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ACTUALIDAD Y CINE: La Bicicleta. Silencio, se rueda...

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Como medio de transporte, la bicicleta ha conseguido mantenerse en el tiempo desde su nacimiento con bastante solidez, y no sólo eso, sino que además su valor y percepción social ha ido en aumento con el paso de los años por muy diversos motivos.

Su versatilidad la convierte en un vehículo perfecto para todo tipo de superficie y de lugares, pero es en la ciudad donde sin duda alguna está adquiriendo mayor protagonismo y donde está intentando superar todos los obstáculos a los que se enfrenta, en ciudades no muy preparadas para su circulación. El protagonismo además se ve incrementado por la importancia ecológica que la bicicleta supone y, en los tiempos actuales de pandemia, por la alternativa perfecta que supone al transporte público, un vehículo que guarda perfectamente las distancia.

Aunque fue inventada inicialmente por el alemán Karl Drais en 1785, lo cierto es que el modelo actual y el que ha perdurado se debe principalmente al escocés Kirkpatrick Macmillan que en el año 1839 le añadía pedales y configuraba el modelo definitivo, que con los lógicos cambios, ha llegado hasta nuestros días.




Como reflejo de la sociedad, la bicicleta ha formado parte del mundo del cine en no pocas películas, siendo sin duda títulos como Ladrón de bicicletas o nuestra Las Bicicletas son para el verano como los títulos más emblemáticos o populares que se han llevado a la gran pantalla.

En esta ocasión, y en el Día Mundial de la Bicicleta, vamos a rendirla un sincero homenaje cinematográfico repasando otros dos títulos importantes en el mundo del cine contemporáneo que toman la bicicleta como elemento fundamental cada una de ellas por motivos distintos, aunque con algunos elementos comunes, como el protagonismo infantil en ambas y el simbolismo que respectivamente representa la bicicleta en las dos películas.

Por un lado, tenemos a los veteranos hermanos Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne con otro relato social, protagonizado en esta ocasión por un niño, Cyril, en circunstancias personales muy complicadas, y con una bicicleta como elemento personal de su vida. Por otro lado, una debutante en el mundo del cine, Haifaa Al-Mansour también con un relato social protagonizado por la adorable niña Wadja y una bicicleta como sueño. Estupendas películas para conmemorar un día muy importante en la sociedad actual.


PELICULAS




El Niño de la Bicicleta



En los primeros momentos de esta intensa película nos encontraremos con un niño, Cyril, que lucha desesperadamente por encontrar a su padre, que parece haber dejado su vivienda habitual. Escapa de la residencia en la que se encuentra, realiza llamadas telefónicas…todo en vano. Hasta que se cruza en su camino una mujer, Samantha, un hada madrina que dará un vuelco a su vida.

La silueta significativa de Cyril siempre será sobre una bicicleta, la misma que creía perdida, y que la propia Samantha a contribuido a recuperar. A partir de entonces la bicicleta va a significarse como el objeto que simboliza la seña de identidad de Cyril, su último y desesperado lazo que aún pudiera unirle a su padre, y en última instancia el nuevo lazo que le unirá a Samantha, una mujer que deberá saber sacrificar su propia vida personal por el bien del niño.

Para un niño de tan solo once años es complicado asumir ciertos aspectos de la vida de un adulto, y máxime cuando se trata de la ausencia intencionada e incomprensible de un padre. Tampoco puede entender el odio, la maldad, la venganza…son aspectos que escapan al entendimiento de la inocencia y esta excelente película lo refleja a la perfección. Esto provoca la rebeldía de Cyril, y en último término la violencia. En un momento dado, la propia Samantha le advierte: “no te decepciones si las cosas no son como sueñas…”. La crueldad de un padre que parece desentenderse de su hijo resulta sobrecogedora, y Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne se encargarán de crear esa tensión tan necesaria para hacer al espectador partícipe indignado de la historia.




La relación entre Cyril y Samantha va a ser el eje fundamental y robusto que marque toda la película con los lógicos vaivenes de una vida infantil muy complicada y una misión por parte de Samantha llena de dificultades, pero siempre con la esperanza de una sonrisa y de un cambio en su vida. ¿Es posible una vida mínimamente feliz, a pesar de todo?

Las nuevas relaciones sociales que entable van a marcar si realmente puede emprender una nueva vida o se hunde en un oscuro fango, y si va a poder pasear plácidamente en su bicicleta o va a recorrer un camino marcado por los pinchazos. En parte dependerá de él. Aunque van a ser decisivas las carencias afectivas que viene arrastrando a lo largo de su vida.

Los hermanos Dardenne vuelven a construir un relato duro y efectivo, manejando el aspecto social como pocos saben hacerlo y poniendo el dedo en una llaga social que está ahí y que cuesta reconocerla. Una película de gran intensidad que se guarda momentos de suspense y una escena crucial y brillantísima en el tramo final donde la moneda puede caer de un lado o de otro…

Los largos planos donde la cámara acompaña a Cyril en bicicleta nos transportan por un momento a su mundo y un poco a lo que está sintiendo en ese momento. La bicicleta jugará un papel importante, como símbolo de identidad y también de rebeldía, como mecanismo de defensa y también de independencia. En definitiva como parte fundamental del momento en el que Cyril vive. Como parte de él mismo.




La Bicicleta Verde



Esta película no sólo supone el debut en la dirección de Haifaa Al-Mansour sino también la primera película dirigida por una mujer en Arabia Saudí, lo que nos da una idea de las dificultades que debió suponer rodarla. Desde un primer momento sabremos, gracias a unos planos precisos, quién va a ser la protagonista de la historia: Wadja, una niña de diez años en un mundo muy hostil para ser niña y para ser mujer. Esas dificultades las iremos conociendo también poco a poco, en torno a la vida cotidiana de Wadja y de su bella madre, las cuales mantienen una relación realmente bonita. Una vida cotidiana marcada por una ortodoxia religiosa muy estricta, que relegan a la mujer a un papel muy secundario en la vida social con numerosas prohibiciones. Y una de esas prohibiciones es la de tener o ir en bicicleta.

Pero Wadja es una niña diferente, y se ha enamorado de una bicicleta verde que llega a una tienda, y que tiene muy claro, algún día conseguirá, porque como le confiesa su madre en un momento del film, “cuando te propones algo, nada te detiene”.

Wadja es divertida, alegre, pícara, emprendedora…y con estas cualidades se rebela contra un mundo que no entiende y le parece tremendamente injusto: “Ya verás cuando tenga una bici…”, le confiesa a su amigo Abdullah, con el que mantiene una bella e inocente amistad. Pero lo cierto es que va a tener muy complicado que algún día pueda tenerla, porque “las bicis no son para niñas”…

La película se presenta como un alegato auténticamente feminista donde la voz de la directora viene reflejada en Wadja y a través de ella construye un relato que tiene como anécdota una bicicleta verde, como símbolo de esa rebeldía y como símbolo también del anhelo de conquista y de la consecución de los sueños, en un mundo donde el machismo lo oscurece todo.



Como no podía ser de otra forma, la hipocresía siempre asomará por alguna puerta o por alguna ventana, y le servirá a la directora como denuncia, dentro de un relato que ya de por sí es completamente reivindicativo.

Wadja se presenta siempre rodando a contracorriente, muy segura de sí misma, con múltiples victorias, pero también con alguna derrota que le harán derramar alguna lágrima. Pero es una luchadora que jamás se rendirá, y encontrará la manera de ir forjando su propio camino.

Las escenas que protagonizan los niños actúan como auténtico aire fresco y puro en un relato demasiado triste en algunos momentos. En muchos aspectos Haifaa Al-Mansour toma como referente el cercano cine iraní en este tipo de escenas infantiles, otrogádole la importancia que merecen y añadiéndole ese plus de dulzura necesaria para enfrentarla al amargor de la batalla social diaria.

Quizás el argumento principal, la ansiada bicicleta no parezca realmente importante, pero todo lo que gira alrededor de ello y todo lo que de una manera u otra está relacionado con ese anhelo adquiere la importancia necesaria para que el relato en conjunto sí contenga una carga social importante.

Haifaa Al-Mansour construye una historia emotiva, donde en la sencillez de la mayoría de sus propuestas encontramos los mayores aciertos y las mejores virtudes. El espléndido trabajo de la niña (Waad Mohammed) nos permite empatizar con ella, comprenderla y casi adorarla cada vez que esa mirada tan intensa se refleja en la pantalla. La cámara, a pesar de las dificultades que pudo suponer el rodaje se mueve con firmeza, con decisión y cada plano está cuidado, para obtener esa sensación de realidad tan imprescindible.

Un excelente trabajo que supuso el trampolín para una directora que cuenta ya con cuatro películas en su haber.



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Dos películas excelentes que cada una en su estilo, cada una en su temática y cada una en su compleja trama social nos presentan el protagonismo de unos niños en un mundo adulto demasiado contaminado y nos presentan un objeto, la bicicleta como auténtico símbolo de liberación en ambas películas, y como el vehículo necesario para un cambio de vida, para pedalear hacia caminos intransitados.

Silencio, se rueda…




@sergio_roma

 

Fuente: CINeol | Visitada: 916 veces