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Crítica - El Velo Pintado (2006)

Poster

'Algo melosa y descafeinada'

08/03/2007 - Por korben dallas

(2/5)

El Velo Pintado (2006)
Director: John Curran
Intérpretes: Naomi Watts (Kitty Fane) / Edward Norton (Walter Fane) / Toby Jones (Waddington) / Liev Schreiber (Charlie Townsend) / Diana Rigg (Madre superiora) / Anthony Wong Chau-Sang (Coronel Yu) / Bin Li (Te-Ming) / Sally Hawkins (Mary Townsend)
Duración: 125 minutos
Sinopsis: Basada en la novela de W. Somerset Maugham, El Velo Pintado es una historia de amor situada en los años 20, que cuenta la historia de una joven pareja inglesa: Walter (Edward Norton), un médico de clase media, y Kitty (Naomi [...]
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Estreno en España: 9 de Marzo de 2007
Nota I.M.D.B.: 7'6/10 (2082 votos)



CRÍTICA



Kitty es una chica inglesa hija de una adinerada familia. Vive una vida acomodada y sufre constantemente el acoso de sus padres para que se case con algún pretendiente importante. En un arranque de despecho se desposa con Walter, un médico de clase media que le propone irse nada menos que a Shangai, donde el doctor continuará con sus experimentos de bacteriología. Al poco de llegar a la ciudad, Kitty empieza a notar la soledad y el vacío de su vida, y esto la lleva a enamorarse perdidamente de Charles Townsed, el vicecónsul ingles. Al descubrir la infidelidad, Walter decide irse a un perdido pueblo de China asolado por una devastadora epidemia de cólera, proponiéndole a su esposa que si Charles la acepta, le concederá el divorcio, y que si no, se quedará con él en Mei-tan-fu. El señor Townsed, al escuchar de Kitty la noticia, la repudia rápidamente y ésta queda destrozada, enfrentándose a toda una nueva vida lejos de su acomodado origen y del exótico encanto de Shangai, para enfrentarse a la pobreza y al horror y donde comienza a darse cuenta de lo equivocada que estaba con su marido.

El velo pintado es una novela de Somerset Maugham, autor venerado por los cineastas a la hora de llevar sus textos a la pantalla. No es de extrañar, pues es un autor pródigo en personajes suculentos y situaciones descarnadas, un poco tendenciosas hacia una cierta tirria al género femenino –probablemente propiciada por su homosexualidad, según autores bisexualidad-, pero que, sin duda alguna, son la cantera perfecta para un buen guión. De su mano hemos conocido a arpías de la talla de Lesie Crosby y Mildred Rogers, protagonistas de La Carta y Cautivo del deseo, ambas llevadas a la pantalla en varias ocasiones pero siempre recordadas por las magníficas interpretaciones que de ellas hizo Bette Davis. Así mismo, de Maugham es otra de las historias más llevadas a la gran pantalla: El filo de la navaja.



Sin embargo, ésta que nos ocupa no se caracteriza por contar con la truculencia de las anteriormente mencionadas, sino por rozar más en lo pasteloso, y su tratamiento sobre el guión, no ayuda a quitarse este lastre de encima. El arranque del filme es precipitado y confuso, puesto que se presenta en estructura de flashback desde el viaje de Shangai a Mei-tan-fu, dando paso a unas presentaciones de los personajes vagas, lo cual, choca con el espíritu de la novela, cuyo fundamental ejercicio es la disección de éstos; su primer conflicto, la llegada a Shangai y el romance con Charles, es desdibujado y disperso y no crea ningún efecto en un espectador que no ha adquirido ni afecto ni conocimiento real de las consecuencias que puedan conllevar semejantes acontecimientos. Por no hablar de la desmesurada actitud que demuestra Walter al enterarse y tomar una decisión que más bien podría interpretarse como suicidio, aunque esto, como golpe de efecto, hay que reconocer que es genial, a pesar de que en el film tampoco goce de un brillante tratamiento.



Al engancharse la linealidad del argumento, es decir, el viaje hacia Mei-tan-fu y los numerosos conflictos con que allí se encuentran, el film se levanta un poco y deja atrás su factura de telefilme romanticón para convertirse en un “gran relato” de cómo se cura
el cólera en una aldea perdida de la China. Será a partir de entonces cuando el film tenga sus mejores destellos: los esfuerzos de Walter por curar la enfermedad, el conocimiento de Kitty de la pobreza y su peculiar forma de enfrentarse a ella, y el tratamiento que el film realiza de las monjas misioneras que ayudan en la aldea, muy acertado, sin tomar parte y mostrando en todo momento las dicotomías morales tan bien conocidas por el autor.

A pesar de ello hay que reconocer la labor de sus dos intérpretes principales, Edward Norton y Naomi Watts, quienes no realizan sus actuaciones más brillantes, pero se enfrentan con dignidad a unos personajes difíciles y complicados, lastrados, cabe aventurar, por la carencia de un director que les sepa sacar todo el jugo que han demostrado poseen. Queda en evidencia que John Curran no tiene mano de director, no al menos de proyectos como el que nos ocupa, ya que en 2000 se hizo con un buen número de merecidos laureles gracias a su Praise, aunque este esplendor bien podría ser la estela de una estrella fugaz. Así, Norton echa mano de su abanico de gestos algo recortados y amanerados mientras que Watts se desenvuelve con gracejo entre las sedas de un vestuario modesto pero muy logrado.

El velo pintado es una película desgarbada, algo melosa y descafeinada, pero que puede propiciar un buen rato con la contemplación de sus postales de “visite China” y su argumento fácilmente digerible.

 

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