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ZINEMALDIA 2020 (VI). Aburrimiento y polémica en la Sección Oficial.

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Nos acercamos, irremediablemente, al final del festival y el cansancio ya nos acompaña durante la mayor parte del día y es necesario apoyarse en café y bebidas energizantes para poder hacer frente a la falta de horas de sueño y eso que nuestra idea, con la reducción de películas y pases, era que íbamos a tener más tiempo de relax, pero al final la diferencia con otros años tampoco la hemos notado tanto.

No ha ayudado, en estos últimos días, a eliminar esa sensación de cansancio el hecho de que, tras un potente arranque, la Sección Oficial haya entrado en una especie de para respiratoria del que, viendo el final tan cerca, nos sabremos si habrá alguna película que la pueda sacar.

Además de para sobrellevar el cansancio ha sido necesario café, Red Bull e incluso desfibriladores para enfrentarse a la película argentina a competición.


NOSOTROS NUNCA MORIREMOS () cuenta el viaje que Rodrigo y su madre realizan al pueblo donde acaba de morir su hermano mayor. Un trayecto que es a la vez un periplo burocrático para poder enterrar el cuerpo y una búsqueda de información por conocer qué paso todo en un limbo continuo entre presente y recuerdo, mediante unos flashbacks que descolocan en un primer momento, entre la persona que conocimos y el cuerpo que nos ha abandonado.

Apoyado en un ritmo pausado, un uso de la palabra casi inexistente y unos amplios espacios abiertos por los que se mueven los protagonistas, Esteban Crespo, realiza una apuesta constante por la melancolía. En esa cadencia lenta, en el que el tiempo parece detenerse y funciona como metáfora del estado emocional de la madre es donde la película me genera menos conexión pues la combinación de supuesta poesía de imágenes y texto con la frialdad de las acciones de los personajes me termina por provocar apatía hacia ellos y termino por desconectar de sus andanzas. Además de hacer perder fuerza, por quedar diluidos en el tedio de todo lo anterior, los pocos momentos destacables. Algunos comentarios al salir del pase hablaban de ella como una película a medio pulir donde no se ha pasado del esbozo de ideas y que en vez de conseguir algo atractivo nos ha dado una película realmente aburrida y carente de emoción.


Con ritmo pausado, pero con una propuesta mucho más interesante se ha presentado en el festival IN THE DUSK () que nos sitúa en Lituania, 1948. La guerra ha terminado, pero el país está en ruinas y un grupo de partisanos combatirá, en una batalla desigual, contra las tropas invasoras soviéticas. Muy alejada, en tono, forma y al ritmo que nos tiene acostumbrado las grandes producciones bélicas americanas, Sharunas Bartas, opta por casi obviar el conflicto militar para centrarse en una guerra de individuos en lo que podríamos definir como cine bélico intimista y donde la batalla más importante no se lucha contra un enemigo, que también, sino contra la desconfianza creciente entre los propios compañeros de armas.

Si comentaba el primer día que, en Nuevo Orden, Michel Franco, ofrecía una visión muy pesimista de la sociedad en este caso podríamos colocar al director lituano en la misma vertiente de pensamiento en el que el hombre es su propio peor enemigo.

Sharunas Bartas nos coloca, con un notable trabajo de dirección, en mitad del conflicto y ante nuestros ojos irán apareciendo personajes que hasta bien avanzada la historia no revelarán su función. Así que lo que en el fondo es una muestra de esos horrores de la guerra y de la capacidad del ser humano para hacer el mal, exige un esfuerzo al espectador, sobre todo en la primera mitad, ante la densidad, falta de presentación previa de situaciones como de personajes y ritmo pausado que Bartas imprime a su película.

La densidad en el ritmo se ve potenciada, además, por el drama constante al que nos somete el director, no dando lugar ni a un respiro llegando incluso a jugar en exceso con la acumulación de momentos duros e incómodos como si la propia situación histórica y de los personajes no fuese lo suficientemente dramática. A todo ello se añade una fotografía (para mí la mejor vista en esta edición) que consigue potenciar esa oscuridad y densidad cuando se mueve en pequeños espacios cerrados y que nos traslada al frío y desampara cuando la acción sucede en los bosques lituanos.

Una cinta que va de menos a más y que a pesar del ritmo y esfuerzo que exige en su primera parte ofrece una recompensa al espectador en un notable segundo tramo donde, una vez dispuestas las piezas en el tablero, las relaciones y acciones empiezan a atar cabos. Si bien en caliente todo el primer tramo puede actuar en su contra, a la hora de valorarla, con el paso de las horas, pensando más en ella y los detalles la valoración mejora varios puntos.

En la misma situación se encuentra la película más polémica del festival, la que más ha polarizado y la que ha provocado reacciones más enérgicas (positivas y negativas) tras cada uno de los pases.


Seleccionada por el Festival de Cannes, que no se pudo celebrar, llegaba al Zinemaldia la película georgiana, BEGINNING (), de la debutante Dea Kulumbegashvili, en la que (según la sinopsis oficial) En un tranquilo pueblo de provincias, una comunidad de Testigos de Jehová es atacada por un grupo extremista. En pleno conflicto, el mundo de Yana, la esposa del líder de la comunidad, se desmorona lentamente. Aunque es probable que esto no os dice mucho y tenéis razón pues es muy complicado hablar de ella intentando sacar un resumen pues si bien el tema del dominio y la sumisión de la mujer por parte del hombre agravada por determinadas comunidades religiosas, donde la interpretación literal de los símbolos y las palabras sirve como excusa para llevar ataques y represión contra los miembros “diferentes” de la sociedad, está presente no es más que una de las capas que podemos adivinar.

Desde el impactante inicio de la película asistimos a una puesta en escena arriesgada, que se mantendrá coherentemente durante toda la película, consistente en larguísimos planos fijos en donde es tan importante lo que sucede en pantalla como lo que ocurre fuera de campo. Aunque arriesgada y polémica, por el tratamiento que hace de la violencia, supone un estimulante debut alejado de lenguajes cinematográficos más comunes y accesibles provocará en los espectadores más inquietos y pacientes una de las experiencias cinematográficas del año. Una experiencia alejada de la narración clásica donde toda la película es un viaje al estado de ánimo de la protagonista utilizando para ello un lenguaje que reinventa los códigos conocidos para convertirlos en una forma de transmitir la distancia y soledad que rodean la vida del Yana.

Al igual que In the Dusk, aunque en la lituana sea más accesible y con elementos más conocidos, los espectadores que consigan conectar con la película tendrán como regalo una secuencia final asombrosa que nos lleva, una vez más, a esa lucha entre simbolismo/realidad y que vuelve a jugar con las emociones. Un final que dará mucho que hablar. Sería estimulante aunque a efectos comerciales va a ser una cinta difícil de vender que terminase recibiendo alguna mención en el palmarés (actriz y dirección serían más que probables) aunque para salir de dudas habrá que esperar un día más.


Una película que no va a tener difícil su distribución y comercialización, incluso con un éxito relativo en taquilla, aunque solo sea por el reclamo de sus actores es la inglesa SUPERNOVA () en la que Sam y Tusker una pareja que llevan veinte años juntos, y están tan enamorados como siempre. Pero que ven como su vida a cambiado debido a que a Tusker fue diagnosticado de demencia prematura. Lo que empezará como un viaje para abordar planes de futuro deciden realizar un viaje por carretera y reencontrarse con amigos, familiares y visitar los lugares de su pasado terminará por sacar a la luz secretos que pondrán a prueba su amor. Si bien parte de una premisa que podría se la de una, o ciento cuarenta y tres, Tv movie de Antena 3 que emiten el domingo a la hora de la siesta.

Harry McQueen otorga a la película una sencillez y buen gusto que le hacen jugar en otra liga. Consiguiendo que una película que empieza como una ligera película sobre el viaje de la pareja (con un tándem Colin Firth, Stanley Tucci funcione tan bien y con tanta química que seguramente nos encontramos ante sus dos mejores actuaciones, el premio para los dos no sería descabellado) se va tornando poco a poco más dramático con la introducción de pequeños detalles y pistas que desembocan en la supernova del título, un momento que si bien no tiene una resolución original si que es de una ejecución brillante y emotiva, justo en mitad de la película para convertirse en una nueva estrella con un nuevo destino, del que es mejor no saber mucho más) y que consigue salvar con nota la posibilidad de caer en la lágrima fácil pero sin renunciar a la emotividad intrínseca de la situación.

Probablemente en otras manos sería un drama lacrimógeno de pornografía emocional pero McQueen construye una correctísima película donde todas sus piezas a la perfección para que brillen por encima de ellas sus dos protagonistas.

En el próximo artículo cerraremos la sección oficial con dos películas asiáticas. Hasta entonces ¡Nos vemos en el cine!

En el Podcast de Cinema Manifesto tenéis una charla algo más distendida sobre las películas comentadas aquí arriba.

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Twitter Carlos Fernández

Fotos: Inés Barreda
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