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ZINEMALDIA 2021 (VIII). La voz de los jóvenes conquista la Sección Oficial.

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Cada año cuando quedan pocos días para que empiece el festival tengo un ritual, buscar entre las duraciones de las películas cuál de ellas es la más larga que se proyectará y en qué sección se ubica. En esta edición el honor ha recaído en una película a competición que, en una broma macabra del festival, se ha proyectado en el tramo final del mismo. Todo parecía indicar lo peor pero los malos augurios no se han cumplido y Jonás Trueba ha presentado, para un servidor, la mejor película de la sección oficial.


Quién lo impide () es un proyecto iniciado hace 5 años en el que el director de La Reconquista (película que también compitió por la Concha de Oro en 2016) empezó a reunirse con jóvenes para hablar de sus inquietudes, sus miedos, su presente y su visión de futuro. Estas charlas nacieron sin una finalidad clara y poco a poco fueron tomando forma. En 2019 vieron la luz como cuatro piezas audiovisuales (Principiantes, Sólo somos, Si vamos 28, volvemos 28 y Tú también lo has vivido) que no sólo recogían esas entrevistas si no que contenían también varios momentos ficcionados interpretados por los propios jóvenes. Dos años después vemos esas cuatro piezas como el borrador de lo que posteriormente sería la obra monumental que hemos podido ver en el Zinemaldia.

La película empieza con una video llamada entre el director y los jóvenes protagonistas en la que Trueba les informa que 5 años después por fin tiene el montaje final de Quién lo impide. La noticia es recibida con jolgorio y alegría pero llega la temida pregunta “¿Cuánto dura?” le preguntan al director entonces es cuando Jonás Trueba aprovecha para explicarles a los jóvenes (y por extensión a los espectadores) la distribución de la película (un recurso que recuerda al que utiliza Mariano Llinás en sus mastodónticas e imprescindibles La Flor y Historias extraordinarias) por delante nos esperan 220 minutos repartidos en 3 partes separados por dos interludios de 5 minutos para que los espectadores “comenten lo que están viendo, tomen aire, vayan al baño”.


Las reglas ya están sobre la mesa así que “si os parece bien veamos la película” dice el director y a partir de ahí dejará de ser el guía de la película para convertirse en los ojos y oídos de los espectadores. Los jóvenes asumirán el mando durante las casi cuatro horas que nos quedan por delante en el que se compondrá un mosaico en el que cada pieza nos transporta a una película diferente, pasamos de jugar con la identidad de los personajes, a unas entrevistas sobre las inseguridades, a un drama sobre la soledad, a una película romántica, hay una discusión política, una película de viaje de fin de curso, una pieza musical y una cinta en la que se debate sobre el futuro presente. Incluso se permite, como si de una matrioska se tratase, jugar con estas piezas metiendo unas dentro de otras. Una diversidad de géneros y visiones que funcionan como reflejo de la personalidad de los jóvenes actores/personajes que vemos en pantalla.

Jonás Trueba sirve de altavoz a la rabia, la inconsciencia, al idealismo, la impulsividad, el compañerismo, las disputas, el miedo al fracaso, la alegría, la lucha contra lo establecido, el descubrimiento de la sexualidad y todos los demás temas que preocupan a una generación. Temas que, incluso en los juegos de ficción, suenan a reales gracias a la sensibilidad y naturalidad con la que están tratados tanto el relato como el retrato de los actores/personajes que aparecen en él.


Al inicio de la cinta, cuando uno de los jóvenes le pregunta a Jonás “¿Cómo va a aguantar el público las tres horas y medias?” él responde con la tranquilidad que le caracteriza “La gente aguantará, hay que confiar en la gente” sabiendo que durante los siguientes 220 minutos los espectadores no van a ver una película si no que van a sentirse parte de un grupo de jóvenes, van a gritar, a beber, a reír, a llorar con ellos y van a mirar al futuro con sus mismos miedos e incertezas sin saber cómo saldrán adelante aunque después de ver la película queda claro que parafraseando a Jonás “ellos aguantarán, hay que confiar en los jóvenes”.

Después de la proyección y el buen recibimiento ya son varias las voces, entre las que me incluyo, que se han alzado pidiendo la Concha de Oro para Quién lo impide. Mientras esperamos a ver si se cumple vamos preparando los últimos artículos antes del anuncio del palmarés oficial. En el próximo hablaremos de la vejez a través de la mirada de Paco Plaza y Gaspar Noé. Hasta entonces nos vemos en los cines.

Twitter Carlos Fernández

 

Fuente: CINeol | Visitada: 335 veces