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ZINEMALDIA 2020 (II). Sueños de cine y revolución.

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Cada año, la noche antes del inicio del festival, tengo un sueño recurrente en el que me quedo dormido y llego tarde a retirar las entradas de los pases que tengo en el planning, me quedo sin pelis para ver y como es normal de los nervios y el agobio me acabo despertando mucho tiempo antes que suene el despertador. Este año, a pesar de tener ya todas las entradas del festival y de no repetirse el sueño, también me he despertado mucho antes de que sonase la alarma. Queda claro que los nervios no estaban en la posibilidad de quedarme fuera de alguna peli si no que, aunque lleve 15 asistiendo al Zinemaldia, todavía me pongo muy nervioso la noche antes de empezar a disfrutar de las películas y del ambiente cinéfilo que se respira en la ciudad.

De sueños (cinéfilos), del Festival de San Sebastián y de la propia ciudad nos habla la película inaugural de esta 68 edición del Zinemaldia.


En RIFKIN'S FESTIVAL (), Woody Allen nos cuenta la historia de un exprofesor de cine que viaja junto a su esposa, representante de prensa de artistas, al Festival de San Sebastián. Una vez allí las atenciones que su esposa mostrará por un prometedor director de cine le harán ver la posibilidad de un final de su matrimonio lo que le provocará un dolor en el pecho por el cual acabará conociendo a una agradable doctora con la que entablará una amistad mientras que por las noches verá como los sueños le transportan a alguna de sus películas favoritas.

Tanto en sus memorias (A propósito de nada) como en la película, Allen, muestra su amor por los grandes nombres del cine clásico europeo y su indiferencia hacia los coetáneos del otro lado del atlántico. Si el director neoyorkino ya había mostrado su admiración a ciertas figuras y ciertas épocas del cine con La Rosa Púrpura del Cairo y con el guión de Sueños de un seductor en esta película aprovecha su visita al Festival de San Sebastián para convertir los sueños del protagonista, Wallace Shawn como el perfecto alter ego de Woody Allen, en un homenaje continuo a directores como Federico Fellini, François Truffaut, Luis Buñuel, Ingmar Bergman, Jean-Luc Godard y Jean Renoir y es en esas escenas donde la película gana interés y ofrece las secuencias más divertidas, junto con el inicio de la cinta donde el sarcasmo y el cinismo de Allen se dispara contra ciertos personajes y “artistas” del mundo del cine consiguiendo, gracias a un fantástico Louis Garrel como director pagado de si mismo y con una misión personal de ser el salvador del cine, un momento realmente desternillante.

Los elementos anteriores sirven para acompañar una historia romántica, a través de diferentes puntos geográficos de la ciudad y pueblos de alrededores mostrados de una forma mucho más natural que en Vicky Cristina Barcelona, entre Wallace Shawn y Elena Anaya, que al principio me ha dejado bastante frío pero me ha convencido más a medida que avanzaba la película y se desarrolla su personaje, que si bien no llega al nivel de interés que ofrece la parte más relacionada con el mundo del cine nos regala una trama ligera y con una lectura de la vida mucho más luminosa, probablemente aquí tenga que ver mucho la calida y preciosa fotografía de Vittorio Storaro, alegre y menos cínica de lo que estamos acostumbrados en Woody Allen. Una alegría y luminosidad de contrasta con la situación actual lo que probablemente nos haga disfrutar más de ella y dibujar una sonrisa tras las mascarillas.

Probablemente en un par de días nadie hablará de ella pero, en mi opinión, es mejor inaugurar un festival con algo ligero y que en mayor o menor medida guste a todo el mundo pues para propuestas más arriesgadas tenemos nueve días por delante.


Y dentro de esas propuestas más arriesgadas llegaba a Donostia, tras ganar el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia, Michel Franco con NUEVO ORDEN () donde una lujosa boda de la alta sociedad se tuerce cuando una inesperada revuelta social da paso a un violento golpe de estado.

El director mexicano dirige con su habitual tono seco y directo una cinta que desde el primer minuto ya incomoda por saber que algo raro sucede tras los muros de la mansión donde se celebra la boda. Una tensión creciente se va apoderando de la película hasta que hacen aparición los manifestantes donde todo explota y la cinta se convierte en una distopía donde la violencia es la principal protagonista y el toque de queda y el control de la población queda a la orden del día y dirigida por un ejercito de revolucionarios corruptos que una vez llegado al poder ejercen las mismas maneras y represión por la que se habían revelado. Es en la segunda mitad, tras la aparición de los manifestantes, donde la violencia inunda la pantalla, con algún momento demasiado explícito, provocando una gran incomodidad en el espectador al que no suelta hasta su potentísimo final donde descubrimos que el Nuevo Orden al que hace referencia el título de la película funciona de una forma bastante irónica irónicamente y vuelve a poner sobre la mesa un claro ejemplo de cómo la violencia nunca es la solución si no una forma de generar más violencia.

Es la segunda película que hemos visto en esta 68 edición y va a ser muy difícil que veamos una propuesta tan potente que acabe dejando tan noqueado al espectador en la butaca.

Un inicio tan bueno de festival con una peli agradable de ver y un puñetazo directo al estómago era algo que nos hacía presagiar que más pronto que tarde llegaría la primera decepción y no ha hecho falta esperar mucho más pues la tercera película del día nos ha acabado estropeando el buen sabor de boca que llevábamos.


EL PRÓFUGO () nos devuelve al mundo de los sueños (o pesadillas), con los que empezaba este artículo, y más concretamente los que sufre el personaje de Erica Rivas, la sufrida novia de Relatos salvajes, tras sufrir un episodio traumático durante unas vacaciones paradisiacas. Natalia Meta presenta una propuesta que navega entre el terreno del drama, el thriller psicológico, el género fantástico, con algunas pinceladas del giallo y es en ese mar de géneros es donde la película nuca encuentra su lugar y termina naufragando al no conseguir que los cambios de tono se produzcan de forma fluida, para muestra nos valen los primeros 25 minutos (justo el tiempo que tarda en salir el título de la película en pantalla) durante gran parte de los cuales entre actuaciones forzadas, momentos extraños y una primera pesadilla de la protagonista tan fuera de tono que acaba provocando sonrojo, el espectador no sabe muy bien qué tipo de película está viendo y en ese justo momento se produce la situación que generará el desequilibrio emocional (o algo más inexplicable según se entienda la película) en la protagonista. Ese cambio de tono llega de manera abrupta y, aunque se crea una secuencia de tensión muy lograda, a un servidor lo único que le generó es desconectarme de una historia que, si bien construye momentos inspirados y escenas que consiguen despertar el interés, acaba por caer en el aburrimiento y terminar con la sensación de tener buenas ideas que no se han sabido plasmar o ejecutar para que funcionen correctamente. Una lástima.

Como ya os comenté en el artículo anterior en el Podcast de Cinema Manifesto tenéis una charla sobre alguna película más de las vistas en el día de ayer.

Puedes escucharlo aquí






En el próximo artículo entraremos en materia con la Sección Oficial a concurso donde hablaremos de brujas y amores de verano. Hasta entonces nos vemos en los cine.

Twitter Carlos Fernández
Fotos:Inés Barreda Twitter

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