambio comenzó a producirse en los años 60. En el mundo real, activistas como Martin Luther King Jr, Malcolm X o Rosa Parks iban ganando terreno al racismo con su ejemplo y su ideología (y, desgraciadamente, con su sangre). En la música y en el deporte eclosionaban figuras como Aretha Franklin, James Brown o Muhammad Ali. Y en el cine surgió Sidney Poitier. Era un actor que se alejaba por completo de la imagen que el americano medio tenía de los negros: era elegante, educado, formado, atractivo, conciliador. Emanaba seguridad. Un blanco no corría peligro con él. Incluso, por qué no, podía ser un yerno aceptable si no había más remedio.

Esta imagen inofensiva le ayudó a ser aceptado por los blancos, incluida la Academia, pero también sufrió cierto rechazo por parte de los suyos, que le calificaron de ‘tío Tom’ (el estereotipo del buen esclavo que adora a su amo). Fueron calificativos injustos, ya que la imagen pública que proyectaba era precisamente el icono que necesitaban en ese momento los blancos para asimilar con mayor facilidad los avances en materia de libertades que reclamaba el pueblo negro. Si Poitier es el futuro, entonces vale, os lo compramos. Lo cierto es que en él se puede encontrar la semilla del éxito de Obama.

Posteriormente, la lucha civil se recrudeció con grupos radicales como los Panteras Negras y se entrecruzó con los movimientos contra la guerra de Vietnam, mientras Europa también se revolucionaba por motivos análogos aunque muy distintos. En ese clima convulso comenzó a surgir con fuerza una generación de cineastas y artistas negros, primero en los círculos underground y más tarde en la serie B, creando el género blaxplotation y saltando hacia el mainstream. Pronto la figura armónica de Poitier resultó anacrónica en ese nuevo mundo crudo y descreído, y su momento de fama se extinguió.

Este estrellato pasajero ha plagado las carreras de la gran mayoría de actores de color surgidos tras él. Solo Denzel Washington, Samuel L. Jackson y Morgan Freeman pueden presumir de haber mantenido su carrera en todo lo alto durante más de dos décadas, aunque el primero ande ya de capa caída y los otros dos casi nunca hayan alcanzado el nivel de protagonistas absolutos. Will Smith, Jamie Foxx, Eddie Murphy, Wesley Snipes, Richard Roundtree, Halle Berry, Whoopi Goldberg, Pam Grier o Richard Pryor son ejemplos de carreras que se han quemado (en algunos casos, con el resplandor de un sol) en más o menos una década. A día de hoy todos han dejado de ser relevantes y aún no han sido sustituidos por nadie nuevo. Michael B. Jordan, Chiwetel Ejiofor, David Oyelowo y Chadwick Boseman aún están lejos de cuajar entre el gran público, y Hollywood no está haciendo ningún esfuerzo por hacer que así sea.




De hecho, prácticamente todas las estrellas negras lo han sido casi por casualidad. Los grandes estudios lanzan a actores como Matthew McConaughey, Shia LaBeouf, Paul Walker, Bradley Cooper o Brad Pitt encajándolos en todos los productos que tengan accesibles en ese momento y montando importantes campañas de marketing, hasta que consiguen que todo el mundo los conozca. A veces les funciona, otras no. ¿Quién ha hecho algo parecido con un actor de color? Los cómicos suelen comenzar en películas menores específicamente dirigidas al nicho de espectadores negros, y si tienen éxito pasan a hacer cintas con otros cómicos blancos (el ejemplo más reciente, Kevin Hart; el clásico, Richard Pryor). El resto se tiene que volcar en el cine indie o en cintas de bajo presupuesto y cruzar los dedos para que alguien se fije en ellos y les dé un protagonista en una película importante… de nuevo, al lado de otro actor o actores blancos, como le pasa a Michael B. Jordan o le pasó a Will Smith. La otra opción es conformarse con secundarios aquí o allí sin importar el tipo de película o su calidad. Es decir, el modelo Forest Whitaker-Don Cheadle-Djimon Hounsou.

Esta falta de oportunidades comienza desde la misma escritura del guion. La gran mayoría de los que se escriben están pensados para un protagonista blanco, aunque a la hora de la verdad daría igual la raza del actor. Y a partir de ese momento, ninguno de los agentes que intervienen en el proceso de crear una película, desde los directores de casting a los realizadores, pasando por los productores, técnicos, ejecutivos y otros actores, se plantea alterar esa dinámica. Es la pescadilla que se muerde la cola: como para atraer inversores necesitamos como gancho a una estrella y todas son blancas, contratamos a un blanco de protagonista; pero si no le damos el protagonista a un negro, nunca vamos a conseguir estrellas negras que atraigan financiación. Y otro bucle infinito: como los grandes estudios no están interesados en comprar guiones sobre negros porque no atraen al público, no escribo personajes negros; pero si no hay personajes negros, el público de color no acudirá en masa a las salas.

De esta forma, Hollywood desaprovecha un nicho de mercado que solo está cubierto con subproductos de Tyler Perry y similares, que viene a ser una actualización del espíritu blaxploitation pero sin sus aristas de violencia y sexo, como un bulldog con los dientes limados.

Si hablamos del incipiente mercado latino, su completa omisión de la planificación de los estudios resulta alarmante cuando uno mira a las cifras. Según el anuario de la MPAA, los blancos son los que menos dinero se gastan per cápita en el cine. Por el contrario, los latinos son con diferencia los que más veces van al cine. De hecho, compran una cuarta parte de las entradas anuales, mientras que los blancos suponen poco más de la mitad. El gasto en cine per cápita de los latinos casi dobla el de los caucásicos. En cuanto a los negros, se mantienen aproximadamente al nivel que les corresponde por porcentaje de población, ni más ni menos.




La lógica le dictaría a Hollywood enfocar sus esfuerzos en ese público cada vez menos minoritario, aunque no suponga tanta gente en términos absolutos. Al menos, ofrecerles productos o actores con los que se puedan sentir identificados para canalizar ese dinero potencial (que es, por otro lado, el principal responsable de que franquicias multiculturales como Fast and Furious sigan reventando taquillas). Tanto los latinos como los asiáticos son ávidos consumidores de cine. Por su parte, los negros acuden mucho más a las películas que tienen actores afroamericanos en papeles relevantes. En algunas cintas, el porcentaje de entradas vendidas a personas de color supera el 60%. Y sin embargo, los altos ejecutivos viven en una nube de color blanco nuclear.


WHITE AMERICA

Volvemos a Obama. En 2009, Barack Obama era el símbolo del cambio. Tras ocho años sumidos en la regresión de la era Bush, que les había dejado en herencia una guerra interminable, un enemigo invisible y una crisis económica de tres pares de cojones, Obama era la gran esperanza negra. Era la imagen de la nueva política, las nuevas ideas, la ruptura con los que habían llevado al país al vertedero. Era además el símbolo de la nueva América, más tolerante, más incluyente, más diversa. El Sueño Americano iba a salvar el Sueño Americano.

Sin embargo, todas esas promesas que hicieron incluso que le concedieran el Premio Nobel antes de haber demostrado nada se fueron disipando en el aire a lo largo de dos legislaturas con más sombras que luces. Tardó años en retirarse de Irak, dejando miles de víctimas más y un país sumido en un caos mayor que cuando el ejército lo liberó. Su proyecto estrella, la reforma sanitaria, le provocó innumerables quebraderos de cabeza para saltar el bloqueo del Senado republicano, y finalmente fue aprobada en una versión muy suavizada y poco efectiva. De Guantanamo no ha querido saber nada. Mató a Bin Laden, pero no logró acabar con el terrorismo, que ha mutado en algo más complejo y peligroso que Al Qaeda: nadie supo ver a tiempo el surgimiento del Daesh. La crisis se prolongó más de lo anunciado y su actuación no sirvió para paliar las necesidades de la población, sino para apuntalar el sistema bancario responsable del fraude. El outsider se había convertido en un chico dócil con los lobbies de siempre.

Entre el desencanto y la decepción, sus índices de aprobación están bajo mínimos y su figura se ha alejado completamente de ese “Yes We Can” con el que convenció a toda una generación de que otro mundo era posible. Por toda acción hay una reacción, y en la actual campaña de primarias la estamos viendo. El ascenso de Bernie Sanders por los Demócratas y Donald Trump (y en menor medida Ted Cruz) por los Republicanos se debe en buena medida a ese sentimiento de hastío con lo establecido, con la vieja política de pura fachada.




Sin embargo, esta reacción negativa tiene también mucho que ver con el sueño racial de Obama. En un país donde millones de personas lucen aún con orgullo en su jardín la bandera Confederada, los medios de comunicación ensalzaron de forma machacona e interminable este nuevo mundo en el que todos somos hermanos ahora que un negro es presidente. Pero no toda la gente es así de tolerante ni se convierte en amigo de otras razas por arte de magia. Y provocar un sentimiento de inferioridad en una persona movida por el odio no lleva nunca a nada bueno.

De esta forma, las expectativas excesivas de unos debilitaron la figura de Barack el Invencible, mientras que el resentimiento de los otros, de esos que no compartían la visión de América unida, se cebaba en cualquier grieta de la armadura mediática del presidente.

Ese sentimiento de rechazo que se fue extendiendo como una epidemia es el que está ahora aprovechando Donald Trump, con un discurso populista lleno de alusiones xenófobas, machistas y racistas. Trump odia a los mexicanos, a los chinos, a los negros, a los árabes, a los homosexuales, a las mujeres. Su comportamiento es el de una persona mentalmente inestable, intelectualmente deficiente y culturalmente iletrada. Todo lo que sale de su boca es una barbaridad ofensiva. Y sin embargo, lidera las votaciones para competir por la presidencia con una facilidad pasmosa. Su despreciable diarrea verbal se confunde con honestidad y verdades a la cara, porque el clima en Estados Unidos está tan viciado que se encumbra a cualquier persona que ataque lo políticamente correcto, después de ocho años sumidos en una pesadilla de buenrollismo forzado.




Todas las ideas de Trump consisten en la ruptura: construir un muro gigante con México para acabar con la inmigración (porque todos los inmigrantes son criminales); acabar con Irán por la fuerza; acabar con China por la fuerza; repudiar el aborto y los matrimonios gais; poner a las mujeres en su sitio, que es en la cocina o debajo de la mesa para hacerte una mamada mientras trabajas (esto último es una deducción de sus vomitivas frases sobre las mujeres, no una cita textual). Su enfermedad mental es aplaudida porque ha abierto un buffet libre para decir cualquier cosa de cualquiera, sin miedo a parecer un monstruo. Ha creado un clima donde el racismo no solo no está mal visto, sino que acoge con los brazos abiertos.

No es extrañar, viendo el peligroso rumbo que está tomando la política estadounidense, que las minorías estén más alerta que nunca a lo que sucede a su alrededor. Ya no se trata de una lucha por ganar más derechos y alcanzar la igualdad efectiva no solo en cuestiones materiales, sino sociales e ideológicas; se trata de no desandar lo andado, de no permitir un retroceso en sus libertades. Por mucho que Obama haya decepcionado, el Anticristo es peor.

Paralelamente a este fenómeno, y quizá en alguna medida correlacionado con él, está el aumento en los casos de brutalidad policial hacia personas de color. El 26 de febrero de 2012, el mismo día que The Artist se proclamada mejor película en los Óscar, un chaval negro de 17 años llamado Travyon Martin era tiroteado por un guarda de seguridad. Iba desarmado. Un año después, su asesino fue declarado inocente. Aunque su caso no fue el primero de esta naturaleza en saltar a los medios, sin duda marcó un antes y un después. Las protestas de la comunidad afroamericana no se hicieron esperar, pero fue la decisión judicial lo que supuso un auténtico detonante de indignación.

Dos años después llegaría el asesinato de Michael Brown a manos de un policía a quien la justicia ni siquiera consideró necesario procesar, y la pequeña ciudad de Ferguson se convirtió en un polvorín. La violencia se extendió por las calles en respuesta a lo que se consideró un atentado contra todos los negros, una muestra del racismo aún latente en la sociedad y una advertencia contra las fuerzas de seguridad. Proteger y servir no se aplican si la persona con el arma tiene prejuicios contra el 12% de la población.

Los casos se seguían sucediendo: Samuel DuBose, Jeremy McDole, Corey Jones, Jamar Clark… Todos con nombres y apellidos, todos negros, todos muertos. Solo en 2015, un total de 102 afroamericanos desarmados fueron tiroteados por agentes de la ley, lo que supone un 37% de todas las muertes en circunstancias similares. En términos absolutos, más que cualquier otra raza. De hecho, uno de cada tres negros que mueren a manos de un policía estaba desarmado. Solo 9 de estos casos acabaron con el agente procesado judicialmente.




Si comparamos el número de asesinatos de personas desarmadas a manos de la policía en función de la población de cada raza, descubrimos el porcentaje de víctimas negras es cinco veces superior al de las víctimas blancas. Incluso teniendo en cuenta las diferencias sociales entre razas o la marginalización de los afroamericanos, que los sitúa en mayor proporción en barrios pobres y conflictivos, se trata de una diferencia brutal que indica, por si las numerosas imágenes grabadas en vídeo no lo hiciesen ya, que existe un problema de fondo en la sociedad americana que está muy lejos de solucionarse. Y que cuesta vidas.

En esta situación, no es extraño que la comunidad negra (cuya historia de sufrimiento y lucha por sus libertades les ha hecho adquirir una actitud más activa y militante que la de otras minorías) esté a la que salta, aunque sea en temas aparentemente tan triviales como unos premios cinematográficos. Las tensiones raciales no han hecho más que aumentar en los últimos años, y las heridas que se habían cerrado con la aparición de Obama se han vuelto a abrir para mostrar que se habían infectado y ahora están llenas de gusanos.


¿CUÁL ES EL PAPEL DE LA ACADEMIA?

Eso depende del rol que quieran jugar en el mundo del cine, pero también de la función que crean que tiene el cine en el entorno cultural americano y global. En sus estatutos, la Academia recoge su objetivo organizacional: “Mejorar la calidad artística del medio cinematográfico, proporcionando un foro común para los diversos ámbitos profesionales de la industria, y promoviendo la cooperación en la investigación técnica y el progreso cultural”. En su web recogen otra finalidad: “Reconocer y defender la excelencia en las artes y las ciencias cinematográficas, inspirando la imaginación y conectando al mundo a través de las películas”.

En cualquiera de los dos casos, la Academia no debería contentarse con el estado actual de la industria cinematográfica si detecta que existen desigualdades o injusticias. Para ver películas gratis y votar unos premios no hace falta una institución. Si es solo eso lo que van a hacer, si su trabajo es meramente pasivo, poca utilidad tienen. Para mantener un archivo histórico ya existe el American Film Institute.

Al contrario, su papel debería ser activo desde las mismas bases, desde la formación de profesionales hasta la promoción de todas las iniciativas que permitan dar oportunidades en el mundo del cine a todos aquellos talentos que lo merezcan, en especial aquellos que encuentren dificultades para entrar en ese club exclusivo que es la Meca del Cine. Y en un mundo cinematográfico donde el blanco lo inunda todo pese a que Estados Unidos es uno de los países más multiculturales del mundo, esto implica luchar por alcanzar una mayor diversidad no solo dentro de la propia Academia, sino dentro de Hollywood.




En este sentido, las medidas anunciadas por Cheryl Boone Isaacs pueden ser un buen primer paso para seguir este camino, aunque quizá sean insuficientes para acabar del todo con la brecha racial. El objetivo de doblar la representatividad de las minorías (del 6% al 12%) en el seno de la Academia para 2020 no llega a cubrir por sí solo la distancia que separa este porcentaje con el de la población americana, aunque la dirección sea la correcta.

La medida ha sido criticada por suponer una injerencia en la valoración de méritos profesionales para la membresía, que se supone que es el único baremo que debería importar. Sin embargo, es muy poco probable que entre los nuevos académicos reclutados se encuentren novatos o personas sin trayectoria reseñable, por mucho que su color sea más oscuro. Recordemos que en la Academia solo hay unos 400 miembros de color (es decir, incluyendo a todas las etnias y razas). ¿Alguien duda de que se pueden encontrar fácilmente otros 400 con suficiente experiencia entre todos los actores, directores, guionistas, ejecutivos, técnicos de distintas disciplinas, animadores y demás ramas que componen la organización? A lo largo de cuatro años, no suponen ni la mitad de los que se suelen unir anualmente (4).

Formar parte de la Academia puede servir a las minorías de punta de lanza para hacer más fuerza dentro de Hollywood, para lograr la misma representatividad que tienen socialmente. La membresía les da acceso a recursos y contactos que de otra forma no tendrían, o que serían más difíciles de tener. Que los nuevos miembros consigan emplear esta posición de forma fructífera, que contribuyan a cambiar las cosas, depende de ellos pero también de que el resto de Hollywood no se oponga activamente a este cambio. La Academia solo puede llegar hasta cierto punto. El resto es voluntad, empatía y, a la vista de las cifras de entradas vendidas, sentido común.

La otra gran medida de la Academia está orientada a convertir el derecho a votar en los Óscar en un privilegio que los miembros deben ganarse con su trabajo. La nueva reglamentación establece periodos de 10 años desde el momento en el que se entra a formar parte de la Academia para reevaluar el estatus de miembro. Si durante esa década ha trabajado en cine, aunque solo sea una vez, retiene el derecho a voto. Si no, pasa a ser miembro emérito durante la siguiente década, con los mismos derechos que cualquier otro menos la posibilidad de votar en los Óscar. Ese privilegio puede recuperarse si en el siguiente periodo ha cumplido con lo estipulado. Y si cumple durante tres periodos, sean consecutivos o no, su derecho a voto pasa a ser vitalicio.

Es decir, que una persona que entrase a formar parte de la Academia en 1980 podría haber rodado una sola película en 1989, otra en 1996 y otra en 2001, y a día de hoy tendría derecho de voto para el resto de su vida. Aunque no vuelva a pisar un rodaje.

La única excepción son los nominados al Óscar, que son invitados automáticamente a la Academia y que, hagan lo que hagan, mantendrán su derecho a voto vitalicio.




Debería ser relativamente sencillo cumplir las nuevas reglas estipuladas, porque son bastante laxas, pero eso no ha evitado que los académicos protesten enérgicamente y que en algunos sectores se acuse a la Junta Directiva de discriminación hacia los mayores. Curiosamente, los mismos que lanzan esos dardos son los que afirman que no existe discriminación racial alguna. El argumento de esta contestación es que son precisamente los miembros más veteranos los que disponen de más experiencia, más criterio y por tanto su voto es más valioso para evitar las corrientes de moda que pueden hacer perder vigencia a una película con el paso de los años.

Sin embargo, ¿qué valor puede tener la opinión de una persona que lleva al menos una década sin trabajar? En especial en la rama ejecutiva, puede haber personas que se dedicaron durante un tiempo al mundo del cine y entraron en la Academia, pero que desde entonces han redirigido su carrera hacia otros sectores empresariales. También entre los técnicos puede haber muchos casos parecidos. Hay guionistas, actores o directores que se jubilan y no vuelven a trabajar en el cine. O que hacen alguna película pero dirigen su carrera al teatro o a otras manifestaciones artísticas que no tienen nada que ver, como la pintura o la fotografía.

El objetivo de esta medida es cribar a personas que no siguen en la brecha, que se han despegado del mundo del cine por los motivos que sean. Si nos fijamos en los datos del artículo del L.A. Times (2), esto puede afectar a alrededor de un 20% de los miembros, aunque muchos de ellos seguramente pueden encontrar algún resquicio que les salve. Es de suponer que la mayoría serán blancos, así que también puede servir para aumentar de forma artificial la representatividad racial hasta el objetivo del 12%, sin necesidad de invitar a muchos más miembros de color.

La principal pega de este plan no es que afecte a algunos ancianos que llevan 20 años arrugándose en su salón, sino que también penaliza a aquellos miembros que, por devenires de su carrera que no controlan, se ven obligados a trabajar en televisión.

Hasta ahora nos hemos centrado en las críticas vertidas contra estas medidas, que normalmente proceden de ciertos sectores de la prensa o de outsiders dentro de la industria. La gran mayoría de profesionales del cine a quienes se ha preguntado por su opinión sobre la polémica y sobre este plan, han contestado con el mismo argumento: el problema no son realmente los Óscar, sino la falta de diversidad en la industria; eso es lo que hay que corregir, pero si la Academia hace lo propio en sus filas, bienvenido sea (5).

También se ha llevado alabanzas. Sin ir más lejos, el sindicato de directores DGA ha subrayado que esta es una oportunidad inmejorable para atajar el problema de la falta de representatividad en el cine. Su presidente, Paris Barclay, señala que “la industria y la comunidad deberían ser responsables de contar las historias de todo tipo de personas y de reflejar las vidas tan diversas que llevamos”.




Se han dado propuestas más radicales. Rod Lurie, miembro de la rama de directores de la Academia, propuso en un editorial en The Hollywood Reporter quitar el derecho a voto general a los académicos y, en su lugar, instaurar comités ejecutivos en cada rama compuestos por miembros veteranos y jóvenes, y tomando en cuenta una distribución racial coherente. Cada uno de ellos se comprometería a ver la mayor parte de los films a competición y se establecería una reunión en donde pudiesen debatir los méritos de las películas visionadas, votando posteriormente a los nominados. La elección de los ganadores se haría como hasta ahora, abierta a todos los miembros de la institución.

Se trata de una medida rupturista con el sistema actual que, como el realizador sostiene, ayudaría también a disminuir la cantidad de ‘ruido’ promocional que ejercen los estudios para enfocar las miradas sobre sus caballos ganadores, y que benefician a aquellos que pueden gastarse más dinero en marketing frente a los distribuidores pequeños, cuyos films pueden verse sepultados en el olvido. Esto, además, podría dar lugar a elecciones mucho más arriesgadas de lo habitual.

Sin embargo, también dinamitaría uno de los puntos fuertes para dar credibilidad a los Óscar frente a otros galardones: son un voto de consenso porque los eligen más de 6.000 personas. Aparte de crear un importante cisma en el seno de la organización, en donde unos pocos elegidos tienen privilegios que se han quitado al resto. Así que, en la práctica, es más utópica que factible.

Cabe mencionar que esta no es la primera reforma en profundidad emprendida por un presidente de la Academia. En 1970, después de una década en la que el cine se había ido abriendo a los movimientos contraculturales y en la que los postulados rupturistas de la Nouvelle Vague comenzaban a influir en la estructura y estilo de los realizadores americanos, la Academia se enfrentaba a la irrelevancia. Sus elecciones continuaban reflejando al viejo Hollywood, el de las grandes superproducciones y los dramas de época apolillados, el de los musicales estentóreos sin conexión con la realidad de la calle. Las debacles comerciales se sucedían y la deriva parecía irremisible. El barco se hundía, y la Academia con él.

Entonces, como ahora, la Academia estaba compuesta por profesionales envejecidos, muchos de ellos inactivos desde hacía décadas, algunos incluso procedentes de los primeros años de existencia de la institución y olvidados desde casi ese instante. La membresía estaba cada vez más desconectada de los nuevos postulados e intereses del Séptimo Arte, y mucho más si cabe de la sociedad que les rodeaba. Las nuevas incorporaciones no eran suficientes para compensar este olor a naftalina




El presidente de la Academia en esa época, Gregory Peck, decidió tomar cartas en el asunto. Para empezar, retiró los privilegios de voto a los 335 miembros que llevaban inactivos más de 7 años (por entonces el número de miembros era la mitad que ahora, así que supondría alrededor del 10%). A otros 109 miembros los recolocó de sus distintas ramas a la sección genérica, perdiendo su capacidad para votar en la categoría en la que estaban y pudiendo solo participar en la de mejor película. Por último, otros 49 miembros fueron recolocados de una rama a otra por cambios profesionales. Asimismo, comenzó una campaña para reclutar a talentos jóvenes y llenar de sangre nueva la Academia.

Esos mismos jóvenes que hoy en día componen la mayoría de la envejecida ‘nueva Academia’.

La historia siempre se repite.


¿POR QUÉ IMPORTAN TANTO LOS ÓSCAR?

No existe ningún premio, cinematográfico o no, que sea realmente importante. Los pocos que se eligen de verdad de forma democrática y que están seleccionados por un número suficiente y cualificado de personas (y en principio los Óscar se incluyen en este saco) están ligados a multitud de sesgos objetivos y subjetivos, lo cual siempre relativiza su trascendencia.

Por ejemplo, los votantes solo ven una pequeña fracción de las películas que se estrenan, porque igual que todos nosotros, tienen familia, trabajo, ocupaciones, amigos y demás que les consumen tiempo. También difieren en sus gustos, su ideología, su criterio, su formación, su cultura, su origen, sus ganas de experimentar. Se les puede comprar incluso cuando no son conscientes de que les están comprando. Hay muchas formas de influir en ellos o de canalizar sus votos hacia una selección concreta y limitada de candidatos. Y encima, el sistema para contabilizar los votos es tal que si una película figura en todas las papeletas en el segundo puesto de la lista, pero nunca en el primero, es descalificada en primera ronda.

Lo que sale de esa amalgama de influencias y particularidades metodológicas parece tener cierta coherencia discursiva, pero la mayoría de las veces es fruto de la casualidad. No hay grandes temas que entren de repente en el subconsciente colectivo de la Academia, sino simples coincidencias afortunadas. Por eso, las nominaciones al Óscar no construyen una película, sino un collage de videoclips que, a fuerza de repetición, adquieren cierto sentido global. Y cualquier acusación dirigida hacia el común de los votantes (por ejemplo, que odian a DiCaprio porque aún no le han dado nada y han ignorado varias de sus actuaciones) olvida que cada uno solo es responsable de su voto, no del de los demás.

Que este año los Óscar sean tan blancos no significa que Idris Elba no se quedase en sexta posición, que Straight Outta Compton no se quedase a 3 votos de ser nominada, que Creed. La Leyenda de Rocky no fuese la favorita de decenas de académicos.

Y sin embargo, que no fuesen nominadas importa. Los Óscar importan.




Importan porque son unos galardones seguidos por miles de millones de personas, porque incluso aquellos que reniegan de ellos los conocen, porque puede haber un joven cinéfilo en Namibia que se quede de madrugada pegado a su televisor de tubo en blanco y negro para ver la gala porque está apasionado por el cine y los Óscar son lo más. Importan porque, al fin y al cabo, son la imagen pública del cine tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Y lo que en ellos tenga visibilidad, existe.

Todas esas miles de horas de informativos y programas, todas esas toneladas de tinta y papel, todos esos teras de información acumulada a lo largo de todo el año, pero especialmente entre diciembre y febrero, todo girando en torno a un solo evento y a un grupo selecto de personas: los nominados al Óscar. Pocas oportunidades más propicias para conectar con otras personas y avanzar socialmente a través de la cultura. La atalaya es inmejorable, pero está sujeta al capricho voluble de miles de personas individuales que no siempre escogen lo más sensato o lo más beneficioso. Ni siquiera lo mejor.

Los Óscar importan porque lanzan un mensaje al mundo sobre qué es relevante y qué no, sobre quién importa y quién no, quién existe y quién no. Dar la espalda a la diversidad racial, étnica o cultural es como dar carta blanca a la discriminación dentro de la industria, permitir por omisión que se perpetúe un sistema oligarca que niega la oportunidad a personas cuyo origen o cantidad de melanina no se ajusta a los criterios estéticos que marca una élite que vive en un mundo aparte. Poner una venda bañada en oro en los ojos del cine para no darse cuenta de que el mundo es mestizo.

Por eso, aunque el problema racial esté en la industria y no en la Academia, por eso importa tanto que los Óscar se den cuenta de esta situación y hagan lo posible para contrarrestarla, para abanderar el cambio. Porque sin ese esfuerzo extra para buscar aquello que la industria mete debajo de la alfombra, para darle visibilidad y promoverlo, la brecha entre el cine y la realidad continuará ampliándose.

Y una sociedad donde dos de cada cinco personas son de color no puede permitirse que la piedra más importante de su andamiaje cultural, el cine, caiga en la irrelevancia, el inmovilismo y el anquilosamiento. Una sociedad donde la igualdad entre razas y la aceptación del migrante todavía es causa de conflictos necesita de una cultura sólida, avanzada, capaz de liderar a las personas en un camino de tolerancia, automejora y progreso.

Y todo camino comienza con un paso. Quizá con un empujón. O con un hashtag puñetero.






(1) El concepto de ‘latino’ es algo difuso en términos demográficos, y parte de una concepción de la etnia muy ligada al fenómeno migratorio, ya que engloba a todas las personas nacidas (o descendientes de personas nacidas) en México, Centroamérica, Sudamérica, España y Portugal. Es decir, que entrarían aquí tanto Evo Morales como Mariano Rajoy. Afortunadamente, hay estadísticas para separar ambos grupos: están repartidos al 50-50. A efectos de este artículo, los incluimos a todos. Al fin y al cabo, en el peor de los casos son guiris.

(2) Es lo que sucedió con 12 Años de Esclavitud. Poco antes de conocerse su victoria, surgieron informaciones filtradas de que muchos académicos habían votado por ella sin haberla visto siquiera. Aducían que no les interesaba el tema, pero que “es lo que toca este año, si no, nos van a acusar de racistas”. Esto es una barbaridad en todos los sentidos imaginables: primero, porque su deber como académico con derecho a voto es ver todas las películas nominadas, y si no le interesan, que no vote; segundo, porque lo que debe contar en el voto no es el qué dirán, sino el valor cinematográfico de la cinta, su calidad respecto a las demás nominadas; tercero, porque demuestra una falta de altura moral e intelectual muy seria si no le interesa una película aclamada por todos sobre un tema tan importante cultural e históricamente como la esclavitud; y por último, porque con esta actitud, y sobre todo al hacerla pública sin cortapisas, se está deslegitimando y desvirtuando el triunfo de un film que reúne méritos más que de sobra en lo puramente artístico para obtener este galardón, sin necesidad de jugar la carta racial. Con tal de no parecer racista, se está actuando de forma ofensiva tanto para los negros como para el resto de competidores.

(3) Otros datos significativos de la Academia: el 77% son hombres y la media de edad está en 62 años. En cuanto a su actividad profesional, solo el 42% ha trabajado en la presente década. El 30% trabajaron por última vez entre 2000 y 2009, el 9% en los años 90 y el 8% tuvieron su último trabajo en el cine antes de 1990, es decir, que llevan un mínimo de 25 años inactivos. El estudio del L.A. Times no logró averiguar el último trabajo del restante 11%, pero podemos asumir que no se encuentran entre los más activos recientemente.

(4) Un recordatorio: Josh Hutcherson, Rob Riggle, Heather Graham, Russell Brand, Gerard Butler, Stephen King y Todd Phillips son algunos de los miembros que la Academia ha invitado en los últimos años; Idris Elba, Dee Rees, Michael B. Jordan, Carl Franklin, Cary Fukunaga, Joe Morton, Michael Kenneth Williams, Kasi Lemmons o Charles S. Dutton todavía no forman parte del club, al menos hasta donde llega mi capacidad de investigación.

(5) También hay una minoría que opina todo lo contrario y no ve ningún problema de racismo por ningún lado. El caso más extremo es el de Charlotte Rampling, que en una entrevista en la radio francesa Europe 1 afirmó con una falta de tacto considerable que "a lo mejor es que los actores negros no se merecían ser nominados". Y, por si no le había quedado claro a alguien su postura, señaló que la polémica #OscarsSoWhite "es racista contra los blancos". Se ve que se dio de repente cuenta del camino sin salida que estaba tomando, porque cuando la periodista le recordó que los afroamericanos se sienten como una minoría en la industria, simplemente respondió "sin comentarios".

 

Fuente: CINeol | Visitada: 2097 veces


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Comentarios (10)

21:54 - 15/02/2016

Corleone12

Excepcional el artículo Damned, extraordinariamente bien investigado.
No sé si lo conoces, pero te recomiendo un libro impresionante que se llama The New Jim Crow de Michelle Alexander, que analiza el fenómeno del 'encarcelamiento masivo' que se ha ido produciendo en Estados Unidos en las últimas décadas y como, en última instancia, se ha convertido en un nuevo mecanismo de segregación racial.

15:47 - 16/02/2016

p4dr1n0

Buen artículo, enhorabuena por el trabajo de investigación.

No obstante, y aunque estoy de acuerdo con el 90%, puntualizaría algunas cosas:

1.- No mezclemos churras con merinas, una cosa es racismo y otra una institución endogámica y envejecida. Me parecen fenomenal las medidas para "rejuvenecer" la Academia, por los mismos argumentos que tan admirablemente has expuesto, pero el hecho de que determinadas películas o profesionales no se tengan en cuenta, en mi opinión, tiene menos que ver con la raza que con el rancio conservadurismo fruto de la edad y el perfil de los votantes.

2.- El hecho de que las películas reflejen unas proporciones determinadas en cuanto a una raza, incluso que éstas no se correspondan con la sociedad (no se corresponden por poco, según tus propios datos, no olvidemos que son minorías) no debería de preocupar a nadie, en mi opinión. Lo que debe de preocuparnos es si existe alguna barrera REAL para que esto sea de otra manera. ¿Es así? No. ¿Se autorregula correctamente? Si. Entonces si se da que la mayoría son blancos bienvenido sea, no tiene NADA que ver con racismo. Según el argumento contrario la NBA sería racista y de una manera mucho más sangrante, ya que como el 80% de los jugadores es negro, y sólo un 12% de la sociedad pertenece a esa etnia...

3.- Este argumento ya ha sido "desmontado" en el artículo, pero insistiré sobre él. ¿De verdad algún candidato de una minoría se merecía tan claramente el Oscar? ¿Will Smith, Michael B. Jordan?. Veámoslo desde otro punto de vista, ¿cuántas grandes actuaciones, cuántas películas, cuántas injusticias contra blancos se han llevado a cabo en la Historia de los Oscars? Kubrick, Chaplin, Wells, Hitchcock... ¿alguien dijo mencionó el racismo? El Oscar a Martin Scorsese no se lo dieron hasta que tuvo 64 años. Hasta entonces, obra maestra tras obra maestra, ¿Decíamos "los Oscars son racistas", o simplemente "Los Oscars son una mierda"? Porque a mi cuando se lo dieron a Denzel Washington me lo parecieron, francamente. ¿No será que necesitamos etiquetar las cosas, darles una causa clara, aunque no sea así de verdad?

4.- Y por último y ya termino, sólo una última reflexión: Premios CINeol. Ni un negro, ni por equivocación (Y aquí sí que me cabrea porque me gustó "Straight Outta Compton" y "Beasts of no nation") ¿Qué os pasó, racistas de mierda? ¿No queríais que un negro tuviera un premio CINeol, verdad? No, no mintáis, no es que lo que votarais os gustara genuinamente más, es que eran blancos, ¿verdad? De cara al año que viene revisad vuestros estatutos y poned alguna cuota de minorías étnicas, o si no boicotearé la votación y.... vale, no puedo seguir más me da la risa.
[maligno]

PD En serio, no se tome como una crítica con animadversión... de hecho me ha encantado el artículo... y la política en USA da para otro artículo entero y su foro correspondiente, ahora mismo :-)

15:47 - 16/02/2016

p4dr1n0

Buen artículo, enhorabuena por el trabajo de investigación.

No obstante, y aunque estoy de acuerdo con el 90%, puntualizaría algunas cosas:

1.- No mezclemos churras con merinas, una cosa es racismo y otra una institución endogámica y envejecida. Me parecen fenomenal las medidas para "rejuvenecer" la Academia, por los mismos argumentos que tan admirablemente has expuesto, pero el hecho de que determinadas películas o profesionales no se tengan en cuenta, en mi opinión, tiene menos que ver con la raza que con el rancio conservadurismo fruto de la edad y el perfil de los votantes.

2.- El hecho de que las películas reflejen unas proporciones determinadas en cuanto a una raza, incluso que éstas no se correspondan con la sociedad (no se corresponden por poco, según tus propios datos, no olvidemos que son minorías) no debería de preocupar a nadie, en mi opinión. Lo que debe de preocuparnos es si existe alguna barrera REAL para que esto sea de otra manera. ¿Es así? No. ¿Se autorregula correctamente? Si. Entonces si se da que la mayoría son blancos bienvenido sea, no tiene NADA que ver con racismo. Según el argumento contrario la NBA sería racista y de una manera mucho más sangrante, ya que como el 80% de los jugadores es negro, y sólo un 12% de la sociedad pertenece a esa etnia...

3.- Este argumento ya ha sido "desmontado" en el artículo, pero insistiré sobre él. ¿De verdad algún candidato de una minoría se merecía tan claramente el Oscar? ¿Will Smith, Michael B. Jordan?. Veámoslo desde otro punto de vista, ¿cuántas grandes actuaciones, cuántas películas, cuántas injusticias contra blancos se han llevado a cabo en la Historia de los Oscars? Kubrick, Chaplin, Wells, Hitchcock... ¿alguien dijo mencionó el racismo? El Oscar a Martin Scorsese no se lo dieron hasta que tuvo 64 años. Hasta entonces, obra maestra tras obra maestra, ¿Decíamos "los Oscars son racistas", o simplemente "Los Oscars son una mierda"? Porque a mi cuando se lo dieron a Denzel Washington me lo parecieron, francamente. ¿No será que necesitamos etiquetar las cosas, darles una causa clara, aunque no sea así de verdad?

4.- Y por último y ya termino, sólo una última reflexión: Premios CINeol. Ni un negro, ni por equivocación (Y aquí sí que me cabrea porque me gustó "Straight Outta Compton" y "Beasts of no nation") ¿Qué os pasó, racistas de mierda? ¿No queríais que un negro tuviera un premio CINeol, verdad? No, no mintáis, no es que lo que votarais os gustara genuinamente más, es que eran blancos, ¿verdad? De cara al año que viene revisad vuestros estatutos y poned alguna cuota de minorías étnicas, o si no boicotearé la votación y.... vale, no puedo seguir más me da la risa.
[maligno]

PD En serio, no se tome como una crítica con animadversión... de hecho me ha encantado el artículo... y la política en USA da para otro artículo entero y su foro correspondiente, ahora mismo :-)

20:15 - 16/02/2016

Damned Martian

Qué mamonaso, me dice que está de acuerdo conmigo y luego me discute todos los puntos básicos de mi argumentación XD

p4dr1n0 escribió:1.- No mezclemos churras con merinas, una cosa es racismo y otra una institución endogámica y envejecida. Me parecen fenomenal las medidas para "rejuvenecer" la Academia, por los mismos argumentos que tan admirablemente has expuesto, pero el hecho de que determinadas películas o profesionales no se tengan en cuenta, en mi opinión, tiene menos que ver con la raza que con el rancio conservadurismo fruto de la edad y el perfil de los votantes.

Obviamente, estoy totalmente de acuerdo. Por eso me parece bien la medida de soltar lastre.

Supongo que con la cantidad de información que he querido meter no he dejado claro eso, pero creo que la principal razón por la que SOC no está nominada y muchos ni siquiera quisieron verla es porque están mojamutos y un Fuck the Police les escandaliza. Es una película para mentes jóvenes o, al menos, no calcificadas.

2.- El hecho de que las películas reflejen unas proporciones determinadas en cuanto a una raza, incluso que éstas no se correspondan con la sociedad (no se corresponden por poco, según tus propios datos, no olvidemos que son minorías) no debería de preocupar a nadie, en mi opinión. Lo que debe de preocuparnos es si existe alguna barrera REAL para que esto sea de otra manera. ¿Es así? No. ¿Se autorregula correctamente? Si. Entonces si se da que la mayoría son blancos bienvenido sea, no tiene NADA que ver con racismo. Según el argumento contrario la NBA sería racista y de una manera mucho más sangrante, ya que como el 80% de los jugadores es negro, y sólo un 12% de la sociedad pertenece a esa etnia...

Hasta cierto punto. Con el ejemplo de la NBA entran otras consideraciones y también me recuerda al debate sobre por qué no hay más mujeres en las carreras técnicas, etc. Hay que tener en cuenta intereses y capacidades (si es por cuestiones físicas, la genética de los negros es superior en muchos aspectos y en este sentido les beneficia en muchos deportes), igual que la formación o la cultura o la educación. Pero había que reducir por algún lado o escribo un libro.

Pero sí es cierto que la mayor parte del talento de minorías (no quiero incluir solo a los negros) está intentando abrirse camino en el cine indie y no acaba de dar el salto, les cuesta mucho sacar adelante un film. Y lo que los grandes estudios tienen para ellos es bastante pobretón, son incluso las sobras de los papeles pobretones que les dan a los blancos. O sea, que el porcentaje de papeles jugosos que se llevan los actores negros es risible. Y creo que sí que tiene que ver con una barrera real, solo que no es una barrera que esté escrita en un papel y por tanto no es algo que se pueda regular. Un mandamás puede decirle que no a cualquier actor que le salga de los huevos. Cuando le dice que no siempre a los de una minoría y solo quiere blancos (o hombres frente a mujeres, otro problema similar), entonces lo que hay que cambiar es una mentalidad, no unos estatutos organizacionales.

3.- Este argumento ya ha sido "desmontado" en el artículo, pero insistiré sobre él. ¿De verdad algún candidato de una minoría se merecía tan claramente el Oscar? ¿Will Smith, Michael B. Jordan?. Veámoslo desde otro punto de vista, ¿cuántas grandes actuaciones, cuántas películas, cuántas injusticias contra blancos se han llevado a cabo en la Historia de los Oscars? Kubrick, Chaplin, Wells, Hitchcock... ¿alguien dijo mencionó el racismo? El Oscar a Martin Scorsese no se lo dieron hasta que tuvo 64 años. Hasta entonces, obra maestra tras obra maestra, ¿Decíamos "los Oscars son racistas", o simplemente "Los Oscars son una mierda"? Porque a mi cuando se lo dieron a Denzel Washington me lo parecieron, francamente. ¿No será que necesitamos etiquetar las cosas, darles una causa clara, aunque no sea así de verdad?

Bueno, habría que analizar caso por caso, porque en cada uno hay motivos distintos: el tipo de cine, el estilo narrativo, la época concreta, factores políticos, escándalos personales, poca valoración en el momento que históricamente se ha demostrado incorrecta... Es un mundo.

Y obviamente no es por racismo, porque todos los que les quitaron el Óscar también eran blancos (en el caso de los actores, pongamos 95%). Ahí esa carta comparativa no la puedes jugar, aunque entiendo que era golosa. En el caso de "por qué no le han dado X a un negro" puedes valorarla al menos. No quiere decir que sea la correcta, pero al menos puedes barajar que sea una posibilidad o que, en caso de una valoración similar, pueda decantar la balanza. Llámalo racismo, discriminación, prejuicio o desinterés.

Por retroceder históricamente, creo que no nos equivocamos mucho si nos ponemos de acuerdo en que el motivo por el que no hay apenas negros nominados y ganadores antes del 64 es por un tema exclusivamente de segregación racial. Había muy pocos papeles para ellos y mucho menos jugosos. Se les consideraba ciudadanos de segunda. Ya tenía que venir un Lo que el viento se llevó para que les arrastrase al Óscar. Después de ese momento, la cosa fue cambiando paulatinamente y a partir de los 80 la cosa estaba ya más o menos normalizada, así que en teoría los motivos raciales no deberían influir. Y de hecho, se puede observar en las gráficas cómo, en efecto, hay un progresivo aumento lustro a lustro de los nominados de distintas etnias. En la primera década del siglo XXI hubo bastantes. Si hubiese seguido esa progresión, ahora mismo la cosa estaría más o menos en el lugar donde 'le corresponde'.

Sin embargo, en lo que llevamos de década ha descendido un huevo. Y eso contando con el boom de 12 Años de Esclavitud, que si la sacamos de la ecuación se queda en casi nada. Dime tú que no es para plantearse qué coño ha ocurrido. Es como si después de haber escogido a un presidente negro, o después de haber dado el Óscar a una peli negra, hubiesen dicho "venga, yo con esto ya tengo para olvidarme del tema durante años".

Por cierto, no me vas a convencer de que Michael B. Jordan no está mejor que la mitad de los actuales nominados, ni de que Creed (que es mejor que Rocky) no merecía ser la novena (o la octava por encima de pelis clasiconas que no pasan de correctas como la de Spielberg o Brooklyn).

4.- Y por último y ya termino, sólo una última reflexión: Premios CINeol. Ni un negro, ni por equivocación (Y aquí sí que me cabrea porque me gustó "Straight Outta Compton" y "Beasts of no nation") ¿Qué os pasó, racistas de mierda? ¿No queríais que un negro tuviera un premio CINeol, verdad? No, no mintáis, no es que lo que votarais os gustara genuinamente más, es que eran blancos, ¿verdad? De cara al año que viene revisad vuestros estatutos y poned alguna cuota de minorías étnicas, o si no boicotearé la votación y.... vale, no puedo seguir más me da la risa.
[maligno]

Tú lo dices de cachondeo, pero al fin y al cabo es uno de los efectos finales de esta cadena. Aquí a España llegan pocas pelis negras: las indies ni las olemos, las comedias no triunfan como casi ninguna comedia americana actual, y las otras son tan culturalmente específicas de los negros yanquis que aquí no nos interesan en absoluto. SOCompton es una marcianada para el público de Cuenca. Lo único negro que vemos en España son los papeles de mierda que les dan en Hollywood y las pelis de Denzel/Samuel/Morgan, que son al fin y al cabo los únicos que se llevan papeles que no están escritos exclusivamente para negratas. Así que poca oportunidad tenemos de que salgan unas nominaciones muy negras.

Pero bueno, al menos ese hueco que no llenan las pelis de negros, nosotros lo llenamos con pelis europeas de las que se estrenan un montón en España y que acaparan las nomin... oh wait!

20:53 - 16/02/2016

p4dr1n0

Jajajaja, si, si estoy de acuerdo en casi todo... pondría peros a algunas cosas que no se si no me he enterado bien o estoy en desacuerdo:

- Del punto 2 sigo bastante en mis trece... entiendo tu postura, pero creo que si Kathleen Kennedy, John Singleton, Oprah Winfrey, Antoine Fuqua o F. Gary Gray han llegado ahí... es difícil entender que al resto les sea negado por su condición. Me dirás que son excepciones... pero sigo creyendo que no es culpa del sistema. Tú mismo lo has dicho antes, de las carreras, en mi clase de la facultad había dos chicas de 100 y no es culpa de nadie... no las vas a obligar a matricularse.

- Lo de antes del 64 estoy de acuerdo contigo... e incluso yo lo fecharía en muchíiiisimo después. Pero precisamente por eso, porque esa baza ya no parece correcta, porque fue superada, si luego se vuelve a dar ése resultado buscaría otras causas. De lo contrario no avanzaríamos.

Y no me jodas... ¿Creed mejor que Rocky?¿En serio? y mira que yo soy tan fan de las de Rocky como el que más pero... ¿Creed mejor que Bridge of spies? Vamos, no hablas en serio...

Oye, y te digo una cosa, del último punto. Es cierto que mucho cine indie no llega a España, y que muchas veces se echa de menos (aunque vamos a mejor, y Sundance ayuda bastante) pero producciones dirigidas a afroamericanos (y hechas por afroamericanos la mayoría de las veces) hay en todos los segmentos, del cine y la TV, desde los más independientes a los más comerciales. Y no se pierde nada que merezca la pena en España... para que te hagas una idea, me sorprendió que están emitiendo 'Black-ish', pues ése suele ser el nivel habitual... Si quieres ver lo que te pierdes busca trailers... "The best man holiday", "About last night", "War room" o "The perfect guy"... hay todo un mundo de productos audiovisuales para afroamericanos... canales de televisión, programas, series, revistas, productos, películas... faltar no faltan, si luego no tienen muchas aspiraciones culturales ya no se de quién es culpa.

EDITO: Ojo, digo "busca trailers" porque yo es lo que veo; sinceramente nunca he ido a ver ninguna por más trailers o anuncios que me hayan puesto de ella. No me tiran para nada, sorry :-(

23:08 - 16/02/2016

Rocha

Sobra decirlo, pero por si acaso, enhorabuena por el articulo, magnifico como siempre :)

23:48 - 16/02/2016

Damned Martian

p4dr1n0 escribió:- Del punto 2 sigo bastante en mis trece... entiendo tu postura, pero creo que si Kathleen Kennedy, John Singleton, Oprah Winfrey, Antoine Fuqua o F. Gary Gray han llegado ahí... es difícil entender que al resto les sea negado por su condición. Me dirás que son excepciones... pero sigo creyendo que no es culpa del sistema.

De los que nombras, el único que ha intentado mantener algo de punto de vista culturalmente en sus películas es Singleton, que también ha sido un bluff importante después de un inicio prometedor. Los otros dos se han especializado en cine comercial y de acción sin más complicaciones, en especial Fuqua. Es como si me nombras a Tim Story: obviamente, no todos los directores negros son buenos.

Ahora, dime un director con personalidad que haya durado mucho en el sistema de estudios. A Spike Lee le dan de vez en cuando una oportunidad y lo vuelven a echar. Carl Franklin intentó blanquearse y acabó en TV. Ava DuVernay, Ryan Coogler y Steve McQueen están despuntando AHORA y no parece probable que renuncien a su voz, pero está por ver si no acaban con Spike. Dee Rees, Kasi Lemmons, Gina Prince-Bythewood, Richard Ayoade o Justin Simien todavía esperan a que alguien les eche un hueso.

A ninguno de ellos le han hecho un Colin Trevorrow/Marc Webb.

p4dr1n0 escribió:Y no me jodas... ¿Creed mejor que Rocky?¿En serio? y mira que yo soy tan fan de las de Rocky como el que más pero... ¿Creed mejor que Bridge of spies? Vamos, no hablas en serio...

Creed tiene todo lo mejor de Rocky elevado al cubo (la emoción, la emotividad, la cercanía, la lucha, el conflicto personal...), nada de lo malo (no hay ningún Paulie insoportable, la chica es interesante por sí sola y no un palo sin carisma...), y encima está dirigida como Dios. Por supuesto que es mejor que Rocky.

La de Spielberg es una peli correcta sin chicha ni limoná. Se ve con agrado y se olvida rápido.

Oye, y te digo una cosa, del último punto. Es cierto que mucho cine indie no llega a España, y que muchas veces se echa de menos (aunque vamos a mejor, y Sundance ayuda bastante) pero producciones dirigidas a afroamericanos (y hechas por afroamericanos la mayoría de las veces) hay en todos los segmentos, del cine y la TV, desde los más independientes a los más comerciales. Y no se pierde nada que merezca la pena en España... para que te hagas una idea, me sorprendió que están emitiendo 'Black-ish', pues ése suele ser el nivel habitual... Si quieres ver lo que te pierdes busca trailers... "The best man holiday", "About last night", "War room" o "The perfect guy"... hay todo un mundo de productos audiovisuales para afroamericanos... canales de televisión, programas, series, revistas, productos, películas... faltar no faltan, si luego no tienen muchas aspiraciones culturales ya no se de quién es culpa.

EDITO: Ojo, digo "busca trailers" porque yo es lo que veo; sinceramente nunca he ido a ver ninguna por más trailers o anuncios que me hayan puesto de ella. No me tiran para nada, sorry :-(

Sí, conozco ese cine 'para negros', es al que me refiero en el artículo por "Tyler Perry y subproductos del estilo". Pero bueno, tampoco suelen llegar a España. Tampoco tiene mucha peor pinta que las de Adam Sandler y otra gente por el estilo. De todas formas, son producciones modestas dirigidas a un nicho concreto y hay solo 4 o 5 al año, más o menos las mismas que pelis dirigidas a los ultracatólicos. Como digo, son las pelis con las que se tienen que conformar porque no hay más que eso y los Wayans estrenándose en todo el país.

11:07 - 17/02/2016

p4dr1n0

Bueno, creo que tenemos visiones distintas (igual tú llevas razón). Por ejemplo, la visión que tengo de Spike Lee (generalizada en mi círculo de por allí) es que el tío no hace películas con regularidad porque no quiere, es profesor en una universidad de Nueva York y no se mueve de allí, de su casa en East Harlem y su antigua oficina, y todos los partidos de los Knicks en el Madison. Ni se le ve por los Ángeles. Cuando sale de su retiro es voluntariamente, como en OldBoy. No tiene el menor interés en llevar una carrera de dirección al uso.

De lo de Rocky... sinceramente, estoy tan en las antípodas de ésa opinión que no creo que lleguemos a ponernos de acuerdo, no sabría ni por dónde empezar. Coincidamos en que no estamos de acuerdo :-)

Y lo otro, es cierto que lo has mencionado en el artículo, sólo llamaba la atención sobre ello para hacer hincapié en que realmente no es que no tengan presencia, ciertamente la tienen. ¿Comparable a la de Adam Sandler? Supongo que no serán peores, si tuviera que elegir preferiría ver alguna de ésas antes que las de Sandler, pero no están excluídas de los premios por raza, al igual que las otras. Lo que pretendía decir, supongo, es que dinero en producciones propias sí que tienen, con lo cual podrían elegir hacer otras cosas.

Y no hemos mencionado otro fenómeno (que me alucina) que es el de 'peli de negros: director y guionista negro', 'Peli de mujeres: directora y guionista mujer', casos que se dan últimamente en todos lados, incluso en las de superhéroes: Pantera Negra, Captain Marvel, Wonder Woman... me choca muchísimo. Me parece fatal, casi otra manera de segregación, no me parece que sea un paso adelante.

19:57 - 17/02/2016

Damned Martian

p4dr1n0 escribió:Bueno, creo que tenemos visiones distintas (igual tú llevas razón). Por ejemplo, la visión que tengo de Spike Lee (generalizada en mi círculo de por allí) es que el tío no hace películas con regularidad porque no quiere, es profesor en una universidad de Nueva York y no se mueve de allí, de su casa en East Harlem y su antigua oficina, y todos los partidos de los Knicks en el Madison. Ni se le ve por los Ángeles. Cuando sale de su retiro es voluntariamente, como en OldBoy. No tiene el menor interés en llevar una carrera de dirección al uso.

Pero si es el Woody Allen de los negros! Casi todos los años saca peli nueva! Por no mencionar que también hace documentales, cortos, miniseries, telefilms... Échale un ojo.

Y no hemos mencionado otro fenómeno (que me alucina) que es el de 'peli de negros: director y guionista negro', 'Peli de mujeres: directora y guionista mujer', casos que se dan últimamente en todos lados, incluso en las de superhéroes: Pantera Negra, Captain Marvel, Wonder Woman... me choca muchísimo. Me parece fatal, casi otra manera de segregación, no me parece que sea un paso adelante.

Es una forma de estereotipar, desde luego, aunque en muchas ocasiones es sencillamente que ese director/a concreto se ha interesado por ese guion cuando otros (blancos, hombres...) no lo han hecho. Solo se me ocurre Paul Feig como director hombre que haga pelis de mujeres. Respecto a los blancos que hacen pelis sobre negros (o sobre temas raciales), suele salir algo así:

http://www.rottentomatoes.com/m/black_or_white/

No me parece mal que les den el trabajo de esas pelis de superhéroes a directores de esa raza o mujeres, primero porque así evitan polémicas (se les supone cierta sintonía, aunque las pelis de Nancy Meyers son bastante más machistas que las de Paul Feig, así que cada caso es un mundo) y segundo porque todo lo que sea fichar a alguien que puede tener una visión distinta le viene bien al mundo del blockbuster. Ahora bien, no estaría de más que les diesen también alguna otra película que no solo tuviese que ver con su raza. No sé, una peli de Los 4 Fantásticos dirigida por un negr...



[burn]


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