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Crítica - La Momia (1999)

Poster

'Para disfrutar y olvidar'

26/11/2007 - Por Erick

(2/5)

La momia es sin duda unos de los personajes clásicos del género de terror de los años 30. Todo comenzó cuando el mítico Boris Karloff se enfundo las vendas en la primera versión y que luego en el 59 heredaría Christopher Lee. Sea como fuere, otros treinta años después nos ha llegado otra momia de primer nivel, pero algo diferente a las otras. Dejando de lado el cine de terror nos muestra a un Brendan Fraser emulando a Indiana Jones en un film de aventuras cien por cien palomitero.

Tal y como el estupendo prólogo nos cuenta, en Tebas en el año 1759 A.C. el amor prohibido entre Imhotep (Arnold Vosloo) y la concubina del Faraón, Ank-Su-Nammun (Patricia Velásquez), es descubierto. Tras el suicidio de esta y su frustrada resurrección, llevada a cabo por parte de Imhotep en Hamunaptra (la Ciudad de los muertos), el antiguo Sacerdote es castigado. Considerada su acción una herejía tan grande, este es enterrado, sepultado vivo y maldecido hasta el fin de los tiempos. Milenios más tarde los hermanos arqueologos Evelyn (Rachel Weisz) y Jonathan (Josh Hannan), encuentran un mapa que les conduce a la Ciudad de los muertos. Pero es destruido, por lo que no les queda más remedio que acudir a la persona a la que Jonathan robó el mapa, Rick O'Connel, un ex-legionario que, a cambio de salvar su vida, acepta guiarles en esta aventura. Por el camino se encontrarán todo un grupo de variopintos personajes como unos pretenciosos pistoleros americanos o Beni (Kevin J.O'Connor) un viejo compañero de armas de Rick, traicionero como él solo. Lo que nadie imagina es que la codicia y el afán de descubrimiento desatarán la más terrible de las maldiciones.

Lo primero y más importante a la hora de comentar sobre esta Momia es que se aleja por completo del genero del terror de las anteriores inclusiones en el personaje, entrando de lleno en el relato de aventuras para toda la familia (lo cual equivale, a sustitos de mentira, pinceladas de humor y poca o ninguna sangre), recogiendo (copiando) el modelo que Harrison Ford, Steven Spielberg e Indy, no sólo por el calcado estilo de los seriales que estos y George Lucas siempre han intentado homenajear, también trasladando la historia a los años treinta, y cómo no en la construcción de la relaciones de los personajes, con un tono a medio camino entre lo épico y lo intrascendente, que resulta muy efectivo.

La película tiene una falta de interés evidente en muchos momentos, sobre todo en la labor de Stephen Sommers (que también firma el guión). El director demuestra, sin embargo, que no se le dan nada mal ni la acción, ni canalizar los medios visuales puestos a su alcance. Y es que la película posee unos efectos visuales de impresión, que tienen su punto álgido en la visualización de las transformaciones de La Momia y la aparición de sus secuaces. Sobre todo en dos o tres escenas que merecen ser destacadas, desde el ya mentado y notable Prologo, hasta aquella en la que Rick "imita", a "Jason y los Argonautas" (atención a la apreciable partitura del maestro Jerry Goldsmith), pasando por la creación de una Tormenta de Arena, todas de sobrada eficacia y espectacularidad, que realmente son lo que más queda en la retina de una película simpática, graciosa (incluso en los momentos más ridículos) que te deja un sabor de boca tan disfrutable, como pasajero.

 

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