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ZINEMALDIA 2021 (VI). Es una lata el trabajar

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Se acerca el final del festival y el cansancio hace acto de presencia así que dejémonos de introducciones y vayamos directamente a las películas. Os comentaba en el artículo anterior que hemos tenido un par de días con una Sección Oficial a competición muy descafeinada con películas que a pesar de no ser malos productos tenían muy pocos elementos remarcables y de las que os hablaré pronto.


Por suerte en esta edición la sección New Directors nos ha regalado algunos títulos muy interesantes con los que animar nuestros días. Desde Turquía y tras ganar, el año pasado, los dos premios de cine Work in Progress, que se otorgan en el festival y que permite que producciones en desarrollo se finalicen y obtengan distribución, hemos podido ver el debut de Selman Nacar, Entre dos Amaneceres (), una película que se podría incluir en ese casi subgénero cinematográfico en el que los personajes, y como diría Chiquito de la Calzada, sufren del llamado “una mala tarde la tiene cualquiera”. La historia se inicia con el accidente labora de un trabajador en la empresa familiar de Kadir, este suceso desencadenará una serie de situaciones en las que se pondrán en duda los valores morales de los implicados.

A pesar de ser su primer largometraje, Selman Nacar, demuestra oficio y buen hacer en el manejo de los géneros, moviéndose con fluidez y naturalidad entre el drama que denuncia la precariedad laboral, que ocupa la primera mitad de la cinta, y el Thriller y la tensión que aparecen y se acumulan a medida que avanza la película y las medias verdades empiezan a poblar el relato. Con un tono y desarrollo que podría recordarnos al cine de Asghar Farhadi sin la necesidad de forzar en exceso el dramatismo ni jugar en el filo de la navaja como el director iraní, lo que favorece a la credibilidad y naturalidad de Entre dos Amaneceres.

La lucha de Kadir, magnífica interpretación de Mucahit Kocak que consigue transmitir esa pérdida de confianza en el entorno y de control sobre si mismo que sufre su personaje a lo largo de la historia, por intentar evitar el posible cierre de la empresa y una posible denuncia de la familia del trabajador herido sirve al director turco para criticar el abuso de poder, la influencia e impunidad con la que se mueven algunos miembros de la sociedad. Una denuncia sutil y brillante como demuestra un cierre perfecto en el que un único plano sin necesidad de palabras consigue dar el último puñetazo encima de la mesa. Un cierre duro y certero para el debut de una carrera que habrá que seguir muy de cerca.

También sobre el mundo laboral, pero con un tono totalmente diferente se ha presentado la última película de Fernando León de Aranoa que ha ayudado a animar la Sección Oficial a competición.


El buen patrón () empieza cuando la empresa Básculas Blanco recibe la noticia que una comisión encargada de otorgar un premio a la excelencia empresarial les va a visitar en un futuro muy cercano. El carismático dueño de la empresa se encargará que todo esté perfecto, aunque el mundo a su alrededor se confabula en su contra.

La historia transcurre en el periodo de una semana a medida de la cual el tono amable y ligero de los primeros minutos de película se irá convirtiendo en algo muy diferente demostrando, una vez más, el talento de Fernando León de Aranoa como guionista, escribiendo su libreto más redondo en donde deja sus características reivindicaciones o trasfondos sociales en favor de una comedia ácida, negra, incómoda y construida sobre una especie de bucle con ligeras variaciones con las que controlar perfectamente las dosis de información que da al espectador jugando con su percepción y llevándole a equívocos. Además, El buen patrón supone un crecimiento importante de Aranoa como creador de imágenes abandonando la austeridad de sus primeras películas en favor de un producto visual mucho más atractivo, ayuda el gran trabajo de fotografía de Pau Esteve Birba, y acorde con la gran estrella de la función.

Julio Blanco es el patrón del título, en apariencia el jefe perfecto, preocupado por sus empleados a los que trata como familia, un tipo forjado a sí mismo, pero con más sombras que luces. Un personaje brillantemente escrito en el guión pero que explota gracias a la transformación que realiza Javier Bardem, quien ya había demostrado en numerosas ocasiones sus camaleónicas actuaciones pero en este caso la naturalidad de sus gestos, la capacidad de transmitir y moverse entre emociones en segundos con sutiles cambios en su rostro y la facilidad con la que se mueve en un registro más ligero, muy alejado de la intensidad a la que nos tiene acostumbrados, hacen que la figura de Bardem se diluya en el personaje de Julio Blanco convirtiéndolo casi en una persona de carne y hueso y creando una empatía con el espectador a pesar de sus reprobables acciones.

Aranoa sorprende y convence con esa especie de reverso tenebroso de los lunes al sol y se coloca como firme candidato a varios Goyas este año. Premio que este año ya debería llevar puesto el nombre de Javier Bardem.

En el próximo artículo repasaremos tres descafeinadas propuestas que han entrado a competición en los últimos días pero de momento voy a aprovechar que tengo cinco minutos libres y a echar una cabezada. ¡Nos vemos en los cines!

Twitter Carlos Fernández





Fotos: Inés Barreda

Twitter Inés Barreda
Twitter CINeol

 

Fuente: CINeol | Visitada: 518 veces


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Comentarios (1)

06:23 - 13/10/2021

linoguerin

La serie está bien.


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