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OSCAR 2018: Lo que la Academia ignoró

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Da igual que haya cinco, ocho, nueve o diez nominadas en los Óscar: siempre se quedan fuera muchísimas. Cada año compiten por este premio más de 300 films, y aunque más de la mitad son auténticas basuras o simples mediocridades que no merecen ser tenidas en cuenta ni gozar del estatus de candidata (aunque, gracias a categorías como canción, efectos especiales o maquillaje, casi siempre hay un Click, un Norbit o un Escuadrón suicida que se cuela con deshonor), hay otras que sí lo merecían pero han sido ignoradas en favor de otros films que, en muchas ocasiones, no son para tanto. También hay otras cintas que hace meses creíamos que iban a jugar un papel en la temporada pero se hundieron nada más estrenarse. Y otras que, por sus propias características, juegan en desventaja aunque tengan toda la calidad del mundo. Todas ellas tienen hueco en este artículo que ya se ha convertido en un clásico de CINeol.




Primero repasemos las películas que se han quedado a las puertas de la nominación. Si accediésemos al recuento de votos, posiblemente serían las siguientes en la lista, a juzgar por los reconocimientos que han recibido durante la temporada, el apoyo de la crítica y la reacción del público.


THE FLORIDA PROJECT


Sean Baker lleva tiempo siendo una voz a tener en cuenta en el panorama indie americano, por lo que no fue extraño que su última película pasase por festivales como Cannes y Toronto. Sin embargo, elabora un tipo de cine modesto y urbano, usando incluso con técnicas de guerrilla para rodar sin permiso y sin actores profesionales, que no suele dar el salto a las ‘grandes ligas’. No fue el caso de este film, que estalló por todo lo alto entre la crítica y el público de todos los certámenes por los que ha pasado, enamorando con su historia de niñas pobres pero felices en los barrios marginales a la sombra de Disneyworld. Durante la temporada de premios ha estado presente en la mayoría de los reconocimientos de la crítica y en algunos de los galardones importantes, como los Critics’ Choice, la lista de la AFI o los Spirit Awards. A la hora de la verdad, sin embargo, los sindicatos la ignoraron (seguramente no la vieron) y fue un síntoma inequívoco de que su (en teoría) segura nominación estaba en peligro. Su puesto en la lista lo ocupa el biopic de Churchill, pero de nuestros corazones nadie la puede sacar.



YO, TONYA


Desde que se vio en Toronto se venía especulando sobre cómo se tomaría la Academia esta comedia negra basada en un hecho real. La crítica la respaldaba de forma unánime, el público festivalero también, e incluso se especulaba con estatuillas aseguradas para sus dos protagonistas. Pero el cinismo no suele sentar bien en la Academia, y si no que se lo digan a Perdida. Había que ver cuál sería su recorrido en los precursores, y aunque las asociaciones de críticos solo destacaron su reparto, en los Globos de Oro y los sindicatos (PGA, WGA, muchos técnicos) tuvo una presencia tan destacada que parecía que no iba a tener problemas para colarse entre las candidatas. Un consejo: ante la duda de qué puede pensar un académico sobre un film que se ríe de temas tan crudos como la violencia de género, elegid el biopic tradicional y seguro que no fallaréis.



MUDBOUND


Una de las películas más celebradas en el Festival de Sundance 2017 fue este film de Dee Rees, cuya trayectoria indie la hacía candidata a ser la nueva Ava DuVernay. Su épica americana sobre conflictos raciales en la posguerra cosechó halagos por doquier, postulándose como una seria candidata al Óscar a un año vista. El problema al que tuvo que enfrentarse, y que otras cintas de este tipo no han tenido, es que Netflix la adquirió para distribuirla. Y no se trata solo de que el mundo del cine no sabe cómo posicionarse sobre la plataforma digital, sino que ésta no tiene experiencia en manejar una campaña de premios a tan alto nivel. El resultado fue una presencia titubeante en los precursores, a veces triunfal (nominaciones al SAG y WGA, casi todos los premios de reparto de la temporada) y otras desastrosa (ausente de AFI, PGA, Spirit, Globos, Critics’ Choice…). Pese a sus 4 nominaciones, la Academia fue más partidaria del criterio de estos últimos.



LA GRAN ENFERMEDAD DEL AMOR


Otra seria candidata a ‘película indie del año’ salida de Sundance, esta comedia dramática fue uno de los éxitos de taquilla de 2017 entre el cine alejado de los estudios, recaudando más que teóricos blockbusters como Rey Arturo o Ghost in the Shell. Todo gracias al boca a oreja. La crítica se volcó con ella en su estreno y, aunque no llegó a otorgarle ningún premio regional importante (sobre todo estuvo presente en la categoría de guion), la mantuvo en el candelero hasta que llegaron los ‘gordos’. Los Globos la ignoraron por completo, pero los Critics’ Choice y el AFI no, y los sindicatos fliparon muchísimo con ella: SAG, PGA y WGA es un combo que suele convertirse en nominación al Óscar, pero algo no funcionó para los miembros de la Academia. Se ha tenido que conformar con lo que todas las indies, mejor guion original y a casa.



MOLLY'S GAME


A todo el mundo le gustó el debut en la dirección de Aaron Sorkin. Tampoco es que la crítica la pusiese por las nubes, pero sí que la aplaudieron unánimemente como un sólido vehículo estelar para los diálogos del guionista y las virtudes (todas) de Jessica Chastain. El film llegó a la recta final de la temporada sin mucho ruido excepto en el campo de mejor guion adaptado (donde en realidad no había mucho rival), con algunas opciones también en el de mejor actriz. Pero cuando apareció en el PGA, en el ACE y Sorkin fue candidato al DGA como debutante, parecía que podíamos estar ante la sorpresa comercial de esta edición. Fue un espejismo.






Por otro lado, tenemos las películas que nacen con la etiqueta de potenciales favoritas, pero que una vez se muestran al público se quedan en agua de borrajas. Son buenas, reciben críticas positivas, pero por un motivo u otro no consiguen que les hagan caso en los premios. Se quedan en una tierra olvidada por el tiempo y, en especial, por la Academia.


DETROIT


Cuando en abril del año pasado comenzaron a salir las primeras predicciones salvajes de cara a esta edición, pocos tenían dudas de que este film iba a jugar un papel fundamental en la temporada. Demasiado pedigrí para ignorarlo. ¿El oscarizado equipo Kathryn Bigelow-Mark Boal rodando una película sobre el tema candente de la actualidad, la brutalidad policial contra los negros? Habría que estar loco para pensar que la prensa y las redes sociales la iban a destrozar por motivos ajenos a los cinematográficos, como el hecho de que la directora y el guionista fuesen blancos y por tanto no estuviesen moralmente autorizados por la Policía de lo Políticamente Correcto© para rodar una historia centrada en los negros. Y esa locura fue la que ocurrió. Gente preguntándose por qué esta historia no la contaba un realizador negro, como si el hecho de que otra persona no la hubiese contado tuviese algo que ver con que la contase Bigelow. Hace tres años habría sido nominada sin problemas.



LA BATALLA DE LOS SEXOS


Aunque a día de hoy nos parezca imposible, en 2006 mucha gente pensaba que Pequeña Miss Sunshine iba a ganar el Óscar. La triple victoria en tres de los cuatro sindicatos más importantes (SAG, PGA y WGA) dejaba a Infiltrados solo con el DGA, cosa que podía significar un premio para Martin Scorsese y hala, a acostarse que ya estás mayor. Desde entonces, Valerie Faris y Jonathan Dayton solo han rodado dos películas: Ruby Sparks y esta, que recibió una cálida acogida a su paso por Telluride y Toronto. Con un gancho comercial indiscutible y dos grandes estrellas, todo el mundo pensaba que iba a ser un éxito en taquilla y, ayudada por sus buenas críticas, podía aspirar al Óscar. Pero el público la ignoró por completo. Y sus opciones se esfumaron rápidamente. Sin el apoyo popular, sencillamente no era tan buena como para vencer esa barrera.



HOSTILES


Scott Cooper es quizá el mayor coitus interruptus de estos premios, con permiso de James Gray. Desde que en su debut le dio el Óscar a Jeff Bridges, todo el mundo espera que su siguiente película sea la que le lleva a la primera división de los galardones. Y ya van tres veces que son esperanzas vanas. La ley del más fuerte se quedó en el limbo. Black Mass fue una decepción en toda regla. Y ahora su incursión en el western, que le ha dado las mejores críticas desde su ópera prima, ni siquiera ha sido una mota de polvo en el radar de ninguna asociación, sindicato u organismo cinematográfico. Es posible que la Academia no sepa de su existencia. Dentro de un par de años sacará otra película, pero como ya ocurre con James Gray, no vamos a volver a caer en la trampa.



TODO EL DINERO DEL MUNDO


Se suele decir que Ridley Scott es el mejor director de malas películas de la actualidad. También es un señor mayor al que ya se la sopla todo y que se conoce tanto el oficio que puede dirigir rascándose las bolas, así que cuando se descubrió que Kevin Spacey era la peor persona del mundo y su película, otrora potencial favorita a la estatuilla, parecía destinada a guardarse en la misma caja fuerte que la del payaso en los campos de concentración de Jerry Lewis, Ridley bostezó, llamó a Christopher Plummer y en un par de semanas hizo un apaño. Aun así, no fue suficiente como para salvar la película para la Academia, que no la quiso tocar ni con un palo. Salvo por Plummer, por joder un poco a Kevin.



STRONGER


Llegará un día en el que Jake Gyllenhaal empiece a hacerse daño de verdad con tal de que la Academia le haga caso. No le ha servido ni obsesionarse con un asesino en serie, ni consolar a una viuda de guerra, ni perseguir a un secuestrador de niños, ni luchar contra el cáncer, ni desdoblarse en dos personajes, ni convertirse en un paparazzi amoral, ni luchar por rehacer su vida para ganar la custodia de su hija, ni lidiar con la muerte de su mujer, ni buscar venganza por el asesinato de su familia, ni convertirse este año en un ejemplo de superación personal tras perder ambas piernas en el atentado de la maratón de Boston. Hilary Swank ya tendría 18 Óscars con esa carrera. Él, solo una palmadita en la espalda.


Y más: Z, la ciudad perdida, La seducción, Wind River, La suerte de los Logan, La reina Victoria y Abdul, Héroes en el infierno, Las estrellas del cine no mueren en Liverpool.






Hay otro tipo de películas cuando hablamos de las decepciones: aquellas que han sido recibidas con absoluta indiferencia. Ni críticas buenas, ni ataques sanguinarios: un término medio a temperatura ambiente en el que nada destaca. Convertir un posible candidato al Óscar en un film del montón es la forma más mediocre de fallar, porque ni siquiera se acordarán de ti por lo malo que eres.


UNA VIDA A LO GRANDE


Después de quedarse cerca de la nominación en dos ocasiones (tanto Election como A propósito de Schmidt se hubiesen colado con diez candidatas), los siguientes tres films rodados por Alexander Payne optaron a mejor película. Tanto Entre copas como Los descendientes fueron reconocidos con el premio a mejor guion adaptado, mientras que Nebraska se fue de vacío. Quizá eso fue un preludio de la suerte que iba a correr el realizador americano, una de las voces más personales y enriquecedoras del panorama indie, con su primera incursión en el cine de gran presupuesto. Una vida a lo grande tira de ciencia ficción para contar tantas historias con tantas ideas en solo dos horas, que era imposible que la crítica se pusiese de acuerdo en alabarle o criticarle. El diagnóstico fue que era una cinta fallida, cosa que el público también se olió. Y la Academia pasó de largo silbando como si no hubiese visto a esa gente chiquitita.



LA ÚLTIMA BANDERA


Hubo un tiempo en el que Richard Linklater fue el realizador más querido, respetado y alabado por la Academia. Concretamente, entre julio y diciembre de 2014. Luego llegó Alejandro González Iñárritu dispuesto a medirse el paquete con él, y los académicos prefirieron el sabor mexicano. Antes y después de eso, Linklater ha sido un director laureado en el mundo indie y mayormente ignorado por la cultura popular americana, logrando más fracasos que éxitos. Su último film estaba en todas las quinielas para devolverle a primera línea, tanto por su reparto como por su tema (tres veteranos que se reúnen para enterrar al hijo de uno de ellos, caído en Irak). Que la película se mostrase antes de su estreno solo en una docena de festivales de medio pelo, incapaz de ser seleccionada ni en Toronto ni en Venecia pese a los nombres implicados, da buena cuenta de la indiferencia que suscitó.



EL MUSEO DE LAS MARAVILLAS


Algún día habría que analizar qué le ocurre a la Academia con Todd Haynes. Si buscan a un realizador con capacidad para aunar el formalismo clásico con la renovación argumental, es él. Si quieren películas bellas, él las hace. Si buscan emoción a flor de piel, para dar y tomar tiene. Al menos en dos ocasiones (Lejos del cielo y Carol) ha comenzado la temporada como uno de los favoritos para la victoria para poco a poco ir perdiendo ese estatus y finalmente ser ignorado por los Óscar. Con su última película no cosechó críticas tan unánimes y tampoco funcionó especialmente bien a su paso por los cines, así que estaba claro que la Academia ya le había tomado medidas para su ataúd desde mucho antes de que el primer precursor de la temporada se anunciase.



ROMAN J. ISRAEL, ESQ.


Dan Gilroy sorprendió a todo el mundo con su excelente debut, Nightcrawler, una de las grandes olvidadas en los Óscar de hace tres años. Estaba claro que al guionista y director le esperaba una fructífera carrera por delante, y que su siguiente proyecto se metiese en las cloacas del sistema de justicia y contara con un Denzel Washington en racha parecía la recete perfecta para que la Academia le diese lo que se merecía. Pero quizá nos olvidábamos de que Gilroy es el guionista de cintas tan recordadas como Acero puro, esa de Bourne en la que ni siquiera salía Matt Damon y la otra de Matthew McConaughey de apostador deportivo o lo que fuese, que ni el propio Matthew se acordará de ella. El resultado fue tan profundamente olvidable como su carrera previa, y solo Denzel sobrevivió, más por simpatía y ausencia de rivales que por mérito propio.



EL CASTILLO DE CRISTAL


A Destin Daniel Cretton le debemos como mínimo descubrirle al mundo lo gran actriz que es Brie Larson en la conmovedora Las vidas de Grace. Después de haber triunfado en el mundillo indie con ese film, había mucha expectación por su siguiente proyecto, un drama familiar para el que había conseguido rodear a Larson de un reparto estelar con Woody Harrelson y Naomi Watts. Sin embargo, la película no convenció ni a la crítica, que se quejó de que era poco más que un telefilm con más caché; ni al público, que le dio la espalda. Con un estreno veraniego que solo habría funcionado de generar boca a oreja, la cinta desapareció con rapidez.


Y más: Wonder Wheel, Una razón para vivir, LBJ, Asesinato en el Orient Express, Barry Seal. El traficante, La montaña entre nosotros, Deber cumplido, La casa de la esperanza, Norman: El hombre que lo conseguía todo.






Acusamos a la Academia de nominar cine comercial, pero siempre hay un tipo de films demasiado populistas como para que ellos quieran tocarlo. Salvo en muy contadas ocasiones, los blockbusters de acción, fantasía, ciencia ficción o terror son poco serias para el pedigrí que se le supone al Óscar. Lo mismo pasa con el cine infantil, familiar, juvenil o animado, esas bestias desconocidas para el votante medio. ¿Qué pensaríamos de ellos si llegan a nominar a alguna de estas cintas por encima del último biopic histórico?


WONDER WOMAN/LOGAN


La Academia tiene alergia al cine de superhéroes. Lo odia tanto que apenas es capaz de nominarlo en categorías técnicas. En comparación con las críticas entusiastas que logran algunas de estas películas, la reacción de los votantes se antoja excesiva. Este año tenían dos muy buenas opciones para romper la maldición. Por un lado, un western crepuscular sobre un viejo pistolero que ayuda a un poblado de niños perseguidos a lograr la salvación, solo que el viejo pistolero es Lobezno y sus armas son garras. Por el otro, una excelente cinta de aventuras con una heroína convertida en fenómeno cultural y ejemplo para las nuevas generaciones, no solo por su fuerza física, sino por sus valores de nobleza y altruismo. Ambas se llevaron unas cuantas nominaciones importantes que deberían haberlas situado en la cabeza de los votantes, pero al final la Academia solo pudo hacer el esfuerzo de dejarle un hueco en guion adaptado a Logan… porque no había absolutamente nada más que nominar ahí este año.



BLADE RUNNER 2049


Blade Runner fue un fracaso en taquilla y se llevó críticas atroces. Un tiempo después, la crítica y un sector de la cinefilia la reevaluó y la puso en su lugar de obra maestra. Pero el espectador medio sigue pensando que es un tostón. Así que darle 150 millones a Denis Villeneuve para rodar una continuación no parecía la mejor idea del mundo desde el punto de vista económico. Ante la sorpresa de muchos que no habían prestado atención, la película fue un fracaso. Las críticas, en cambio, la ensalzaron desde el primer momento, en algunos casos de forma tan hiperbólica que parecían tener miedo de que la historia les dejase tan en ridículo como a los críticos de 1982. Pero su escaso impacto popular eliminó cualquier opción que pudiese haber tenido de trasladar esas alabanzas en nominaciones al Óscar en categorías importantes.



COCO


Cuando la Academia decidió expandir a diez los nominados a mejor película, Pixar logró la hazaña de colar dos cintas animadas (Up y Toy Story 3) en la categoría reina, algo que hasta entonces solo había conseguido La bella y la bestia. Sin embargo, sus estrenos posteriores fueron tan flojos que, para cuando llegó su siguiente obra maestra (Del revés), los votantes ya se habían olvidado de que el cine de animación también participaba. También influyó que entre medias habían ajustado las reglas de la categoría y posiblemente habían perjudicado sus opciones. En resumen, parece que de ahora en adelante los films de este tipo tendrán que estar al nivel de pasar a la historia de las mejores películas de todos los tiempos para lograr la nominación. Coco está a un nivel alto dentro del catálogo de Pixar, pero muy lejos de pasar el corte.



LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS


Cuando hace unos años se anunció que Warner preparaba una nueva versión de la saga del Planeta de los Simios, muchos se echaron las manos a la cabeza. “¡Van a destrozarla!”, decían. No es extraño, viendo el lamentable remake de Tim Burton. Nadie se esperaba que esta trilogía se convirtiese en un clásico que empezó alto, pero ha ido creciendo en calidad, empaque, potencia formal, profundidad temática y complejidad moral a cada nueva entrega. La Academia la ha ignorado desde el primer momento, y es de suponer que para la tercera entrega ya es cuestión de principios o cabezonería no hacerle ni caso, por mucho que la crítica la declarase una obra maestra. Y ni siquiera les remorderá la conciencia.


Y más: Star Wars: Los últimos jedi, Baby Driver, Wonder, It, Múltiple, La bella y la bestia, cualquier otra película de Marvel.






El cine independiente o experimental siempre se enfrenta a muchos obstáculos para que la Academia le preste atención. La falta de presupuesto para publicidad y difusión significa que, a no ser que la crítica se vuelque contigo para darte visibilidad o des un campanazo en salas especializadas, la mayoría de indies son desconocidas hasta para la gente del cine. Y si tu película tiene algo de riesgo formal, entonces cruza hasta los dedos de los pies porque te van a mirar raro. Las excepciones que logran ser nominadas se cuentan con los dedos de una mano, pero estas se han quedado en el muñón.


THE DISASTER ARTIST


Ed Wood es posiblemente la mejor película que ha dirigido Tim Burton, pero no fue nominada al Óscar. Se podría pensar que 1994 era un año complicado para colarse, porque entre los candidatos estaba Forrest Gump, Pulp Fiction y Cadena perpetua. Pero también estaban la olvidada Quiz Show: El dilema y la olvidable Cuatro bodas y un funeral. Podría haber sustituido con toda justicia a cualquiera de las dos, pero enviar una carta de amor al peor director de la historia del cine no fue bien considerado en Hollywood. A James Franco le ha pasado más o menos lo mismo, con el agravante de que se centra en el rodaje de una sola película (si es que a The Room se la puede calificar así) que ningún votante habrá visto, por lo que el humor pierde mordiente y el marciano personaje de Tommy Wiseau puede resultar difícil de comprender. Si a eso le unimos las acusaciones contra Franco en plena semana de votaciones, es normal que su film se hundiese del todo cuando ya hacía aguas.



MADRE!


Que Darren Aronofsky consiguiese un pelotazo tan grande con Cisne negro, tanto en taquilla como con la conservadora Academia americana, es aún una de las historias más extrañas de este siglo. Para dar una medida de lo inusual de que un film tan salvaje y loco como ese alcanzase tal impacto, compárese con el caso de Madre!, que no es mucho más loca que aquella. La trama de la película debe entenderse por completo como alegórica, llena de simbolismos y dobles lecturas, por lo que está destinada a alienar a buena parte del público, pero dentro de ese marco todo el caos que va apoderándose del film tiene un sentido no convencional, pero sí más clásico de lo que a primera vista parece. Está claro que los académicos que llegaron a verla (pocos tuvieron que ser para que Jennifer Lawrence no fuese nominada, con lo que les gusta) no quisieron indagar mucho más.



A GHOST STORY


Una película sobre fantasmas no debería hacerte llorar, pero eso es lo que consigue el film de David Lowery, uno de los que más revuelo provocó en el Festival de Sundance 2017. Una cinta pequeña, minimalista, íntima, donde el realizador se confirma como uno de los artistas más interesantes de su país. Pero claro, dile tú a un académico que vea una película con la palabra ‘fantasma’ en el título. Dile tú que la vea cuando le explicas que no es de terror, es un drama con poco diálogo. Dile que la vea cuando sepa que tiene escenas de plano fijo de 10 minutos donde una mujer se come una tarta. Dile que le dé una oportunidad cuando puede votar por esa película de los carteles que le han dicho que tiene un toque como a John Ford, o por la historia esa de Churchill.



GOOD TIME


Hay que tener los cojones de un toro para saltar al estrellato en una saga juvenil, poder escoger cualquier proyecto que te plazca para explotar tu encanto para las adolescentes y amasar millones, y en lugar de eso escoger películas de artistas tan poco comerciales como David Cronenberg, James Gray, Werner Herzog o los hermanos Safdie. Así que respetad un poquito más a Robert Pattinson, que incluso se merecía una nominación (y de hecho, acumuló bastantes durante la temporada) por su papel en este thriller lisérgico que retrata la degradación social como pocas películas lo consiguen. Un film que sería material de Óscar si la Academia le echase los mismos huevos que Robert.


Y más: El sacrificio de un ciervo sagrado, Ingrid Goes West, Lady Macbeth, Marshall, Maudie: El color de la vida, Su mejor historia, Un reino unido, Historia de una pasión, Novitiate, The Meyerowitz Stories.





Para finalizar, nos encontramos con las películas que se merecen un puesto destacado en la historia, aunque sea al lado de desastres naturales como el terremoto de San Francisco o la erupción volcánica que acabó con Pompeya. Son esas películas que comenzaron el año en las listas de posibles nominadas, que tenían el pedigrí y el potencial para hincharse a premios, y que acabaron cayendo desde lo alto de ese rascacielos para hundirse en la mierda más absoluta. Basuras vestidas de gala con unas gotitas de Chanel para que desde la distancia no nos diésemos cuenta de la debacle que se avecinaba.


SUBURBICON


Cuando quiere, George Clooney es un gran director. Lo demostró con Buenas noches, y buena suerte. Lo confirmó con Los idus de marzo. Lo puso en duda con todas sus demás películas. Para su sexta incursión tras las cámaras contaba con un guion escrito a pachas con los hermanos Coen, lo que siempre es un sello de calidad, y con un reparto con actores de talla. ¿Cómo es posible que le haya salido un desastre de este calibre? El film intenta hablar sobre los conflictos raciales y pintar la podredumbre moral del votante republicano, pero lo hace de forma tan torpe y chabacana, con un manejo del tono tan esquizofrénico, con un guion tan superficial y ofensivo, que lo que nació como una crítica hacia la América Trump se puede considerar como el mejor argumento para que estos dementes puedan justificar su odio por ese Hollywood liberal y progre que da lecciones de superioridad moral desde un púlpito construido con fango. Ya tiene que ser mala una película para que nadie la defienda ni siquiera ante esta horda de trogloditas.


EL GRAN SHOWMAN


Hubo una época en la que los críticos usaban mucho la palabra ‘videoclipera’ para referirse a un tipo de cine muy pendiente de lo visual pero muy poco de lo narrativo, y deudor de todos esos vídeos musicales que se emitían en la MTV. Era una época en la que Hollywood buscaba sus nuevos talentos precisamente en la cantera de directores de estos vídeos, lo cual le salía más veces mal (McG, Michael Bay) que bien (David Fincher, Spike Jonze). Pues bien, El gran showman es la definición perfecta de ‘videoclipera’. Todo en ella es tan pop sobreproducido, tan desquiciado, tan excesivo, tan vacío, que parece un vídeo musical. Pero no uno actual, sino de hace un par de décadas. Normal que haya entrado tan bien para el público, y que la crítica y la Academia se hayan contagiado de herpes viéndola.



EL MUÑECO DE NIEVE


Hacía seis años que no sabíamos nada de Tomas Alfredson. Con una trayectoria que incluye cintas tan celebradas como Déjame entrar y El topo, había muchos motivos para esperar con ansias su nueva incursión en el thriller. Y más si contaba con Michael Fassbender, J.K. Simmons y Charlotte Gainsbourg en el reparto, y con un guion de los responsables de Drive, Frank y la serie The Killing. El resultado de esta combinación ya olía mal desde que apareció el tráiler, pero la reputación de todos los involucrados aún hacía mantener las esperanzas de que no fuese la basura infecta y cancerígena que acabó siendo. Quién nos iba a decir que Assassin's Creed no era la peor película que podía hacer nuestro Fassy.


TULIP FEVER


La historia detrás de esta película daría para escribir un libro. Inicialmente iba a rodarla en 2004 John Madden, pero el proyecto se cayó cuando ya se habían construido buena parte de los decorados. Hubo otro intento en 2011 con Tom Hooper. Finalmente en 2014 comenzó a rodarse a las órdenes de Justin Chadwick, que es la versión Hacendado de Hooper, lo que ya pinta mal. El primer preestreno fue en noviembre de ese año, pero fue tan negativo que el estudio la guardó en un cajón y puso de fecha de estreno junio de 2016. Luego julio. Después febrero de 2017. Agosto. Septiembre. Al final la tuvieron que estrenar de tapadillo, seguramente por alguna obligación registrada en los contratos, y resultó ser tan horrenda como su fama auguraba. Pero claro, ¿a quién se le ocurrió que el negocio de los tulipanes en el siglo XVII iba a dar para una película apasionante? Como dato curioso, el protagonista del film es Dane DeHaan, igual que en el 68% de los fracasos de este año.


Y más: El libro secreto de Henry, La promesa, La cura del bienestar, Diré tu nombre, Song to Song.

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1680 veces