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Zinemaldia 2015. Día 4. Primera joya en Sección Oficial

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Cuarto día de festival, casi llegamos al ecuador, y el cansancio se empieza a acumular. Este hecho, sumado a la falta de sueño, provoca que en algunas ocasiones sea complicado mantener toda la atención sobre la película que estamos viendo en esos momentos, y no es extraño ver a más de un compañero echando una microsiesta (y a veces no tan micro), sobre todo en los primeros pases de la mañana o en los insufribles pases de la Sección Oficial a las cuatro de la tarde en los que luchamos por no caer en los brazos de Morfeo como gladiadores en la antigua Roma.

Para salir vencedores de esa lucha y volver a la luz del sol en el exterior de las salas con la satisfacción de haber ganado una batalla (que no la guerra), ayuda mucho que en la película que se ve pasen dos cosas (incluso en contadas ocasiones se dan a la vez): la primera que el ritmo frenético de la cinta impida que ‘echar un sueñecito’ sea siquiera una opción; o la segunda que el espectador conecte a tantos niveles con la historia que el cansancio queda relegado a una sesión posterior.

Dos claros ejemplos de películas que cumplen con alguno de estos requisitos son Mi Gran noche y Amama.


Álex de la Iglesia presentó en Sección Oficial, fuera de concurso, su particular visión de la grabación de un programa de Nochevieja. Lo mejor para hacerse una idea de la película es pensar en una gran fiesta, esas que se disfrutan mucho mientras se están en ellas pero de las que te sueles levantar a la mañana siguiente con dolor de cabeza y cierta vergüenza al repasar en el móvil las fotos que hiciste. En definitiva es, como todo el cine de Álex, excesiva.

Su mayor problema es que quiere abarcar demasiados personajes, y a la vez que quiere hacer una denuncia demasiado light de la situación económica española. Se podría decir que estamos ante Los Amantes Pasajeros particular de Álex de la Iglesia (incluso hay un elemento común en los finales de las dos películas), lo que hace perder el foco sobre las auténticas estrellas de la función: el duelo entre Alphonso (Raphael en estado puro) y Adanne (Mario Casas en modo Chayanne desatado), que queda diluido en importancia con otras tramas, lo que provoca que realmente la vuelta del cantante de 'Escándalo' al cine sea en un papel más secundario de lo deseado.

Hay que reconocerle a la película que consigue tener al espectador pegado a la butaca durante sus 100 minutos de duración gracias a su montaje frenético, sus muchas referencias culturales y varios momentos cómicos que funcionan muy bien (mejor en la parte inicial que en la final). Pocas cabezadas y muchos aplausos para una gran noche que se disfruta mientras dura y se olvida al poco de salir de la sala.


En la otra categoría de películas, las que te mantienen despierto por atraparte desde el minuto cero, nos encontramos con la propuesta vasca a competición en Sección Oficial, Amama. Aunque sea injusto, antes del festival todo el mundo ya le había colgado a la película el cartel de "la nueva Loreak". Por suerte para el certamen y para la propia cinta, Asier Altuna escribe y dirige una historia que ni en tono ni en temática tiene nada que ver con la película de Jon Garaño y José María Goenaga.

Amama (Abuela) es un relato sobre cómo las tradiciones luchan con las nuevas generaciones para enfrentarse al mundo moderno. Habla del abandono del medio rural, de la familia y de la tierra, esa tierra que sirve para cultivar alimentos que nos sustentan y a la vez es el ancla de los orígenes para una generación anterior a la nuestra que ve con tristeza cómo los jóvenes no dudan en abandonarlas, así como del arte que extiende sus raíces en nuestro pasado. De esta forma, gracias a la poesía visual de Altuna, se pone en imágenes el enfrentamiento entre la tradición y la modernidad.

La naturalidad de los actores convierte un guión muy sólido, aunque para algunos excesivamente reiterativo, en pequeños retazos de vida que traspasan la pantalla y se clavan en la retina del espectador gracias en parte a la impresionante fotografía de Javier Agirre Erauso, que otorga al film un acabado visual ante el cual nos descubrimos con la boca abierta en más de una ocasión.

Para un servidor es de momento la joya del festival, esa película que queda apuntada desde ya en el listado de imprescindibles para recuperarla una vez se estrene en salas comerciales. La prensa se despidió de la proyección con un grito de "¡Poeta!" y muchos aplausos.


También con aplausos y alabanzas se está recibiendo en cada una de sus proyecciones Anomalisa, el acercamiento a la animación de Charlie Kaufman y Duke Johnson. Con guión del propio Kaufman, la película, ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Venecia, habla en tono de drama romántico del miedo a lo cotidiano, de la falta de pasión en una sociedad en la que todos sus miembros parecen tener la misma voz, donde no hay lugar para lo que es distinto y donde elegimos en masa, aunque eso suponga renunciar a lo que realmente nos hace felices. A priori la historia puede resultar convencional, pero no hay que asustarse pues también hay sitio para escenas made in Kaufman aliñadas con su particular humor.

Todo queda rematado por la técnica de animación stop-motion de marionetas, ante la que es imposible no rendirse desde los momentos iniciales de la película y con la que los directores consiguen crear, incluso, una de las escenas eróticas más bonitas que se recuerdan de los últimos años.


Anomalisa es una de las películas que más consenso favorable ha tenido en su recibimiento crítico. Menos suerte en ello y en lo de conseguir que nadie pegase una cabezadita durante la proyección ha tenido Eva no Duerme, retrato que recorre en tres largas escenas, compuestas de larguísimos planos fijos, el devenir del cuerpo de Eva Perón durante los 22 años posteriores a su muerte.

El embalsamador, El transportador y El dictador son los títulos de los tres segmentos que componen el film, interpretados por Imanol Arias, Denis Lavant y Daniel Fanego. En cada uno de ellos destaca el trabajo de fotografía y dirección, pero se queda muy corto a la hora de profundizar en la metáfora que quiere construir de utilizar el cuerpo (perdido, vejado, enterrado y recuperado) de Evita como imagen de la situación vivida (y que todavía perdura) por el pueblo argentino.

La película se ve perjudicada por el hecho de que el fondo no acompañe a la forma, y que ésta pierda enteros a medida que avanza el metraje. Por no hablar de lo de vendernos el nombre de Gael García Bernal como el primero del reparto cuando su aparición es casi testimonial. Silencio y escasos aplausos despidieron la proyección y servían de despertador a alguno de los espectadores.

En el próximo artículo (el del ecuador del festival) repasaremos otra de las películas que están dividiendo a la prensa, High-Rise; de la primera película de animación a concurso; y repasaremos las vencedoras del festival de Berlín (Taxi Téhéran) y Venecia (Desde allá). Hasta entonces, nos vemos en los cines.

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1132 veces


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Comentarios (2)

12:28 - 24/09/2015

Adrich

Con muchas ganas desde ya de ver Amama. Veremos si corre mejor suerte que su (injusto) referente, Loreak, y se estrena en suficientes salas comerciales.

De Mi gran noche, parece que en ningún pase está encantando. Ya el hecho de unir Alex de la Iglesia + Raphael + Nochevieja parece excesivo.

16:14 - 24/09/2015

Damned Martian

Álex de la Iglesia solo debería trabajar con presupuestos de serie B modesta. Así canalizaría sus excesos hacia algo más simpático y tendría que estrujarse la cabeza para tirar de o artesanal, en lugar de pegarse una ducha de dinero en todo lo que le salga del nabo sin importar que sea coherente o tenga sentido o el espectador acabe harto. Es posiblemente el director menos consciente de que el in crescendo no sirve de nada ni transmite nada más que hastío si tu clímax no tiene un punto límite donde todo estalle y vuelva la calma.


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