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ZINEMALDIA 2021 (I). Cine y memoria para inaugurar el Festival.

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Todos los años cuando en el calendario asoma el mes de septiembre los ánimos del que esto escribe se vuelven felicidad, “la primavera la sangre altera” dice la cultura popular pero lo que realmente me afecta (positivamente) es la llegada del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Aunque este año no he podido venirme un par de días antes de la inauguración para disfrutar de la maravillosa ciudad de Donosti en estas primeras horas del Zinemaldia ya he podido disfrutar de alguna película, reencontrarme con amigos y conocidos y probar algunos de los pintxos de la Parte Vieja, vamos ¿lo que sería la antigua normalidad, no?

Arranca la 69 edición del festival y aunque pensábamos que este año podríamos olvidarnos de las mascarillas, que se volverían a llenar las salas sin necesidad de distancia de seguridad y nos olvidaríamos de la señalética y restricciones del año pasado al final no ha podido ser y nos ha tocado vivir una segunda edición en pandemia con todos los inconvenientes que eso conlleva.


Por segundo año consecutivo el Zinemaldia se ha abierto con una película que homenajea al mundo del cine, si el año pasado Woody Allen nos mostraba en su Rifkin’s Festival su carta de amor a sus directores favoritos este año, para volver a vivir el acto de asistir a una sala de cine como un evento de comunidad y unión entre los asistentes el Zinemaldia ha recurrido a Zhang Yimou en la inauguración de esta 69 edición.

UN SEGUNDO () se sitúa en la revolución cultural china donde un convicto, escapado de un campo de trabajos forzados, sigue al proyeccionista encargado de llevar la película de pueblo a pueblo (aquí es mejor no desvelar mucho sobre lo que le lleva a perseguir esos rollos de película) en uno de ellos ve como una joven vagabunda roba uno de los rollos de la película a partir de ese momento la película se convierte en una especie de road movie con momentos cómicos en el que los dos personajes, interpretado de forma excelente tanto por Yi Zhang como por la jóven Haocun Liu, intentarán recuperar la lata con el rollo de la película, mientras iremos descubriendo porque es tan importante para ellos, qué esconde el “segundo” del título y veremos como crece la amistad entre ellos.


Sorprende que, en esta ocasión, Zhang Yimou nos presente una película que podríamos catalogar de “pequeña”, con un desarrollo bastante simple, en donde (acostumbrados a sus grandes dramas) el tono es mucho más ligero y donde, por momentos, la comedia física (Splastick) ocupa parte del metraje, convirtiéndose en casi otro homenaje del director chino hacia esos inicios del cine. Unas películas que se movían de pueblo en pueblo y que convertía las proyecciones en una auténtica fiesta para los habitantes de esos recónditos parajes. En esa parte central, en la que el cine en celuloide se convierte en el nexo de unión entre los habitantes de un recóndito pueblo, es donde la película tiene los momentos más emocionantes, Yimou nos traslada la exaltación del cine (visto en pantalla grande) como evento multitudinario y es difícil no emocionarse con las imágenes de una sala llena y las caras de asombro de los que disfrutan la película. Dentro de ese canto al cine como experiencia unificadora, el director chino, también esconde un mensaje sobre la importancia del cine para conservar nuestro pasado. El celuloide como elemento, un elemento delicado y que requiere de cuidado, para evitar que nuestros recuerdos queden enterrados por las arenas del tiempo, unas arenas que están presentes durante gran parte de la película en las dunas que rodean los pueblos por los que se mueven nuestros protagonistas.

Con un punto de partida tan interesante y unas dos primeras partes notables el sabor final torna agridulce debido a un desenlace que no termina de estar a la altura y en donde puede que gran parte de culpa se deba a la censura que tuvo la película, que impidió que se presentase en el Festival de Berlín de 2020, retrasando su estreno, más de un año, en China y con escenas que se han tenido que volver a rodar para contentar a la censura. A pesar de esos cambios sí que se observa un tono crítico con la situación del país, la pobreza extrema que puebla el país y como el cine era utilizado como el “pan y circo” con propuestas a mayor gloria del ejército y la nación China con la proyección de “Hijos heróicos” (que revive la historia de la Guerra de Resistencia a la Agresión Norteamericana y de Ayuda a Corea entre los años 1950 y 1953. Esta guerra fue el primer combate en el extranjero del ejército chino después de la fundación de la nueva China) pero que queda diluido entre el metraje y sepultado por un epílogo que suena a imposición por lo desentonado que está en comparación al resto de la película.

A pesar de ese tramo final fallido la película se disfruta mientras se ve aunque la ligereza de su propuesta pueda afectarle en cuanto a perdurar en nuestra memoria al finalizar el festival. A pesar de eso, estamos ante la mejor película que ha inaugurado el Festival de San Sebastián en años, aunque hay que reconocer que la competencia tampoco es que fuera realmente dura.

Antes del pase del largometraje de Yimou, se proyectó, fuera de competición, Rosa Rosae. La guerra civil un corto dirigido por Carlos Saura, uno de los grandes maestros del cine español de todos los tiempos a quien el Festival ha vuelto a homenajear años después de otorgarle la Concha de Oro honorífica en 2007.

Ya se ha puesto en marcha la 69 edición del Festival y durante los próximos 9 días (los más esperados del año) tocas vivirlos con intensidad. En el próximo artículo hablaremos de tres películas de Sección Oficial que han provocado bastante división de opiniones. Hasta entonces, nos vemos en el cine.

Twitter Carlos Fernández

 

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